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La hermandad entre los pueblos en la región siria de Jazira es un «modo de vida», no una ideología

Ciudadanos sirios árabes, kurdos y asirios asisten al festival folclórico de la aldea de Jazrawi, organizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en la ciudad de Qamishli, de mayoría kurda, situada en la provincia de Hasaka, al noreste de Siria, el 29 de septiembre de 2020. (Foto de Delil SOULEIMAN / AFP)

The Amargi – William Duppel Alonso – 14 marzo 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid

En el barrio de Hililiyê, en Qamishli, hombres y mujeres de una comuna local —un órgano participativo de autogobierno multiétnico— patrullan las calles día y noche desde mediados de enero, cuando se intensificaron los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales sirias y las fuerzas de autodefensa en diversas zonas del noreste. Casi todos los residentes tienen un trabajo diario, y algunos llevan días sin dormir.

Hililiyê —donde, según los lugareños, el régimen baazista despojó de la ciudadanía a alrededor del 90 % de los residentes kurdos— se encuentra a un paso de Himo, una aldea situada en el «cinturón árabe» impuesto por el Estado. En la década de 1960, el régimen de Damasco reasentó a árabes de Raqqa en el norte de Jazira con el fin de imponer un cambio demográfico en la región de mayoría kurda.

Las relaciones entre Hililiyê y Himo siguen siendo en su mayor parte «tranquilas», según declaró un miembro de la comuna a The Amargi, aunque admitió que hay «algunos alborotadores». En la cercana Hatime, al parecer los residentes se han marchado para ayudar a sus vecinos en respuesta a los ataques de las fuerzas progubernamentales más al sur.

Miembros de la comuna del barrio de Hililiye, en Qamishli | Créditos de la imagen: Alex Pearce

Cuando se les pregunta si siguen creyendo en la Hermandad de los Pueblos (Bratîya Gelan en kurdo), los miembros de la comuna de Hililiyê se muestran profundamente divididos. Algunos repiten la línea del partido, otros expresan una fe genuina en ella y uno considera que no hay necesidad de relacionarse con los árabes. Hililiyê sigue celebrando reuniones periódicas con Himo, que patrulla sus propias calles.

¿Qué es la Hermandad de los Pueblos?

Desde finales de la década de 1990, el líder kurdo encarcelado Abdullah Ocalan —cuya filosofía política constituye la base del marco constitucional de la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria (DAANES)— ha defendido una Hermandad de los Pueblos posnacional. En contra del nacionalismo, que describe como «la religión del Estado moderno», Öcalan no propone un rechazo total de la nación, sino más bien su descentralización y despolitización.

La definición de Öcalan de la Hermandad de los Pueblos tiene como objetivo encontrar una solución a lo que el académico David Leupold ha denominado las «tierras de ensueño asediadas» de Anatolia, donde coexisten narrativas y reivindicaciones territoriales contrapuestas entre kurdos, turcos, armenios y otros pueblos indígenas. Para Öcalan, la idea de patria es ante todo una alternativa al modelo de Estado etnonacionalista promovido por la República turca, que impone una definición exclusiva de ciudadanía.

A primera vista, el violento levantamiento de las tribus árabes en Raqqa, Deir ez-Zor y la Alta Jazira en enero parece contradecir directamente uno de los principios fundamentales del movimiento de liberación kurdo. Los kurdos sirios también han mostrado un nacionalismo cada vez mayor. Sin embargo, la historia de la Jazira —la tierra entre el Tigris y el Éufrates— es un testimonio de que la Hermandad de los Pueblos no es una política verticalista fallida, sino más bien una característica intrínseca, aunque controvertida, del rico tejido social de la región.

La coexistencia no es algo nuevo en la Jazira

Los orígenes del comunalismo político en el noreste de Siria se remontan a principios del siglo XX, cuando grupos desplazados o perseguidos por los nacionalistas turcos en el Imperio otomano y en los inicios de la República turca —entre ellos armenios, asirios y kurdos— encontraron refugio en la Jazira, controlada por los franceses.

La armonía civil se vio complicada por el hecho de que algunas tribus kurdas habían sido empleadas por los otomanos para masacrar a los cristianos. Sin embargo, tras establecerse en la región, la coexistencia se convirtió en una forma de vida, no por convicción, sino por necesidad.

«Ni siquiera nos planteábamos nuestra origen étnico. Para nosotros, convivir era algo totalmente normal».

