Documentando los crímenes de guerra en Rojava: Entrevista con Kamaran Osman, de CPT

The Amargi– Shan Sabir – 14 febrero 2026 – Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid
Puede que las armas hayan callado en Siria, pero para la población del noreste del país (Rojava), la violencia de principios de 2026 ha dejado heridas que están lejos de curarse. Cuando facciones del Ejército Árabe Sirio avanzaron contra las zonas controladas por los kurdos, una ola de miedo se extendió por la región, acompañada de informes profundamente preocupantes: ejecuciones sumarias, bloqueos que cortaban el suministro de productos básicos y una oleada de agencias de ayuda internacional que se retiraban justo cuando más se las necesitaba.
Nos reunimos con Kamaran Osman, miembro de Community Peacemaker Teams (CPT), que se encontraba sobre el terreno cuando se desarrollaron los acontecimientos. Él estaba allí. Lo vio. Y en esta entrevista de archivo, comparte un relato de primera mano de lo que sufrieron los civiles kurdos durante uno de los momentos más peligrosos que ha vivido la región en los últimos tiempos, y de lo que la comunidad internacional no hizo al respecto.

P: Estamos analizando un mes de cambios sin precedentes en Rojava y el noreste de Siria. Habiendo estado sobre el terreno, ¿cómo caracterizaría la situación durante ese pico de inestabilidad? ¿Se trató de una complicación temporal de la guerra o estamos presenciando un cambio permanente en la composición política y demográfica de la región?
Kamaran: Estuve en Rojava y el noreste de Siria en nombre de Community Peacemaker Teams (CPT) para documentar las violaciones de los derechos humanos cometidas por diversos actores: las milicias del Nuevo Gobierno Sirio, las tribus árabes y varios grupos milicianos desconocidos. Lo que presenciamos fueron auténticos crímenes de guerra.
La situación se desestabilizó rápidamente alrededor del 6 de enero. El Nuevo Gobierno Sirio llevó a cabo operaciones militares a gran escala en Alepo, Tabqa, Raqqa y Hasakah, y finalmente bloqueó Kobane. Nadie estaba a salvo. Incluso en Qamishlo, que estaba relativamente lejos del frente, la gente no podía dormir. Vivían con el miedo constante a los ataques aéreos. La complejidad aquí radica en que las fuerzas kurdas no luchan solo contra un enemigo, sino que se enfrentan a una triple amenaza: las fuerzas gubernamentales, las milicias tribales y los grupos oportunistas formados únicamente para saquear y matar.
P: Usted visitó estas zonas directamente. Hemos visto informes sobre ataques a infraestructuras básicas, agua y electricidad. En su documentación, ¿parecía que estos servicios se estaban utilizando intencionadamente como arma para forzar el desplazamiento de la población civil?
Kamaran: Por supuesto. Documentamos múltiples masacres y secuestros, pero el bloqueo de Kobane destaca como un claro ejemplo del uso de las necesidades básicas como arma. Como el Gobierno sirio no pudo llevar a cabo con éxito una operación terrestre para tomar la ciudad, la sometió a un bloqueo total. Cortaron la electricidad y el agua y cerraron los pasos utilizados para el suministro de alimentos. Fue un intento de forzar una masacre mediante el hambre y la sed, en lugar de una intervención militar directa.
En cuanto a la violencia directa, entrevistamos a supervivientes de acontecimientos horribles. Documentamos un caso en la aldea de Abu Khashab en el que una familia de 12 miembros intentaba huir de Raqqa hacia Hasakah. Una milicia los detuvo y les preguntó si eran kurdos o árabes. Cuando confirmaron que eran kurdos, el líder de la milicia ordenó su ejecución. Mataron a los ancianos y dispararon a la madre en la cabeza. A continuación, mataron a los niños. Seis murieron y seis quedaron heridos.
La brutalidad no se limitó al asesinato. Encontramos pruebas de profanación de cadáveres. A un hombre de 26 años le sacaron los ojos. A una mujer le desollaron la cara y le abrieron el abdomen. No se trata solo de relatos; tenemos fotos y vídeos que lo demuestran.

