La existencia de las YPJ como señal de paz

YPJ – 28 mayo 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid
Nos encontramos en plena tercera guerra mundial. Da igual si se analiza más de cerca Europa, Oriente Medio, Asia o el continente africano: las guerras y los conflictos armados ocupan un primer plano. Las guerras, especialmente las libradas por los Estados, están motivadas principalmente por intereses económicos (reservas de petróleo y otros recursos naturales) y por la lucha por la supremacía (por ejemplo, las guerras por poder durante la Guerra Fría hasta la actualidad). A veces, las guerras se justifican por los llamados motivos humanitarios, como la defensa de los derechos de las mujeres o de los derechos humanos, o como ataques preventivos. Sin embargo, incluso en estos casos es evidente que quienes más sufren las guerras son, en última instancia, las mujeres y los niños, mientras que sociedades enteras quedan destruidas. La guerra no aporta nada bueno a nadie, salvo beneficios al complejo militar-industrial. Además, desde un punto de vista histórico y hasta la actualidad, la guerra ha sido librada predominantemente por hombres, ya que han estado al frente de reinos, imperios o Estados. Detrás de esto se esconde una mentalidad patriarcal caracterizada por la opresión, la destrucción y la división, y la idea de que una vida es más valiosa que otra.
Sin embargo, las guerras y los conflictos nunca han quedado sin respuesta. Las mujeres y las organizaciones de mujeres son conocidas, tanto a lo largo de la historia como en la actualidad, por desempeñar un papel fundamental en los procesos y movimientos por la paz. Un ejemplo es la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas contra la Guerra, celebrada en Berna en 1915 bajo el liderazgo de Clara Zetkin, que se opuso a la Primera Guerra Mundial.
Las Madres por la Paz de Turquía/Kurdistán del Norte, las «Madres de la Paz» de Colombia y las Mujeres por la Paz de Alemania Oriental y Occidental en la década de 1980 son también ejemplos del papel que desempeñan las mujeres en la lucha por la paz. Las mujeres también desempeñan un papel importante en los procesos de paz entre las poblaciones indígenas, como las mujeres de la cultura igbo en Nigeria, que pueden imponer la paz, o el Consejo de Madres de los Haudenosaunee (Confederación Iroquesa), que tienen derecho de veto sobre la guerra y también pueden destituir a un líder si este no actúa en interés de la paz y la sociedad.
Así pues, si son principalmente los hombres quienes libran las guerras y las mujeres quienes defienden la paz, ¿cómo puede considerarse un símbolo de paz un ejército de mujeres que también participa en la guerra, como las YPJ? ¿Por qué deberían las mujeres formar parte de este sistema bélico asesino?
La guerra en Siria a principios de 2011, la guerra contra ISIS y otras fuerzas yihadistas, no fue una guerra elegida por las YPJ. Librar una guerra nunca fue el objetivo de las mujeres de las YPJ. El objetivo con el que partieron las fuerzas democráticas —en aquel momento, principalmente kurdas— era una tercera vía: una salida a la crisis y a la guerra. Un camino que no buscaba un Estado sirio bajo el Partido Baaz
ni deseaba rendirse ante los movimientos yihadistas de Al-Qaeda, ISIS y otros. Una tercera vía más allá de un Estado dictatorial y del yihadismo: a saber, una sociedad diversa que se organice basada en los valores de la liberación de las mujeres, la ecología y la verdadera democracia. Tomar las armas no fue una expresión de un deseo de guerra, sino más bien una necesidad de defender precisamente este camino, esta visión.
No luchar en este caso habría significado silencio y sumisión a uno de los otros caminos: una retirada. Pero el silencio y la quietud no deben confundirse con la paz. Un ejemplo: una familia no es pacífica simplemente porque la esposa permanezca en silencio ante la violencia de su marido. Y una familia no se destruye simplemente porque la esposa se defienda de ello. Ya estaba rota de antemano, y lo que parecía pacífico desde fuera era en realidad la sumisión y la humillación de la mujer. Y lo mismo ocurre con los pueblos. Un país no está en paz simplemente porque no haya guerra. Cuando un pueblo se levanta de la humillación, la negación y la inexistencia dentro de esta supuesta paz, esto no es un signo de guerra, sino un signo de dignidad humana. Y, por supuesto, al hacerlo, el arma debe ser siempre la última opción, cuando todos los demás medios democráticos han fracasado. Proteger la propia vida y la vida de los demás en la sociedad —y esto se refiere no solo a la existencia física, sino a una vida vivida con dignidad— es autodefensa. Al igual que todo ser vivo, ya sea una planta o un animal, tiene sus propios medios y formas de protegerse y defenderse de los ataques. Es algo natural. Y del mismo modo, es un derecho natural de los seres humanos y las sociedades defenderse.
Las YPJ fueron y siguen siendo un ejército de autodefensa, no de agresión. Las YPJ nunca ha lanzado ataques por iniciativa propia. Su propia existencia, la existencia de la sociedad, la democracia, la liberación de las mujeres y la naturaleza deben defenderse; por eso hablamos de un ejército que defiende la paz y la democracia, no la destrucción. Y esto es lo que hace que las YPJ sean únicas en comparación con otros ejércitos, en los que las mujeres también pueden participar como individuos, pero donde el ejército actúa en interés del sistema capitalista y patriarcal. Puede que haya mujeres en otros ejércitos, pero la mentalidad sigue siendo la misma. A diferencia de otros ejércitos (estatales), YPJ no lleva a cabo ataques contra otros territorios. No se trata de opresión, explotación o de alcanzar la supremacía, sino de la mentalidad de la autodefensa. YPJ es y siempre ha sido más que mujeres que toman las armas. Se trata de mujeres que se organizan y cultivan la cultura de la autodefensa en todas sus diversas formas.
El objetivo de integrar a las YPJ en el ejército sirio es difundir precisamente estos valores por toda Siria y garantizar que sea posible una paz verdadera y una vida digna.
Y por eso no es una contradicción estar en contra de la guerra y a favor de las YPJ, y los lemas «No más guerra» y «Todas somos YPJ» no son, por lo tanto, opuestos, sino que están entrelazados.