Ser kurdo en Anatolia Central: identidad, lengua y diáspora

The Amargî – Adem Özgür – 11 marzo 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid
Para cualquiera que pase por el distrito de Kulu, el paisaje resulta a la vez extraño y curiosamente familiar: coches con matrículas alemanas, holandesas y suecas en las estrechas carreteras de los pueblos; imponentes villas que se alzan en la estepa, con una arquitectura totalmente ajena a todo lo que las rodea; ancianos conversando en kurmanji en la tetería local. Justo en el centro de Anatolia Central, el corazón simbólico de la identidad turca, persisten los vestigios de un mundo en sí mismo.
Este es el mundo de los kurdos de Anatolia Central. Hasta ahora, ha sido un mundo que apenas ha aparecido en la literatura académica internacional.
Un nuevo volumen, *Los kurdos de Anatolia Central: Historia, identidad y futuro de un pueblo olvidado*, editado por Mehmet Gürses (titular de la Cátedra Najmaldin Karim y Jalal Talabani de Estudios Kurdos en la Universidad de Florida Central) y Hacı Çevik (investigador posdoctoral en el Instituto de Berlín para la Integración Empírica y la Investigación sobre Migraciones de la Universidad Humboldt), ha sido concebido para llenar ese vacío. Reuniendo a una amplia gama de académicos de los campos de la historia, la antropología, la sociología y las ciencias políticas, la obra se erige como el primer estudio académico exhaustivo sobre los kurdos de Anatolia Central, escrito en inglés. ¿Por qué ha tardado tanto en plasmarse en papel la historia de una comunidad tan profundamente arraigada y distintiva? ¿Y qué es lo que diferencia a esta comunidad de otros kurdos?
¿Quiénes forman parte de esta comunidad?
Desde el siglo XVI hasta las últimas décadas del Imperio otomano, diversas tribus kurdas emigraron hacia el oeste, a Anatolia, y se establecieron —o fueron asentadas por la fuerza— en las amplias llanuras de su región central. No se trató de una única oleada impulsada por una sola causa principal, sino que se fue acumulando a lo largo de diferentes períodos y en distintas circunstancias.
Hoy en día, la comunidad se concentra principalmente en Konya, Ankara, Kırşehir, Aksaray y Çorum. Pero su extensión geográfica va más allá: los asentamientos de habla kurda llegan hasta Yozgat, Kastamonu e incluso hasta Afyon.
¿La población? Las estimaciones oscilan entre un millón y un millón y medio, pero no hay una cifra precisa. Según Hacı Çevik, esa misma imprecisión es significativa: el hecho de que una comunidad que lleva siglos viviendo en estas tierras siga sin estar contabilizada demográficamente revela hasta qué punto la invisibilidad es un problema estructural.

La comunidad no es homogénea, y Çevik insiste en ello. Los lazos tribales y las redes de comunicación mutua mantienen unidos a estos kurdos, aunque… Hablan predominantemente el dialecto kurmanji, aunque también hay hablantes de zazaki y şêxbizeynkî. En cuanto a la práctica religiosa, la mayoría son hanafíes, lo que los acerca a la tradición musulmana de la población turca circundante. Esta especificidad es importante, ya que la comunidad ha desarrollado su propio modo de existencia distintivo.
La anatomía de una ausencia académica
Cuando Mehmet Gürses comenzó su doctorado en Estados Unidos hace aproximadamente veinte años, recuerda que el número de académicos que trabajaban sobre los kurdos se podía contar con los dedos de una mano. El trabajo académico sobre los kurdos sigue siendo insuficiente hoy en día, incluso si se tiene en cuenta toda la geografía kurda. Para los kurdos de Anatolia Central, este panorama es considerablemente más preocupante.
Existen estudios valiosos, aunque escasos, en turco y kurdo. La revista Bîrnebûn, en particular, lleva desde 1997 recopilando fuentes orales y trasladándolas a la literatura escrita. Pero mientras este corpus de trabajo permanezca cerrado al mundo más allá del turco y el kurdo, no podrá existir dentro del discurso académico internacional.
La participación de Hacı Çevik en este proyecto reviste un significado especial. Çevik procede de la comunidad kurda de Anatolia Central; es uno de los suyos. Gürses considera que esto tiene un valor incalculable. Nadie conoce mejor una comunidad que sus propios estudiosos, pero solo cuando estos combinan la formación académica con la experiencia local, la lengua y la memoria.