El silencio de la comunidad internacional
P: Uno de las informaciones más preocupantes de ese periodo fue la retirada repentina de la ayuda. ¿Cuál era la situación de las ONG internacionales mientras usted estaba allí?
Kamaran: Quizás esa sea la mayor tragedia. Había 91 ONG internacionales operando en el noreste de Siria; casi todas ellas pusieron en marcha planes de evacuación y se marcharon. Su excusa fue la falta de seguridad para el personal extranjero. Si bien es cierto que 52 oficinas de ONG fueron atacadas y saqueadas por diversas milicias, su retirada creó un enorme vacío en materia de protección.
Más de 130.000 personas fueron desplazadas durante esas semanas, muchas de ellas por quinta o sexta vez en su vida. La administración local solo cuenta con unos 242 refugios. Cuando visité mezquitas y escuelas, no había comida. Los bebés pasaban frío porque no había calefacción, mantas ni colchones. Al menos cinco personas murieron simplemente por falta de medicamentos y agua durante ese tiempo.
P: ¿Llegó alguna ayuda a Kobane u otras zonas sitiadas?
Kamaran: La mayoría de los pasos estaban cerradas. El único paso fronterizo semifuncional era Semalka/Feyshkhabur, desde el Kurdistán iraquí. Sin embargo, esa frontera está sometida a una intensa vigilancia por parte de Turquía, que utiliza sensores «Dragon» y tecnología de reconocimiento facial. Esto supone un enorme riesgo para la seguridad de cualquiera que entregue ayuda. Además, tanto Ankara como Damasco ejercen una enorme presión política sobre el Gobierno Regional del Kurdistán (KRG) para que limite este apoyo.

El factor ISIS: ¿una amenaza resurgente?
P: Ha habido una gran preocupación con respecto al campo de Al-Hol y otras instalaciones de detención. ¿El caos de la transición creó un vacío de seguridad que ISIS podría aprovechar?
Kamaran: Hay un grave vacío de poder. El campo de Al-Hol, que albergaba a más de 25.000 miembros de ISIS, quedó bajo el control del Gobierno de Transición Sirio. Muchos de estos prisioneros eran los mismos individuos que cometieron el genocidio de 2014 contra los yazidíes en Sinjar.
Existe un riesgo significativo de que estos individuos escapen o se reorganicen. Sabemos que al menos 128 líderes de alto rango del ISIS fueron entregados a prisiones en el Kurdistán iraquí, pero el destino de miles de otros sigue siendo incierto. Si escapan durante esta inestabilidad, no solo atacarán a los kurdos, sino a toda la región una vez más.

En busca de justicia en una guerra compleja
P: ¿Qué está haciendo el CPT con las pruebas que ha recopilado? ¿Ha observado algún avance positivo hacia la rendición de cuentas?
Kamaran: Hemos documentado siete masacres importantes y más de 20 casos de ejecuciones sumarias intencionadas. Estamos elaborando un informe exhaustivo que se entregará a la ONU, a las embajadas internacionales, al Senado y al Congreso de los Estados Unidos.
Pero, para ser sinceros, la respuesta hasta ahora ha sido vaga. Todos los diplomáticos dicen que están «investigando», pero nadie está actuando. El pueblo kurdo se siente traicionado. No se trata solo de un conflicto local, sino de un escenario en el que se juegan los intereses de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Turquía, Catar y otros países. Los civiles se están quedando atrás en la reorganización geoestratégica.
Conservamos estos archivos no solo para las noticias de hoy, sino para el día en que estos documentos puedan utilizarse en un tribunal contra quienes cometieron estos crímenes. Necesitamos que la comunidad internacional deje de aplicar un doble rasero en materia de derechos humanos. Si es importante en Ucrania, también debe serlo en Rojava.
LA AUTORA:
Shan Sabir es periodista independiente y activista de derechos humanos. Estudiante de máster en Ciencia de Datos en la Universidad de Leipzig y graduada por la Universidad de Sulaymaniah, el trabajo de Shan se centra en el análisis político y los derechos civiles desde la perspectiva de los datos y las estadísticas.