Los principios básicos del Confederalismo Democrático

Fuente: Komun Academy

Fecha: 22 noviembre 2018

Traducido por Rojava Azadi


 

El Confederalismo Democrático, tal como lo define Abdullah Öcalan, es la expresión ética, política y administrativa de la sociedad -como estructura histórica y sociológica- en la que coexisten en armonía dialéctica diferentes identidades, facciones y grupos. Con ello no nos referimos a una estructura confederal clásica formada por Estados, sino a la unidad confederal de las estructuras sociales. La diferencia fundamental entre ambos es que uno depende del Estado y el otro de la sociedad.

Cuando abordamos este tema desde una perspectiva histórica podemos ver que la modernidad capitalista basada en el Estado y la modernidad democrática basada en la sociedad están encerradas en un conflicto perpetuo. Mientras que la modernidad capitalista se basa en el máximo beneficio, el industrialismo y el estado-nación, la modernidad democrática se basa en la sociedad democrática, el confederalismo democrático y la ecoindustria.

“La modernidad democrática da la réplica a la metodología universalista, progresista lineal y determinista desplegada por el estado-nación moderno para lograr la homogeneización y el gregarismo de la sociedad, mediante una metodología pluralista y probabilística que permita la visibilidad de la sociedad democrática. Desarrolla su alternativa a través de su apertura a las diferentes formaciones políticas, su multiculturalismo, su postura antimonopolista, sus atributos ecológicos y feministas y su estructura económica basada en la satisfacción de las necesidades fundamentales de la sociedad y su disposición social. A diferencia del estado-nación de la modernidad capitalista, el Confederalismo Democrático es la alternativa política de la modernidad democrática.

La modernidad democrática es flexible en su enfoque de la nación. Esto en sí mismo desempeña un papel importante en la solución de una variedad de problemas sociales, al reunir a los segmentos multilingües, multiétnicos, multirreligiosos y multipolíticos de la sociedad, en contraposición al enfoque singular de las naciones basadas en un solo idioma, etnia, religión o Estado. El enfoque multidimensional de la modernidad democrática hacia la nación formará una base sólida para el tan necesario establecimiento de la paz y la fraternidad en Oriente Medio”.

(Abdullah Öcalan)

Los científicos sociales han desarrollado diferentes definiciones de la sociedad. Sin embargo, un tema común en muchas de estas definiciones es que la sociedad no es simplemente la suma de seres humanos, sino un organismo más complejo que trasciende esta mera suma. Desde su primera versión organizada, el clan, hasta su forma más intrincada, la nación, la sociedad siempre se ha unido en una vida y ambiciones conjuntas. La forma de nación es una versión muy compleja y desarrollada de la sociedad.

El Estado y la democracia

Es en esta etapa cuando los conceptos de Estado y democracia adquieren un significado específico. Ambos conceptos tienen un trasfondo histórico. Aunque se dice que el Estado tiene unos cinco mil años de antigüedad, la democracia es tan antigua como la propia sociedad. En este sentido, una evaluación profunda de estos dos conceptos es imperativa para la comprensión del confederalismo democrático; en sí mismo un proyecto ambicioso para la organización de la vida y su administración.

No hace falta decir que los conceptos, teorías e instituciones tienen estados originales y versiones metamorfoseadas. En nuestros días, el Estado y la democracia son los dos conceptos que más se han visto afectados por esta metamorfosis. Sin embargo, hay que decir que estos conceptos, contrariamente a la creencia popular y a la manipulación, no son fenómenos idénticos o intercambiables, sino que representan polos opuestos. Durante miles de años, el Estado -una institución que necesita ser reevaluada- ha sido presentado como un destino para las sociedades y la humanidad en general. Desde políticos experimentados hasta artistas respetados, muchas personas no se atreverían a cuestionar la existencia o la legitimidad del Estado. Aquéllos que cuestionan al Estado son tachados de “anarquistas”, como si esto fuera un insulto. La misma gente tiende a presentar la democracia como una característica o un componente constituyente del Estado. De hecho, el Estado es la primera organización en institucionalizar la jerarquía y el sistema de clases. Con el tiempo, el Estado se ha convertido en la versión organizada de la violencia y la fuerza y la ha retratado en la sociedad a través de estructuras ideológicas, militares y políticas. Aunque su figura, forma y estructuras han cambiado con el tiempo, decir que su esencia ha quedado preservada no sería una exageración. Aunque se enmascare a través de diferentes formas, el Estado es esencialmente una institución contra la sociedad y la democracia. Para ocultar esta esencia, el Estado no se ha abstenido de utilizar el sistema judicial, la política, la cultura y las artes y las creencias y religiones en su búsqueda de legitimación. En resumen, la organización que llamamos “el Estado” siempre ha sido una fuerza para sofocar el espacio social y su libertad, y hoy se ha convertido en una organización masiva de poder.

