La intensificación de la guerra contra los kurdos desvía la atención de la crisis del Estado turco

Kongreya Neteweyî ya Kurdistanê – Congreso Nacional del Kurdistán -Mayo 2020

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El autoritario presidente turco Recep Tayyip Erdogan y su gobierno de coalición AKP-MHP se enfrentan actualmente a una situación de crisis sostenida. Desde el brote de la pandemia COVID-19, esta crisis se ha vuelto aún más obvia y aguda. El gobierno es incapaz de luchar contra la pandemia y no puede proporcionar la atención médica o la ayuda económica adecuadas, y la estrategia de liderazgo autocrático y unipersonal de Erdogan ha demostrado ser ineficaz y contraproducente.

Los fracasos económicos, políticos y sociales de Erdoğan le costaron el año pasado a él y a su partido, el AKP, las elecciones para las alcaldías de las ciudades más grandes de Turquía, Estambul y Ankara, ambas controladas por el AKP durante más de una década, lo que sugiere que podría perder las próximas elecciones generales. Los resultados de las elecciones locales fueron un shock para Erdogan, que entendió que había perdido todo el apoyo de los votantes kurdos. Su respuesta fue tomar venganza. La cuestión kurda, profundamente entrelazada con muchos de los principales conflictos del Oriente Medio, incluidos los de Siria e Irak, está nuevamente en el foco central de Erdogan, que ha elegido intensificar la hostilidad contra el pueblo kurdo para tratar de asegurar su propia supervivencia y la del debilitado Estado turco.

Profunda crisis económica

El brote del coronavirus ha afectado gravemente a la economía de Turquía, de forma especialmente grave al turismo y al comercio internacional. La inversión extranjera ha disminuido, y la moneda turca ha seguido debilitándose. La inflación es desenfrenada e incontrolable. Según el Instituto de Estadística de Turquía (TurkStat), el desempleo en Turquía aumentó en casi 1 millón en 2019, alcanzando una tasa de desempleo total del 13-14% durante el último año, unos 4,5 millones de personas antes de la propagación del coronavirus por Turquía y zonas circundantes, un número que se espera aumente considerablemente debido a la pandemia de coronavirus. El militarismo turco consume el tesoro del Estado, y la estrategia del militarismo permanente, particularmente contra los kurdos, ha llevado al país a la pobreza, provocando la desestabilización en todos los aspectos de la vida.

Represión de AKP-MHP y respuesta contraproducente a la pandemia

Muchos activistas de alto nivel de la oposición han sido condenados a penas de prisión. El Estado turco se ha convertido en la mayor prisión del mundo para los periodistas. En la actualidad, alrededor del 90% de los medios de comunicación son favorables al gobierno, y la prohibición de la libertad de expresión, de pensamiento y de prensa profundiza la ira de la sociedad.

Las respuestas del gobierno del AKP-MHP a la pandemia de COVID-19 se han centrado principalmente en la consolidación del poder y la continuación de la represión de la oposición. El gobierno del presidente Erdoğan y el Ministerio del Interior han castigado al país bloqueando consejos y municipios dirigidos por los partidos de la oposición, desde organizar campañas de apoyo a ayudar a los pobres durante la pandemia del coronavirus.

Usar el Coronavirus como arma biológica contra los kurdos y la oposición

El Estado turco también continúa haciendo esfuerzos para matar a prisioneros kurdos y de la oposición mediante la expansión del COVID-19. El 13 de abril, el Parlamento turco aprobó una ley que permite la liberación anticipada de hasta 90.000 delincuentes, incluidos violadores, jefes de la mafia, pederastas y otros criminales a causa de la pandemia de coronavirus. Líderes kurdos, abogados, periodistas, defensores de los derechos humanos y políticos y activistas de la oposición que se oponen al gobierno del AKP-MHP han sido excluidos deliberadamente de esta orden de liberación.

