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Carta de un viajero cruzando Kobanê

Todos y todas hemos visto reiteradas ocasiones los ataques que «el Norte de Syria» ha recibido.
Ante ello, reiterar que el Norte de Syria y sus límites no corresponden particularmente al concepto estado nación que conocemos, sino a una amalgama de pueblos autóctonos que tras ocupaciones, ocupaciones y colonialismo hicieron trazar unas fronteras que dividieron la cuna de la Civilización. Así pues, cuando hablamos del sur de Turquía, del Norte de Syria, del Oeste de Irán e Iraq, nos estamos refiriendo a una población autóctona que durante milenios ha sufrido y está sufriendo estas consecuencias bilaterales en forma de represión, así pues, armamentísticamente.
El Pueblo Kurdo quiere vivir en Kurdo, organizarse mesopotámicamente y trascender como otro pueblo más, siendo reconocido como particularidad popular. En Kôbane (Ain al­Arab, como podremos leer en Google earth o Google maps), los secuaces de quienes sostienen la idea de desestabilizar la zona no ceden en su empeño de controlar a este pueblo que ante la adversidad sufrida meses atrás, alzan sus cabezas orgullosos y orgullosas de sus gentes, sus tierras y sus antepasados.
Pero sí, desafortunadamente, un pueblo que quiere la paz y no desea empuñar un arma, ha debido de hacerlo por y simplemente, no ser aniquilados por completo. Innumerables son los datos de los fallecidos y fallecidas, como así las personas que desde la infancia hasta la vejez sufrirán lesiones irreversibles.
Particularmente me gusta hablar de las personas, sus opiniones, su visión de futuro, etc. Por ello he de explicar como la gente ha de arreglárselas para jugar, ir a la escuela, conducir, impartir clases, reonstruir espacios… Luego, los métodos materiales que a mano se tienen y cómo la mente actúa a un tanto por ciento más para subsistir ante la ausencia de organizaciones mundiales que actúen sobre el terreno.
Las calles, tras la llegada del Otoño están totalmente embarradas y dificulta, además de la conducción, por ejemplo, la organización de los tractores de limpieza de residuos que todavía quedan por acabar. Los niños van a la escuela sobre las 7 de la mañana y son básicos los elementos de escolarización, las calles oscurecen pronto y todavía en las familias corre el riesgo y miedo de otra posible agresión. Con los restos de los misiles proyectados, aún miles trabajándose para desoxidarlos, se instalan pseudoestufas que junto a los cartones que restan de las zonas alrededor del Zoco, se pueden recoger y hacerlas arder. Hay mucha gente que vive en jaimas, por lo que carecen de mínimos de higiene y la comida es austera. Los edificios donde ya se hospeda gente me recuerdan (sin ningún rastro de pizca humorística) a la portada de «13 Rue del Percebe», puesto que muchas de las familias son visibles a la luz de cualquier viandante.

Kôbane pertenecía a lo que en Castilla podemos estipular como Alcarria, donde la tierra es fértil y acogedora al sembrado. Quien no quería estudiar, no tenía por qué hacerlo y podía incorporarse a la vida campesina. No era un pueblo especialmente rico, pero la gente no carecía de absolutamente nada y sus calles estaban plagadas de comercios de cualquier sea el tipo que podamos imaginarnos.