«La hermandad entre los pueblos no es algo moderno ni nuevo», afirmó Ahmed (nombre ficticio), un trabajador sanitario árabe que se trasladó a Hasaka para cursar sus estudios. «Siempre ha existido aquí, siempre ha formado parte de esta sociedad, antes de que Abdullah Öcalan acuñara el término».

A pesar de estas políticas, los conflictos sectarios en la Jazira eran poco frecuentes. Al recordar su vida universitaria como estudiante en Hasaka, Ahmed dijo: «Ni siquiera pensábamos en nuestra etnia. La coexistencia era algo normal». Varios habitantes de la Jazira se hicieron eco de este sentimiento ante The Amargi.

La Revolución de Rojava de 2012 no introdujo la solidaridad entre comunidades, sino que se construyó sobre ella. Sin embargo, políticamente, la revolución rompió con casi medio siglo de estrecho pensamiento nacionalista árabe y contribuyó a fomentar una alianza política entre los diversos actores del noreste de Siria.

El sistema de autogobierno de Rojava se basaba en la representación comunitaria bajo ideales democráticos compartidos. «Lo hemos apoyado [a Rojava] desde que comenzó porque se basaba en cuestiones comunes», reiteró Ahmed. «Había un proyecto común. Siempre fue para todos».

Si bien las estructuras de gobernanza política multiétnicas emergentes reflejaban las necesidades locales, la lealtad entre las minorías de la región también se convirtió en una necesidad existencial.

Nabil Warde, portavoz de los Guardias Asirios del Khabur, explicó a The Amargi cómo un frente unido les protegió frente a los extremistas islamistas. «Si no hubiera existido la confianza y el acercamiento que hubo entre nosotros —especialmente desde 2012 hasta ahora—, en 2015 Daesh [ISIS] habría destruido toda la región desde aquí hasta Qamishli».

Nabil Warde, portavoz de la Guardia Asiria del Khabur en Tel Tamir | Créditos de la imagen: Alex Pearce

¿Cómo han afectado los acontecimientos recientes a la Hermandad de los Pueblos?

Las matanzas a gran escala y las torturas de civiles perpetradas por las fuerzas progubernamentales, incluidas las tribus árabes que antes estaban aliadas con la DAANES, han dejado una profunda fractura en el tejido social de la Jazira. El miedo y el deseo de venganza se expresan cada vez más en términos sectarios, especialmente contra los árabes.

«Si hablo kurdo en los puestos de control, puedo pasar muy rápido», dijo Ahmed, refiriéndose a las patrullas comunitarias de barrio establecidas en Qamishli y otras ciudades que siguen bajo control de la DAANES tras el asalto del Gobierno. «Si no, me detendrán durante mucho tiempo». También denuncia que los empleadores le han prohibido solicitar ciertos puestos de trabajo debido a su origen árabe.

En todo el noreste, los kurdos han reaccionado a las atrocidades del Gobierno con un nacionalismo renovado. La ala rengîn, una bandera tricolor con un sol y que suele asociarse al nacionalismo kurdo, ha sustituido a los símbolos más inclusivos de la DAANES. Ahora son habituales las conversaciones sobre la unidad transnacional entre los partidos kurdos, incluido el Partido Democrático Kurdo (KDP), con sede en Erbil y liderado por la familia Barzani, que en su día fue rival. 

Esto no ha pasado desapercibido para otras comunidades minoritarias de Jazira. Aunque los asirios y los armenios no perciben el auge del nacionalismo kurdo como una amenaza directa, les sigue preocupando la posibilidad de quedar excluidos de un futuro acuerdo con Damasco.

Muchos señalan que el Decreto n.º 13, promulgado por Damasco el 16 de enero, se compromete a proteger la lengua kurda, pero no menciona otras lenguas de Jazira, como el siríaco o el armenio. La ley proporcionó la primera protección formal de la ciudadanía, la lengua y la cultura kurdas en la historia de Siria.

En Qamishli, Rubel Bahho, miembro del Consejo General del Partido de la Unión Siríaca, declaró a The Amargi que su partido no rechaza un plan de estudios nacional, «pero cuando examinamos la Constitución provisional y el Decreto n.º 13, no vemos que se protejan los derechos de nuestras lenguas».

Para todas las comunidades, la autodefensa sigue siendo un tema delicado. Con base en Tel Tamir, las Guardias de Khabour de Warde repelieron oleadas de militantes yihadistas de ISIS y de Jabhat al-Nusra, la facción escindida de Al Qaeda liderada por el presidente sirio de transición Ahmed al-Sharaa.

