Reconciliación turco-siria y la influencia de Rusia

Akar y Fidan (atrás a la izquierda) llegan a Moscú el 28 de diciembre. T.C. Millî Savunma Bakanlığı
Por Alexander McKeever - 10 enero 2023 - Traducido por Rojava Azadi Madrid

El 28 de diciembre, el ministro turco de Defensa, Hulusi Akar, y el jefe del MIT, Hakan Fidan, se reunieron con sus homólogos sirios en un encuentro en Moscú organizado por Rusia. Esta cumbre marcó «el primer compromiso oficial entre Damasco y Ankara después de más de una década», y se produjo tras las declaraciones del presidente turco Erdoğan expresando su voluntad de reunirse con el presidente sirio Bashar al-Assad.

La cumbre no dio lugar a ninguna decisión drástica ni a cambios inmediatos en la política turca, siria o rusa, pero las partes implicadas acordaron establecer comités conjuntos para reunirse en un futuro próximo y calificaron las conversaciones de positivas.

La noticia de la cumbre suscitó la condena generalizada de las organizaciones de la oposición siria y de la población civil, aunque muchas de las primeras evitaron nombrar o culpar a Turquía en particular. Recordemos las escenas del pasado verano, cuando se celebraron grandes manifestaciones de «No nos reconciliaremos» en ciudades y pueblos del noroeste de Siria controlado por el HTS y el SNA y Turquía [véase el hilo más abajo]. El comandante disidente del SNA Abu Khawlah Muhassan (de Deir ez-Zour, pero que no debe confundirse con Abu Khawlah, comandante del Consejo Militar de Deir ez-Zour de las Fuerzas Democráticas Sirias) se dirigió a la multitud en la manifestación de al-Bab, mientras que en Tell Abyad miembros de la Policía Civil intentaron dispersar a la multitud con disparos.


Normalización entre Siria y Turquía … el regalo de Putin a Erdogan

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, se reúnen al margen de la 6ª cumbre de la Conferencia sobre Interacción y Medidas de Fomento de la Confianza en Asia (CICA), en Astana, Kazajstán, el 13 de octubre de 2022. (Reuters)
Asharq al-Awsat - Ibrahim Hamidi - 30 diciembre 2022 - Traducido por Rojava Azadi Madrid

La reunión militar sirio-turca patrocinada por Rusia que se celebró el miércoles [28 de diciembre 2022] en Moscú es el último esfuerzo por lograr un acercamiento entre Ankara y Damasco.

Es probable que culmine con un «regalo» al presidente turco Recep Tayyip Erdogan por parte de su homólogo ruso Vladimir Putin: una reunión con el presidente sirio Bashar al-Assad antes de las elecciones turcas de 2023.

Sin embargo, ¿los esfuerzos de normalización son serios o simplemente cosméticos?

Antecedentes

Las relaciones entre Ankara y Damasco dieron un vuelco en el verano de 2011, meses después del estallido de las protestas sirias contra el régimen. Turquía se convirtió en refugio y apoyo de la oposición contra Damasco.

Siria se transformó en un escenario de violencia, caos y división. También surgió el respaldo de las Unidades de Protección del Pueblo Kurdo (YPG) que se oponen a Ankara.

Rusia intervino en el conflicto a favor del régimen en 2015. Pronto tuvo tropas desplegadas en Siria, convirtiéndose de hecho en vecino de Turquía. Ankara descubriría entonces el alcance del apoyo que le prestaba la OTAN, obligándola a cooperar con Moscú para imponer una nueva realidad en Siria.

Un año después, Turquía daría prioridad a impedir la formación de una entidad kurda en sus fronteras meridionales. Por ello, llegó a una serie de acuerdos y arreglos con Rusia que pusieron fin a las ambiciones kurdas. Consiguió hacerse con el control de bolsas de regiones en Siria, estimadas en más de 20.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente dos veces el tamaño de Líbano.

Putin impulsó el acercamiento entre Erdogan y Assad con el inicio de las conversaciones de Astaná entre Rusia, Irán y Turquía en 2017 y el desarrollo de la «cooperación hostil» entre Ankara y Moscú.