Este libro es la primera piedra que se coloca en la sección en inglés de ese archivo. Sus autores son conscientes de ello: presenta lagunas y deja preguntas sin resolver. Pero se ha establecido un punto de partida, una fuente a la que ahora puede recurrir cualquier investigador en Occidente.
Sobrevivir a la sombra del nacionalismo turco
Es imposible comprender esta comunidad sin comprender primero la identidad política de Anatolia Central. Desde los primeros años de la República turca, esta ha sido una de las zonas geográficas donde la identidad étnica turca y el nacionalismo se han sentido con mayor intensidad. Las políticas de asimilación del Estado echaron raíces profundas aquí; lo turco se ha convertido en el punto de referencia dominante, tanto en la ideología como en la vida cotidiana.
Ser kurdo en este territorio es, por su propia naturaleza, vivir en tensión. En su investigación, Hacı Çevik utiliza el concepto de «contrato silencioso» para describir esa tensión. Ni sumisión ni resistencia abierta, sino un equilibrio entre ambas, que funciona según su propia lógica interna, se ha ido configurando a lo largo de los siglos.
Este equilibrio tiene una dimensión práctica: la comunidad sabe cuándo reivindicar su identidad kurda y cuándo mantenerla en un segundo plano. Durante los periodos de intensificación del conflicto entre el Estado turco y los movimientos políticos kurdos en el Kurdistán septentrional, los kurdos de Anatolia Central adoptan una postura más introvertida, menos visible en la vida pública. En los periodos en que la propia identidad kurda se enmarcaba en el lenguaje de la criminalidad —y este fue un periodo muy largo—, esta comunidad instrumentalizó una invisibilidad selectiva para preservar su existencia.
Çevik interpreta esto no como una debilidad, sino como un razonamiento estratégico. Se trata de un mecanismo de adaptación desarrollado por una comunidad profundamente consciente del potencial agresivo del nacionalismo turco, una forma de minimizar ese potencial. El silencio, en este caso, no es el lenguaje de la rendición; es el lenguaje de la supervivencia.
Al mismo tiempo, la ausencia de cualquier conflicto armado o social masivo significativo en la región tiene su propio peso. Cuatrocientos años de coexistencia han generado sus propias normas y límites. Esta relación, a pesar de todas las desigualdades estructurales que contiene, no puede reducirse por completo a la presión externa; conlleva una agencia interna.
La realidad material de la identidad
Dejando a un lado por un momento el análisis político, Mehmet Gürses hace una observación más sencilla, pero no por ello menos profunda, sobre la existencia de esta comunidad: los pueblos en los que residen están impregnados de ‘kurdosidad’.
En el pan de tandir que hornean, en los platos que cocinan, en las bodas que celebran, en la música que tocan, en las canciones que escuchan, la identidad no es aquí una abstracción, sino una realidad concreta entretejida en la urdimbre de la vida cotidiana. Gürses somete a escrutinio el concepto de «nación» y sostiene que lo que siente un kurdo de Anatolia Central al escuchar esa canción kurda —el sentido de pertenencia, de reconocimiento— es precisamente lo que significa ser un pueblo.
Esta observación también explica el peso particular que tiene el idioma para esta comunidad. Un kurdo que vive en Diyarbakır o Mardin, aunque no hable kurdo, habita un mundo rodeado de lo kurdo: la arquitectura, los nombres de las calles, el dialecto y el ambiente político. Es imposible escapar de ello, aunque uno lo intentara. En Anatolia Central, el panorama es diferente. Ese sustrato contextual sobre el que, de otro modo, podría reposar la identidad kurda no existe. El kurmanji, por lo tanto, se convierte casi en el único portador concreto de la identidad. Cuando se pierde la lengua, no queda ningún otro sustrato que alimente la dimensión cultural de la identidad kurda. Por eso los kurdos de Anatolia Central defienden su lengua con tanto fervor y la consideran tan vital.
Migración, capital y un renacimiento de la identidad
La ola migratoria hacia Europa, que comenzó en la década de 1960 a raíz de los acuerdos laborales internacionales, constituye hoy en día el rasgo más visible de esta comunidad. En pequeños distritos de Anatolia Central, como Kulu y Cihanbeyli, la visión de cientos, a veces miles, de coches con matrícula extranjera en los meses de verano se ha convertido en una parte habitual del paisaje. Las villas que se alzan en las estrechas calles de los pueblos no guardan ningún parecido con el tejido arquitectónico que las rodea, y esa incongruencia tiene su significado.
