La estructura sociocultural de Irán pone de manifiesto la fragilidad del régimen – Parte 1
Las dinámicas étnicas, religiosas y sociales de Irán muestran un régimen que intenta sobrevivir reprimiendo las reivindicaciones identitarias y la lucha de las mujeres por la libertad.

ANF – SINAN ŞAHIN – 18 abrí 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid
Irán es un país que se caracteriza por una estructura social multiétnica, multirreligiosa y culturalmente diversa. La fusión del chiismo y la cultura persa con un sentido de identidad nacional iraní ha fomentado históricamente un fuerte sentimiento de lealtad y pertenencia al Estado. Sin embargo, este apego se ha ido debilitando gradualmente.
Desde una perspectiva étnica, Irán es una nación de aproximadamente 92 millones de habitantes, en la que se hablan más de 90 lenguas y dialectos. Dentro de este mosaico, los kurdos, baluchis, turcomanos, árabes, gilaki-mazanderanis y azerbaiyanos destacan como grupos étnicos capaces de desempeñar un papel decisivo en los procesos políticos del país. Su importancia se deriva en gran medida de su considerable potencial demográfico. Además, su concentración demográfica en regiones específicas y la presencia de parientes étnicos al otro lado de las fronteras nacionales refuerzan aún más su influencia política y social.
En general, se estima que la población del país está compuesta por persas (38 %), azerbaiyanos (27 %), kurdos (14 %), gilaki-mazanderani (5 %), árabes (3 %), baluchis (3 %), turcomanos (2 %), armenios (0,2 %) y otros grupos étnicos (aproximadamente el 2 %). Sin embargo, es importante señalar que los Estados-nación suelen adoptar enfoques diversos a la hora de determinar las proporciones de población de los diferentes grupos étnicos, aplicando en ocasiones políticas que ignoran o asimilan a determinadas comunidades. Por lo tanto, es posible que estas estimaciones demográficas no reflejen plenamente la realidad.
Irán, un país caracterizado por una importante diversidad étnica y religiosa, alberga un número relativamente reducido de comunidades no musulmanas. Entre ellas, los zoroastrianos, que han vivido en la región durante miles de años, son considerados una de las minorías más importantes. Otros grupos destacados son los bahá’ís, que han sufrido la persecución más dura desde la Revolución Islámica, así como los armenios y los judíos.
Los zoroastrianos, que residen principalmente en Yazd e Isfahán, tienen su principal lugar de culto activo en la ciudad de Yazd. Se calcula que su población ronda los 150.000 habitantes. La segunda minoría no musulmana más importante es la comunidad armenia. Tras la Revolución Islámica, el número de armenios en Irán se redujo a solo unos pocos miles. Hoy en día, viven principalmente en la capital, Teherán, y en Isfahán, donde siguen abiertas varias iglesias. Se estima que el número de armenios que residen actualmente en Teherán es de aproximadamente 1.500.
La comunidad judía de Irán, con una población estimada de unos 10.000 habitantes, constituye uno de los grupos minoritarios más críticos. Aunque no ejercen un poder social significativo, la postura ideológica fundamental del régimen se basa en la oposición a Israel y al sionismo, lo que lleva a muchos miembros de la comunidad a sentir una sensación de presión. A pesar de ello, la comunidad judía mantiene representación política y ocupa un escaño en el Parlamento iraní.
Uno de los principales retos a los que se enfrentan los judíos en su vida cotidiana es la obligación de trabajar en el sabbat, que cae en sábado. En Irán, el jueves es festivo de medio día y el viernes es festivo oficial completo, lo que convierte al sábado en un día laborable obligatorio.
Desde el punto de vista económico, la minoría judía suele considerarse parte de las clases altas de la sociedad y tiende a residir en los barrios del norte de Teherán. Hay cuatro escuelas a las que acuden los jóvenes judíos. Un aspecto especialmente destacable de la comunidad judía es su esfuerzo por vivir sin llamar la atención dentro de la sociedad iraní. La naturaleza de las tensiones actuales entre Irán e Israel desempeña un papel decisivo en la configuración de las actitudes sociales hacia esta comunidad.
