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¿Por qué los kurdos renuncian a su estado?

freedom-by-neslihan-severSi el Estado-nación es Dios caminando sobre la Tierra,
entonces el nacionalismo es la religión – secular – ,
el culto a ese Dios en la Tierra.

Abdullah Öcalan

La pregunta en el título del artículo puede causar confusión a algunos lectores. El movimiento de liberación nacional kurdo está estrechamente vinculado en la mente de la sociedad con el objetivo de construir la condición de un Estado-nación. Hasta un cierto momento histórico esto correspondía con la realidad. Los dos principales partidos políticos kurdos – el Partido Democrático de Kurdistán y el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) –, aspiraban a crear un estado kurdo independiente, aunque lo presentaban de diferentes maneras: el PDK de forma burgués democrática y el PKK de una manera socialista.

Una especie de Rubicón para los kurdos fue el período de finales de los años 90 y principios de los 2000. Después de la caída del régimen de Saddam Hussein se desarrolla activamente un proceso de construcción del Estado kurdo en el norte de Irak y un acercamiento de la dirección del Kurdistán iraquí, área autónoma kurda, con Estados Unidos y Turquía.

A finales de los 90 el PKK entró en un período de reforma interna. Encontrándose en una prisión turca, Abdullah Öcalan llegó a la conclusión sobre la necesidad de replantear toda la experiencia acumulada del partido revolucionario. Él escribió: “La principal fuente de defectos y errores, surgidos en la ideología y las prácticas del PKK en los primeros días de su nacimiento y actividad, está vinculado a la comprensión de un Estado y a los métodos de uso de la fuerza”.

Como respuesta a los llamados de su época, Öcalan ha escrito varios libros estando en la cárcel; en primer lugar su «Civilización democrática», en cinco tomos. En las páginas de estas obras el líder kurdo ofrece una alternativa democrática a la sociedad burguesa moderna.

Tomen en sus manos un mapa del Cercano Oriente. Podemos ver en él una multitud de diferentes estados; pero dirijan su atención hacia las fronteras de Egipto, Siria e Irak. En muchos lugares hay líneas rectas. Esto se debe a que todos estos estados son fragmentos del Imperio Otomano, creados por los países europeos como resultado de la Primera Guerra Mundial, en 1918, cuando bajo la línea dibujada por un lápiz europeo se dividió el Cercano Oriente. En esta repartición, Inglaterra se queda con Irak y Palestina y Francia con Siria y el Líbano. Junto con el hecho de que el Estado no tenía plena independencia política, había otro problema grave. Estamos hablando de pueblos que fueron divididos por fronteras artificiales. Las principales víctimas del nuevo reparto imperialista del Cercano Oriente fueron los kurdos y los árabes.

El primer intento a gran escala para cambiar este mapa europeo del Cercano Oriente fue de Gamal Abdel Nasser, creando a finales de los año 50 la RAU (República Árabe Unida). Este proyecto tenía que incluir al menos dos estados: Egipto y Siria. En el futuro se discutió un proyecto de ampliación de la federación tomando en cuenta la unión con Irak. Sin embargo, la RAU no parecía ser una estructura estatal muy fuerte. Ya en 1961, los oficiales sirios intentan un golpe de estado socavando la unión sirio-egipcia. Como ha señalado el mayor experto soviético en política del Cercano Oriente, Yevgeny Primakov, “Impacta críticamente en el objetivo las diferencias que existen entre los países árabes y toma ventaja nuevamente el nacionalismo, pero esta vez en forma de un ‘país’ … Vencieron los nacionalistas sirios, quienes consideraban que el Egipto de Nasser hace de Siria un apéndice suyo y nada más”.

El proyecto panárabe se derrumbó porque es una unidad puramente mecánica, que no va acompañada de una profunda transformación política y socioeconómica en la vida de una serie de países árabes; lo que llevó a un desarrollo desigual de las distintas regiones del “mundo árabe».

La segunda prueba global de cambiar la existencia en el equilibrio de poderes existentes en el Cercano Oriente fue un intento de los kurdos. Los combatientes del Partido de los Trabajadores de Kurdistán, en Turquía y los del partido de la “Unión Democrática”, en Siria, luchan no contra políticos concretos en uno u otro país; están luchando contra los dispositivos imperialistas de toda la región. Mientras tanto, la segunda mitad del siglo XX fue el momento de la colisión de dos tendencias políticas: el nacionalismo árabe y el kurdo. En los años 70 las autoridades iraníes lograron sofocar el movimiento de Mustafá Barzani, en el territorio del Kurdistán iraquí; sin embargo, hubo un segundo aliento, esta vez de su hijo Masud, con el inicio de la Guerra del Golfo en 1990.

El derrocamiento del régimen de Saddam Hussein en 2003 fue una gran victoria para el Partido Democrático de Kurdistán. Los partidarios de Barzani pudieron comenzar a construir los cimientos de un Estado. En poco tiempo fueron creados Gobierno y Parlamento de la autonomía kurda en Irak, fuerzas armadas y Universidad. La hora «X» para el Kurdistán iraquí se produjo en 2014, cuando el movimiento yihadista, desde hace mucho tiempo en la clandestinidad, declaró en voz alta la creación del Estado Islámico. Desde la toma de la ciudad de Mosul por yihadistas, donde viven 2 millones y medio de personas, los kurdos se encontraban en la parte frontal del frente contra las fuerzas agresoras. En agosto de 2014 la amenaza se cierne sobre la población kurda-yazida de la ciudad de Shangal. En esta situación crítica bajo el control del Partido Democrático de Kurdistán, las fuerzas de peshmerga se retiraron, dejando en la estacada a miles de personas inocentes. Este fue un día de vergüenza para Masud Barzani, si no fuera por la ayuda oportuna de las tropas del Partido de los Trabajadores, todos los yazidis habrían sido reducidos por los islamistas.

Durante la lucha de los kurdos contra los yihadistas en Shangal, surgió una organización militar de los yazidis – las Fuerzas de defensa de Shangal –. Ellas consistían en un lugar de kurdos-yazidis,  que esperaban desesperadamente ayuda de la peshmerga, tomando en sus manos las armas para defenderse a sí mismos y a sus familias. Barzani reaccionó muy penosamente a las aspiraciones de los habitantes de Shangal de crear un autogobierno y sus fuerzas armadas. La causa de tal reacción es que la creación de las Fuerzas de Defensa de Shangal socavarían el monopolio del clan Barzani en el poder de la parte iraquí del Kurdistán.   Por eso Masud Barzani ordenó arrestar en abril de 2015 al líder de las Fuerzas de Defensa de Shangal, Haydar Shesho.

En noviembre de 2015 comenzó la operación para liberar Shangal. En ella formaron parte las  Fuerzas populares de autodefenza (PKK), las Fuerzas de Defensa de Shangal y la peshmerga. Un rol fundamental fue interpretado por el PKK, como los grupos armados kurdos más capaces. Sin embargo el PDK, en las páginas bajo control de los medios de comunicación, se otorgó la victoria a sí mismo siendo ésto una mentira consciente.

De acuerdo con estimaciones de Masud Barzani, la peshmerga perdió en las batallas contra el EI (Estado Islámico) 800 personas y 4 mil fueron heridas. Entre los muertos habían 10 generales de brigada. Vale la pena recordar qué recursos tiene ahora la región autónoma kurda. En primer lugar, la autonomía kurda recibe el 17% de los fondos del presupuesto central iraquí; en segundo lugar, recibe dinero obtenido de la comercialización de petróleo crudo. En las filas de la peshmerga hay cerca de 70 mil personas. Después de la caída de Saddam Hussein, Masud Barzani recibió una ayuda de varios millones de dólares de los Estados Unidos. La peshmerga fue abastecida con armas de Estados Unidos, Francia, Alemania, Canadá, Hungría y la República Checa. Y a pesar de tales recursos, las fuerzas Peshmerga han demostrado su incapacidad para proteger a los kurdos del Estado Islámico.

Masud Barzani es un fiel aliado de Turquía y EEUU. Turquía ocupa el primer lugar en el comercio exterior de la República Autónoma Kurda (7 mil millones de dólares). En la época de las elecciones al Parlamento turco – verano de 2015 –, Masud Barzani apoyó al Partido “Justicia y Desarrollo”. Esto se refleja en el hecho de que Barzani invitó a los líderes de las tribus kurdas de Turquía y les instó a votar por el partido de Erdogán. Anteriormente, en 2013, Barzani firmó un acuerdo con Ankara sobre entregas a Turquía de petróleo iraquí. Él también apoyó el bombardeo a las posiciones de los rebeldes kurdos en Siria, que llevó a cabo la Fuerza Aérea de Turquía en el verano de 2015. Masud Barzani dijo que «el liderazgo de Kurdistán del Sur está siempre dispuesto a apoyar a Turquía en la lucha contra el terrorismo, del cual él no procede: el EI o el PKK”.

El objetivo principal del PDK es la preservación de la autonomía kurda en poder del clan Barzani. La vida y el bienestar de la población kurda no representan un gran valor para esta fuerza política. El ejemplo de la región autónoma kurda en el Kurdistán iraquí demostró que el estado no será una panacea para los kurdos. Con su política hacia Rozhava (Kurdistán Occidental. N.de la T), y las acciones en Shangal, el PDK ha demostrado que hace tiempo agotó su potencial  revolucionario y emancipador de los años 60. Llegó la hora de otras fuerzas políticas kurdas en la cara del PKK y del Partido de la Unión Democrática.