Hacı Çevik describe la migración europea como un «renacimiento de la identidad» para esta comunidad. Una identidad kurda que se vivía bajo presión y en espacios cerrados en Turquía, de repente encontró espacio para respirar en Alemania, Suecia y los Países Bajos.
Este es uno de los argumentos centrales del libro: la diáspora es el catalizador más importante en la configuración de la identidad de esta comunidad. Al entrar en contacto en Europa con kurdos del Kurdistán septentrional, más politizados y organizados, esta comunidad comenzó a colaborar con organizaciones de la diáspora kurda que iban ganando fuerza desde mediados de la década de 1980. Las revistas Bîrnebûn y Veger, lanzadas en Suecia y Alemania, son los productos simbólicos de este proceso y la prueba de una identidad en despertar.
El capítulo de Gülistan Polat Yılmaz incluido en el volumen aborda esta transformación desde una perspectiva espacial, centrándose en la arquitectura. El paso de las casas de adobe a las villas refleja algo más que un cambio económico; según el análisis de Çevik, es también un indicador de poder simbólico. A medida que se acumula el capital económico, la percepción que tiene de sí misma una comunidad largamente oprimida, así como la forma en que se relaciona con su entorno, comienza a cambiar. Una identidad kurda que antes existía en un espacio pasivo y cerrado se vuelve ahora visiblemente asertiva en los centros urbanos de Kulu y Cihanbeyli, envalentonada por la confianza que confiere el poder económico.
La incógnita del futuro
La tercera generación plantea un conjunto de cuestiones totalmente diferente. Los jóvenes kurdos nacidos en Europa están construyendo una identidad distintiva en la intersección de sus orígenes, las ciudades multiculturales de Europa y una conciencia política cada vez más profunda.
Hacı Çevik considera esta hibridación como una riqueza y, al mismo tiempo, una nueva incertidumbre. El recuerdo del pueblo, la cultura política de la diáspora y la realidad cotidiana de la vida europea se están entrelazando, y lo que surgirá de ese entrelazamiento sigue siendo una incógnita.
Esta cuestión no se ha abordado adecuadamente en el ámbito académico. Prácticamente no existe ninguna investigación seria sobre la tercera generación. Sin embargo, si queremos comprender cómo serán los kurdos de Anatolia Central en las próximas décadas, parte de la respuesta se encuentra ahí.
La falta de investigación a gran escala
Mehmet Gürses llama la atención sobre la laguna más importante en el panorama actual: ningún estudio de campo exhaustivo ha medido sistemáticamente las actitudes políticas, las percepciones de identidad, los temores y las esperanzas de los kurdos de Anatolia Central. Se sabe mucho sobre esta comunidad a nivel descriptivo e histórico, pero aún no existe un análisis comparativo y con base cuantitativa.

Gürses lanza un llamamiento abierto a quienes deseen abordar esa ausencia: el siguiente paso significativo debería ser una encuesta a gran escala y científicamente rigurosa sobre los kurdos de Anatolia Central. ¿Qué piensa esta comunidad? ¿Qué quiere? ¿De qué es consciente y qué teme?
Existe una necesidad paralela en la producción cultural. A lo largo de la diáspora, desde Estocolmo hasta Dinamarca y Berlín, se están produciendo obras literarias y culturales que documentan la vida kurda en Anatolia Central, en gran parte gracias a la dedicación personal y en condiciones difíciles. Ese conjunto de obras está llegando al límite del compromiso individual. Necesita un respaldo institucional.
La publicación del libro de Gürses y Çevik tiene una importancia que va más allá del logro académico. Con esta obra, los kurdos de Anatolia Central entran no solo en el ámbito de los círculos académicos turcos y kurdos, sino también en el de las ciencias sociales internacionales. Pero esto es solo el principio. La imagen que Çevik lleva más de una década siguiendo sigue vigente: una comunidad de hasta 1,5 millones de personas, con cuatro siglos de historia en el corazón de Anatolia, aún no ha sido escuchada.
Este artículo se ha elaborado a partir de una entrevista realizada en Spot Basın Kooperatifi y se ha traducido al inglés para The Amargi.
EL AUTOR: Adem Özgür recibió el Premio de Periodismo Musa Anter y Özgür Basın Şehitleri 2025 (categoría de noticias en lengua turca) por su reportaje de investigación «Welatê Xerîbîye'ye Yolculuk». A través de Spot Basın Kooperatifi, presenta Gemide («En el barco»), una serie semanal de YouTube que recoge entrevistas con migrantes, refugiados y voces de la diáspora. Sus artículos aparecen en medios en kurdo y turco de Turquía y en la prensa regional neerlandesa.