En otras palabras, una organización de cinco mil años de antigüedad llamada “el Estado” ha engullido a la sociedad, que tiene cientos de miles de años de antigüedad. El estilo de vida naturalmente organizado de la sociedad (democracia) ha sido limitado por el Estado, casi al borde de la extinción. Podría decirse que la lucha entre la sociedad y el Estado o entre el Estado y la democracia ha estado culminándose durante miles de años. Mientras el Estado pretende ampliar su ámbito de soberanía, la sociedad lucha por preservar su existencia.

Si se quiere hacer una definición sustancial de democracia, entonces podemos decir que la democracia es la capacidad de la sociedad para formar su propia vida y administración, y para establecer las instituciones necesarias para mantener y desarrollar su existencia. En este sentido, la historia de la democracia va mucho más allá de la institucionalización del Estado. La sociedad dio un gran salto adelante en productividad con la Revolución Neolítica en la Media Luna Fértil y, con el tiempo, logró una asombrosa organización de la vida con desarrollos en la política, la economía, el arte, la fe, la agricultura y otros campos. Incluso es posible definir la democracia como la suma de los valores construidos sobre esta rica herencia. Los enfoques positivistas y liberales tienden a pasar por alto la dialéctica de sociedad-democracia y a desplegar una metodología que toma como punto de partida la civilización estatal. Este enfoque pasa por alto miles de años de trabajo social y acumulación democrática. Este enfoque no puede ser legitimado como “científico”, y también es problemático desde el punto de vista ético y político. Esta metodología tampoco ayuda en nada a resolver el problema entre el Estado y la democracia, es decir, entre el Estado y la sociedad. Buscar la solución de la actual “Tercera Guerra Mundial” que se está librando en Oriente Medio en este conflicto fundamental e histórico será un punto de partida metodológicamente lógico. Esto se debe a que la región en la que se está luchando principalmente contra la crisis actual es también la región que ha vivido este conflicto durante miles de años. ¿Es posible considerar una coincidencia que el primer lugar de la vida social y la producción sea ahora la geografía más afectada por la crisis en el mundo? Si no lo es, entonces ¿cómo ha llegado a ser esto? Será beneficioso buscar la respuesta a esta pregunta en la intensificación del conflicto histórico entre el Estado y la sociedad en Oriente Medio. Paralelamente, las intervenciones externas de los últimos doscientos años y las políticas imperialistas se han sumado al problema. El papel explotador de la modernidad capitalista europea es decisivo. Para comprender la profundidad histórica de la situación actual, no basta con analizar el fundamentalismo religioso, el ariete de la modernidad capitalista. La destrucción de la sociedad, las masacres, la inmigración y las tragedias cotidianas no están ahora a la puerta, sino que están derribando las puertas de la civilización europea. Esta situación demuestra claramente que Europa no está tan aislada de los acontecimientos mundiales como se pensaba anteriormente.

La pregunta de ‘qué hacer’ es una pregunta candente. El fascismo y el fanatismo de origen estatal amenazan ahora a todos y a todo, desde los más poderosos detentadores de poder hasta la gente de la calle, lo que obliga a todos a buscar una solución urgente a esta cuestión.

