El antiguo mosaico de Alepo: Sheikh Maqsoud y Ashrafieh



Suveyda Mahmoud, periodista de Alepo – 9 enero 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid
Situados en las zonas más altas de Alepo, estos dos asentamientos son conocidos popularmente como los «barrios kurdos». Sin embargo, en su esencia, albergan una cultura de convivencia donde armenios, asirios, árabes y kurdos se entrelazan profundamente.
Estos barrios que hoy se encuentran bajo ataque no son solo áreas residenciales, sino que representan el último bastión del alma multiidentitaria de Alepo. (https://www.youtube.com/watch?v=lsH7Zlva5xQ)
Şêxmeqsûd (Sheikh Maqsoud) y Eşrefiye (Ashrafieh), conocidos hoy por su identidad kurda, eran hasta hace unos 50 años pequeños asentamientos habitados por cristianos humildes de origen asirio y armenio. El asentamiento de los kurdos en Alepo se remonta a la época del Imperio otomano.
Dado que Alepo era un centro comercial estratégico, el Imperio otomano asentó a tribus kurdas en la periferia exterior, en lo que hoy son Sheikh Maqsoud y Ashrafieh, para asegurar la defensa de la ciudad (https://www.youtube.com/watch?v=2CkPqLg7GOo).
Con el genocidio y desplazamiento de 1915, los armenios y asirios que llegaron se integraron entre la población kurda. En años posteriores, la población kurda creció debido a la migración por razones económicas y a los estudiantes que llegaban para realizar estudios universitarios.
Estos barrios se convirtieron en una opción razonable para las familias que venían de Afrin y Kobane en busca de una vida mejor y educación. La razón principal por la que estas dos zonas empezaron a ser reconocidas por su identidad kurda fue que, por primera vez, una población kurda tan numerosa se concentró en el mismo sector.
Hasta la década de 1970, los habitantes de Alepo conocían Sheikh Maqsoud como «Jabal al-Sayyida», es decir, el Monte de la Virgen María. Sin embargo, con el aumento de la población kurda y la construcción de la mezquita Şêxmeqsûd —que lleva el nombre de un jeque sufí de origen kurdo—, este nombre comenzó a generalizarse. Tanto es así que incluso la gran mayoría de los armenios locales hablan o entienden el kurdo.
El vecino barrio de Ashrafieh surgió en el mismo periodo como una extensión no planificada del Barrio Asirio, donde residían cristianos.
La irrupción de los kurdos como una voluntad política y organizada tuvo lugar en 2004. Los incidentes iniciados tras la protesta contra el régimen de Baaz en un partido de fútbol —conocidos como el levantamiento (serhildan) de Qamishlo—, que resultaron en la muerte de 52 personas, movilizaron a los barrios kurdos de Alepo. En Sheikh Maqsoud y Ashrafieh se organizaron manifestaciones contra el partido Baaz y estallaron enfrentamientos.
Incluso antes de esto, la presencia kurda en estos barrios era notable. Desde 1980, cada festividad de Newroz se celebraba con un espíritu de resistencia y consignas que exigían un estatus político para los kurdos. Las fiestas nacionales como el Newroz, el 15 de agosto y el 27 de noviembre eran conmemoradas con eventos multitudinarios.
El origen del estatus actual se remonta a 2011-2012. Cuando comenzaron las revueltas contra el régimen de al-Assad en todo el país, el régimen se retiró primero de estos dos barrios y aceptó el control kurdo. Las zonas salieron gradualmente del control estatal y la gestión fue asumida por consejos formados por los propios residentes.
Sheikh Maqsoud y Ashrafieh alcanzaron una autonomía administrativa, y la seguridad se garantizó a través de sus propias instituciones de orden público (Asayiş). Se convirtieron en las zonas más seguras para los civiles, donde ellos mismos gestionaban su autoprotección. Fue el primer lugar donde se formó un consejo con responsabilidades otorgadas por la elección directa del pueblo. También se los conoce como una comunidad preparada para la «guerra popular revolucionaria», centrada exclusivamente en proteger a los civiles frente al régimen y a las fuerzas de oposición.
Inicialmente, el barrio de Ashrafieh fue escenario de un notable movimiento civil pacífico liderado por la «Coordinación de la Hermandad», que incluía a destacados activistas tanto árabes como kurdos. La resistencia contra los ataques de Al-Nusra, el HTS y las milicias bajo el control de Turquía reforzó la percepción de ambos lugares como «barrios kurdos».
En realidad, más que barrios homogéneos, son asentamientos compuestos por diversas etnias y credos. Solo en el barrio de Ashrafieh viven miles de árabes, principalmente de la tribu Baggara y el clan Batush. Asimismo, la población cristiana es considerable. Los armenios y asirios deportados en 1915 desde Adıyaman (Semsur), Maraş, Urfa (Riha), Mardin y Xerzan se refugiaron en Alepo y aún residen en la zona situada entre Ashrafieh y Sheikh Maqsoud. Árabes, armenios y asirios conviven como vecinos de los kurdos en estos barrios.
Cerca de las zonas de Sheikh Maqsoud y Avarid (Al-Awarid) se encuentran situados de forma contigua tres cementerios históricos que reflejan la rica diversidad religiosa de la urbe: el Cementerio Armenio, uno de los más extensos de la zona y que alberga secciones para diversas denominaciones como la armenia, la siríaca y la ortodoxa griega; el Cementerio Judío, conocido como el «Cementerio de los Justos» y que custodia las tumbas de importantes eruditos de la histórica comunidad judía local; y, finalmente, el Cementerio de Guerra Británico de la CWGC, un recinto militar oficial donde descansan soldados de diversas nacionalidades, incluyendo británicos, indios y australianos, fallecidos durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.
En resumen, Sheikh Maqsoud y Ashrafieh no pertenecen hoy solo a los kurdos; son la memoria compartida de todas las identidades que se han refugiado en estas tierras en diferentes periodos de la historia. Son la geografía donde se materializa la autogestión democrática y la voluntad de los pueblos de vivir juntos.
Esta estructura multicultural que hoy es blanco de ataques es, en esencia, un resumen de la riqueza histórica de Alepo. Son dos pequeños barrios que ya han escrito su nombre en la historia con su resistencia frente a los ataques con armamento pesado de dos Estados que claman por «una nación, un Estado». Defender estos barrios es defender la convivencia común y diversa. Es proteger el modelo de vida democrática y el liderazgo de las mujeres que hoy es un ejemplo en las tierras conocidas como Rojava.