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Seyvan Ebrahimi: 11 años de cárcel por ser el marido de Zahra Mohammadi

The Kurdish Center for Studies – 6 diciembre 2023 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid

Perseguir a la familia de tus enemigos es un signo de desesperación. Una acción llevada a cabo por el pánico en respuesta a los temores de que los muros que has construido alrededor de tu realidad se están cerrando. Este es el estado del Irán actual y el caso de Seyvan Ebrahimi.

El 2 de diciembre, Seyvan Ebrahimi, profesor de lengua kurda y miembro de la junta directiva de la asociación sociocultural Nozhin de Sine (Sanandaj), fue condenado a un total de 11 años de cárcel por un delito de activismo cultural. Mientras otros miles de hombres y mujeres kurdos se encuentran actualmente en detención arbitraria, Seyvan destaca por ser el esposo de la conocida activista kurda de derechos humanos Zahra Mohammadi. El caso de Seyvan Ebrahimi demuestra tres puntos clave sobre la situación de los kurdos en Irán: en primer lugar, ser kurdo es un delito; en segundo lugar, tener un familiar políticamente activo es motivo de detención; y en tercer lugar, la arbitrariedad con la que el régimen trata a minorías como los kurdos es tal que, a pesar de los documentos legales que permiten realizar labores humanitarias y culturales, pueden ser detenidos a voluntad y sin el debido proceso legal.

El caso de Zahra

Zahra, esposa de Seyvan, es directora y miembro fundador de la Asociación Sociocultural Nozhin, creada en 2011. La asociación fue certificada legalmente por el Ministerio del Interior iraní en 2013. La asociación se dedica a varias actividades culturales, como la educación y la concienciación medioambiental, la prestación de ayuda a las víctimas de catástrofes naturales como inundaciones y terremotos y a los afectados por la pandemia de Covid, y la sensibilización sobre los derechos legales y culturales de las minorías.

En mayo de 2019, Zahra fue detenida y condenada a cinco años de prisión en la cárcel de Sine (Sanandaj), en la provincia iraní del Kurdistán. Se enfrentaba a acusaciones relacionadas con transgresiones de la seguridad nacional en relación con su activismo en la sociedad civil, dirigido en gran medida a empoderar a la población de Rojhilat (Kurdistán oriental), especialmente mediante la enseñanza de la lengua kurda. Zahra ha sido puesta en libertad tras los levantamientos masivos «Jin, Jiyan, Azadi» en Irán. Como la mayoría de las decisiones tomadas por las fuerzas de seguridad iraníes, Zahra fue puesta en libertad repentinamente y sin previo aviso el 10 de febrero de 2023. Anteriormente, cuando los levantamientos estaban en pleno apogeo, fue nombrada una de las 100 mujeres más inspiradoras e influyentes del mundo por la BBC, lo que aumentó su notoriedad.

Al parecer, Zahra fue puesta en libertad en el marco de una amnistía general decretada por el poder judicial iraní con motivo de la celebración del 44 aniversario de la Revolución iraní de 1979. Sin embargo, mientras cientos de presos eran liberados por el régimen en el marco de esta amnistía, otros miles eran detenidos por participar en protestas antigubernamentales. Al parecer, mientras ella era liberada, su marido era detenido aproximadamente al mismo tiempo.

Aunque Irán es signatario de varias leyes internacionales de derechos humanos, que exigen que el régimen garantice que todos los detenidos gozan de sus derechos legales, tienen acceso al debido proceso y son tratados con humanidad y dignidad, la realidad de muchos presos políticos es muy distinta.

En consecuencia, Seyvan fue detenido primero el 18 de enero de 2023, mientras seguía el caso de su esposa en el tribunal revolucionario de Sine. El 5 de enero fue puesto en libertad. El día 18 fue detenido de nuevo por las fuerzas de seguridad y permaneció en prisión hasta su condena, el 2 de diciembre. Este juego musical de detenciones y liberaciones es una política típica aplicada por el régimen para entablar una guerra psicológica con las minorías y los disidentes.

Como la mayoría de los presos políticos, la detención de Seyvan incluye varias violaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, entre ellas haber sido detenido antes de la sentencia, que las fuerzas de seguridad no presentaran una orden judicial, que se le denegaran las visitas familiares o las llamadas telefónicas, que se le sometiera a aislamiento prolongado y que se le denegara el acceso a un abogado.