La solución democrática radical

El tratamiento debe comenzar en el lugar donde se encuentra la enfermedad. La humanidad debe ser encontrada donde se perdió. La historia nos muestra que sin paz en Mesopotamia será difícil para otras regiones vivir en paz. Las mayores guerras de la historia se han librado en o por esta región. Porque la armonía de la humanidad se desestabilizó aquí. Hasta que esta región no se reúna entorno a una administración totalmente democrática y saneada de juegos de poder manipuladores, los problemas de la región no podrán resolverse. Ésta es la solución de la democracia radical. La democracia radical es el enfoque paradigmático que considera a la sociedad como la dinámica fundamental de cualquier solución y elimina al Estado como una institución organizada de represión. A medida que se institucionalice la democracia, el Estado se marchitará. A medida que la sociedad se organice e institucionalice su voluntad democrática, se harán evidentes las manipulaciones del Estado. Esto es más cierto en el caso del estado-nación y de la realidad virtual que ha mantenido. Se comprenderá mejor el papel del Estado en el enjaulamiento de la sociedad y su explotación cotidiana. La comprensión de esta realidad abrirá el camino a la democracia radical y al confederalismo democrático como su encarnación.

El líder y pensador kurdo encarcelado, Abdullah Öcalan, lo destaca en su defensa ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos: “En estas condiciones, el poder de solución de la democracia radical y el confederalismo democrático es cada vez más claro. El Kurdistán, como cuna de la civilización, es ahora la cuna del amanecer del confederalismo democrático, de una democracia real y radical. Hay una ley de la naturaleza: todo renace en sus propias rutas. Parece que la democracia renacerá por sus caminos ocultos en la Revolución Neolítica. Parece posible que la región que todavía recibe muchos ataques de la civilización central sea la portadora de la joven democracia. Estas tierras y montañas, que han perdido durante mucho tiempo la capacidad de administrarse a sí mismas y su capacidad de ser sociedades éticas y políticas, pueden ser el escenario de un nuevo ascenso de los ‘kurtis'”.

El confederalismo democrático como la principal solución política

El confederalismo democrático es la solución primaria a los problemas históricos y sociales que la modernidad capitalista ha profundizado. A este respecto, prevé una reconstrucción paradigmática de todas las esferas de la vida social. Su unidad fundamental de reorganización de la vida social es la nación democrática. La nación es principalmente una unidad de mentalidad. El estado-nación se establece a través de construcciones nacionalistas. También despliega el sexismo, la religión y el cientificismo en su construcción sistémica. Construye formaciones ideológicas en torno a la singularización de la lengua, la cultura, la historia y el mercado. Al hacerlo, forma una realidad virtual en la que la nación y el individuo se convierten en servidores del Estado. Al mismo tiempo, la creación de un escenario democrático virtualmente representado. Todo esto sirve para profundizar las crisis sociales en lugar de resolverlas. Basta con echar un vistazo a las prácticas del estado-nación en los últimos dos siglos para comprender estas verdades. En la coyuntura histórica actual, está claro que el estado-nación no nos presenta un modelo viable para la solución de las crisis sociales. La nación democrática es la única solución ante estos problemas. La nación democrática, que organiza a la sociedad y a los individuos con una conciencia democrática, también reúne a la cultura local y universal. La historia demuestra que este tipo de sociedad ha existido en diferentes tiempos y espacios. Mientras las fuerzas del poder no se inmiscuyan en la dinámica interna y la armonía natural de una sociedad, siempre se convertirán en una plataforma para la unidad democrática.

Abdullah Öcalan destaca este aspecto del tema de la siguiente manera:

“El confederalismo democrático tiene el potencial de trascender las negatividades que surgen del sistema estado-nación. También es una herramienta eficaz para la politización de la sociedad. Es simple y de fácil aplicación. Cada comunidad, etnia, cultura, grupo religioso, movimiento intelectual, unidad económica, puede organizarse autónomamente y expresarse como una entidad política. Así es como debe entenderse la autonomía. Toda entidad tiene derecho a organizarse desde lo local hasta lo universal. Toda entidad o unidad federativa tiene derecho a aplicar la democracia directa a su estructura. De aquí se deriva todo su poder. Así como el estado-nación es la negación de la democracia directa, el confederalismo democrático es la cúspide de la democracia directa”.

