AnálisisDestacadosViajes y crónicas

Las aventuras del camarada Piloto

Entre los ruidos de los helicópteros y los drones, los guerrilleros que luchaban contra las ratas encontraron la solución en el cielo: un gato de kilo y medio fue transportado en un dron a lo largo de 10 kilómetros. Así nació el primer «gato piloto» de la historia.

Yeni Ozgur Politika – Çîya Zero – 30 marzo 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid

El lenguaje de la guerra es duro… En Kurdistán, el heroísmo se teje a menudo en silencio, entre el olor a pólvora, los fragmentos de metralla y la barbarie del enemigo. Pero a veces, incluso en medio de los frentes más duros, brotan historias que superan la imaginación y calientan el corazón. La historia de «Pilot Kedi» es precisamente una de esas historias.

Hace unos años se lanzó un gran ataque contra las Zonas de Defensa de Medya. En esta operación, denominada «Pençe-Kilit», se emplearon métodos bárbaros contra los luchadores por la libertad kurdos: gases químicos, bombas de racimo, bombas de fragmentación, misiles perforadores de refugios… Sin embargo, todas estas armas no lograron arrancar a la guerrilla del seno de las montañas. Los soldados, que no se atrevían a entrar en los túneles de combate, esperaban a que a la guerrilla se le agotaran las provisiones y el agua, y desapareciera por el hambre y la sed.

Precisamente en ese ambiente opresivo, en la posición donde se encontraba Ş. Z. había desde hacía días un problema de «ratas». No se trataba de una simple molestia, sino de una cuestión de supervivencia directa. Las bolsas de provisiones estaban roídas, el pan destrozado, y por las noches se oían crujidos que interrumpían el sueño…

«¿Qué podemos hacer?», se preguntaban mientras buscaban una solución tras otra. Se colocaron trampas, pero no sirvieron de nada. Al final, un guerrillero dijo: «Necesitamos un gato».

Se produjo un breve silencio. A continuación, a todos les vino a la mente la misma pregunta: ¿cómo iban a encontrar y traer un gato en medio de este asedio? Estaban rodeados de soldados. Parecía imposible transportar un gato en una zona donde hablaban las balas y las bombas, donde ni siquiera el cielo era seguro. Pero la idea ya se había planteado y, en medio de la guerra, fue cobrando fuerza con obstinación.

Al final, se pidió un gato a otro campamento. El verdadero problema, sin embargo, acababa de empezar: ¿cómo se enviaría el gato?

La respuesta era el nuevo lenguaje de la guerra: «Con un dron».

Al principio, en el bando contrario cundió el asombro: «¿Un gato? ¿Con un dron?». Pero el cálculo era sencillo. El adorable gato del campamento pesaba aproximadamente un kilo y medio, y el dron podía transportarlo sin problemas.

Era el 8 de octubre de 2025. Se preparó una caja sencilla pero resistente. Se metió al gato dentro y se le ató ligeramente una pata para que no se escapara. Ni los guerrilleros ni el gato eran capaces, en ese momento, de comprender del todo lo extraño que era aquel viaje y lo extraordinario que resultaría para la historia.

En ese momento se le puso un nombre al gato: «Piloto» o, en el lenguaje de los compañeros, «Heval Piloto».

El dron despegó de Bergarê. La máquina, zumbando en el cielo, avanzaba hacia la zona donde la guerra era más intensa con un ser vivo en su interior. Abajo, los combates; arriba, un gato…

Tras un vuelo de unos 10 kilómetros, el dron aterrizó suavemente a la entrada del túnel de combate de Tepê Bahar. Los guerrilleros acudieron corriendo y abrieron la caja. Sacaron al gato Piloto. Tenía la mirada perdida y el cuerpo temblaba. ¿Qué tipo de viaje había sido aquel? Quizá fuera la primera vez en la historia que un gato realizaba un vuelo así.

El gato tembló todo el día. Al día siguiente se recuperó y atrapó su primer ratón.

A veces, la solución a los problemas más complejos de la guerra es la más sencilla. Pero si esa solución sencilla llega tras recorrer un camino así, deja de ser algo corriente; se convierte en un asunto, en un símbolo.

Esta no es solo la historia de un gato, sino también la historia de la creatividad, la obstinación y la vida. Un gato había llegado al lugar donde los generales decían: «Nadie puede entrar ahí». Esto ya era, en sí mismo, una respuesta, un mensaje. La «garra» se había convertido una vez más en una pata de pollo.

El gato Piloto cumplió con su deber en el frente de guerra. Acabó con las ratas que se habían cebado en el sustento de la guerrilla. El 16 de noviembre de 2025, regresó en brazos de un guerrillero junto con el grupo que se retiraba a pie desde Tepê Bahar.

Quizá algún día el gato Piloto también cuente lo que vivió. Entonces, quién sabe, quizá narre esta historia con un lenguaje mucho más diferente e inocente que el de los humanos…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies