El acuerdo del 10 de marzo: entre la procrastinación y la fabricación mediática

NLKA – Riad Darar – 7 enero 2026 -Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid
En el contexto sirio, el gran cambio de rumbo1Se refiere al cambio de régimen en Siria producido en diciembre de 2024, cuando Bashar al-Assad fue expulsado del poder y la milicia yihadista HTS asumió el control en Damasco. no ha sido independiente de la transformación de los propios medios de comunicación; de hecho, los medios a menudo se han adelantado al público, arrastrándolo consigo. Esto se observa en la aparición de una nueva generación de analistas políticos que han profesionalizado la fabricación de contenidos mediáticos, convirtiéndose en una galería de animadores y aplaudidores. Para ejercer este oficio de falsificación, desinformación e inversión de los hechos, emplean diversos métodos, entre ellos:
En primer lugar, hemos observado que las figuras mediáticas y las personas influyentes, en lugar de preguntarse qué ha sucedido, se han dedicado a preguntarse qué debe entender la gente. Han pasado de informar sobre las noticias a fabricar significados. Aquí aparece el «periodista animador», que no aporta ninguna información nueva, sino que reformula los hechos para que se ajusten a una narrativa prefabricada, presentándolos al público bajo la apariencia de «analista político».
El análisis aquí no es una explicación, sino una justificación preventiva. El «analista» fabrica noticias de la nada, o las invierte, y luego se basa en la repetición y las apariciones diarias utilizando las mismas frases hasta que adquieren el «prestigio de la experiencia». Muestran una certeza rotunda y un tono decisivo carente de dudas (ya que al público no le gusta la vacilación). Su lenguaje interno dice: «Nosotros sabemos lo que otros no saben». Con el tiempo, la audiencia confunde la frecuencia de las apariciones con la profundidad del conocimiento.
En segundo lugar, la dependencia de la falsificación. No siempre mienten, sino que eligen el camino más peligroso: no las noticias falsas, sino las noticias verdaderas sacadas de contexto. Esto implica leer una cifra sin compararla, presentar un incidente individual como una regla general o mantener un silencio total sobre los acontecimientos que contradicen la narrativa adoptada. Así se construye una realidad selectiva que parece lógica para quienes la ven de forma aislada.
En tercer lugar, se produce un astuto cambio cuando los eslóganes agudos y el vitriolo mordaz se sustituyen por un discurso aparentemente «racional». La misma persona que aplaude sin crítica comienza a utilizar términos como «realismo político», «necesidad» y «la etapa actual». El espectador cree que se enfrenta a un análisis maduro, cuando en realidad se trata simplemente de un embellecimiento lingüístico del sesgo.
En cuarto lugar, este método tiene éxito entre el público porque aborda necesidades psicológicas más que intelectuales. Un público que busca consuelo se conforma con alguien que piensa «en su nombre» y busca certezas en interpretaciones prefabricadas dentro de un mundo caótico. Así, los medios falsos no solo cambian tu opinión, sino que te liberan de la carga de pensar.
En quinto lugar, el resultado no es la convicción, sino la ambigüedad moral: una confusión entre opiniones y hechos, y hostilidad hacia cualquier pregunta que perturbe la narrativa. Con el tiempo, las personas pierden la capacidad de distinguir entre análisis, propaganda y emoción, ya que se invierte en confusión en lugar de en conciencia.
En este caso, la fabricación mediática no impone una opinión por la fuerza, sino que crea un estado de ánimo general y produce «analistas» cuya función principal es «normalizar la contradicción y convertirla en lógica». En tal estado, el periodista más peligroso no es el que miente, sino el que te convence de que no hay necesidad de hacer preguntas.
Al ver cualquier discurso mediático sobre Siria, encontramos tres categorías distintas:
- Análisis objetivo (análisis verdadero): Explica qué sucedió, por qué sucedió y cuáles son sus consecuencias. Reconoce hechos dolorosos, incluso si su posición causa vergüenza. Distingue claramente entre el perpetrador y la víctima, y el contexto en el que ocurrió el incidente. El análisis objetivo no teme llamar a un crimen por su nombre.