En este contexto, podemos examinar más de cerca las particularidades del confederalismo democrático:

Sociedad Política y Ética

La política, aunque su significado original ha sido severamente manipulado, es esencialmente el acto de planificar imaginativamente las obras vitales de la sociedad. La ética puede definirse como la formulación de principios y normas sociales para llevar a cabo las actividades antes mencionadas. Como se puede ver, una se basa en lo material y la otra en los aspectos inmateriales de la vida. Estos dos conceptos son existencialmente significativos para la sociedad. Las sociedades éticamente vacías son propensas a la destrucción, mientras que las sociedades políticamente insuficientes son insostenibles. Ambos provocan la aniquilación de la sociedad. En este sentido, la sociedad es naturalmente política y ética.

Política democrática y autogestión

La sociedad es un organismo vivo, histórico y multifacético. Por lo tanto, es natural que la sociedad contemple una variedad de tendencias y preferencias políticas. El confederalismo democrático permite que estas diferentes tendencias existan armoniosamente dentro de un marco democrático radical sin convertirlas en ocasiones de conflicto y violencia. Si la armonía natural y la dinámica interna de la sociedad no es manipulada por una élite externa y supresora, todos los tipos de problemas pueden ser resueltos a través de la discusión en una atmósfera pacífica. Si éste es el caso, entonces todos los grupos étnicos, religiosos, culturales, sociales y de género pueden coexistir entre las instituciones políticas locales y centrales arraigadas en los principios de la política democrática. No puede haber ningún problema social que no pueda resolverse en una sociedad democrática radical con democracia directa a través de asambleas locales. Ésta es una sociedad en la que los individuos y las comunidades libres son capaces de gobernarse libremente a sí mismos sin las presiones supresoras, hegemónicas y manipuladoras de una institución de élite. En esencia, la unidad en la diversidad y la diversidad en la unidad no es una utopía, sino una realidad social.

Autonomía Económica

A lo largo de la historia, todas las élites hegemónicas han utilizado la economía como medio para controlar y esclavizar a la sociedad. Especialmente en nuestro tiempo, un tiempo en el que la modernidad capitalista ha entrado en su era de capital financiero, esto ha llegado a su punto máximo. El colonialismo económico es la forma más peligrosa de explotación para una sociedad. Una sociedad incapaz de gobernar sus propias riquezas económicas, sus medios de producción y su actividad económica estará siempre bajo el control de los que sí gobiernan estos aspectos de su existencia. La dependencia económica significa dependencia política. Esto significa entonces colonización. Este tipo de sociedad, junto con su país, es vulnerable a todo tipo de saqueos. Todos sus recursos subterráneos y sobre el terreno están abiertos al pillaje. En este sentido, el estado-nación es la herramienta del capitalismo para obtener ganancias.

En un sistema confederal democrático, no puede existir una economía basada en el beneficio, la corrupción y la mercantilización. Se construirá una economía comunal basada en un valor de uso basado en las necesidades de la sociedad. Ésta es la versión autónoma de una economía social. Podemos remitirnos a Abdullah Öcalan sobre este punto:

“La autonomía económica no se basa ni en el capitalismo privado ni en el capitalismo de Estado. Se basa en una industria ecológica y una economía comunal que es esencialmente la democracia implementada en la economía. Los límites impuestos a la industria, el desarrollo, la tecnología, los negocios y la propiedad son las fronteras de una sociedad ecológica y democrática. La economía no es un campo en el que se permita la especulación y la acumulación de capital. La autonomía económica es un modelo en el que la especulación y la acumulación de capital se reducen al mínimo. Aunque no rechaza dogmáticamente el mercado, el comercio, la variedad de productos y la competencia, sí rechaza la soberanía de la acumulación de capital. El sistema financiero es aceptable hasta el punto que sirve a la productividad económica. Considera que la práctica de hacer dinero con dinero es la forma más fácil de explotación y niega la posibilidad de hacerlo”.

