IRÁN. Suicidios y muertes sospechosas entre los detenidos puestos en libertad

Kurdistan au féminin– 26 marzo 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid
IRÁN / ROJHILAT – En Irán, numerosos presos políticos, en particular kurdos, liberados tras las manifestaciones «Mujer, Vida, Libertad» y las protestas de enero de 2026, mueren en circunstancias sospechosas o se suicidan poco después de salir de prisión. El acoso continuo, la vigilancia, la precariedad económica y las secuelas de las torturas o los tratos forzados sumen a los antiguos detenidos, especialmente a los jóvenes y adolescentes, en una profunda desesperación. Este patrón recurrente, documentado desde hace décadas, plantea graves interrogantes sobre una forma de represión que se prolonga más allá de los muros de las cárceles.
Mientras la guerra israelo-estadounidense contra Irán entra en su tercera semana, decenas de miles de manifestantes y activistas detenidos durante la represión de las manifestaciones populares de enero de 2026 permanecen encarcelados en condiciones extremadamente duras. Celdas superpobladas, privación de comida y agua, imposibilidad de comunicarse con las familias y violencia por parte de las fuerzas de seguridad: los testimonios dan cuenta de tratos degradantes.
Sin embargo, para muchos presos políticos, el peligro no termina a las puertas de la cárcel. Desde hace décadas, en Irán se repite un patrón preocupante: tras su puesta en libertad, los antiguos reclusos suelen ser objeto de un acoso incesante, una vigilancia permanente y presiones económicas y sociales. Muchos de ellos mueren en circunstancias sospechosas o se suicidan en los días o semanas posteriores a su salida. Las autoridades iraníes atribuyen sistemáticamente estas muertes a «suicidios», sobredosis o trastornos mentales.
Los expertos señalan que el suicidio y el colapso psicológico suelen producirse tras el periodo de violencia directa, cuando la persona se enfrenta al vacío: pérdida del empleo, confiscación de bienes, falta de apoyo social y miedo constante. La psicóloga clínica Moloud Soleimani explica que la incertidumbre generada por el Estado se convierte en sí misma en una herramienta de represión.
Muertes por causas controvertidas
La opacidad rodea sistemáticamente estos casos. Las familias denuncian signos de tortura previa, pero a menudo se las intimida para que guarden silencio. La frontera entre el suicidio, las secuelas de los malos tratos y el homicidio se mantiene deliberadamente difusa.
Yalda Aghafazli, estudiante de arte de 19 años y figura del movimiento «Jin, Jiyan, Azadi» de 2022, fue detenida el 26 de octubre de 2022. Detenida en Evin y Qarchak, sufrió violencia física e inició una huelga de hambre. Liberada el 9 de noviembre, fue hallada muerta dos días después. Las autoridades hablaron de sobredosis, aunque no se encontraron drogas y el informe forense concluyó que las causas eran «indeterminadas».
Siavash Bahrami, de 25 años, antiguo miembro de un partido político kurdo de Kermanshah (Kirmaşan), fue puesto en libertad en mayo de 2022 y hallado muerto tres días después en casa de su hermano. Su cuerpo se decoloró rápidamente. Las autoridades aludieron a un infarto, a pesar de la ausencia de antecedentes médicos. Su familia sospecha que le inyectaron una sustancia tóxica durante su detención.
Mansoureh Sagvand, estudiante de Derecho y antigua voluntaria de la policía de tráfico, había apoyado públicamente a los manifestantes en 2022. Les había confiado a unos amigos: «Los servicios de inteligencia me amenazan constantemente de muerte. Si me pasa algo, quiero que todo el mundo sepa que no me he suicidado». » Fue hallada muerta poco después; las autoridades hablaron de un infarto.
Se han documentado otros casos similares: Mehdi Salmanzadeh (adolescente manifestante de 2019), la abogada Maryam Arvin (fallecida tras recibir inyecciones forzadas), así como Ashkan Balouch, Arash Forouzandeh y Sara Tabrizi. Activistas ecologistas como Zahra Beni-Yaqub, Ibrahim Lotfollahi y Kavous Seyyed-Emami también han tenido un final sospechoso en las últimas dos décadas.
Los adolescentes, especialmente vulnerables
Los jóvenes pagan un alto precio. Privados de referentes en una sociedad en crisis, les cuesta reconstruir su identidad tras los traumas de la detención.
Aria Yavari, de 19 años y originaria de Bukan (Kurdistán), se suicidó en abril de 2023 tras sufrir amenazas persistentes por parte de las fuerzas paramilitares.
Dalia Andam, de 15 años y de Sanandaj (Kurdistán), había resultado herida en varias ocasiones por balas de goma y golpes de porra durante las manifestaciones de 2022. Tras su liberación, sufrió intimidaciones constantes (llamadas anónimas, citaciones amenazantes). A pesar del apoyo de su familia, se suicidó en diciembre de 2023.
Arshia Emamgholizadeh, de 16 años y procedente del Azerbaiyán Oriental, pasó diez días en un centro de detención juvenil, donde se le administraron medicamentos a la fuerza. Tras su puesta en libertad, se quitó la vida dos días después de reanudar dicho tratamiento.
La psicóloga Sara Shadabi, que ha acompañado a antiguos presos políticos, insiste en que, en regiones marginadas como el Kurdistán, los ciclos de represión agravan las dificultades identitarias y psicológicas de los adolescentes.
Este fenómeno no es nuevo, pero parece intensificarse con cada ola de protestas. Ante la ausencia de investigaciones independientes y la impunidad de las autoridades, estas muertes siguen alimentando la ira y la desconfianza hacia un sistema que reprime incluso tras la liberación.
Texto extraído de un artículo publicado en la página web The Amargi