¿Cuál es la alternativa de Estado que propone Abdullah Öcalan?

Es importante entender que los países con población kurda (Irak, Siria, Turquía, Irán) durante el siglo XX trataron de poner en práctica una estrategia para crear un estado unitario monoétnico, donde el fundamento subyacente de “nación única” estaba formada por turcos, árabes y persas; en consecuencia, los kurdos y otros pueblos que no pertenecen a la nación-estado, son “elementos extraños”. Son kurdos aturquezados y arabizados. Habiendo analizado cuidadosamente la historia del Cercano Oriente, Öcalan llegó a la conclusión de que la manera de construir un Estado-nación en las realidades regionales existentes es un callejón sin salida. El Estado-nación en la medida en que no se declare en voz alta su democracia, en virtud de su naturaleza de clase, inhibe la auto-organización de base.

La creación de un Estado kurdo dependiente y controlado, siguiendo el ejemplo de la región autónoma Kurda en Irak, obligaría a los kurdos como siempre a encontrarse en el vector dispositivo del Cercano Oriente imperalista.  Öcalan escribe: “Las formas regionales del Estado-nación no son sólo un producto de la hegemonía capitalista de Europa, sino también una fuerte distorsión de la historia social.”

La alternativa para el sistema de Estados-nación separados y en disputa, es un Cercano Oriente único organizado en la forma de Confederación democrática de los pueblos del Cercano Oriente. Esta unión ocurrirá no como medida de coerción impuesta desde fuera (un ejemplo negativo de esto es la creación norteamericana de la Federación de Irak), sino como un acto voluntario de la unión. “La Confederación se basa en la política democrática. En contraste con el sistema de gestión del Estado-nación burocrático con su rígida centralización y la relación  de consentimiento, la Confederación aplica el principio de la autogestión de la sociedad a través de la autoexpresión de las entidades políticas”.

Ninguna de las partes del conflicto sirio, con excepción de los kurdos, tiene una plataforma política real y constructiva, la cual podría ser la base para el fin de la guerra civil y la construcción posguerra de la sociedad siria. Debemos desechar la idea errónea según la cual los kurdos están comprometidos en la tarea de crear una autonomía sólo para sí. El PKK y el Partido de la Unión Democrática ya hace tiempo salieron de este marco político limitado. El proyecto de Abdullah Öcalan es un Cercano Oriente moderno unido que salga de la etapa del incesante odio nacional y religioso.

El líder kurdo escribe: “Se debe prestar atención preferentemente a la unidad democrática del Kurdistán con todos los países. La fragmentación por la que fue derramada sangre durante siglos, como se ve en los ejemplos europeos, se convierte en una asociación voluntaria sobre la base federal. Resulta que la fragmentación  empuja diariamente a la irreversibilidad de la asociación en una variedad de formas. Debido a muchas causas de la realidad del Kurdistán, es imprescindible dictar la unidad democrática. Una unión democrática, incluso si su naturaleza es limitada, puede traer mucha más utilidad y proporcionará muchas más posibilidades que un Kurdistán aislado. En la esfera estratégica, económica, diplomática y cultural se convertirá en un catalizador para la democratización y la amistad en todo el Oriente Medio”.

En el camino a su realización, las ideas de Öcalan encontrarán obstáculos serios. Y no deben ser subestimados. Los pueblos del Cercano Oriente durante siglos han vivido en sistemas muy rígidos de jerarquía política.  A la cabeza de la pirámide social se encontraba el monarca o dictador, quien tenía autoridad suprema sobre todas las instituciones públicas. Los regímenes dictatoriales incitaban deliberadamente el odio nacional y religioso, en términos de fuerza arbitraria en una guerra de todos contra todos. La “Primavera Árabe” barrió o debilitó significativamente los regímenes gobernantes en muchos países, asignando responsabilidad histórica para el futuro del Cercano Oriente para la gente común. La dictadura acostumbró al pueblo a una cierta pasividad. No tiene experiencia en la auto-organización y la cultura.

¿Fracasarán turcos, árabes y kurdos en la nueva etapa de su desarrollo cultural? Definitivamente no se puede responder a esta pregunta. Sin embargo, en el intento de crear una autonomía democrática en Turquía y Siria, los kurdos ya han entrado en una nueva página gloriosa en la historia del movimiento de liberación mundial.

Escrito por Maxim Lebski

Traducción: Ximena Neira Oehrens

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