La conexión turca: cómo el confidente de Erdoğan ayudó a Irán a financiar el terrorismo

Skitki Ayan durante una visita de negocios a Uganda en 2015 | The Observer

POLITICO – diciembre 2022 – Traducido por Rojava Azadi Madrid

Sıtkı Ayan, el empresario que ayudaba a Teherán a vender petróleo, esquivó las sanciones estadounidenses durante años.

El 22 de marzo de 2021, varios de los hombres más peligrosos del mundo se dieron cita en el histórico hotel Summerland de Beirut, no para nadar en el Mediterráneo o explorar el suntuoso complejo turístico «Le Beach Pop Up», sino para hablar de Turquía.

Se trataba de una reunión secreta entre una delegación de altos cargos militares y gubernamentales iraníes y un grupo empresarial turco dirigido por un hombre de confianza del presidente Recep Tayyip Erdoğan. Según diplomáticos occidentales, ambas partes estaban dispuestas a intensificar su colaboración en el contrabando de petróleo iraní a compradores de China y Rusia, con el fin de recaudar fondos para los agentes terroristas de Teherán.

Poco más de un año después de la reunión, todos los asistentes clave encontrarían sus nombres en las listas de sanciones de Estados Unidos, con una importante excepción: el empresario turco Sıtkı Ayan, amigo del presidente Recep Tayyip Erdoğan -ambos estudiaron en el mismo instituto- y el hombre en el centro de todo.

La colaboración entre un miembro del círculo íntimo del presidente turco y la élite del poder iraní se detalla en cientos de páginas de documentos, incluidos contratos comerciales y transferencias bancarias, revisados por POLITICO, muchos de los cuales también se han publicado en WikiIran, un sitio web de la oposición.

Estados Unidos sancionó a Ayan y a su empresa a última hora del jueves, tras la publicación del presente artículo, revirtiendo así meses de inacción ante las numerosas pruebas que detallan los tratos del turco con los iraníes, incluidos contratos firmados y transferencias bancarias. La reticencia de Estados Unidos a sancionar a Ayan, según los diplomáticos, se debía a su estrecha relación con Erdoğan, un aliado clave de Estados Unidos en Oriente Próximo y más allá.

«Las empresas de Ayan han establecido contratos internacionales de venta de petróleo iraní con compradores extranjeros, han organizado envíos de petróleo y han ayudado a blanquear los ingresos, ocultando el origen iraní del petróleo y el interés [de la Fuerza Quds] en las ventas», dijo en un comunicado el Tesoro de Estados Unidos, que supervisa la aplicación de las sanciones estadounidenses.

Ni la oficina de Ayan ni la de Erdoğan respondieron a las múltiples peticiones de comentarios.

El caso ofrece una ventana a la complicada dinámica entre Irán, Turquía y el papel único e influyente que Erdoğan desempeña en la región, ya que oscila entre agente de poder interesado en sí mismo a aspirante a mediador entre Occidente, Rusia y Oriente Medio, creando dependencias que a menudo dejan a Estados Unidos y otros aliados sin más opción que dejarle salirse con la suya.

En un momento en el que hay una guerra en Ucrania e inestabilidad en Oriente Próximo, la relación de Turquía con Irán es también un recordatorio de que el líder turco no tiene reparos en utilizar su influencia cuando y donde lo considera oportuno.

La reunión de Beirut atrajo a un nutrido grupo de funcionarios iraníes, entre ellos Rostam Ghasemi, ex ministro de Petróleo y alto comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC), y Behnam Shahriyari, un traficante de armas de la Fuerza Quds, filial de los guardias que entrena y financia a los agentes terroristas iraníes en Oriente Medio.

Pero la figura clave era Ayan, un empresario turco con gafas. Los iraníes estaban dispuestos a profundizar su floreciente cooperación con Ayan, presidente del Grupo ASB, con sede en Estambul, un conglomerado energético de alcance mundial que compra, vende y transporta petróleo, gas, electricidad y mucho más.