A principios de 2020, Moscú logró organizar una reunión abierta entre el jefe de la seguridad nacional de Siria, Ali Mamlouk, y el jefe de la inteligencia turca, Hakan Fidan. Mamlouk exigió que Turquía se retirara de las regiones sirias y reabriera la autopista Alepo-Latakia. Fidan quería una mayor cooperación contra las YPG.

Putin consiguió reunirlos, pero no logró un gran avance.

Nuevo intento

Erdogan ha amenazado repetidamente con lanzar una nueva ofensiva militar en Siria. También tiene sus ojos puestos en las próximas elecciones y en la creciente oposición turca a los refugiados sirios en Turquía. En particular, Turquía y Rusia han intensificado su cooperación tras la guerra de Ucrania.

Con todo ello, Putin ha ido allanando el camino para una reunión entre Erdogan y Assad antes del verano. El primer paso que dio fue la celebración de una reunión secreta entre Mamlouk y Fidan en Moscú en julio de 2022.

El funcionario sirio exigió que se respetara la soberanía de su país. Exigió un calendario para la retirada de Turquía de las regiones sirias y le pidió que cesara su apoyo a las facciones de la oposición y a los «terroristas». Instó a Turquía a reabrir las autopistas Alepo-Latakia y Bab al-Hawa-Idlib, a tomar medidas contra las sanciones occidentales y a respaldar la reconstrucción de Siria.

Por su parte, Fidan exigió la cooperación con Damasco contra las YPG y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Exigió la creación de una zona de seguridad que excluya a estos grupos a 23 kilómetros de profundidad en Siria y el establecimiento de zonas seguras que puedan acoger a un millón de refugiados retornados. También instó a cooperar en el Comité Constitucional y a resolver la crisis siria mediante la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Mamlouk y Fidan no llegaron a un acuerdo y la reunión terminó sin avances.

¿Normalización o no?

En los últimos meses, Erdogan no se ha preguntado si se reunirá con Assad o no, sino cuándo lo hará. Ha declarado en repetidas ocasiones que está dispuesto a reunirse con él, enumerando diversas razones, como resolver las diferencias con la mayoría de los países de la región antes de las elecciones turcas.

Assad, sin embargo, no tiene ninguna prisa por celebrar una reunión que favorezca a su rival, cuyo país considera una nación ocupante.

A medida que Turquía y Rusia intensifican su cooperación en Ucrania, se acercan las elecciones turcas y se agrava la crisis económica siria, Putin ha presionado cada vez más a favor de la normalización y de la celebración de una reunión entre él, Erdogan y Assad. La reunión sería vista como un regalo para su «frenemigo» y un impulso para que gane las elecciones.

Para ello, Rusia ha propuesto celebrar una serie de reuniones que incluyen conversaciones tripartitas sobre seguridad, reuniones entre los ministros de Defensa a las que asistirían funcionarios de los servicios de inteligencia, y una reunión entre los ministros de Asuntos Exteriores ruso, turco y sirio que culminaría con una cumbre entre Putin, Erdogan y Assad.

Rusia está tratando de ofrecer remedios mágicos para salvar la división entre Turquía y Siria. Está ofreciendo una serie de reuniones militares, de seguridad y políticas, así como enmiendas al acuerdo de Adana de 1998 entre Ankara y Damasco que aborda la cooperación contra el PKK y la posibilidad de una incursión turca de 5 kilómetros de profundidad en Siria.

Las enmiendas fusionarían los acuerdos de Adana y Sochi de 2019 para incluir el despliegue de patrullas ruso-turcas, la retirada de las YPG a 30 kilómetros de la frontera turca y el despliegue de guardias fronterizos sirios a lo largo de la frontera con Turquía.

Desde el punto de vista político, Rusia propone que se emita una declaración conjunta con cláusulas principales que subrayen el «compromiso con la soberanía y la integridad territorial de Siria», el «rechazo de las agendas separatistas» y el retorno de los refugiados.

Turquía acoge a unos 3,7 millones de refugiados sirios. El tema ha sido uno de los principales titulares de las elecciones presidenciales y parlamentarias turcas. Erdogan quiere quitar esta carta a sus rivales, por lo que persigue el acercamiento y el acuerdo con Damasco. En última instancia, sin embargo, el regreso de dos millones de refugiados a su patria es una difícil tarea.