«[Los medios de comunicación] siempre se referían a la DAANES como un movimiento “liderado por kurdos”. Esto nos molestaba, porque nosotros también liderábamos este movimiento».

Ahora temen que sus antiguos agresores les desarmen. «Si el Gobierno quiere la guerra, ahla wa sahla [bienvenido]. Y si quiere la paz, ahla wa sahla», dijo Warde, utilizando un saludo de bienvenida en árabe. «Esta no es una decisión que corresponda únicamente a los compañeros kurdos».

La mayoría de los líderes políticos se mantienen firmes en su apoyo al proyecto democrático en el noreste de Siria, quizás más que nunca. En conversaciones con representantes de las comunidades asirias occidentales, asirias orientales y armenias, todos hicieron hincapié en que la DAANES nunca fue un proyecto exclusivamente kurdo.

Los armenios del noreste de Siria conmemoran el genocidio armenio. Créditos de la imagen: Tekoşîna Anarşîst

«[Los medios de comunicación] siempre se referían a la DAANES como “dirigidas por kurdos”», afirmó Bahho. «Esto nos molestaba, porque nosotros codirigíamos este movimiento. El enemigo se ha esforzado mucho por sembrar divisiones. La situación actual es el resultado de ello».

La historia como panacea

«Turquía no aceptó el proyecto, porque si la democracia funciona aquí [en Rojava], tendría que funcionar allí también».

«En aquel entonces, fueron las tribus kurdas las que nos masacraron, aunque lo hicieron bajo las órdenes de las autoridades otomanas», subrayó Warde, estableciendo una comparación entre el reciente uso que Damasco ha hecho de las tribus árabes y el uso que hicieron los otomanos de las tribus kurdas a principios del siglo XX.

Para romper el ciclo, «teníamos que construir una sociedad democrática», señaló. «Sin embargo, Turquía no aceptó el proyecto, porque si la democracia funciona aquí [en Rojava], tendría que funcionar allí también».

A pesar de que las tribus árabes cometieron la mayoría de las atrocidades en enero, los habitantes de Jazira entrevistados por The Amargi no les atribuyeron toda la responsabilidad. En Hasaka, el comandante Losin Hovsepyan, de la Brigada Martir Nubar Ozanyan, integrada íntegramente por armenios, estableció un paralelismo entre los agresores árabes de este año y los supervivientes de las marchas de la muerte armenias de principios del siglo XX.

«Pienso en cómo, por un vaso de agua, los armenios podrían haber traicionado a su comunidad, porque éramos gente hambrienta privada de todo —no solo de comida y agua, sino también de verdad y conocimiento—. El Estado supo cómo aprovechar esto».

Criada bajo el sistema DAANES, Hovsepyan sigue siendo una firme defensora de la Hermandad de los Pueblos, que, según ella, es sinónimo de la lucha común de las mujeres. «Soy mujer antes que armenia. Del mismo modo, las personas son seres humanos antes que nacionalidades, identidades o religiones. Si una mujer árabe no tiene sus derechos, entonces yo también estoy oprimida».

Damasco y Ankara fomentan el sectarismo

De vuelta en Hililiyê, voces de la comuna reconocieron similitudes con sus vecinos de Himo. «Ellos también están oprimidos. También fueron víctimas de estas políticas baazistas», dijo Muhammad, un miembro. «Sus tierras estaban en Raqqa o Tabqa, y fueron desplazados». En homenaje a los 189 habitantes de Hililiyê que murieron luchando contra ISIS y Turquía, admitió que Himo también tiene sus propios mártires.

Los jaziranos en las calles de Qamishli, en las oficinas del partido y en el frente dijeron a The Amargi que la Hermandad de los Pueblos no se derrumbó bajo su propio peso. A pesar de las horribles escenas de enero, la coexistencia sigue siendo una realidad.

Sin embargo, en el ámbito político, todos reconocieron que la coexistencia pacífica se encuentra bajo amenaza. Advirtieron de que el desmantelamiento de las instituciones de DAANES y la incitación deliberada al sectarismo han sido orquestados por Damasco y Ankara. No es que la «Bratîya Gelan» haya fracasado; ha sido desmantelada.


EL AUTOR: William Duppel Alonso es un investigador afincado en Líbano y periodista independiente ocasional especializado en Siria, la región de Jazira y la cuestión agraria.

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