Con la ayuda de ASB, el régimen de Teherán ha eludido las sanciones de Estados Unidos para canalizar alrededor de 1.000 millones de dólares a sus apoderados terroristas desde 2020, según diplomáticos occidentales y documentos que detallan los negocios de su empresa revisados por POLITICO. El principal beneficiario de las ventas de petróleo es la Fuerza Quds, que utiliza el dinero para pagar a mercenarios y financiar grupos como Hezbolá de Líbano, que ha sido designada como organización terrorista tanto por Estados Unidos como por la UE, dijeron los diplomáticos.

«Sitki Ayan es actualmente el jefe de la mayor red financiera de la Fuerza Quds en Turquía y posiblemente en todo el mundo», declaró uno de los funcionarios.

Antecedentes compartidos

Sin embargo, lo que hace que el enredo de Ayan con la Fuerza Quds sea aún más sorprendente es su estrecha relación con Erdoğan.

Erdoğan y Ayan provienen de la misma familia. Ambos estudiaron en el instituto religioso İmam Hatip de Estambul y entablaron una relación que resultaría beneficiosa para ambos en sus carreras política y empresarial, respectivamente. Fue Ayan, por ejemplo, quien ayudó a su viejo amigo a ocultar su propiedad del «Agdash», un petrolero de 25 millones de dólares que Erdoğan y su familia recibieron como regalo de un rico benefactor en 2008, según los registros financieros confidenciales malteses descubiertos por European Investigative Collaborations, un consorcio de información, en 2017.

En 2014, el nombre de Ayan saltó a los titulares de toda Turquía tras la publicación de unas llamadas grabadas en secreto, supuestamente entre el presidente turco y su hijo Bilal Erdoğan, incluida una en la que el mayor de los Erdoğan decía que debían exigir más dinero a un tal  «señor Sıtkı» que los 10 millones de dólares que les habían ofrecido. El líder turco tachó la llamada de «montaje inmoral», dando a entender que era falsa, pero la grabación contribuyó a desencadenar una oleada de protestas, el escrutinio de sus vínculos con Ayan e incluso peticiones de dimisión.

En aquel momento, Ayan aún tenía esperanzas de que fructificara un contrato de 1.000 millones de euros que había firmado con Irán en 2010 para construir un gasoducto de 660 kilómetros de longitud que transportaría gas iraní a través de Turquía hasta Europa (finalmente se frustró por las sanciones de Estados Unidos).

Aunque no está claro si Erdoğan era consciente del alcance de la relación de su amigo Ayan con los iraníes, los diplomáticos occidentales afirman que es difícil creer que no lo fuera, teniendo en cuenta la naturaleza de sus negocios y la implicación de iraníes de alto rango.

Dada la historia de los dos hombres -Ayan también es cercano al hermano del presidente, Mustafa Erdoğan- los diplomáticos occidentales dicen que no creen que Ayan estuviera llevando a cabo sus negocios en curso con Irán sin el conocimiento tácito y la aprobación de Erdoğan.

Un abogado de ASB y Ayan declinó hacer comentarios. El gobierno turco no respondió a las solicitudes de comentarios.

Compañeros de cama poco probables

A primera vista, la rivalidad regional y las enemistades religiosas entre Turquía e Irán los convertirían en improbables compañeros de cama, especialmente si se tiene en cuenta la alianza de Turquía con Estados Unidos como miembro de la OTAN. Además, ambos se encuentran en bandos opuestos de diversos conflictos armados en la región, desde Libia hasta el Cáucaso Sur. Sin embargo, como vecinos con profundos lazos históricos y étnicos, ambos países comparten también muchos intereses, desde la lucha contra el separatismo kurdo hasta el control de Arabia Saudí.

Turquía e Irán también están entrelazados económicamente. Turquía es uno de los mayores socios comerciales de Irán, por ejemplo, y depende de las importaciones energéticas iraníes. Turquía es también el principal destino turístico de los iraníes, muchos de los cuales poseen propiedades en el país.

Para subrayar la importancia de estos lazos, Erdoğan viajó a Teherán en julio para reunirse con el presidente iraní, Ebrahim Raisi. Los dos países planeaban cuadruplicar su comercio bilateral hasta los 30.000 millones de dólares, dijo Erdoğan, añadiendo que el objetivo podría alcanzarse «con la marcha decidida de los dos países.» (El líder turco también subrayó la necesidad de combatir a las «organizaciones terroristas», pero se refirió sólo a los separatistas kurdos y al movimiento Gülen).