Con el COVID-19 extendiéndose a un ritmo alarmante por toda Turquía, las vidas de miles de presos políticos siguen corriendo un grave riesgo. El Estado turco ha ignorado el llamamiento del 25 de marzo de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, para que los gobiernos reduzcan el número de personas detenidas y liberen a todas las personas detenidas sin suficiente base legal, incluyendo a los prisioneros políticos y otros detenidos por expresar críticas o disentir en sus opiniones. El 29 de abril, el Ministro de Justicia de Turquía, Abdulhamit Gul, declaró que 120 presos en cuatro prisiones estaban infectados por COVID-19, pero el número real de los infectados no está claro. Además, las autoridades han usado la pandemia como excusa para bloquear la comunicación con los prisioneros.

La relación simbiótica entre AKP y MHP

El AKP de Erdogan se enfrenta a desafíos sin precedentes. Como demostraron las elecciones locales del año pasado, los kurdos son ahora los hacedores de reyes políticos en Turquía, y esto desafía el control del poder por el AKP. El nepotismo y la corrupción de la familia Erdogan ha dañado la imagen de Erdogan y llevado la desconfianza tanto dentro de su propio partido y, más en general, entre el público. Dos nuevos partidos han sido recientemente fundados por antiguos miembros fundadores del AKP, ambos previamente en puestos prominentes en el gobierno.

Por lo tanto, Erdogan y el AKP dependen cada vez más del ultranacionalista y racista MHP, un partido vinculado al grupo paramilitar Lobos Grises, que ha matado a miles de kurdos y a otras personas percibidas como opuestas a los objetivos del Estado turco en las últimas décadas. Incluso con el AKP astillado, la alianza de Erdogan con el MHP sigue siendo fuerte. En cuanto a otros partidos políticos, Erdogan sigue utilizando la detención masiva para evitar que cualquier grupo de oposición se organice.

Política exterior que produce conflictos

La estrategia neo-otomana de Erdogan fue desarrollada para escapar de la crisis del Estado por medio de actos de agresión militar y ocupación en Oriente Medio, con los militares turcos comprometidos ahora en guerras elegidas en países como Siria, Irak y Libia. Como resultado, el ejército turco está ahora envuelto en grandes conflictos por toda la región y en desacuerdo con los poderes regionales y globales.

El Estado turco cree que, al adoptar una política de saltar de uno al otro de los dos actores globales influyentes en la región -Rusia y EE.UU.-, puede ganar apoyo para sus políticas de ocupación. A pesar de ser miembro de la OTAN, el Estado turco adquirió el sistema de defensa tierra-aire S-400 de Rusia, en violación directa de la política de la OTAN. Al usar tácticas como ésta para obtener beneficios regionales, Erdogan ha convertido a Turquía en un peón regional y mundial. El Estado turco resulta ahora poco confiable para los EE.UU., Rusia y las principales potencias del mundo árabe. Mientras que el Estado turco y su ejército cooperan actualmente con Rusia en Siria, particularmente en Idlib, están a merced de Rusia; y, en Libia, las fuerzas turcas y rusas se oponen entre ellas en una sangrienta guerra por el poder.

El uso de los refugiados por parte de Erdogan para ejercer presión política y diplomática contra la UE ha perjudicado los lazos de Turquía con Europa. Enfrentado a una grave crisis, Erdogan no teme explotar a los indefensos, y su cínico uso de la gran y vulnerable población de refugiados sirios en Turquía, como su agresión militar contra los kurdos, es una clara demostración de este hecho.

Las desventuras militares neo-otomanas sin final a la vista

La estrategia de expansión neo-otomana de Erdogan está actualmente en una crisis muy profunda. El ejército turco no ha podido lograr ningún éxito militar en el norte y este de Siria, Idlib o Libia. Los conflictos internos entre los mercenarios yihadistas apoyados por el ejército turco en los territorios ocupados por los turcos en el norte de Siria a menudo dan lugar a sangrientos enfrentamientos, y recientemente, el 28 de abril, provocaron un baño de sangre en Afrin cuando una bomba mató al menos a 46 personas e hirió a más de 50, incluyendo civiles.