Assad quiere la retirada de miles de soldados turcos de Siria, el fin de las «ocupaciones» y el cese del apoyo militar y político a la oposición siria. Sería difícil prever una alianza con Ankara contra los kurdos y una reunión con Erdogan antes de dar un paso hacia el cumplimiento de estas exigencias.

Moscú ha puesto en marcha el proceso de normalización entre Damasco y Ankara, con todas sus exigencias de seguridad, militares y políticas, siendo el objetivo final una cumbre entre Putin, Erdogan y Assad.

La normalización será el principal objetivo de 2023, con su impacto previsto en la normalización entre los países árabes y Damasco y hasta qué punto Estados Unidos permitirá que siga adelante.


La luz roja rusa para Turquía en Siria

War on the rocks - Sam Heller - 30 diciembre 2022 - Traducido por Rojava Azadi Madrid

Los ministros de Defensa de Turquía y Siria se reunieron este miércoles [28 de diciembre 2022] en Moscú, en sus primeras conversaciones en más de una década. Los jefes de Defensa e Inteligencia de ambos países se reunieron junto a sus homólogos rusos, donde los tres titulares de Defensa discutieron, según se informa, «la crisis siria, la cuestión de los refugiados y los esfuerzos conjuntos para luchar contra todos los grupos terroristas en Siria.» Las conversaciones trilaterales supusieron un nuevo avance en un acercamiento turco-sirio que, tras una década de acritud y guerra, ahora parece cobrar velocidad.

En diciembre, Turquía parecía a punto de iniciar otra ofensiva terrestre contra los militantes kurdos en Siria. A finales de noviembre, el presidente Recep Tayyip Erdogan declaró que la campaña turca de bombardeos aéreos era sólo el principio. Las fuerzas turcas atacarían por tierra «tan pronto como sea posible», dijo, siguiendo al día siguiente con comentarios de que se moverían «en el momento más conveniente para nosotros.» El ruido de sables de Turquía alarmó a Washington, y altos funcionarios estadounidenses desaconsejaron repetidamente la acción turca, en público y en privado.

La amenaza de incursión turca no llegó a producirse, pero no probablemente por las objeciones de Washington. Más bien, fue la oposición de Moscú la que probablemente impidió una invasión turca.

Los funcionarios turcos han insistido en que no necesitan el «permiso» ni la «luz verde» de nadie para emprender lo que califican de acción antiterrorista defensiva en la vecina Siria. Excepto que sí lo necesitan, al parecer, de Rusia, no de Estados Unidos. Las anteriores intervenciones de Turquía en Siria han contado con la aquiescencia de Rusia y, a menudo, con las objeciones de Estados Unidos. Mientras tanto, la oposición rusa ha parecido suficiente para obstaculizar la acción turca – durante este último año, pero también, llamativamente, en marzo de 2020-. Los precedentes sugieren que a veces Turquía obtiene el consentimiento de Rusia para una nueva intervención en Siria. A veces no, y la retórica de escalada de los funcionarios turcos no lleva a ninguna parte.

La no intervención más reciente de Turquía y algunas de sus incursiones pasadas en Siria -reales o sólo amenazas- ayudan a aclarar los límites de la libertad de acción de Turquía en la vecina Siria y los términos de su relación bilateral con Rusia. En conjunto, estos episodios sugieren lo que los responsables de la toma de decisiones estadounidenses y otras partes interesadas deberían buscar, y preocuparse, la próxima vez que Turquía amenace con atacar.

Turquía no parece haber terminado de intentar una nueva incursión en Siria, aunque esta última escalada haya sido un fracaso. Ankara ya ha conseguido anteriormente que Moscú diga «sí», en última instancia, y dado que Rusia ha sugerido últimamente que una nueva intervención militar turca está condicionada a la normalización turco-siria, un proceso que ha visto nuevos avances importantes esta semana, no se puede descartar una nueva ofensiva.

La última intervención abortada de Turquía

La escalada más reciente de Turquía se produjo tras un atentado con bomba perpetrado el 13 de noviembre en la concurrida calle Istiklal de Estambul. Las autoridades turcas detuvieron rápidamente a la presunta terrorista, quien, según Ankara, confesó haber sido entrenada y desplegada por el Partido de los Trabajadores del Kurdistán al otro lado de la frontera, en Siria.