Grupos étnicos en Irán
Kurdos:
Diversas fuentes estiman que la población kurda en Irán oscila entre los 12 y los 29 millones, con una estimación comúnmente aceptada de entre 15 y 17 millones. Se cree que aproximadamente el 30 % de esta población es chií, mientras que el 70 % es suní.
El Tratado de Qasr-e Shirin, firmado en 1639 entre el Imperio Otomano y el Estado safávida, dejó la región del Kurdistán Oriental (Rojhilat) bajo control iraní. Este acuerdo supuso la primera división del Kurdistán entre dos potencias regionales. Los kurdos que permanecen en Irán pertenecen a diversas comunidades religiosas, entre las que se incluyen las tradiciones chií, suní, zoroástrica, bahá’í y yarsani (Ahl-e Haqq). En la vida cotidiana, hablan varios dialectos kurdos, como el kurmanji, el sorani, el hawrami, el kelhori y el lori. Las poblaciones kurdas se concentran principalmente en las regiones de Kermanshah (Kirmanşan), Sanandaj (Sine), Urmia (Urmiye), Hamadan (Hemedan), Ilam (Îlam), Khorramabad (Xoremebat) y Lorestán.
El Estado iraní sostiene que no hay problemas étnicos ni religiosos en el país, y a menudo niega la existencia de tales cuestiones. Sin embargo, especialmente en el Kurdistán Oriental, se han aplicado políticas de negación, represión y violencia contra la población kurda. Aunque la identidad kurda está muy extendida social y políticamente, las políticas represivas del Estado han impedido el surgimiento de un movimiento organizado fuerte. En el pasado, Irán trató de impedir tales desarrollos mediante el asesinato de figuras kurdas destacadas, entre ellas Qazi Muhammad, Abdul Rahman Ghassemlou y Sadegh Sharafkandi.
A pesar de estas medidas, las ideas asociadas a Abdullah Öcalan y al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) han encontrado eco en Rojhilat, lo que ha dado lugar a la aparición de importantes estructuras organizativas. El régimen iraní no ha podido impedir este desarrollo a pesar de la amplia represión. Como resultado, los kurdos constituyen una de las fuerzas de oposición sociales y militares más importantes de Irán. Los acontecimientos derivados del legado del PKK en el Kurdistán del Norte (Bakur) han generado una gran preocupación para Irán, lo que ha llevado al país a reforzar la cooperación militar, política y diplomática con Turquía y Siria.
Irán también ha implantado un sistema similar a la estructura de guardias de aldea utilizada por Turquía en su lucha contra el PKK en el Kurdistán del Norte. Según se informa, se ha reclutado a miles de personas para esta fuerza auxiliar. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) ha celebrado reuniones con ancianos de las aldeas y líderes tribales en diversas partes del Kurdistán Oriental, instando a la población a armarse contra el Partido de la Vida Libre del Kurdistán (PJAK).
Azerbaiyanos:
Los azerbaiyanos que viven en Irán, con una población estimada de unos 22 millones de personas, constituyen una de las comunidades más numerosas del país, junto con los persas. La región azerbaiyana dentro de Irán, a la que en la literatura política se suele denominar “Azerbaiyán del Sur”, se extiende desde las fronteras con la República de Azerbaiyán y Turquía hasta el interior de Irán, abarcando una superficie de aproximadamente 200.000 kilómetros cuadrados.
Los azerbaiyanos iraníes desempeñan un papel constantemente dominante y decisivo en los procesos de cambio político y social del país debido a su influencia política, estructura sociocultural, potencial económico, densidad de población y posición geopolítica. Los azerbaiyanos que residen a lo largo de las fronteras con Turquía, Najicheván, Azerbaiyán y Armenia mantienen estrechos vínculos culturales y económicos tanto con Turquía como con la República de Azerbaiyán.
En el Azerbaiyán iraní, la mayoría de la población de ciudades como Tabriz, Ardabil, Zanjan, Rasht y Astara es azerbaiyana. También residen importantes poblaciones azerbaiyanas en Hamadán y Urmia, mientras que Teherán alberga asimismo una considerable comunidad azerbaiyana.
