La escalada turca en Siria puede destruir los logros conseguidos con tanto esfuerzo por las mujeres

Foto: DELIL SOULEIMAN/AFP via Getty Images

Kurdish Peace Institute– Melike Yasar – 20 diciembre 2022 – Traducido por Rojava Azadi Madrid

Las investigaciones demuestran que las mujeres y las niñas sufren de manera singular las consecuencias de la guerra. Los conflictos armados exacerban la desigualdad, la explotación y la violencia. La violencia patriarcal nunca es casual en la guerra. De hecho, la guerra, el militarismo y la ocupación se legitiman en muchos sentidos a partir de estructuras de poder patriarcales.

El conflicto sirio no es una excepción. Más de 10 años de guerra civil han tenido consecuencias devastadoras para las mujeres y las niñas de todo el país y para las que se han visto obligadas a huir como refugiadas. En 2021, Naciones Unidas advirtió de que «el riesgo de violencia de género ha aumentado considerablemente en los últimos años» y que «en la última década, la inseguridad, el miedo y las intensas presiones económicas han incrementado drásticamente la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas» ante abusos como la violencia doméstica y el matrimonio infantil.

Antes del conflicto, aunque la situación de las mujeres en Siria era mejor que en otros países de la región, seguían sufriendo violencia y discriminación. Las actitudes patriarcales conservadoras en el ámbito comunitario traspasaban las fronteras étnicas y religiosas, afectando a todas las mujeres del país. La legislación siria otorgaba a las instituciones religiosas poder sobre el matrimonio, el divorcio y otras cuestiones de estatus personal, consolidando estas desigualdades. Las mujeres estaban muy poco representadas en el gobierno, y el Estado sirio perseguía a las activistas, sobre todo a las kurdas, que luchaban por un cambio significativo.

En el noreste, las mujeres han trabajado para hacer frente a estos retos en formas únicas. Desde que comenzó la «Revolución de Rojava» en 2012, un movimiento social y político a gran escala liderado por mujeres ha ido construyendo un sistema que considera la liberación de la mujer uno de sus pilares fundamentales. Aunque las fuerzas exclusivamente femeninas de las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ), que desempeñaron un papel fundamental en la derrota del ISIS, son el ejemplo más visible de liderazgo femenino allí, no son ni mucho menos el único.

Las mujeres han asumido nuevas funciones en todos los ámbitos del gobierno y la sociedad civil en la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES). La AANES ha aprobado las leyes más estrictas de Siria en materia de derechos de la mujer y cuenta con el mayor nivel de inclusión y participación política de las mujeres de todos los órganos de gobierno del país y de la mayor parte de la región. Mujeres activistas que antes pasaban tiempo en las cárceles sirias por su trabajo son ahora líderes respetadas. A las mujeres kurdas se han unido en este esfuerzo mujeres árabes, sirias, armenias, circasianas, asirias y turcomanas.

En muchos sentidos, los marcos desarrollados por el movimiento feminista son incluso más radicales y progresistas que las leyes de los Estados democráticos. Esto se debe a que el derecho de las mujeres a vivir libres de la opresión patriarcal no se entiende únicamente como una cuestión de leyes. Más que buscar la igualdad en un sistema opresivo, este movimiento de mujeres pretende desmantelar y abolir las estructuras de poder que normalizan la dominación masculina. Esta perspectiva revolucionaria pretende lograr una transformación social duradera organizando la autonomía de las mujeres en todas las esferas de la vida.

Sin duda, a estas mujeres aún les queda un largo camino por recorrer. Las actitudes patriarcales, la discriminación y la violencia siguen siendo una realidad en el norte y el este de Siria, al igual que en las zonas de conflicto de todo el mundo. Los estudios demuestran que, para erradicar por completo estos males, las mujeres necesitan ante todo paz y estabilidad.

Hace años, el principal obstáculo que se interponía en su camino era ISIS. Hoy, es Turquía, miembro de la OTAN, que tiene la vista puesta en una tercera incursión militar en territorio de la AANES.

Bajo el gobierno del presidente derechista Recep Tayyip Erdogan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), Turquía se ha convertido en una gran amenaza para los derechos de las mujeres en toda la región. La violencia contra las mujeres ha aumentado junto con el retroceso democrático durante la última década de gobierno del AKP. En 2021, Erdogan sorprendió a la comunidad internacional al retirarse unilateralmente del Convenio de Estambul.