El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) lleva décadas luchando contra el Estado turco. Sin embargo, en el curso de la campaña militar liderada por Estados Unidos contra el Estado Islámico (ISIS) en Siria, Washington se asoció con la filial siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán para combatir al grupo yihadista. Esa filial era el componente central de las «Fuerzas Democráticas Sirias», más amplias y multiétnicas, que se convirtieron en el principal socio de Estados Unidos en la lucha contra ISIS en Siria. Los avances de las Fuerzas Democráticas Sirias, apoyadas por Estados Unidos, contra ISIS en el norte de Siria avivaron los temores en Turquía de un «corredor del terror» a lo largo de la frontera sur de Turquía y ayudaron a precipitar un deterioro más amplio de las relaciones entre Estados Unidos y Turquía.

Desde 2016, Turquía ha lanzado cuatro grandes intervenciones en Siria. Tres han tenido como objetivo impedir que las Fuerzas Democráticas Sirias establezcan un control territorial contiguo a lo largo de la frontera siria de Turquía. Turquía ha coordinado estas intervenciones con Rusia e Irán como parte de las negociaciones trilaterales del «Acuerdo de Astaná», llamado así por la capital de Kazajistán.

En el año anterior al atentado en Istiklal, Turquía había amenazado con una operación terrestre en Siria en dos ocasiones: primero en octubre y noviembre de 2021, y luego de nuevo en mayo y junio de 2022. En ambas ocasiones, Turquía se topó con la oposición de Estados Unidos y Rusia y dio marcha atrás.

Tras el atentado del Istiklal, Turquía lanzó la «Operación Garra-Espada», una campaña de bombardeos aéreos contra supuestos objetivos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán en el norte de Siria e Irak. Erdogan advirtió, además, que Turquía lanzaría un ataque terrestre contra tres enclaves militantes en Siria.

Estados Unidos instó repetidamente a la «desescalada» y expresó su oposición a una nueva incursión turca, sobre todo después de que un avión no tripulado turco impactara alarmantemente cerca de tropas estadounidenses estacionadas cerca de sus socios locales en el norte de Siria. Altos funcionarios estadounidenses, entre ellos el secretario de Defensa, Lloyd Austin, y el jefe de la CIA, Bill Burns, comunicaron las protestas de Estados Unidos por los ataques turcos que habían puesto en peligro al personal estadounidense y desalentaron aún más otra operación militar turca en Siria.

Rusia parece haberse opuesto también a la acción turca, aunque menos públicamente. Tras una reunión en Astana el 23 de noviembre, el representante de Rusia dijo que Moscú había pedido a Ankara que se abstuviera de una nueva ofensiva terrestre en Siria. Otro alto cargo ruso declaró el 12 de diciembre -después de que la amenaza de invasión turca se hubiera alejado aparentemente- que Moscú había estado trabajando en todo momento para disuadir a Ankara de atacar.

En una entrevista del 4 de diciembre, se preguntó al asesor presidencial turco Ibrahim Kalin si Rusia e Irán habían «aprobado» o dado «luz verde» a una nueva operación turca. «Mire, nosotros no pedimos permiso», dijo Kalin, «simplemente nos coordinamos con nuestros aliados cuando nos enfrentamos a una amenaza para la seguridad nacional».

Pero pocos días después, quedó claro que no se había dado «luz verde». En un artículo de Al Jazeera del 6 de diciembre, una «fuente oficial turca» dijo que Turquía había decidido dar a Estados Unidos y Rusia cada uno una «ventana de tiempo específica» para retirar a las Fuerzas Democráticas Sirias de la frontera sur de Turquía, y que esta ventana «no se extendería.» La fuente turca también dijo que los estadounidenses y los rusos habían hecho sus propias ofertas a cambio, incluyendo, para Washington, la reestructuración de las Fuerzas Democráticas Sirias, y para Moscú, un trato no especificado relacionado con Ucrania.

Una «ventana de tiempo específica» indeterminada, sin embargo, parece menos una fecha límite o un ultimátum y más un giro para una retirada turca. Turquía había lanzado una oleada de ataques de castigo con drones en el noreste de Siria, pero al parecer se le había negado su esperada ofensiva terrestre.

