¿Encontrarán los kurdos un rayo de esperanza en 2020?

Una mujer se sienta junto a una tumba en la ciudad de Qamishli (Siria), de mayoría kurda, el 20 de noviembre de 2019.

Al MonitorShivan Ibrahim – 2 enero 2020

QAMISHLI, Siria – Hassan Taher, un académico kurdo que trabaja en una empresa de cereales, respira hondo mientras cuenta a Al-Monitor la situación de vida de los ciudadanos de Qamishli.

«Este año [2019] ha estado lleno de tristeza y tragedias. Nuestras zonas han estado plagadas de asesinatos, de personas sin hogar y de misiles. Muchas familias han sido desplazadas o han perdido sus hogares. Mi hija, su esposo y sus hijos eran nuestros vecinos. Debido a la guerra, se fueron a Kurdistán [del Sur, Irak]. Echo mucho de menos a mis nietos Asha y Mohammad», dice Taher.

Y agrega: «Ha sido un año de pobreza y privaciones. En todas las casas hay miembros desplazados o enfermos, una persona fallecida o cuentan una historia triste. El número de jóvenes desplazados o que se abstienen de contraer matrimonio ha aumentado vertiginosamente. La situación financiera es difícil, ya que miles de hectáreas agrícolas (acres) han sido quemadas y los recursos financieros son escasos».

«Todo esto ha afectado la moral y la conducta de las personas entre sí. La situación ha matado nuestras ambiciones. El desplazamiento de la gente de Serekaniye, Afrin y Gire Spi y las amenazas contra los kurdos nos han impedido ser felices. La alegría no tiene cabida en nuestros corazones mientras el llanto de los niños llene los campos de refugiados. No debemos rendirnos y debemos encontrar un rayo de esperanza, pero nuestra fuerza se ha agotado», dice Taher.

Siban Ali, de 31 años, extiende su mercancía frente a su tienda de ropa para niños y mujeres. Dice a Al-Monitor: «La tristeza está en todas partes. La guerra no ha terminado y la gente no puede ni siquiera satisfacer sus necesidades básicas diarias. ¿Cómo pueden comprar ropa y productos para el año nuevo? Algunos visitan los mercados, pero no pueden comprar nada debido a los altos precios».

La libra siria se ha ido depreciando cada vez más frente al dólar estadounidense, lo que supone una carga aún mayor para los ciudadanos sirios, especialmente para los pobres y los empleados que cobran en libras sirias.

Ayman, de 37 años, camina por los mercados junto con su esposa y sus tres hijas. El maestro le dice a Al-Monitor: «Mi salario como maestro de escuela pública es de 52.000 libras sirias, y el salario de mi esposa en las escuelas de la administración autónoma es de 100.000 libras sirias». Apenas ganamos 150 dólares juntos. Llevamos dos días caminando por los mercados y los precios son muy altos. No podemos permitirnos ropa nueva para los niños. Mis hijos pequeños querían un árbol de Navidad con adornos. Pero el más pequeño cuesta 50 dólares. Los preparativos de Nochebuena también cuestan no menos de $80-$100. No podemos gastar nuestros salarios sólo en comida».

Hussein Salo, dueño de una zapatería masculina, se para frente a su tienda y anima a entrar a los transeúntes. Dice a Al-Monitor: «Honestamente, no tenemos mercancía nueva debido a la falta de seguridad y al temor de los comerciantes mayoristas de otro ataque a Serekaniye y Gire Spi lanzado por las fuerzas del Ejército Nacional Sirio [SNA; antes, Ejército libre Sirio] apoyado por las fuerzas turcas».

Un video publicado en internet el 10 de diciembre mostraba el despliegue de las facciones del SNA en la ciudad kurda de Serekaniye.

«El coste del envío de la mercancía desde Damasco y Alepo es alto. La subida del dólar afecta a la compra de productos y, por consiguiente, afecta al comprador. Los preparativos de este año no se parecen a los del año pasado debido a las duras circunstancias de vida que se imponen en las festividades. Además, existe el temor constante de otra brecha de seguridad y de explosiones», dice Salo.