Los azerbaiyanos desempeñaron un papel fundamental y decisivo tanto en la Revolución Constitucional de 1906 como en la Revolución Islámica Iraní de 1979. La expresión tan citada en Irán, “Si Tabriz no da su consentimiento, no puede producirse ningún cambio”, se considera ampliamente un reflejo de esta realidad histórica.
Baluchis:
Los baluchis suníes, con una población estimada de unos 2 millones de personas, viven en algunas de las regiones más pobres y subdesarrolladas de Irán. En 1887, la patria histórica del pueblo baluchi quedó dividida entre los actuales Pakistán, Irán y Afganistán. Al igual que los kurdos, su territorio quedó repartido entre tres Estados.
El Gobierno iraní ha aplicado políticas sistemáticas y respaldadas por el Estado destinadas a alterar el equilibrio demográfico de Baluchistán, con la intención de reducir a la población baluchi a una minoría dentro de su propia región. Con el pretexto de establecer nuevas zonas de asentamiento, las autoridades habrían demolido viviendas baluchis y desplazado a los residentes a zonas rurales, en un intento por remodelar la estructura demográfica. Debido a sus características culturales distintivas, la población baluchi no se ha integrado plenamente en la sociedad iraní en general. El pueblo baluchi también mantiene una importante oposición al régimen iraní. Esta oposición se organiza en gran medida a través de estructuras religiosas arraigadas en el islam suní.
Turcomanos:
Se estima que la población turcomana suní en Irán oscila entre 1 y 1,5 millones de personas. Las relaciones entre la comunidad turcomana y el régimen iraní se deterioraron debido a su identidad suní y a los acontecimientos de Gonbad que tuvieron lugar en los primeros años de la revolución. A partir de 1979, el régimen iraní ejerció una presión significativa sobre la población turcomana.
Las bases del diálogo entre los turcomanos y el régimen se sentaron cuando Mohammad Jatamí llegó al poder en 1997. A partir de ese momento, las comunidades turcomanas comenzaron a publicar periódicos y revistas en su propia lengua. Sin embargo, esta mejora relativa se vio debilitada tras la llegada al poder de Mahmud Ahmadineyad.
Entre los grupos étnicos de Irán, los turcomanos suelen considerarse el “eslabón más débil”. Su escasa población y sus patrones de asentamiento dispersos limitan su influencia política y social. Si bien la presencia del Estado turco se percibe como una importante fuente de apoyo para los turcomanos, su impacto general dentro de Irán sigue siendo limitado.
Árabes:
Aproximadamente tres millones de árabes viven en Irán, principalmente a lo largo del Golfo Pérsico y la frontera con Irak. Se concentran principalmente en las provincias de Juzestán y Bushehr. Irán trata a la población árabe con considerable sensibilidad y a menudo la considera un posible problema de seguridad. En consecuencia, las políticas estatales hacia esta comunidad están determinadas por la previsión de posibles tensiones futuras. Se cree que una parte significativa de la población árabe suní está influenciada por los vecinos Irak y Arabia Saudí, y también se informa de que Al Qaeda ha operado en ciertas zonas.
Dada la importancia estratégica de Juzestán debido a sus vastas reservas de petróleo, Irán ha aplicado diversas políticas destinadas a alterar la estructura demográfica de la población árabe de la región. Los disturbios recientes más destacados tuvieron lugar en abril de 2005 en la ciudad de Ahvaz. Los acontecimientos se desencadenaron por la difusión de un documento en el que se alegaban planes para cambiar la composición étnica de Juzestán. Según las autoridades iraníes, el documento era una carta atribuida a un antiguo jefe de gabinete presidencial y posteriormente se declaró que era falso. A pesar de ello, varias sucursales bancarias y comisarías de policía fueron incendiadas durante las protestas que siguieron.
Los árabes de Ahvaz se han organizado políticamente en torno a grupos como el Movimiento Nacional de Ahvaz y el Frente Popular Democrático de Ahvaz.