Las Fuerzas Democráticas Sirias habían anunciado la interrupción de las operaciones conjuntas con las fuerzas estadounidenses el 2 de diciembre debido a los bombardeos turcos. Unos días después, sin embargo, dijeron que las operaciones se habían reanudado. Evidentemente, la amenaza de ataque turco había disminuido.

Desde principios de diciembre, los mensajes oficiales turcos han sido más moderados. Los funcionarios turcos ya no advierten de una invasión inminente, aunque han hecho hincapié en su continua determinación de establecer un «corredor de seguridad» a lo largo de su frontera siria. Y los funcionarios turcos han hecho nuevos gestos hacia la normalización turco-siria, con el evidente estímulo ruso; lo más significativo, la reunión trilateral del miércoles [28 de diciembre 2022] en Moscú.

Luz verde rusa

El historial de las anteriores intervenciones de Turquía en Siria sugiere que, los pasados meses de noviembre y diciembre, fue la oposición de Moscú -y no la de Washington- la que logró bloquear la acción militar turca. Todas las intervenciones previas a gran escala de Turquía han seguido adelante con la aparente aprobación rusa. El consentimiento de Estados Unidos, mientras tanto, ha parecido opcional.

Turquía lanzó su primera intervención transfronteriza en la provincia siria de Alepo en agosto de 2016. La «Operación Escudo del Éufrates» se produjo pocas semanas después de que Erdogan y el presidente ruso Vladimir Putin se reunieran y se reconciliaran públicamente, después de que Turquía derribara un avión ruso en la frontera turco-siria el año anterior. Erdogan y Putin parecen haber llegado a un acuerdo sobre la intervención turca en su reunión. Los dos ejércitos elaboraron entonces un mecanismo para desconfigurar las operaciones aéreas. Una vez puesto en marcha el Escudo del Éufrates, la reacción de Moscú fue llamativamente discreta, limitándose a decir que estaba «seriamente preocupada por los acontecimientos en la frontera sirio-turca» y evitando cualquier crítica a las acciones turcas. Washington, por su parte, apoyó militarmente el avance inicial de las fuerzas respaldadas por Turquía y elogió los logros iniciales de esas fuerzas, pero nunca adoptó realmente el Escudo del Éufrates como propio.

La «Operación Rama de Olivo» de Turquía en enero de 2018 también parece haber sido preacordada con Rusia. Mientras que Escudo del Éufrates apuntó más directamente a ISIS y solo bloqueó un avance de las Fuerzas Democráticas Sirias en el norte de Alepo, Rama de Olivo apuntó directamente a las Fuerzas Democráticas Sirias en el área de Afrin en Alepo. Turquía lanzó su invasión a pesar de las objeciones de Estados Unidos, incluida una llamada del presidente Donald Trump en la que supuestamente instó a Erdogan a desescalar. Pero Afrin cayó en el lado occidental de una «línea de desescalada» que Rusia y Estados Unidos habían trazado a través de Siria, a lo largo del río Éufrates, para demarcar sus respectivas áreas de operación. Rusia controlaba el espacio aéreo al oeste del Éufrates y, al parecer, estaba de acuerdo con la intervención de Turquía. El día antes de que Turquía pusiera en marcha Rama de Olivo, Rusia retiró abruptamente su personal militar en Afrin. Cuando la operación se puso en marcha, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia sólo dijo que la acción de Turquía «fue recibida con preocupación en Moscú» y que estaba «siguiendo de cerca el desarrollo de la situación.»

Mientras tanto, la «Operación Primavera de Paz» de Turquía en octubre de 2019 procedió a pesar de las protestas aún más enérgicas de Estados Unidos. Su objetivo eran las Fuerzas Democráticas Sirias en el noreste de Siria -al este del Éufrates-, donde operaban junto a tropas estadounidenses. Erdogan logró intimidar a Trump para que anunciara que retiraría las tropas estadounidenses que se interpusieran en el camino del avance turco. Eso no significaba, sin embargo, que Estados Unidos aprobara la Primavera de la Paz. Durante meses, funcionarios estadounidenses habían hecho intentos infructuosos de apaciguar a Turquía, y Trump había amenazado con «destruir y arrasar totalmente» la economía de Turquía en el período previo a la invasión. Cuando Turquía lanzó Primavera de Paz, los funcionarios estadounidenses la condenaron e insistieron en que no le habían dado «luz verde.» En los primeros días de la operación, el ejército turco de hecho entrenó fuego de artillería contra las tropas estadounidenses. La administración Trump incluso impuso sanciones a ministerios y altos funcionarios turcos, solo para levantarlas después de llegar a un acuerdo con Ankara que esencialmente capitulaba a los objetivos turcos.