Pasó. Y quedó todo arrasado. Más el pueblo de Kôbane, ganó. Arrasado, pero ganó.
La Municipalidad ha comenzado a trabajar y a establecer grupos de trabajo en cuanto a las necesidades de cada persona. Son grupos urbanos los que cada mañana limpian las calles para, aún embarradas, mantenerlas lo más limpias posibles, se suministran bastidores de agua y las familias han de oscilar entre desagradables labores con el fin de subsistir. Después de la ardua tarea, los y las trabajadoras se afanan en la reconstrucción de sus casas… Y poco a poco, invade el cansancio.
Están llegando materiales para reconstruir edificios de estancia básica: hospitales, escuelas, pero se necesita material médico y monitorización de la educación. Los centros culturales fueron también destruidos y hasta dentro de un tiempo carecerán de instrumentos artísticos para seguir realizando diversas actividades, aunque la estructura del municipio quede aún por redefinirse.
Un pueblo como podría ser cualquiera en los confines del estado español ha sido convertido en la más absoluta ruína debido a los rebeldes mercenarios del maldito capitalismo. Sin ser un pueblo extremadamente industrializado, ha pasado a subsistir del sector primario (careciendo de zonas acuíferas), donde la población pueda pescar. El pasto, debido a las llamas en los campos y las lluvias venideras hacen que el sector cárnico no pueda alimentarse debidamente, como así pasa a estarlo el sector avícola, debido a la ausencia del trigo.
Tras largos paseos por el lugar, me gustaría preguntar varias dudas que me oscilan en la mente. Más, muy particularmente, es la población local quien me pregunta a mí cómo observo la localidad, qué carácter tienen sus gentes…
Mi respuesta es clara y positiva. Kôbane, toda Rojava, es un corazón que ha sufrido un infarto de una fuerte intensidad, más por suerte, pese a que late a una velocidad muy lenta, poco a poco irá cobrando fuerza y por sus arterias tornarán a correr torrentes de sangre gracias al trabajo comunal y sus Fuerzas de Autodefensa. La gente, pese a la fuerte agresión, no deja de ser al igual que en la totalidad del Globo Terráqueo, de todos los carácteres, modos, formas y clases económicas. No obstante, lo ocurrido, ha repercutido en los rostros y la personalidad de absolutamente toda la población; infantes, adolescentes, jóvenes, adultos y mayores, ¿cómo no?
La seriedad de la población es aún superior al que la población kurda en jurisdicción turca. No hay lugar para muchas bromas y las calles, pese a no estar silenciosas y/o no conocer Kôbane previamente a la agresión, ofrece una calma tensa excesivamente notable entre la ciudadanía.
Démonos cuenta que como cualquier pueblo donde ha bajado la demografía debido a la migración de estos meses atrás y las bajas mártires, los y las habitantes se conocen por los comercios, oficios y gremios. De igual manera, esa demografía también está marcada por familias de amplitud que entre hijos e hijas que, en un pasado (siglos) fueron aumentando debido a la mezcla de los ya mencionados antepasados. Por tanto, reitero, el conocimiento entre los y las conciudadanas es amplio y al 100% seguro, hay algún o alguna mártir en cada seno familiar dentro de un ciclo bastante cercano (comenzando por padres o madres e hijos e hijas hasta llegar a primos y primas, quizás, no carnales).
A lo lejos, paseando, se ven algunos vergeles a los que por suerte la resistencia no dejó acceder y una agricultura pseudomediterranea, como así lo son Parras y Olivos.

Mientras tanto, el trabajo continúa, y continuará en clave Kurda (tanto lingüísticamente como comunalmente), se reinstaurarán los campos y volverán a brotar los pastos y hortalizas que de manera obligatoria han quedado en barbecho, se podrá acceder a una higiene y a una subsistencia acuífera. Niños y niñas (con problemas psicológicos tras el paso de la guerra) dejarán el miedo de lado gracias a la ayuda de profesionales médicos, el asfalto de las calles hará que se circule con normalidad y los parques del centro volverán a ser pulmones de la ciudadanía.
Kôbane se reconstruirá paso a pasó, así pues, como milenios atrás se instauró en Mesopotamia la Cultura Comunal. Resurgirán los Aires de Libertad Ciudadana, Igualdad de Género y Libertad y Orientación Sexual, Respeto a los espacios ecológicos, Organización literaria, igualdad religiosa, libertad Economía local y de base, más, por supuesto, absolutísimamente básico, La Autodefensa de estos puntos básicos de confraternidad y el intento de trasladar estos matices municipalistas y dar forma al resto de pueblos, cual sea su etnia, procedencia o cultura, para que trascienda horizontalmente a un mundo globalitatorio, antipiramidal y gestionado por y para el respeto mutuo entre los Pueblos, su población autóctona y sus matices culturales.

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