Un aliado de Erdogan fue sancionado recientemente por Estados Unidos por ayudar al régimen iraní a enriquecerse mientras utiliza la tortura, las violaciones y las ejecuciones para aplastar un levantamiento liderado por mujeres. El propio Erdogan ha elogiado a los talibanes, quizá los peores violadores de los derechos de la mujer que ostentan el poder estatal en el mundo actual, y cree que Turquía debería encontrar una forma de cooperar con este grupo.

El historial de Turquía en el norte y este de Siria no es mejor de lo que sugieren estas realidades. En sus ataques contra Efrîn (Afrin) y Serêkaniyê (Ras al-Ain), las fuerzas turcas y las milicias respaldadas por Turquía han destruido instituciones comprometidas con la protección y el avance de la liberación de las mujeres y han excluido en gran medida a las mujeres de la política y la gobernanza.

Atacan regularmente a las mujeres kurdas por su afiliación real o percibida a las instituciones de la AANES: el brutal asesinato de Hevrin Khalaf a manos del grupo Ahrar al-Sharqiyah, respaldado por Turquía, es el ejemplo más famoso, pero ni mucho menos el único. Muchas mujeres kurdas creen que esto representa no sólo una persecución étnica y política, sino también un intento de castigar a las mujeres por atreverse a desafiar el orden patriarcal entrando en la vida política. El movimiento organizado de mujeres del norte y este de Siria, Kongra Star, describe este concepto de guerra como «feminicidio político».

Los grupos patrocinados por Turquía (conocidos como «Ejército Nacional Sirio») también se han hecho tristemente célebres por perpetrar actos de violencia sexual y de género, principalmente contra mujeres de comunidades étnicas y religiosas minoritarias. Han difundido ampliamente imágenes de cuerpos mutilados de mujeres kurdas, sintiéndose al parecer inmunes a cualquier posible procesamiento por crímenes de guerra. Según las Naciones Unidas:

«Desde 2019, las mujeres kurdas de todas las regiones de Afrin y Ra’s al-Ayn se han enfrentado a actos de intimidación por parte de miembros de las brigadas del Ejército Nacional Sirio, engendrando un clima generalizado de miedo que, de hecho, las confinó en sus hogares. Las mujeres y las niñas también han sido detenidas por combatientes del Ejército Nacional Sirio y sometidas a violaciones y violencia sexual, lo que les ha causado graves daños físicos y psicológicos a nivel individual, así como a nivel comunitario, debido al estigma y a las normas culturales relacionadas con ideas de «honor femenino».

Esta sombría realidad representa una política turca de larga data en su lucha contra los grupos kurdos que considera una amenaza para su seguridad nacional. Como ha descubierto la investigadora Meghan Bodette, «mientras que el estamento de seguridad turco utiliza la violencia y la discriminación generalizadas contra las mujeres kurdas como táctica de guerra y represión política, el movimiento de mujeres kurdas que se originó en Turquía ha respondido promoviendo la igualdad de género en un amplio abanico de estructuras militares y políticas que comparten su ideología.»

Las mujeres de Siria no pueden basarse en lo que han conseguido y abordar los problemas a los que aún se enfrentan a la sombra de los bombardeos turcos, los abusos de las milicias, los desplazamientos masivos, la pobreza o las innumerables amenazas a las que se enfrentarán en caso de una nueva incursión turca.

En los últimos cuatro meses, personas de todo el mundo se han familiarizado con el lema «jin, jiyan, azadi» (mujer, vida, libertad). Se trata de un lema del movimiento de liberación de las mujeres kurdas, que lleva décadas activo y que actualmente está siendo atacado por el Estado turco. Con las protestas en curso en Rojhilat (Kurdistán oriental) e Irán tras el asesinato de la mujer kurda Jina Amini, el lema se extendió internacionalmente.

En este contexto, muchos líderes europeos, algunos de los cuales afirman defender políticas exteriores «feministas», han expresado su solidaridad con las demandas de libertad de las mujeres iraníes. La extensión natural de tal postura implicaría enfrentarse a las amenazas a la libertad de las mujeres en Oriente Próximo que plantean sus aliados turcos, como la posibilidad de una nueva agresión turca en Siria contra las mujeres que regalaron al mundo este marco universal de libertad.

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