En una llamada entre Putin y Erdogan en vísperas de la Primavera de Paz, mientras tanto, Putin sólo «instó a sus socios turcos a considerar cuidadosamente la situación para no dañar los esfuerzos generales para resolver la crisis siria.» A la semana y media de la operación, Putin y Erdogan llegaron a un acuerdo para desplegar tropas rusas y sirias en el noreste de Siria que avanzaba los fines rusos.

En todos estos casos, las negociaciones turco-rusas acabaron produciendo compromisos que moderaron algunos de los objetivos más maximalistas de Turquía, al tiempo que seguían alejando a las Fuerzas Democráticas Sirias de la frontera sur de Turquía.

Esto no significa, por supuesto, que cada detalle de estas intervenciones estuviera acordado de antemano y perfectamente coreografiado. El alcance preciso de la acción turca y los límites geográficos del avance de Turquía pueden haberse negociado sobre la marcha, con medios que pueden haber incluido una señalización más coercitiva.

Tomemos, por ejemplo, los ataques aéreos rusos que mataron «accidentalmente» a varias tropas turcas en el campo de Alepo en febrero de 2017, cuando militantes sirios respaldados por Turquía y el ejército sirio respaldado por Rusia se acercaban cada uno a la ciudad de al-Bab en Alepo. En una llamada con Erdogan poco después, Putin «expresó sus condolencias por los trágicos acontecimientos que provocaron la muerte de varios soldados turcos cerca de al-Bab»; no es una disculpa especialmente efusiva.

O tomemos el ataque aéreo que mató a más de 30 soldados turcos en la provincia de Idlib el 27 de febrero de 2020, en medio de un avance militar sirio respaldado por Rusia sobre Idlib, controlada por la oposición. El ataque aéreo alcanzó a un convoy turco que entró en una zona aún disputada y se produjo después de que militantes sirios respaldados por Turquía hubieran montado un contraataque exitoso contra las fuerzas del gobierno sirio. Rusia negó haber llevado a cabo los ataques aéreos, pero también dijo que las tropas turcas no deberían haber estado en la zona y no comunicaron su ubicación con antelación. La opinión generalizada es que el desmentido de Rusia es falso. A pesar de ello, Ankara aceptó la versión exculpatoria de Moscú y culpó en su lugar a los socios sirios de Rusia. Turquía centró sus represalias en el ejército sirio, en lo que llamó «Operación Escudo de Primavera».

Una luz roja brillante

Rusia ha señalado varias luces rojas a Ankara durante el último año, incluyendo, más recientemente, este noviembre y diciembre. La resolución de la Operación Escudo de Primavera, sin embargo, puede ser el ejemplo más claro de cómo Rusia puede aparentemente dictar a Turquía.

Las fuerzas turcas entraron originalmente en la «zona de desescalada» de Idlib en octubre de 2017, en virtud de otro acuerdo con Rusia e Irán. En los meses siguientes, Turquía estableció 12 puntos de observación a lo largo del perímetro acordado de la zona de Idlib. Después de que Turquía no cumpliera sus repetidos compromisos de ilegalizar a los militantes islamistas en la zona de Idlib, el ejército sirio lanzó una ofensiva respaldada por Rusia sobre Idlib en abril de 2019 y luego de nuevo en diciembre. A medida que el ejército sirio se apoderaba de más territorio en la periferia de Idlib, se desplazaba más allá de los puntos de observación de Turquía, dejándolos aislados detrás de las líneas sirias. Turquía intentó frustrar el avance del ejército sirio -estableciendo nuevas posiciones turcas, equipando a los socios sirios para contraatacar- mientras exigía, con creciente urgencia, que el ejército sirio detuviera su ofensiva y se retirara detrás de las posiciones originales de Turquía.