En la provincia de Idlib en Siria, las tensiones aumentan entre los yihadistas apoyados por los militares turcos y otros grupos como Hayat Tahrir Al-Sham (HTS), una poderosa rama de Al-Qaeda que tiene una fuerte presencia en la zona ocupada por los turcos. La ocupación de Idlib por Turquía, que involucra a miles de soldados turcos, también se ha convertido en un callejón sin salida sin resolución a la vista, generando cuantiosos costes financieros.

Los kurdos se enfrentan al COVID-19 y a los ataques militares turcos

Durante la batalla global contra la mortal pandemia de coronavirus, los kurdos también deben protegerse contra los ataques militares turcos. A pesar del llamamiento del Secretario General de la ONU António Guterres para un alto el fuego global realizado el 23 de marzo, el Estado turco ve claramente la pandemia del COVID-19 como una oportunidad para intensificar sus políticas de guerra. El 3 de abril, el Secretario General Guterres reiteró su llamamiento a un cese inmediato del fuego a nivel mundial para facilitar la entrega de ayuda para salvar vidas y llevar la esperanza a las zonas en conflicto.

Los kurdos de la región autónoma del norte y este de Siria, en cambio, han acordado prestar atención a la llamada de la ONU. El 28 de abril, los militares turcos atacaron el cantón de Kobane. Los ataques continuaron en la región de Shehba, donde los intensos bombardeos se han dirigido a las más de 200.000 personas desplazadas de Afrin que allí residen actualmente, lo que resulta en graves daños. Sin embargo, Rusia y EE.UU., ambos Estados miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, con acuerdos directos con el Estado y el ejército turco relativos a su presencia y acciones en el norte y el este de Siria, han permanecido en silencio sobre la agresión militar turca.

El 15 de abril, aviones no tripulados armados turcos atacaron el campamento de refugiados de Maxmur en el sur de Kurdistán (norte de Irak), matando a tres mujeres jóvenes. El campo de Maxmur, fundado en 1998 por los kurdos que se vieron obligados a abandonar sus aldeas en el norte de Kurdistán (Turquía oriental) en el decenio de 1990 debido a la represión del Estado turco y su brutal agresión militar, alberga a unos 13.000 refugiados. El campamento está oficialmente bajo la protección y el control de la ACNUR, la Agencia para los Refugiados de la Organización de las Naciones Unidas. Ni la ONU ni el gobierno iraquí han cumplido con sus responsabilidades legales de proteger a las personas de este campo, que el Estado turco ve como una licencia para continuar atacando a estos civiles.

El Estado turco trata de influir en la opinión pública para legitimar su ocupación de partes de Siria. Poco antes del ataque en el Afrin ocupado por los turcos el 28 de abril, los aviones teledirigidos de combate turcos atacaron un puesto de control de seguridad en Kobane. Ese mismo día, los aviones de guerra turcos también atacaron la región de Xakurke en el sur de Kurdistán (norte de Irak), matando a dos jóvenes de la ciudad de Shino en el Kurdistán oriental (Irán).

El agua como arma en Rojava/Norte y Este de Siria durante la pandemia mundial

El ejército turco y las fuerzas yihadistas apoyadas por el mismo tomaron el control de la estación hídrica de Allouk durante su invasión del norte y este de Siria en octubre de 2019. La estación de Allouk, cerca de la ciudad de Serekaniye (Ras al-Ayn), proporciona agua a unas 460.000 personas en la gobernación de al-Hasakah, incluyendo tres campos de desplazados. El Estado turco ha interrumpido el bombeo de agua varias veces desde el comienzo del año.

Human Rights Watch (HRW) ha pedido a las autoridades turcas que hagan inmediatamente todo lo posible reanudar el suministro de agua a través de la estación de bombeo de agua de Allouk, declarando que el hecho de que las autoridades turcas no garanticen un suministro adecuado de agua a las zonas controladas por los kurdos en el noreste de Siria está comprometiendo la capacidad de los organismos humanitarios para ayudar y proteger a las vulnerables comunidades durante la crisis del COVID-19. Michael Page, director adjunto de la División de Oriente Medio y África del Norte de Human Rights Watch, ha declarado: «En medio de una pandemia mundial que está sobrecargando los sofisticados sistemas de gobierno e infraestructuras, las autoridades turcas han estado cortando el suministro de agua a las regiones más afectadas de Siria».