Al-Monitor se reunió con Ahmad Karimi, de 61 años, quien exhibía dulces y diferentes tipos de alimentos y cítricos frente a su tienda en el mercado central de Qamishli.

«Éste ha sido un año muy malo. El año pasado, en este día, habíamos vendido más de la mitad de los productos», dice, y añade: «Me duele profundamente ver a los niños mirando los dulces que sus padres no pueden permitirse». A veces ofrecemos algunos gratis a los niños, pero nadie parece sentir la alegría y la felicidad de dar la bienvenida a un nuevo año. Es sólo cuestión de días antes de que termine el año en curso. No creo que las festividades de este año sean similares a las de años anteriores en medio de la escasez de poder adquisitivo».

Al-Monitor se reunió con la experta en belleza Orkina Sumi en el barrio predominantemente cristiano de Al-Wosta. Trabaja en la sección de maquillaje de un spa de belleza y peluquería. «Estoy en contacto diario con mujeres que hablan de sus preocupaciones. Comparten la misma pena y el mismo miedo a los bombardeos. Lo que más les preocupa es no sentir la alegría de celebrar la Navidad, el estancamiento del mercado y el alto coste de la vida».

Sumi añade: «Normalmente, las mujeres y las jóvenes vendrían a hacerse un facial, un tatuaje o un maquillaje antes de las vacaciones, pero este año son pocas las que vienen en medio de las difíciles condiciones de vida y la tristeza reinante debido a la guerra provocada por Turquía en la región».

Apelando a Dios, pide la paz en toda Siria. «Que las familias se encuentren con sus hijos perdidos y que la situación económica se reavive», dice.

Para Umm Khaled (seudónimo), de 42 años, regresar a su casa en Serekaniye es lo único que desea para el año 2020. Dice: «La mayor celebración será que mis hijos, que se fueron a Kurdistán y a Austria, vuelvan a casa para que podamos encontrarnos de nuevo».

El comerciante de perfumes y cosméticos Bakhtiyar Rasoul, de 50 años, dice a Al-Monitor: «Los expatriados venían a pasar la Nochebuena en su ciudad de Qamishli. Las familias se reunían y los fuegos artificiales iluminaban el cielo de la ciudad. La mayoría de las familias se reunían alrededor de la cena».

Añade: «Sentíamos que nuestra ciudad era la más hermosa del mundo. Los vecinos celebraban juntos y compartían dulces caseros».

Rasoul recuerda los años pasados y cuenta cómo los kurdos celebraban estas fiestas. «Papá Noel no forma parte de la cultura kurda y nuestros niños no esperaban que los visitara para traerles regalos. Teníamos un ritual especial. Los jóvenes kurdos iban disfrazados de casa en casa deseando a las familias un nuevo bebé, dinero, regalos y alimentos en el Año Nuevo que se avecinaba».

Pero según Rasoul, no hay alegría. Dice: «Ya no deseamos la alegría. Cada año decimos que el año anterior fue mejor. Este año estamos experimentando una doble tragedia. Al escuchar a los desplazados de Serekaniye, Afrin y Gire Spi hablando entre ellos en los mercados, siento la frustración de los kurdos. Hemos olvidado cómo reír, y esto ha afectado a nuestros niños. Ya no sonríen».

Rasoul ha sido comerciante minorista durante muchos años en la provincia. «Nuestras ventas han caído sustancialmente. La aterradora subida del tipo de cambio del dólar minimizó el poder adquisitivo. La gente tiene miedo del futuro. Prefieren ahorrar dinero en lugar de gastarlo en las celebraciones», dice.

Entre las alegrías de la Navidad, las tragedias de la guerra, la inmigración y los bombardeos, los componentes kurdos, sirios, asirios y árabes de la región kurda de Siria se encuentran confundidos y con miedo al futuro.

Shivan Ibrahim es un periodista que tiene una maestría en filosofía. Escribe artículos de opinión y cubre temas sociales, políticos y civiles en varias publicaciones y periódicos árabes y kurdos.

Traducido por Rojava Azadi Madrid

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