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Turquía: el enfermo de Europa

Actualmente, la República de Turquía está viviendo una situación similar a la que vivió el Imperio otomano hace cien años. Quizás la República de Turquía esté sufriendo ahora problemas aún más graves que los padecidos entonces por el Imperio otomano.

Lekolin – Zinar Pîran – 4 enero 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid

Hace un siglo, el Imperio otomano era calificado a menudo como «el enfermo de Europa» por los Estados hegemónicos. ¿En qué se basaba esta valoración? En sus dificultades internas, que iban desde la economía hasta los problemas sociales, desde estos hasta el retraso técnico e industrial, desde el mal funcionamiento del sistema educativo hasta la corrupción y la decadencia en el ámbito público, el continuo colapso moral y caos político en la sociedad, y la imposibilidad de resolver las dificultades de poder y gestión. Debido a todo ello, el Estado otomano se había vuelto inoperante y se le describía como el «enfermo de Europa». Como consecuencia de esta consideración, se convirtió en el objetivo número uno de los Estados que libraban una guerra por la hegemonía. El reparto del Imperio otomano se convirtió en motivo para que estos Estados  se reunieran y fuera el tema principal de sus conferencias. Como resultado, el Imperio otomano fue arrastrado de manera fantasiosa  y mediante la conspiración a la Primera Guerra Mundial por el Gobierno de la Unión y el Progreso. El Imperio otomano fue derrotado en todos los frentes, excepto en dos, y desapareció de facto de la escena histórica. El «enfermo de Europa» quedó reducido legalmente a Estado cadáver con el Armisticio de Mudros y el Tratado de Sèvres. De los restos del Imperio otomano se fundó la República de Turquía, gracias a la lucha conjunta de kurdos y turcos. Sin embargo, debido a conspiraciones internacionales y nacionales, los kurdos fueron excluidos del Estado y sometidos a un proceso genocida durante un siglo.

A día de hoy, la República de Turquía está viviendo un proceso similar al que vivió el Imperio otomano hace cien años. Quizás la República de Turquía esté sufriendo ahora problemas aún más graves que los que padeció entonces el Imperio otomano.

En resumen

Se está viviendo una intensa crisis política y administrativa. El sistema, en el que todos los mecanismos dependen de un solo hombre, está sumido en un grave caos. Como consecuencia, el Estado, que atraviesa una profunda crisis económica, agrava cada día más la crisis social. Esta crisis económica y social está provocando una enorme decadencia social. Las noticias que se publican en los boletines vespertinos nos muestran la imagen de un Estado que ha perdido por completo el control y se ha rendido a las bandas. La sociedad, que vive cada día en un estado de absoluta tensión, se ve empujada constantemente hacia la delincuencia. Aunque parezca que hay avances en el ámbito técnico e industrial, es evidente que Turquía, que depende totalmente del exterior, sufriría un colapso total en este ámbito si se produjera un embargo de corta duración. A pesar de la grave crisis que se vive en este sector, esta realidad se está ocultando. Por mucho que se quiera ocultar, la declaración de Hakan Fidan sobre el «avión Kaan» durante su visita a Estados Unidos fue suficiente para poner de manifiesto la crisis existente. A medida que se agraven las contradicciones, los conflictos y las crisis, el caos, la depresión y la corrupción que se viven en este terreno se harán mucho más evidentes y quedarán puestas de manifiesto.

Lo que ocurre en el ámbito público es una imagen fiel del colapso. Como quien se lame el dedo con el que ha cogido la miel, una pequeña camarilla, agrupada en el sector público, está explotando tanto los valores de la sociedad como los recursos del Estado. Y lo hace con gran descaro y sin necesidad de ocultarlo. La guerra por el poder y los conflictos que se viven en este sector también se manifiestan en el ámbito judicial. Los grupos congregados dentro del Estado se lanzan operaciones unos a otros cada día a través del sistema judicial. Esta crisis en la Justicia está preparando el terreno para la desaparición total del Derecho, del que ya no queda ni rastro. Las prácticas que antes se aplicaban a los kurdos han comenzado a aplicarse a toda la población turca. Aunque las consecuencias que esta situación está provocando no resulten aún visibles, se está produciendo un grave colapso social.