La fluida relación entre Irán y Turquía se alinea con una dinámica más amplia en la región, que se asemeja más a la Europa medieval con alianzas cambiantes, afirma Behnam Ben Taleblu, analista del think tank Foundation for Defense of Democracies, con sede en Washington. A medida que Washington dedica menos atención a Oriente Medio y los grandes países como Arabia Saudí se reafirman cada vez más, el oportunismo se ha convertido en la norma.

«La locura aquí es ver la relación entre Turquía e Irán como una relación de permanencia», dijo Taleblu. «Es una historia de cambios. A veces tienen intereses compartidos y a veces están en bandos opuestos».

De hecho, Turquía ha ayudado a su vecino a eludir las presiones de las sanciones a las que se ha enfrentado en el pasado, actuando eficazmente como «una válvula para ayudar a la República Islámica a respirar», afirmó Taleblu.

Máxima presión

Aunque el compromiso de Ayan con Irán se remonta a más de una década, su reciente cooperación con el CGRI y Quds fue desencadenada por la decisión del entonces presidente estadounidense Donald Trump en 2018 de retirar a Estados Unidos de un acuerdo nuclear con Teherán, que otorgaba al régimen un alivio de la mayoría de las sanciones internacionales siempre que permitiera a las Naciones Unidas supervisar sus actividades nucleares.

La medida de Washington supuso que Irán se enfrentara de nuevo al peso de las sanciones estadounidenses, y su economía, que ya flaqueaba, se vio sometida a una presión aún mayor. El régimen tuvo especiales dificultades para acceder a las divisas que necesitaba para financiar sus operaciones exteriores.

A primera vista, la solución parecía sencilla: asignarles petróleo en su lugar. El petróleo puede venderse por dinero contante y sonante, e Irán tiene mucho. La dificultad era establecer un sistema que pudiera eludir el régimen de sanciones de «máxima presión» de Trump.

Para sortear ese reto, Ghasemi, el exministro del Petróleo, creó una operación apodada ‘Pour Ja’afari’ encargada de vender petróleo para la Fuerza Quds y el CGRI a China, que en teoría estaba encantada de comprar petróleo iraní con descuento.

Llevarlo hasta allí, sin embargo, iba a ser un problema. Las sanciones estadounidenses no sólo dificultan que Irán encuentre a alguien que envíe el petróleo; la reticencia de los bancos extranjeros a acercarse a las transacciones iraníes, y mucho más a las que implican petróleo ilícito, significaba que los acuerdos tendrían que pasar a la clandestinidad.

Habría que mezclar el petróleo para ocultar su procedencia, falsificar documentos y, lo que es más importante, desarrollar un mecanismo para hacer llegar los ingresos de las ventas al destinatario previsto.

«Baslam Petrol y/o Baslam Nakliyat se esforzarán por conseguir dos petroleros VLCC adecuados para transportar diversos tipos de crudo desde cualquier puerto del norte de Dubai hasta el puerto o puertos de descarga designados en China», dice el acuerdo bajo el epígrafe «Opción 1» («VLCC» significa very large crude-oil carriers, es decir, petroleros que pueden transportar más de 2 millones de barriles de petróleo).

Ahí es donde entra ASB. Con operaciones en más de una docena de países, el conglomerado de Ayan ofrecía la tapadera perfecta.

Destinos: China y Rusia

No está claro por qué Ayan aceptó colaborar con Ghasemi y Quds, pero según un memorando de entendimiento «estrictamente confidencial» firmado por Ayan y Ghasemi el 19 de noviembre de 2020, y visto por POLITICO, lo hizo. (Ghasemi falleció el jueves tras una «larga lucha contra la enfermedad», según informan los medios iraníes).

«Las partes han acordado cooperar con el fin de establecer una operación de transporte marítimo para transportar el petróleo crudo de RG desde los puertos de Dubai del Norte a China», dice el documento, que utiliza las iniciales de cada hombre después de la primera referencia. «Dubai del Norte» es un código para Irán, según un funcionario occidental que ha revisado los documentos y ha determinado que son auténticos.

En virtud del acuerdo, las filiales de ASB Baslam Nakliyat y Baslam Petrol, que transportan petróleo por todo el mundo, se encargaban de alquilar petroleros para enviar el petróleo a China.