- Justificación: No niega el hecho, pero le quita su carácter moral, convirtiéndolo en una «necesidad» o una «reacción». La justificación dice: «Sí, ocurrió, pero…», y ahí radica la mentira.
- Inversión de conceptos: Es la más peligrosa. Aquí no solo hay una defensa, sino una transformación del agresor en víctima y de la víctima en amenaza. La opresión se denomina «protección» y el racismo se denomina «realismo social». No se trata de una opinión política, sino de una distorsión del lenguaje en sí mismo.
Los indicadores lingüísticos revelan inmediatamente la justificación. Algunos ejemplos son:
- Generalizar a la víctima: utilizar términos como «el entorno», «la cuna», «la región» o «la composición». En lugar de hablar de individuos o entidades específicos, se criminaliza a todo un grupo, un camuflaje sectario/racista en un lenguaje suave.
- Eliminar al actor: utilizar frases como «se produjeron excesos», «se cometieron errores» o «los acontecimientos se descontrolaron». ¿No sabemos quién actuó? ¿Quién dio la orden? ¿Quién empuña el arma? La ausencia del actor es una búsqueda de la absolución implícita.
- Convertir el crimen en una reacción: utilizar afirmaciones como «era inevitable» debido a la «presión de seguridad», buscando «prevenir la sedición» o con el objetivo de «proteger al Estado». Esta lógica convierte el crimen en una consecuencia en lugar de un acto responsable.
- Igualación inmoral: cuando se dice «ambas partes cometieron errores» o «nadie es inocente», junto con eslóganes como «la sangre siria es una». Esta igualdad se utiliza para borrar la disparidad de poder, responsabilidad y armamento. Esto no es neutralidad, es la destrucción de la justicia.
La pregunta sigue siendo: ¿cómo se ocultan el sectarismo y el racismo?
El discurso no dice «esta es tal o cual secta», sino «la cultura de la violencia», «la naturaleza de la sociedad», «la particularidad local» y «los problemas históricos entre ellos».
La pregunta es: ¿se utiliza siempre esta descripción con el mismo grupo? ¿Se utiliza también con los grupos leales?
Si la respuesta es «no», nos encontramos ante un racismo encubierto.
Observamos cómo se defienden los crímenes cometidos en la costa y en Suwaida sin negarlos. Se admite rápidamente: «Sí, se produjeron excesos», pero se pasa inmediatamente a: «pero la situación es compleja», «pero hubo provocación», «pero no conocemos todos los detalles», «pero hay remanentes», «hay entidades separatistas» o «hay agentes que se comunican con Israel».
Para poner fin al debate, pasan a decir: «El poder judicial les pedirá cuentas», «El Estado no lo permitirá» o «Se han formado comités de investigación» (sin que haya una rendición de cuentas real ni una investigación objetiva). Se trata de un vaciamiento moral del suceso.
Si se cometiera el mismo delito y el autor fuera una entidad de la oposición, ¿se utilizaría el mismo lenguaje?
Si el discurso cambia de «exceso» a «masacre», de «necesidad» a «delito» y de «complejidad» a «brutalidad», entonces no se trata de un análisis. Se trata de lealtad lingüística. El periodista que justifica el asesinato en nombre del Estado, generaliza la culpa a grupos, despoja a la víctima de su humanidad y exige silencio en nombre de la «estabilidad», no está practicando el análisis político, sino que está diseñando una conciencia que sirve al poder y traiciona la verdad.
¿Qué hay del discurso mediático contra las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF)?
Al desmontar el discurso, se revela cómo se fabrica la hostilidad de los medios de comunicación contra las Fuerzas Democráticas Sirias, a pesar de que el Acuerdo del 10 de marzo sigue oficialmente vigente, mientras que la obstrucción real proviene del lado de las autoridades. Esto explica con precisión la tendencia a la fabricación y al apoyo incondicional.