Una pesadilla distópica

Tras casi un año de detención arbitraria, Seyvan fue condenado el 2 de diciembre a la devastadora pena de 11 años más de prisión. Sus cargos incluían 10 años por el delito de «formar grupos y facciones con el objetivo de socavar la seguridad nacional» y un año adicional por el delito de «propaganda contra el Estado». La condena adicional de un año incluye 40 latigazos dictada por el Tribunal de Apelaciones de la provincia del Kurdistán.

El trato ilógico, bárbaro e ilegal a Seyvan es, por desgracia, la historia de muchos otros presos políticos kurdos, así como de otras minorías como los baluchies, los lor y los ahwazíes. Las cárceles iraníes también son tristemente célebres por sus sofisticados métodos de tortura. Además, los periodos prolongados e indefinidos de aislamiento, las prisiones subterráneas e ilegales y los agentes de seguridad de los servicios de inteligencia «encubiertos» vestidos de civil que deambulan por las calles contribuyen a crear una intensa y sombría atmósfera de miedo y terror en el país, especialmente en zonas fuertemente militarizadas como las provincias kurda y baluchi.

De hecho, según Human Rights Watch:

«Los iraníes utilizan el término «nahad-eh movazi» literalmente «instituciones paralelas» para referirse a los diversos agentes extralegales de coerción estatal que han crecido en formalidad, organización y capacidad. Los periódicos iraníes utilizan regularmente el término «instituciones paralelas» y «de paisano» para referirse a las redes de Basiji [milicia], Ansar-e Hezbolá [partidarios del partido de Dios], diversos servicios de inteligencia ajenos al Ministerio de Inteligencia, y las cárceles secretas y centros de interrogatorio de que disponen.»

A principios de este año, un informe de Amnistía Internacional destacaba que los niños detenidos fueron sometidos a flagelaciones, descargas eléctricas y brutales actos de violencia sexual tras las represiones masivas durante las protestas. Según los informes, niños de tan sólo 12 años fueron sometidos a horribles e innombrables actos de violencia física y sexual. Estos informes apenas arañan la superficie de la avalancha de horrores que se producen a manos de las diversas ramas de las fuerzas de seguridad e inteligencia del régimen diariamente en las cárceles de Irán.

Por supuesto, también debemos tener en cuenta la naturaleza de género de la opresión estatal y la violencia sistémica, donde hay casos de mujeres kurdas como el asesinato de Jîna Amini mientras estaba detenida, que desencadenó un levantamiento mundial, o el de Zeynab Jalalian, detenida desde 2008 y condenada a muerte (conmutada por cadena perpetua) tras un juicio que duró apenas unos minutos, y sin derecho a acceder a servicios médicos debido a las extensas y prolongadas torturas sufridas en prisión. Según la Organización Hengaw para los Derechos Humanos:

«El caso de Zeynab Jalalian, presa política kurda de Mako, basta para invalidar todo el sistema judicial de la República Islámica de Irán».

Sólo los valientes deberían leer la historia de las repetidas torturas sufridas por Zeynab en prisión.

Más recientemente, otros casos, como la desaparición de Werîşe Muradî (conocida como Juana Sine) el 1 de agosto, secuestrada a plena luz del día por agentes vestidos de civil, apuntan a la selección deliberada de mujeres y, por supuesto, de niños como un enfoque sistémico para infundir una atmósfera de miedo, terror e incertidumbre. Los detenidos saben que les espera un futuro sombrío en las infames prisiones iraníes. Los numerosos sistemas de catacumbas de prisiones y centros de detención de Irán están dirigidos por diversas fuerzas, como la Guardia Revolucionaria, la Policía de Seguridad Pública, el Ministerio de Inteligencia, la unidad de investigación de la policía iraní (Agahi) o la fuerza paramilitar Basij. En consecuencia, cuando desaparecen activistas políticos o de derechos humanos, es casi imposible localizarlos o conocer su paradero, a menos que el propio régimen actúe con magnanimidad.

