La joven feminista que murió por mi pueblo

Fuente: The New York Times
Autor: Ilham Ahmed
Fecha: 21/03/2018
Traducido por Rojava Azadi

Altar en memoria de Anna Campbell en su ciudad natal, Lewes, East Sussex, Inglaterra. Campbell murió luchando con una unidad kurda en Siria. Gareth Fuller/Press Association Images, via Getty Images

RAQQA, Siria – Pocos días antes de que Anna Campbell fuera asesinada en Siria por un misil turco el día 15 de marzo, llamó a mi oficina en Raqqa. Anna, una feminista británica de 26 años que había venido a mi país en mayo de 2017 para luchar junto a las Fuerzas Democráticas Sirias en el norte de Siria, pedía ir a Afrin, una ciudad bajo control kurdo que el ejército turco estaba a punto de tomar tras una brutal ofensiva de dos meses.

Sus mandos militares de las Unidades de Protección de las Mujeres -la milicia exclusivamente femenina conocida como YPJ- no le permitían ir, argumentando que una mujer occidental sería un objetivo especial para Turquía y los grupos yihadistas radicales a los que apoya. Pero Anna era insistente.

“Mi gobierno y el mundo occidental os han dejado solos ante el segundo ejército más grande de la OTAN”, decía. “Yo no os abandonaré”.

“Te necesitamos aquí”, le dije. “Necesitamos que hagas llegar nuestra situación a los medios de comunicación británicos”.

“Mi país sólo os ha dado palabras”, respondía. “Yo quiero aportar acción”.

La valentía de Anna me dejó atónito. Aquí estaba un joven inteligente nacida en la libertad y el confort del sur de Inglaterra. Pero que no podía soportar ver cómo el Presidente Bashar al-Assad, Rusia, Turquía y el Estado Islámico trataban de machacar a mi pueblo y a nuestra visión democrática. Como dijo su padre, Dirk Campbell, en una entrevista a The New York Times: “Ella era alguien que veía las injusticias del mundo y las dificultades de los débiles, vulnerables y desfavorecidos, y también veía el idealismo, la increíble visión utópica de Rojava, y encontró ambos elementos irresistibles.”

Cuando nosotros, el Consejo Democrático Sirio, una asamblea de grupos multiétnicos que sirve como líder político de las Fuerzas Democráticas Sirias, comenzamos a trabajar con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos en la ciudad de Kobane en 2014, mucha gente nos desanimaba. Los Estados Unidos no tienen amigos, decían. Sólo intereses.

Anna Campbell, 26, murió el 15 de marzo abatida por un misil turco en Afrin, norte de Siria.
Milicia kurda YPG, via Associated Press

 
 
 
 
 
 
 

Pero Anna y otros como ella me han demostrado que no es cierto -al menos para algunos individuos valientes occidentales que estiman los valores que defendemos los demócratas sirios: la protección de las libertades individuales y religiosas, los derechos de las mujeres y nuestra particular visión de la democracia, que empodera a los gobiernos locales y regionales en vez de concentrar toda la autoridad en una capital distante.

Anna era una de los muchos voluntarios occidentales que han luchado junto a las Fuerzas Democráticas Sirias durante los últimos tres años -al principio contra el Estado Islámico y, más recientemente, contra la agresión turca en Afrin.

Durante algún tiempo, pareció que los Estados Unidos, también, estaban de nuestra parte, Los oficiales americanos hablaban de reconocimiento diplomático de los demócratas sirios, de importante inversión en la reconstrucción y de el entrenamiento de 30.000 soldados demócratas sirios que podrían servir como fuerza de seguridad profesional.

Tales promesas fueron recibidas con esperanza y alegría en lugares como Afrin, Manbij y Qamishli.

Una relación estrecha sirio-americana significaría que Siria dejaría de ser un Estado corrupto, o que evitaría tornarse en el Estado fallido en que amenazaba convertirse, sino en un Estado que tendría relaciones productivas con los Estados Unidos, los países árabes e incluso Turquía.

Pero estos sueños de una nueva Siria se transformaron en pesadilla por las políticas pro-yihadistas del presidente Recep Tayyip Erdogan.

En vez de colaborar con las Fuerzas Democráticas Sirias, Turquía nos ataca. En lugar de celebrar la caída del Estado Islámico con nosotros, Turquía mata a los mismos soldados que aseguraron la frontera siria contra el Estado Islámico. En vez de mantenernos centrados en la protección de nuestros campos petrolíferos frente a la rapiña de Rusia, Turquía nos distrae y fuerza a nuestras tropas a trasladarse a Afrin.

¿Por qué hace esto Turquía? Porque insiste en que los kurdos sirios son socios del PKK, un partido kurdo en Turquía que lleva a cabo una lucha para lograr más derechos para los kurdos. Mientras muchos líderes kurdos, incluido yo mismo, hemos afirmado muchas veces que nosotros y el PKK somos organizaciones diferentes, con diferente liderazgo, pero Turquía se niega a creernos. También rechaza creer a los Estados Unidos, que ha declarado lo mismo.

Aunque el Estado Islámico es un peligro para todos en el mundo libre, incluidos los Estados Unidos, las Fuerzas Democráticas Sirias nunca han pedido a los EE.UU. que luchen en nuestra guerra. Nuestras jóvenes mujeres y hombres han ido con valentía a las líneas del frente para luchar contra este grupo genocida. Hemos creado nuestras propias unidades de defensa, nuestras propias instituciones políticas y órganos gubernamentales para establecer centros de libertad y democracia en un país destrozado.

No es una coincidencia que las ciudades y barrios que gobernamos sean los únicos lugares en Siria donde los soldados americanos pueden pasear con seguridad y estrechar las manos con la gente sin miedo a ser acuchillados por la espalda.

No pedimos a los Estados Unidos que corte su relación con Turquía. Pero sí reclamamos a los Estados Unidos y a Occidente que dejen de ser cómplices de nuestras muertes. ¿Se van a quedar al margen los EE.UU. cuando los mismos soldados que protegieron a los soldados americanos en Raqqa son quemados por los militares turcos y sus grupos yihadistas mercenarios? ¿Se van a quedar mirando los EE.UU. mientras sus aliados políticos son masacrados frente a sus ojos? Sólo consideremos el hecho de que Anna Campbell era una ciudadana británica muerta por otro miembro de la OTAN.

A pesar de la escasez, no queremos balas, no queremos alimentos y no queremos dinero. Todo lo que pedimos es acción para hacer que Turquía deje de volar sus aviones sobre las cabezas de nuestros niños.

Hace dos semanas, consigue colarme en Afrin desde el este de Siria, y allí estuve una semana. La gente de Afrin comprende la complejidad de las relaciones EE.UU.-Turquía, pero siguen preguntándose la misma cuestión: “Nos asegurasteis que la historia no iba a repetirse, Pero mirad los aviones turcos fabricados en EE.UU. ¿No son los mismos aviones que nos dieron protección aérea cuando liberamos Raqqa, Manbij, Kobane y los campos petrolíferos de Deir ez Zor? ¿Por qué los usan ahora para matar a nuestros niños y destruir nuestros hogares?

Y no supe qué responder.


Ilham Ahmed es co-presidente del Consejo Democrático Sirio.

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