Ghasemi también podía optar por la «Opción 2», que obligaba a ASB a contratar dos petroleros para transportar el petróleo a Malasia, donde sería transferido a otros petroleros, presumiblemente para ocultar mejor su origen, antes de su entrega final en China.

El comprador chino del petróleo era una empresa controlada por el ejército del país llamada Haokun Energy, según los documentos. A finales de 2020, ASB y Haokun firmaron un acuerdo para la entrega de petróleo iraní por valor de unos 2.000 millones de dólares al año. De esa cantidad, unos 500 millones de dólares estaban destinados a la Fuerza Quds, dijeron los diplomáticos.

Para ocultar la verdadera naturaleza de los acuerdos, ASB ayudó a encauzarlos a través de una complicada red de empresas de fachada y bancos internacionales, desde la India hasta Rusia y los EAU. En ocasiones utilizó su propio banco en Estambul, Vakıf Katılım Bankası, que transfirió al menos 80 millones de dólares a cuentas controladas por Shahriyari, el comandante de Quds Force, según los diplomáticos occidentales y los registros bancarios consultados por POLITICO. No hay indicios de que Vakıf supiera que el dinero iba a parar a la Fuerza Quds. Un representante de Vakıf Katılım Bankası no respondió a las múltiples peticiones de comentarios.

Muchas de las transferencias estaban denominadas en dólares o euros, lo que significa que fueron liquidadas por bancos europeos, como Commerzbank, con sede en Fráncfort, o J.P. Morgan, en Estados Unidos. No hay pruebas de que los bancos occidentales implicados fueran conscientes de la conexión iraní con los acuerdos, lo que constituiría una violación de las sanciones estadounidenses.

Además de sus negocios con China, Teherán estableció un segundo pilar para su comercio ilícito de petróleo con socios rusos que actúan como intermediarios del crudo iraní. También en este caso, la ASB de Ayan actuó como la cara legítima de la operación, utilizando sus filiales y bancos para ayudar a descargar el petróleo iraní y filtrar los beneficios a la Fuerza Quds y al CGRI a través de una red de empresas tapadera.

Aunque similar en líneas generales a la red china, el canal ruso, dirigido por una oficina independiente con sede en Teherán llamada Economía de la Resistencia, también se basaba en el trueque para el pago. Productos básicos como el trigo, el azúcar y el aceite de girasol están exentos de las sanciones estadounidenses. Eso facilitó a los compradores rusos camuflar sus pagos de petróleo, que generalmente suponen la mitad de la factura total, como ayuda humanitaria u otros bienes que no entran en conflicto con el régimen de sanciones.

Este acuerdo permite a organizaciones iraníes como la Fuerza Quds obtener las divisas que necesitan, al tiempo que facilita al régimen el acceso a alimentos y otros bienes que escasean.

En última instancia, el dinero acababa en cuentas en Turquía o Emiratos Árabes Unidos, donde podía ser retirado por agentes de la Fuerza Quds y distribuido a organizaciones como Hezbolá o Ansarallah de Yemen.

Doblar la apuesta

Cuando Ayan se reunió con Ghasemi y Shahriyari en Beirut en marzo de 2021, la asociación había tenido tanto éxito que Teherán quería redoblar la apuesta.

Solo un día después de la reunión de Beirut, la Compañía Nacional de Petróleo Iraní (NIOC) y ConceptoScreen, una empresa con sede en Líbano controlada por Hezbolá, firmaron un nuevo acuerdo con Haokun para enviar petróleo a China, según los documentos consultados por POLITICO.

Sin embargo, el éxito inicial del acuerdo parece haber generado complacencia. En una enmienda de principios de marzo de 2021 a un contrato anterior firmado entre los tres, las referencias al petróleo de «Dubai del Norte» se sustituyeron por «crudo ligero iraní».

Varios meses después, el 25 de agosto, Ayan firmó un «Acuerdo de Proveedor de Servicios de Compraventa» con Azim Monzavi, sucesor de Ghasemi al frente de la operación Pour Ja’afari. El contrato, firmado tanto por Monzavi como por Ayan, deja clara la obligación de la empresa turca de vender petróleo iraní «en su propio nombre» a cambio de una «comisión de servicio».