Encarcelamiento arbitrario

Parte del motivo de la detención de Seyvan estaba relacionado con su trabajo en la Asociación Nozhin, que consistía en enseñar kurdo. Sin embargo, la Asociación Nozhin ha recibido un permiso explícito del Ministerio del Interior con derecho a enseñar kurdo en varias ciudades de la provincia del Kurdistán. El hecho de que Seyvan fuera detenido repentinamente mientras acudía al tribunal para interesarse por la suerte de su esposa indica no sólo el carácter indiscriminado de las fuerzas de seguridad, sino también la ilegalidad que supone la falta de una orden de detención. La total impunidad con la que las fuerzas de seguridad iraníes detienen a ciudadanos pone de manifiesto el total desprecio que el régimen siente por los derechos humanos básicos, por no hablar de las leyes y la ética internacionales en materia de derechos humanos. Su detención durante casi 12 meses sin que se haya dictado sentencia, su falta de acceso a un abogado y la denegación de su derecho a recibir visitas de familiares y allegados ponen de manifiesto la farsa de un sistema judicial y de seguridad que ha descartado por completo hasta la más mínima apariencia de cumplimiento de las normas jurídicas y las prácticas judiciales básicas.

Por supuesto, teniendo en cuenta la certificación gubernamental de la Asociación Nozhin, la detención de Seyvan por enseñar kurdo o participar en actividades culturales para las que la asociación ha solicitado y recibido el consentimiento del gobierno sólo puede significar que en realidad fue detenido por el delito de ser kurdo. Un kurdo que procede de una familia prominente, políticamente activa y conocida. Teniendo en cuenta que el gobierno iraní promueve leyes y relaciones de género excesivamente patriarcales y opresivas en el país, habría una apariencia de lógica si hubiera acusado a Seyvan del inaceptable delito de «permitir» a su esposa la libertad de ser políticamente activa y enseñar kurdo a los niños.

Otra lección clave que el régimen iraní desea impartir a través de casos como el de Seyvan Ebrahimi y su esposa, aún más activa políticamente y de mayor renombre, es que, a pesar de ser castigados por los mulás de Teherán, a pesar de cumplir condena, a pesar incluso de ser puestos en libertad, la familia, los amigos y los conocidos de un activista político no están a salvo y también pueden ser castigados arbitrariamente a voluntad y capricho del gobierno.

Régimen de terror

El caso de Seyvan, Zahra, Zeynab, Werîşe y muchos, muchos otros como ellos demuestran que siempre que un kurdo es detenido por decreto de gobernantes clericales autoritarios y, en consecuencia, ejecutado, condenado a latigazos, sometido a tortura, desaparición y aislamiento, junto con una serie de otras violaciones de los derechos humanos, su delito más inmediato es ante todo el de ser un kurdo que se atreve a ser activo, que se atreve a hablar en contra de los regímenes que ocupan el Kurdistán y que se atreve a participar en la esfera cívica para la mejora de su pueblo oprimido.

El régimen iraní ha gobernado «más de cuatro décadas de discriminación de género, represión, dominio fundamentalista y desigualdad», y parece que a pesar de los valientes esfuerzos del levantamiento «Jin, Jiyan, Azadi» y de los miles de heridos, mutilados, detenidos y asesinados, los puritanos mulás están aquí para quedarse por ahora. Pero mientras lo hagan, ninguna minoría -especialmente los kurdos- estará a salvo. Por eso, todos y cada uno de los casos de detención ilegal, ejecución, desaparición y demás actos de opresión contra ciudadanos valientes deben ser denunciados, ocupar un lugar central en los medios de comunicación y ser honrados con la indignación que realmente merecen. Hay muchas razones por las que este régimen teocrático ha sobrevivido a pesar de los repetidos y periódicos levantamientos de su pueblo; sin embargo, adoptar un enfoque blando o humano no es una de ellas.


La autora: Hawzhin Azeez
La Dra. Hawzhin Azeez es doctora en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad de Newcastle (Australia). Actualmente es codirectora del Centro de Estudios Kurdos (rama inglesa), así como creadora de The Middle Eastern Feminist. Anteriormente ha impartido clases en la Universidad Americana de Irak, Sulaimani (AUIS), además de ser profesora visitante en su CGDS (Centro de Género y Desarrollo). Ha trabajado estrechamente con refugiados y desplazados internos en Rojava como miembro de la Junta de Reconstrucción de Kobane tras su liberación del ISIS. Sus áreas de especialización incluyen las dinámicas de género, la reconstrucción posconflicto y la construcción nacional, el confederalismo democrático y los estudios kurdos.

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