Entonces llegó el ataque aéreo del 27 de febrero [2020]. Turquía anunció poco después la Operación Escudo de Primavera y desató un aluvión de ataques con aviones no tripulados contra posiciones militares sirias en Idlib. Los medios de comunicación turcos afirmaron que habían «neutralizado» a miles de militares sirios, mientras que los medios turcos e internacionales aclamaron la oleada de aviones no tripulados como un cambio de paradigma en la guerra moderna. Cuando Erdogan y Putin se reunieron para negociar sobre Idlib el 5 de marzo, Turquía estaba muy satisfecha con esta demostración de fuerza militar.

Erdogan y otros funcionarios turcos habían transmitido constantemente sus objetivos antes de la cumbre del 5 de marzo: El ejército sirio no sólo tenía que detener su ofensiva, sino también retirarse a los límites originales de la zona de Idlib. Erdogan reiteró esa exigencia, por ejemplo, el 5 y el 15 de febrero. «Nosotros… expulsaremos definitivamente al régimen de los límites que hemos determinado», dijo a los legisladores turcos el 26 de febrero. El ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, insistió en que Rusia «utilizara su influencia sobre el régimen para obligarle a detener sus ataques y retirarse a las líneas establecidas en [un acuerdo de 2018]» ya el 1 y 2 de marzo.

No fue así. Tras horas de negociaciones a puerta cerrada, funcionarios rusos y turcos anunciaron un nuevo alto el fuego, pero uno «a lo largo de la línea de contacto»: no exigía que el gobierno sirio cediera ningún territorio o se retirara detrás de los puntos de observación de Turquía. Además, el acuerdo imponía a Turquía nuevos compromisos en Idlib, incluido el establecimiento de un «corredor de seguridad» a lo largo de una carretera clave de Idlib.

Este no era el resultado que los funcionarios turcos habían prometido antes de la cumbre. Erdogan y otros habían señalado claramente su deseo de hacer retroceder al ejército sirio hasta los límites de Idlib; Putin, al parecer, había dicho lo contrario.

Ankara insistió en aquel momento en que no abandonaría sus puestos de observación varados tras las líneas sirias. Meses más tarde, lo hizo.

Agencia turca en Siria

Esa cumbre de marzo de 2020 y las intervenciones sin resultados de este último año ilustran el alcance real de la agencia turca en Siria, y cómo Turquía depende ahora de la aprobación de Rusia para emprender nuevas acciones importantes en su frontera sur.

Parece imposible que los funcionarios turcos se hubieran excedido en sus promesas como lo hicieron en febrero-marzo de 2020 y el año pasado si Turquía tuviera realmente libertad de acción sin restricciones en Siria, si Turquía no tuviera que «pedir permiso», en palabras de Kalin. Además, Ankara no debe haber sabido de antemano cómo resultarían las conversaciones con Moscú y Washington, y si realmente podría obtener ese permiso; si lo hubiera sabido, presumiblemente no habría creado expectativas sólo para tener que dar marcha atrás torpemente.

Sin ese conocimiento previo, Ankara puede intensificar sus objetivos retóricos a medida que, paralelamente, se intensifica militarmente, como hizo, por ejemplo, con su campaña de bombardeos «Operación Garra-Espada» este mes de noviembre. Pero parece hacerlo como una táctica de negociación coercitiva, y sin la certeza de que obtendrá el consentimiento internacional para una acción militar de mayor alcance. A veces, ese consentimiento no llega.

Las amenazas de los funcionarios turcos de actuar en Siria indican probablemente una intención real, no parecen faroles. Pero la intención turca no siempre equivale a la capacidad turca.

Cuando Ankara se topa con la oposición internacional a otra intervención en Siria, sólo las objeciones de Rusia parecen realmente insuperables. Aparentemente, Ankara está dispuesta a hacer caso omiso de las protestas de Washington; ya lo ha hecho antes. Pero aunque no esté claro cómo exactamente, Rusia veta la acción turca, el hecho de este veto parece claro: existe. Y aunque eso podría cambiar en el futuro, hasta ahora no lo ha hecho, ni siquiera después de la invasión rusa de Ucrania y todas las exigencias que conlleva sobre el poder militar y económico ruso.

