'Redirigiendo la mirada colonial': Análisis y reflexiones sobre colonialismo y luchas LGTB en Rojava

¿Estamos “descolonizando la liberación LGTB” o disciplinando a los kurdos? Tratemos de llevar a cabo una cuidadosa y matizada consideración de la historicidad de diferentes luchas.

It’s going down: TQILA-IRPGF habla desde Rojava. Anon

La situación de los kurdos en un Oriente Medio drásticamente cambiante ha recibido poca atención por parte de la academia y aún menos en los medios, a pesar de su creciente impacto en la política regional e internacional. El mayor colectivo sin estado que habita Oriente Medio se encuentra al borde de un nuevo estatus, no solo en el Kurdistán iraquí, donde tuvo lugar un referéndum por la independencia el 25 de septiembre de 2017, sino también en Siria y Turquía. Las historias de los kurdos iraníes y las condiciones en que viven son menos conocidas, no solo por la comunidad internacional, sino también por los kurdos que viven en los tres países vecinos, debido a un intenso aislamiento. Y luego, en esta contribución final, encontramos “las modalidades de intersección del poder”. Este artículo analiza las actuales luchas políticas de los kurdos en cuatro países vecinos o en un país que no existe en el mapa mundial, sino en el corazón y la mente de 40 millones de personas.

El establecimiento de “The Queer Insurrection and Liberation Army” (TQILA) -Ejército de Liberación e Insurrección LGTB- el 24 de julio de 2017, bajo las Fuerzas Guerrilleras Populares Revolucionarias Internacionales (IRPGF) en Siria, ha atraído un considerable interés global.

Este interés se ha manifestado en dos versiones distintas. Una respuesta ha sido la intensa emoción y el apoyo provocado por algunas partes de la izquierda y varios activistas LGBTI+. El otro ha sido uno de crítica y escepticismo, especialmente hacia el discurso liberal occidental que rodea a TQILA. El artículo de Razan Ghazzawi  titulado “Descolonizando la llamada ‘Liberación LGTB’ de Siria, publicado en Al Jazeera, es una expresión digna de mención de esta segunda reacción.

Manteniendo estas ideas en el centro de mi argumento, en el presente artículo quiero sugerir que Ghazzawi, sin quererlo, reproduce la mirada colonial sobre los kurdos y la lucha kurda organizada [1]. Quiero explayarme sobre lo que nos arriesgamos a perder en la esfera política debido a estos defectos, y en el proceso tratar de extender el terreno de la crítica hacia el enfoque descolonial que Ghazzawi propugna.

Giro brusco

Ghazzawi comienza el artículo haciendo un breve resumen del establecimiento de TQILA y su representación en el oeste, asociando al grupo con la narrativa de “guerra contra el terror”, junto con la lucha kurda organizada en Rojava, Kurdistán sirio [2]. Llevar las sexualidades no normativas al mismo discurso abre una linea de resistencia frente a las complejas relaciones de poder que constantemente regulan los cuerpos, las geografías y las ideologías de diversas maneras.

El artículo de Ghazzawi es un buen esfuerzo para revelar estas modalidades intersectoriales de poder. Sin embargo, cuando se trata de la lucha kurda en Siria, el texto reproduce el marco colonial, haciendo invisible la historia de resistencia de los kurdos, la memoria del colonialismo y la opresión bajo cuatro estados diferentes. Concisamente, la geografía kurda se dividió en cuatro partes y el pueblo kurdo se distribuyó entre Irán, Iraq, Siria y Turquía como consecuencia del Tratado de Lausana en 1923 por las potencias imperiales. Fueron sometidos a diversas atrocidades, que van desde la asimilación cultural, a la violencia epistémica, a las masacres, en cada uno de estos países [3].

La crítica de Ghazzawi se basa no solo en el uso colonial / blanco de las luchas LGTB, sino también en la lucha kurda en Siria. El giro brusco que hace el autor desde una perspectiva LGTB descolonizante a una narrativa anti-Rojava hace ambigua la intención del texto. En lugar de subvertir la forma colonial de conocimiento que se critica en el artículo, el autor redirige la mirada colonial hacia los kurdos. Eventualmente, el artículo en sí mismo se convierte, desgraciadamente, en un tratado estereotipado anti-Rojava oculto en un texto LGTB por lo demás bien argumentado. La injusticia política, además, distorsiona el poder del argumento descolonizador y lo transforma en una iteración condenatoria, cimentando la violencia epistémica contra los kurdos.