Cuando un acuerdo político está en vigor, pero los medios de comunicación lo exageran, lo distorsionan, acusan a una de las partes e ignoran la obstrucción de la otra, nos encontramos ante un intento de gestionar un conflicto mediático en lugar de describir la realidad. El acuerdo sigue siendo válido, pero su aplicación está estancada. Las herramientas de aplicación (participación, integración en las administraciones y el ejército, riqueza y recursos soberanos, los desplazados, la constitución y los derechos de los componentes) requieren negociación y consenso. Sin embargo, el discurso mediático ignora estas herramientas y responsabiliza a una parte concreta del «retraso», promoviendo posteriormente acusaciones falsas como «procrastinación y deseo de secesión». El objetivo de estos comportamientos es despojar a las SDF de su carácter político; en lugar de tratarlas como una parte funcional que firmó el acuerdo y cuenta con el respaldo de una amplia base social y popular, se las caracteriza como una «milicia», una «herramienta», un «brazo externo» o una «fuerza separatista».
Para justificar la exclusión de una verdadera asociación, se utiliza «la unidad de Siria» como arma en lugar de como principio. Así, repiten frases como «las SDF amenazan la unidad del país», «un proyecto de partición» y «entidades paralelas». Pero no se preguntan: ¿Quién obstaculiza la descentralización? ¿Quién rechaza las garantías internacionales? ¿Quién monopoliza la toma de decisiones? La unidad aquí no se utiliza como un valor, sino como un espantapájaros para cerrar el debate.
En lugar de un debate político y la aplicación de los términos del acuerdo, los mecanismos de integración y la provisión de garantías mutuas, se lleva a cabo un proceso de «demonización de los kurdos». Las SDF se vinculan a una única identidad, ignorando la presencia árabe y siríaca dentro de sus filas. Se trata de un cambio de identidad sociopolítica y un engaño intencionado.
Dicen que las SDF están dando largas, ganando tiempo y apostando por el exterior. Pero las preguntas que hay que plantearse en la práctica son: ¿Quién detuvo el trabajo de los comités de negociación? ¿Quién paralizó las negociaciones? ¿Y quién no proporcionó un calendario?
En realidad, con el pretexto de extender la autoridad del Estado a todas las regiones, se practica el chantaje político: traición en lugar de responsabilidad. La búsqueda de mayor claridad y garantías reales para salvar al país del caos se presenta como una búsqueda de fuerza por parte de los estadounidenses y la ejecución de agendas externas. De esta manera, se eluden los derechos nacionales relativos a la forma del Estado, el logro de la justicia transicional y la garantía de los derechos de todos los componentes sirios en la nueva Constitución, entre otras demandas legítimas reclamadas por un amplio espectro de sirios.
En conclusión, existe una campaña mediática calculada que practica los más altos niveles de falsificación y desinformación contra las Fuerzas Democráticas Sirias. En lugar de atenerse a los términos del Acuerdo del 10 de marzo y abordarlos con críticas y análisis lógicos, centrándose en la necesidad del compromiso y la aplicación por ambas partes implicadas por el bien y el interés de los sirios de todos los orígenes étnicos, religiosos y sectarios, ocurre lo contrario. Se fabrican mentiras y se lanzan acusaciones al azar contra las SDF, presentándolas como la parte obstructora para exonerar a la otra parte —la nueva autoridad siria— de cualquier consecuencia potencial en caso de que fracase esta vía de negociación.
El autor:
Riad Darar nació en 1954. Es un activista político y social de la oposición siria y autor, procedente de Deir ez-Zor. Desde el año 2000, ha sido defensor de los derechos humanos de los kurdos en Siria. Durante su activismo, fue encarcelado por el Gobierno sirio durante cinco años y liberado en 2010. El 25 de febrero de 2017, fue elegido copresidente del Consejo Democrático Sirio.
- 1Se refiere al cambio de régimen en Siria producido en diciembre de 2024, cuando Bashar al-Assad fue expulsado del poder y la milicia yihadista HTS asumió el control en Damasco.