Este poder de veto ruso significa que las peticiones de Moscú a Ankara importan. Últimamente, esas peticiones parecen centrarse en la normalización turco-siria. Tras una cumbre celebrada en agosto de 2022 después del ataque abortado de Turquía en mayo y junio, Erdogan dijo que Putin le había animado a coordinarse con el gobierno del presidente sirio Bashar al Assad para resolver las preocupaciones antiterroristas de Turquía. Funcionarios rusos llevan años alentando la normalización turco-siria sobre la base del Acuerdo de Adana de 1998 entre ambos países. Han afirmado que el acuerdo podría permitir la persecución en caliente de militantes en Siria por parte de Turquía, salvaguardando al mismo tiempo la soberanía siria, sobre todo obligando a Ankara a trabajar bilateralmente con el gobierno de Damasco. Tras la cumbre de agosto, los funcionarios turcos empezaron a sugerir que Ankara podría normalizar sus relaciones con Damasco. De hecho, la normalización parece ser popular en la política interna turca debido a cómo esta política se ha vinculado, en el discurso político de Turquía, al retorno de los refugiados sirios en Turquía a su país de origen. Gran parte de la opinión pública turca ya no ve con buenos ojos a los millones de sirios en Turquía, y las medidas cada vez más draconianas para limitar la libertad de movimiento de los sirios no han calmado a los votantes enfadados. En esencia, Erdogan se ha comprometido a normalizar los lazos con Siria y a organizar el retorno a gran escala de los refugiados, apropiándose de una de las propuestas más convincentes de su oposición de cara a las elecciones turcas de 2023.

Los funcionarios sirios, por su parte, no han descartado la normalización ni han impuesto condiciones previas estrictas para las negociaciones, pero han mostrado su desconfianza hacia Ankara. También se han mostrado recelosos de ser utilizados como apoyo en las próximas elecciones turcas y de regalar a Erdogan un apretón de manos para salir en la foto sin nada tangible a cambio.

Aun así, Turquía parece decidida a intentar otra intervención en Siria. Para Erdogan, existen fuertes incentivos para lanzar una nueva incursión en Siria antes de las elecciones del próximo año. Erdogan y otros funcionarios turcos han señalado públicamente y a sus homólogos rusos y estadounidenses que siguen empeñados en establecer un «corredor de seguridad» en el noreste de Siria. Erdogan también ha dicho que «solicitó el apoyo de [Putin] para futuras medidas [antiterroristas] conjuntas con Rusia y, tal vez, para la implementación». El ministro turco de Defensa, Akar, ha dicho que Ankara sigue hablando con Moscú sobre la apertura del espacio aéreo sirio a los aviones turcos.

Paralelamente, Erdogan propuso conversaciones trilaterales escalonadas entre Turquía, Rusia y Siria, que pasarían de reuniones de funcionarios de inteligencia a militares y luego a diplomáticos. Las autoridades rusas acogieron con satisfacción su llamamiento a la diplomacia trilateral. Y, el miércoles [28 de diciembre 2022], la normalización propuesta por Erdogan dio un gran paso adelante.

En cuanto a Estados Unidos, le queda observar las negociaciones turco-rusas que podrían permitir una intervención turca -una que podría amenazar la misión estadounidense contra ISIS en Siria- y potencialmente poner en peligro al personal estadounidense. Para Washington, los esfuerzos continuos para desalentar una incursión turca parecen valer la pena. Por desgracia, también parece que no serán suficientes.

Conclusión

Durante años, Rusia ha tenido aparentemente un voto a favor o en contra de cualquier nueva acción turca importante en Siria. Ahora, Moscú parece haber utilizado con éxito esa influencia para arrastrar a Ankara a normalizar gradualmente sus relaciones con Damasco, aunque sólo sea para permitir una nueva incursión en Siria antes de las elecciones turcas del próximo año. El resultado puede ser otra ofensiva turca, esta vez lanzada en coordinación con las autoridades sirias, golpeando conjuntamente a un socio estadounidense que plantea un problema para ambas partes y, en el proceso, legitimando aún más al gobierno sirio en Damasco.

Sin embargo, que Turquía vuelva a invadir Siria es una decisión que probablemente se tomará en Moscú, no en Ankara. Así que cuando los funcionarios turcos vuelvan a amenazar con una incursión, los funcionarios estadounidenses y otras partes interesadas deben estar atentos a otra convergencia turco-rusa. Otro acuerdo entre Erdogan y Putin podría significar no sólo una nueva ofensiva militar en el norte de Siria, sino también, si conlleva una normalización turco-siria, un enorme cambio político en la guerra de Siria.


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