La cláusula de fuerza mayor (comúnmente incluida en los contratos para dar cuenta de acontecimientos ajenos a la voluntad de una de las partes, como un huracán, que les impediría cumplir con su obligación) concluye: «Queda plenamente entendido que la sanción no está incluida».

El acuerdo duró menos de un año.

El 25 de mayo, el Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a varias personas implicadas en lo que denominó una «red internacional de contrabando de petróleo y blanqueo de dinero», entre ellas Monzavi (Ghasemi ya figuraba en la lista de sanciones). También se designó a varias empresas implicadas en la trama, entre ellas las chinas Haokun y ConceptoScreen de Líbano, así como a varios agentes y empresas que trabajaban a través de Rusia.

«No vacilaremos en perseguir a quienes proporcionen una línea vital de apoyo financiero y acceso al sistema financiero internacional para la Fuerza Quds o Hezbolá», declaró Brian E. Nelson, Subsecretario del Tesoro para Terrorismo e Inteligencia Financiera. «Estados Unidos seguirá aplicando estrictamente las sanciones contra el comercio ilícito de petróleo iraní. Cualquiera que compre petróleo de Irán se enfrenta a la perspectiva de sanciones estadounidenses».

A pesar de varias rondas más de sanciones desde mayo contra otros implicados en el negocio clandestino de petróleo de Irán, el único nombre que llamativamente no figuraba en la lista -hasta la publicación de este artículo- era Sıtkı Ayan.

La influencia turca

La realidad es que Estados Unidos necesita el apoyo turco en múltiples frentes, especialmente en el Mar Negro en medio de la guerra en Ucrania. Turquía también está bloqueando las solicitudes de ingreso en la OTAN de Suecia y Finlandia, exigiendo concesiones a ambos países, incluido el levantamiento de un embargo de armas finlandés contra Ankara. Además, cuando se le provoca, Erdoğan se muestra dispuesto a contraatacar, por ejemplo enviando refugiados a Grecia a través de la frontera.

Aun así, Washington parece haber determinado que Ayan no tenía intención de detener sus negocios, a pesar de las recientes medidas enérgicas contra sus socios comerciales.

A finales de agosto, llegó a un acuerdo en nombre de NIOC, la compañía petrolera iraní, para vender hasta cuatro millones de barriles de crudo al mes a la empresa china Qingdao Deming Petrochemical Co. Ltd., de China.

El contrato, concertado por intermediarios registrados en las Islas Marshall, lleva el sello «Strictly Private & Confidential» (Estrictamente privado y confidencial) en letras rojas. Aunque es impreciso sobre la procedencia del petróleo («ligero de Omán o ligero de Abu-Dhabi o ligero de Fujairah»), el vendedor delata su verdadero origen: «NIOC designated company».

Resistance Economy, la operación de contrabando de la Fuerza Quds centrada en los intermediarios rusos, también siguió activa.

Para complicar aún más las cosas a Estados Unidos, los iraníes han demostrado ser ágiles a la hora de manejar las complicaciones de la red de Ayan.

Por ejemplo, después de que las autoridades griegas detuvieran en abril, a petición de Estados Unidos, uno de los petroleros de propiedad rusa de los que depende Resistance Economy para su comercio de petróleo, Quds Force respondió enviando comandos que secuestraron dos petroleros griegos en el Golfo en mayo y los enviaron a Irán.

En noviembre, Grecia accedió a liberar el petrolero ruso, conocido como Lana y con bandera iraní, junto con el crudo iraní que llevaba a bordo, con el fin de liberar sus propios barcos. El viernes pasado, el Lana entró en el puerto sirio de Banias y descargó su carga de más de 700.000 barriles de crudo iraní.

El episodio puede ayudar a explicar por qué Ayan continuó sus negocios con Quds Force en medio de la intensificación de la presión estadounidense.

«Es lucrativo y casi sin riesgo», dijo uno de los diplomáticos antes de que el Tesoro sancionara a Ayan y a ASB.

Casi.

ACTUALIZADO: Este artículo se actualizó después de que Estados Unidos sancionara a Ayan y a su empresa a última hora del jueves siguiente a su publicación.

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