Asegurar que las personas puedan disfrutar de agua limpia, disponible, aceptable, accesible y asequible y saneamientos es un derecho humano. El bloqueo del flujo de agua de la estación de Allouk por el Estado turco es un acto hostil e inhumano que deja a cientos de miles de personas sin acceso a un agua potable limpia, constituye un crimen de guerra y empeorará gravemente el impacto del coronavirus en la región afectada.

Erdoğan lucha por su propia supervivencia política lanzando una guerra en el Kurdistán

Tras el silencio de la ONU, EE.UU., la UE y el Consejo de Europa (CE) respecto a la agresión militar contra Maxmur, Shengal (Sinjar), Kobane, Afrin, y Shehba en los últimos años, el Estado turco comenzó a librar una campaña militar más amplia para atacar y ocupar la región de Qandil en el sur del Kurdistán (norte de Irak). A pesar de que el espacio aéreo de esta región está bajo control del gobierno iraquí y los EE.UU., ambos han guardado silencio sobre las repetidas incursiones turcas. La crisis política y gubernamental dentro de Irak está siendo explotada por Erdogan, y el interés de EE.UU. de asegurar que Turquía siga siendo el miembro de la OTAN en Oriente Medio ha dado a Erdogan cobertura para perseguir sus objetivos.

El Estado turco se prepara para lanzar una gran ofensiva militar presionando a las fuerzas políticas kurdas en la región de Zini Werte, cerca de las montañas de Qandil en el sur del Kurdistán (norte de Irak), aplicando la clásica táctica colonial de «divide y vencerás». Usando a las fuerzas kurdas [del KRG] como apoderados, el Estado turco cree que puede incitar a kurdos contra kurdos, y debilitar y desestabilizar las instituciones políticas kurdas, y ocupar más tierras kurdas. En la actualidad, se estima que hay 25 bases militares turcas en la región del Kurdistán del Irak.

Desde su fundación, el Gobierno Regional del Kurdistán (KRG) de Irak, como entidad gubernamental kurda internacionalmente reconocida, ha sido una espina clavada en el costado del Estado turco. Erdogan ve cualquier desestabilización de la región del Kurdistán de Irak y cualquier debilitamiento del KRG como una victoria. Sin embargo, muchos partidos políticos kurdos y la sociedad civil han declarado que no se permitirá que ocurra ningún conflicto intra-kurdo, ya que las ambiciones del Estado turco son bien entendidas por todos.

La importancia estratégica de Zini Werte

La región de Zini Werte está a 40-50 kilómetros de la frontera iraní y a unos 35 kilómetros de la ciudad de Ranya. La región representa el frente occidental de las montañas Qandil y es un área de importancia militar estratégica. Desde Zini Werte, la región de Zergele en Qandil puede ser fácilmente controlable, y desde Zini Werte, a través de la región de Choman en el sur del Kurdistán (norte de Irak), se puede llegar a la histórica ciudad kurda de Mahabad en Irán.

Esta región es conocida por ser una zona de la guerrilla del PKK durante décadas. Mientras que el Estado turco utiliza la presencia del PKK en la región como pretexto para una agresión militar, la verdad es que el Estado turco busca desestabilizar y controlar esta región para aplastar las aspiraciones de los kurdos en todas las partes del Kurdistán. Además, la ocupación potencial de Qandil, último objetivo de un asalto a Zini Werte, no es sólo un problema para el PKK o los kurdos, sino que tiene ramificaciones más extensas y peligrosas para la región.

Está claro que el Estado turco está haciendo todo lo posible para asegurar su propia supervivencia, sin importarle el coste potencial en vidas humanas. La pregunta más importante aquí es por qué los EE.UU. y la OTAN permanecen en silencio cuando su aliado viola el derecho internacional y provoca más conflictos en la región, y plantea la pregunta de si los EE.UU. y la OTAN han dado o no luz verde al Estado turco para proceder con tal agresión, a pesar de las graves consecuencias.