Kurdos silenciados

En la pieza, la estrategia y la existencia del esfuerzo organizado de los kurdos, a pesar de su historicidad, se reduce completamente a ser parte de la “guerra contra el terror” [4]. Este argumento presentista solo es posible cuando las motivaciones, las emociones y la historia de la lucha kurda es silenciada. Esto también refuerza el estereotipo históricamente atribuido a los kurdos, en las cuatro partes de Kurdistán: colaboran con el imperialismo, no son civilizados y tienen una agenda secreta. Estos estereotipos han legitimado históricamente el dominio sobre los kurdos.

Por ejemplo, los discursos sobre el “atraso” y el “tribalismo” cuando se trataba del problema kurdo eran puntos de referencia para los ideales de modernización y occidentalización de la República Turca [5]. En un informe, el primer Inspector General Avni Doğan afirma: “El asentamiento de la República en el Este es como el asentamiento de las naciones civilizadas en África” ​​[6]. De manera similar, según el informe del teniente Muhammad Talab al-Hilal sobre Jazira, fechado en 1963: “el pueblo kurdo no existía porque no poseía ni ‘historia ni civilización, idioma ni origen étnico'” [7]. Este “informe de seguridad” fue la base de las políticas anti kurdas en Siria.

Cuando se evalúa este discurso en torno a los kurdos, comenzando por los estereotipos que se les atribuyen y luego por sus resultados, se hace visible la necesidad de una comprensión escalonada de la descolonización. Una arraigada discusión descolonial puede convertirse en la herramienta más útil para los mecanismos coloniales que pretende criticar.

Compromiso crítico

Tanto eruditos como activistas kurdos han criticado durante mucho tiempo la representación mediática occidental de las mujeres combatientes kurdas, ya que esta representación ocultaba activa y deliberadamente la historia, la ideología y la política detrás de ellas. Estas críticas, que también han surgido del movimiento armado kurdo, desmantelan las fantasías coloniales occidentales y resuenan bien con las preocupaciones de Ghazzawi sobre la lucha anticolonial. Sin embargo, es digno de mención que Ghazzawi opte por no hacer referencia a ninguna de esas voces de mujeres. En cambio, el autor se concentra en las representaciones occidentales, borrando las agencias, la producción de conocimientos y las historias de las luchas de las mujeres locales y, con un gesto displicente, elige convenientemente situar a estas mujeres dentro de la “guerra contra el terror”.

El autor enumera una lista de acusaciones contra el PYD, el Partido de la Unión Democrática, sin comprometerse críticamente ni elaborar ninguna de estas serias acusaciones. Ghazzawi facilita diez enlaces en dos párrafos muy cortos, acusando al PYD sin incluir siquiera una sola declaración del propio PYD o una sola prueba contra estas acusaciones. Como ejemplo de tales pruebas, la Comisión Internacional de Investigación Independiente sobre el informe de la República Árabe Siria niega que el PYD / YPG hayan evacuado por la fuerza a civiles árabes y turcomanos, como se afirma en el artículo de Ghazzawi:

Aunque se han continuado recibiendo denuncias de “limpieza étnica” durante el período examinado, la Comisión no ha encontrado pruebas que corroboren las afirmaciones de que las YPG o las SDF hayan atacado en alguna ocasión a las comunidades árabes en base a su origen étnico, ni que las autoridades cantonales de las YPG hayan buscado sistemáticamente cambiar el composición demográfica de los territorios bajo su control mediante la comisión de violaciones dirigidas contra cualquier grupo étnico en particular [8].

Desde luego debemos tomar en serio estas acusaciones, pero la ausencia de compromiso crítico proporciona una herramienta a los poderes autoritarios circundantes que se oponen a la existencia kurda organizada. Las afirmaciones de Ghazzawi sobre el PYD son inquietantemente muy similares a las del estado turco, cuyo papel en la actual desestabilización de Siria y su guerra de décadas contra los kurdos son bien conocidas. Esta similitud da un apoyo no intencional al dominio colonial de los kurdos y tiende a reproducir el statu quo.

¿Nuestro paraíso o su teatro?

Ghazzawi cita a una transexual kurda, Ziya Gorani, sin dar ninguna información de fondo sobre su experiencia [la de Gorani], aparte de tres párrafos de narrativa seleccionada que respaldan el argumento del autor contra el PYD y Rojava. Además, Ziya Gorani dice: “Son un grupo de luchadores internacionales con las YPG, tratando de vender una imagen de que las personas LGTB pueden pasear por las calles de Rojava sin ser discriminadas; eso es mentira. Eso no es lo que ocurre en Rojava”. Con un respeto genuino por la experiencia de Gorani, nadie, ni los internacionalistas, los activistas de base de Rojava ni el PYD, nunca discutieron ni pueden argumentar que Rojava es un paraíso LGTB.

