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Un cambio democrático en lugar de un nuevo «gran juego» en Irán

Times of India – Zagros Enderyari- 11 abril 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid

Durante 40 días, el mundo ha sido testigo de una guerra a gran escala entre la coalición formada por Israel y Estados Unidos e Irán. Ahora se ha anunciado un alto el fuego temporal que dará margen para las negociaciones. Este conflicto no es solo un simple enfrentamiento militar. Forma parte de una reestructuración más amplia del equilibrio de poder en Asia Occidental. Al igual que en el siglo XIX, Irán se ha convertido de nuevo en un centro de rivalidad entre las grandes potencias. Por lo tanto, es difícil imaginar un final claro a corto plazo.

Israel y Estados Unidos se centraron en una campaña aérea para debilitar las capacidades militares de Irán, así como su infraestructura energética y económica. Su objetivo ha sido reducir el poder ofensivo de Irán para que ya no suponga una amenaza para Israel. Aunque podrían estar preparándose para los siguientes pasos, incluida una guerra terrestre, actualmente no hay señales claras de que estén listos para una escalada tan importante. Iniciar una guerra terrestre podría acarrear consecuencias impredecibles. Dada la extensa geografía de Irán y sus largas fronteras, una guerra de este tipo podría fácilmente…

El comportamiento de Irán, especialmente sus esfuerzos por alcanzar un alto el fuego, demuestra que está tratando de mantener el conflicto en su nivel actual. Aprovechará esta tregua para reconstruir partes de su estructura de mando y reemplazar los recursos militares perdidos. El Gobierno tiene un claro interés en mantener el alto el fuego, especialmente si ello conlleva concesiones económicas y ventajas geopolíticas para Irán. Irán ha utilizado ampliamente herramientas geoeconómicas —como el bloqueo del estrecho de Ormuz o los ataques contra la infraestructura energética regional— para aumentar el coste económico global de la guerra y, de este modo, generar presión para detenerla. El Gobierno iraní entiende bien que una guerra terrestre podría dar lugar a una oposición más organizada y armada, especialmente en zonas como el Kurdistán, donde existe una fuerte organización política. Esto es crucial en un momento en que la legitimidad política del sistema se encuentra bajo una fuerte presión. Por ahora, las fuerzas de seguridad del Estado aún tienen la capacidad de reprimir las protestas internas por la fuerza. Pero esto podría cambiar si se producen crisis internas y externas al mismo tiempo.

Desde el 28 de febrero, se han llevado a cabo más de 160 ataques con misiles y drones contra las sedes de los partidos kurdos iraníes en la Región del Kurdistán iraquí. Los ataques perpetrados por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y sus fuerzas aliadas causaron la muerte de cinco combatientes peshmerga kurdos. Estos partidos kurdos constituyen el sector más organizado y cohesionado de la oposición iraní. La reciente formación de una alianza entre seis de los principales partidos kurdos ha aumentado significativamente su capacidad política, militar y diplomática.

Irán ha sufrido graves daños. La destrucción de las capacidades militares, energéticas y económicas de Irán ha dejado al país ante años de reconstrucción y una posible dependencia económica. En tal situación, Estados Unidos podría influir en el futuro político de Irán a través de herramientas como las instituciones financieras internacionales. Por lo tanto, el país definitivamente no volverá a su posición anterior a la guerra. Irán podría volver a convertirse en un escenario de competencia para las potencias mundiales, con EE. UU. al sur, Rusia al norte y quizás China al este. Las islas del Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz serán especialmente importantes en este contexto.

Por ahora, un cambio de régimen parece poco probable. Desde la perspectiva del pueblo iraní, esta guerra no responde a sus intereses ni a sus reivindicaciones históricas. La principal preocupación para la población será la reconstrucción y la gestión de una sociedad amplia, diversa y multiétnica. Esta responsabilidad recae en el propio pueblo de Irán. La experiencia política, social y organizativa de los kurdos iraníes será indispensable en este proceso. Sin embargo, si la guerra termina y el Gobierno se siente victorioso en el frente externo, podrían surgir graves amenazas a las libertades sociales dentro del país.

Tras el movimiento «Mujer, Vida, Libertad» de 2022, los kurdos iraníes —con sus partidos políticos organizados, sus redes sociales activas y su larga historia de lucha— han desempeñado un papel destacado en la promoción de la democracia y la descentralización. La nueva alianza de seis partidos kurdos puede considerarse un esfuerzo estratégico para mejorar la coordinación y lograr una mayor eficacia. Esta alianza, junto con el apoyo social del movimiento «Mujer, Vida, Libertad», indica una convergencia política y social en Irán. Esto es importante no solo para hacer frente a las numerosas crisis causadas por la guerra, sino también para avanzar hacia un sistema político democrático. Sin embargo, si se alcanza un alto el fuego estable, la sociedad kurda y sus partidos podrían convertirse en un objetivo principal del Gobierno iraní.

De cara al futuro de Irán, la experiencia de los kurdos y otras organizaciones civiles progresistas demuestra que es fundamental contar con fuerzas organizadas, con visión de futuro y políticamente coherentes. El resultado de los acontecimientos internos de Irán dependerá principalmente de si estas fuerzas logran mantenerse unidas y profundizar la cooperación con otros movimientos sociales. El movimiento inclusivo «Mujer, Vida, Libertad» tiene el potencial de aunar las reivindicaciones étnicas, civiles y democráticas a través de alianzas políticas. Incluso después de la guerra, tales alianzas podrían ayudar a abrir el camino hacia un cambio democrático basado en las reivindicaciones legítimas del pueblo.


EL AUTOR: Zagros Enderyarî es miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores del Partido de la Vida Libre del Kurdistán (PJAK)

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