El Kurdistán no es un instrumento para el poder regional turco o la hegemonía mundial

Mientras que muchos círculos afirman que la cuestión de Zini Werte es un conflicto político interno kurdo, la verdad es muy diferente. Más bien, es uno de los muchos conflictos que podrían causar una mayor inestabilidad en el sur del Kurdistán (norte de Irak) y crear un vacío de poder que el Estado turco y sus aliados yihadistas o el resurgimiento del llamado Estado Islámico (ISIS) tratarán de llenar.

Las tensiones entre los EE.UU. e Irán llegaron a un nuevo nivel con el asesinato de Qasem Soleimani, el poderoso comandante de la Fuerza Quds de Irán, el pasaso 3 de enero. En respuesta a este ataque, Irán atacó bases militares de EE.UU. en Irak, y los EE.UU. posteriormente se retiraron de ciertas posiciones en el país, trasladando a algunos militares a la región del Kurdistán del Irak desde otras zonas del país.

A medida que el ejército turco se mueve para ampliar su ocupación del sur del Kurdistán (norte de Irak) e ISIS explota el caos en las zonas de Irak en disputa cerca de la región del Kurdistán de Irak para reagruparse, también hay una seria posibilidad de que las fuerzas de EE.UU. con base en la región y los militares iraníes o las fuerzas de la milicia apoyadas por Irán pudieran chocar en la región. La actual situación en Zini Werte es uno de los muchos conflictos que podrían intensificarse fácilmente, provocando el derramamiento de sangre en la relativamente estable región del sur del Kurdistán y más allá si los EE.UU. y la OTAN dan mano libre a los militares turcos.

Defender Zini Werte de la agresión militar turca, prevenir una invasión de Qandil y la ampliación de la ocupación militar turca de la tierra kurda no es sólo una cuestión interna kurda. Cualquier agresión aparentemente localizada, como estas acciones cerca de Qandil, dará lugar a una crisis regional y mundial mayor; y la ambición del Estado turco por atacar y ocupar zonas fuera de las fronteras de Turquía no está ciertamente restringida a esta zona.

Desde esta perspectiva, es necesario entender que las provocaciones militares turcas en Zini Werte exacerbarán las crisis actuales en la región. Los kurdos han anunciado estar preparados para alcanzar una solución democrática. Resolver el problema kurdo a través de la democracia en Turquía tendría un impacto positivo en toda la región. La cuestión kurda, con todos sus aspectos nacionales, regionales y mundiales, puede desempeñar un papel vital en la promoción de la paz; y la adopción de medidas urgentes contra la actual agresión turca en Zini Werte y en los alrededores de Qandil contribuirá a una paz más amplia.

Nuestro llamamiento a la ONU, la Unión Europea, el Consejo Europeo y la OSCE

1. Hacemos un llamamiento a la aplicación de las recientes peticiones de alto el fuego realizados por las Naciones Unidas. Para lograr resultados tangibles sobre el terreno, el gobierno turco debe responder positivamente a los ceses del fuego unilaterales observados por las fuerzas de la oposición, y convertir en bilaterales estos ceses del fuego o, como mínimo, en ceses del fuego unilaterales recíprocos.

2. Pedimos el fin de la escalada militar y de la apertura de nuevos frentes militares, así como la desmilitarización y seguridad por razones humanitarias durante este tiempo de crisis sanitaria mundial e intensas necesidades humanas.

3. Pedimos que se aplique el reciente llamamiento de las Naciones Unidas para la liberación de todos los prisioneros.

4. Pedimos el apoyo mundial a la oposición democrática en Turquía contra el régimen autoritario del presidente Erdogan.

5. Pedimos que se impongan sanciones diplomáticas, políticas, económicas y legales contra los gobiernos por violar el derecho internacional y las convenciones de derechos humanos, que persiguen políticas de agresión militar dirigidas a desestabilizar Oriente Medio, y cortar los recursos naturales como el agua a las poblaciones civiles vulnerables.


Traducido por Rojava Azadi Madrid

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