Por el contrario, es por ello que resulta necesaria una lucha LGTB, sin poner las diferentes luchas en orden jerárquico, como es necesario en cualquier otro lugar, en diferentes contextos y formas. Nosotros, como personas y activistas kurdos LGTBI+ en las cuatro partes del Kurdistán y también en la diáspora, conocemos muy bien la realidad de nuestras sociedades y organizamos discusiones que hacen todo lo posible por abrir espacios para nuestra propia existencia.

El marco teórico y el fundamento de Ghazzawi tienen un gran potencial para proporcionar una herramienta poderosa para los oprimidos. Pero el poder epistémico descolonizador del texto se ve socavado por los defectos que he identificado. La preocupación constante de dirigirse a una audiencia internacional y reconocer sus representaciones como la verdad absoluta conlleva serias fallas.

El argumento de que el principal interés de occidente es luchar contra el ISIS, y que estas preocupaciones de la realpolitik podrían estar eclipsando la lucha contra Assad, podría ser válido, pero eso no reduce la lucha de los kurdos por estos objetivos realpolitik. Tampoco la guerra contra el ISIS por parte de occidente reduce a los kurdos sirios o al PYD a operar meramente en un teatro colonial, sin su propia agencia histórica u objetivos alternativos.

Pantallazo: It’s going down. Anon ¡VICTORIA A LAS BARRICADAS, LA INSURRECCIÓN SOCIAL Y LA COMUNA! ¡COLECTIVOS Y COMUNIDADES AUTOORGANIZADAS HORIZONTALES MILITANTES POR LA REVOLUCIÓN Y EL ANARQUISMO!

¿Significa eso que el PYD está más allá de las críticas? Todo lo contrario. Toda tendencia autoritaria debe ser monitoreada de cerca. Sin embargo, en lugar de percibir las luchas contra la opresión como monolitos, es más productivo y preciso leer las distintas luchas contra diversos mecanismos opresivos y poderes dispersos. Con un cauteloso optimismo, creo que estas luchas pueden unirse y constituir un terreno común para resistir el autoritarismo y el colonialismo en conjunto, reconociendo y respetando las historias y las agencias de cada uno al mismo tiempo.

En conclusión, teniendo en cuenta la historia de la lucha kurda con su propia dinámica, capacidad y motivación para oponerse a varias opresiones, además de los restantes activistas de base en Siria, el discurso que rodea a TQILA no puede funcionar como una herramienta de recolonización en Siria, ni borrar la lucha de los pueblos de Siria. Sin embargo, mi afirmación no significa que los pueblos de Siria, los activistas LGTB o los izquierdistas no deban ser críticos hacia TQILA o IRPGF. Por el contrario, el canal de crítica debe mantenerse abierto, pero con una cuidadosa y matizada consideración de la historicidad de diferentes luchas.

 
NOTAS

[1] Por ‘lucha kurda’ (PYD/YPG-YPJ), me refiero a la lucha organizada iniciada por los kurdos sirios, con raíces en el movimiento kurdo de Kurdistán del Norte / Kurdistán turco.

[2] Rojava significa “Oeste” en kurdo, en referencia a la zona occidental del Kurdistán. Se localiza en el norte de Siria. Para un análisis detallado sobre Rojava, ver Michael Knapp, Anja Flach y Ercan Ayboga, Revolución en Rojava—Liberación de la Mujer y comunalismo entre la guerra y el embargo, Editorial Descontrol, 2017.
[3] Para mayor profundización sobre los kurdos bajo cuatro estados diferentes, ver: David McDowall, A Modern History of the Kurds, London: I.B. Tauris, 2004; Jordi Tejel, Syria’s Kurds—History, Politics and Society, translated by Emily Welle and Jane Welle, Routledge, London: New York, 2009; Zeynep Gambetti and Joost Jongerden, The Kurdish Issue in Turkey: A Spatial Perspective, Routledge, Oxon, 2015; Abbas Vali, Kurds and the State in Iran: The Making of Kurdish Identity, I.B. Tauris, London: New York, 2014; Choman Hardi, Gendered Experiences of Genocide: Anfal Survivors in Kurdistan-Iraq, Routledge, London, 2016; Ismail Besikci, International Colony Kurdistan, Gomidas Institute, London, 2015.

[4] Conviene señalar que el PYD fue fundado por kurdos sirios en 2003, la colaliciín internaciones liderada por los EE.UU. se formó en 2014, y las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) se anunciaron en 2015.

[5] Mesut Yeğen, Devlet Söyleminde Kürt Sorunu, İletişim Yayınlarıİstanbul, 2015.
[6] Mehmet Bayrak, Kürtler ve Ulusal-Demokratik  Mücadeleleri, Özge Yayınları, Ankara, 1993, (mi traducción).
[7] Tejel, 2009, pg. 60-61.
[8] Documento de la Conferencia Independent International Commission of Inquiry on the Syrian Arab Republic, 13 Marzo 2017, p. 21.
 

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