Estancamiento y aislamiento en política exterior

Estos son los problemas internos que atraviesa Turquía; pero, además, la situación de estancamiento que vive en el exterior provoca que los problemas internos se agraven continuamente. Los esfuerzos de Israel por excluir a Turquía del sistema en todos los ámbitos provocan que Turquía pierda continuamente terreno en la lucha por la hegemonía. Aunque Europa desea mantener sus relaciones con Turquía, en la situación actual no encuentra la fuerza necesaria para respaldarla. Esto provoca que Turquía sufra continuas oscilaciones en su política exterior. Por un lado, se cuestiona a Estados Unidos y se intenta preparar el terreno para las relaciones con China; por otro, Turquía no quiere perder el amparo de la OTAN, pero la política exterior sin visión de futuro de Hakan Fidan ha llevado al país a la categoría de Estado indeseable y problemático. Mientras se buscan alternativas, todas las puertas a las que llama Turquía se le cierran en las narices. En los últimos años, Turquía, que solicitó su adhesión a la Organización de Cooperación de Shanghái, se enfrentó a una grave humillación. Turquía no solo fue rechazada, sino que fue declarada país poco fiable. De nuevo, en 2021, en la reunión sobre la Ruta de la Energía y el Nuevo Orden Mundial celebrada en la India, Turquía quedó excluida del sistema.

Aunque en los últimos acontecimientos en Siria se le ha concedido un papel secundario en el sistema, Israel, en su lucha por la hegemonía, no permite que Turquía respire en Oriente Próximo y no parece que vaya a hacerlo. De hecho, todas las declaraciones recientes de las autoridades israelíes han tenido como objetivo a Turquía.

Las contradicciones con Estados Unidos siguen siendo uno de los principales problemas de Turquía. Aunque Erdoğan obtuvo la legitimidad de Trump, Turquía ha sufrido graves pérdidas como Estado. La posición de Israel quedó aceptada tácitamente. A cambio, se le ha dado a Turquía la oportunidad de respirar un poco. Los últimos acontecimientos en Chipre nos han demostrado una vez más que Turquía ha sufrido y seguirá sufriendo una grave ruptura tanto en el Mediterráneo como en Oriente Próximo. Turquía, cuya posición en estas regiones se ve constantemente sacudida, se ha visto obligada a volverse hacia el interior.

Si ponemos todo esto en perspectiva y tenemos en cuenta las consecuencias de la guerra en Kurdistán, podemos afirmar con rotundidad que Turquía también se encuentra en la situación de «enfermo de Europa». Turquía está viviendo exactamente los mismos problemas que vivió el Imperio otomano. Es más, está viviendo problemas aún más graves. Intenta salvarse del colapso buscando una nueva alianza con los kurdos, pero los cuadros y políticos formados según los códigos fundacionales de la República de Turquía no pueden digerir ni aceptar esta situación. Existe una mentalidad que prefiere la destrucción del Estado antes que aceptar ontológicamente a los kurdos y convertirlos en socios del Estado. En este momento, existe un conflicto profundo y grave entre estas dos facciones dentro del Estado. Este conflicto acerca cada vez más a la República de Turquía a la ruina. Si este conflicto no se resuelve en breve o si gana la facción fascista formada según los códigos fundacionales de la República, la caída del Estado será inevitable y Turquía se convertirá en escenario de intensos conflictos y guerras en el futuro. El liderazgo [kurdo] está realizando un enorme esfuerzo y trabajo para evitar esta situación, pero no creemos que el Estado lo comprenda. El liderazgo quiere tratar y salvar al Enfermo de Europa, pero este insiste en morir.

En conclusión, estamos atravesando un proceso histórico. El liderazgo ha denominado a este proceso «intervalo de caos». No se sabe qué saldrá de este intervalo de caos. Lo que sí parece es que Turquía avanza a pasos agigantados hacia el abismo.

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