Vida social y cultural

En la sociedad creada por el estado-nación, la vida social y cultural ha recibido un golpe debilitante. Las estructuras urbanas a las que han acudido millones de personas son centros de cáncer social donde el desempleo, la desigualdad social, los conflictos internos y la violencia han alcanzado cotas peligrosas. El estado-nación ha considerado a la ciudad como el centro de las ganancias, el capital y la industria y en estos centros los valores sociales, la cultura y el individuo están siendo consumidos diariamente. Los valores culturales de la sociedad y su historia se están mercantilizando y el individuo se está convirtiendo en un seguidor fanático de la cultura popular. Las mujeres están siendo sometidas a esto en una escala desproporcionada. El estado-nación ha colocado a la mujer en el fondo del montón de su “fábrica humana”. Lo hace específicamente desmembrando el cuerpo de la mujer y presentándolo como una mercancía comercializable.

La educación y la salud se han convertido en un área de explotación material e inmaterial. Mientras que la salud de la humanidad ha sido entregada a la maquinaria del lucro, el sistema educativo está siendo utilizado para formar a los seres humanos más antisociales. Esencialmente, la sociedad y el individuo están siendo arrastrados al pantano del nacionalismo, el fundamentalismo religioso, el sexismo y el cientificismo.

El concepto de nación democrática dentro del confederalismo democrático tiene por objeto revitalizar los valores de la humanidad mediante la reintroducción de la sociedad en sus valores locales y universales. La reconfiguración de la mentalidad y del espíritu significa una resocialización de la humanidad. La educación tiene que ser una vez más una herramienta para fomentar la relación dialéctica entre el individuo y la sociedad. En este sentido, la nación democrática significa el retorno de la sociedad a su propia realidad.

La ideología de la liberación de la mujer

Cuando se observa el sistema del estado-nación, se nota fácilmente que, partiendo de la familia y pasando a todas las esferas de la vida social, la mujer se ha convertido en un objeto antisocial vacío de todo libre albedrío perceptible. Esta situación, a su vez, ha engullido a toda la sociedad. Sin resolver primero este problema histórico, es evidente que no se resolverá ninguno de los problemas de la sociedad.

La nación democrática aborda este problema de manera fundamental y radical, y de este modo aplica el principio de “si las mujeres no son libres, la sociedad no puede ser libre” en su búsqueda de una solución. El sistema de nación democrática es un sistema en el que se promueve la organización de las mujeres a través de instituciones autónomas. Las mujeres, como el segmento más antiguo y más explotado de la sociedad, son las constructoras fundamentales de la nación democrática.

Autodefensa

La autodefensa es un estado natural. Todos los organismos vivos tienen un mecanismo de autodefensa. En los seres humanos, esta defensa es tanto biológica como social. Aquellos individuos y comunidades desprovistos de la versión social de la autodefensa están condenados al fracaso. Aunque pudieran sobrevivir, sólo podría ser como esclavos. En el mundo animado, sólo los humanos desarrollan sistemas de opresión tanto internamente dentro de su especie como externamente sobre otros organismos vivos. En este sentido, la autodefensa es definitivamente social y debe establecerse un sistema de autodefensa dentro de este marco.

En este contexto, la organización de la autodefensa de las comunidades locales en la nación democrática es un derecho natural y social. Por lo tanto, al mismo tiempo que se desarrolla la organización de comunas y asambleas locales, también debe construirse el aspecto de la autodefensa.

En nuestros días, y a lo largo de la historia, los kurdos han sido la comunidad más necesitada de defensa propia. Esto se debe a que los kurdos y sus regiones siempre han sido objeto de ataques físicos, sociales y culturales. Un pueblo que durante tanto tiempo ha sido objeto de ataques existenciales debe desarrollar su propia forma de autodefensa. La autodefensa, junto con su forma militar, debe desarrollarse en todas las esferas de la sociedad.

Derecho Democrático

La ley se ha convertido en la herramienta más utilizada de la modernidad capitalista. Necesita esta herramienta para el beneficio y el sistema capitalista que ha construido. La ley es la armadura del sistema y la herramienta de legitimación. Por eso, el sistema jurídico del estado-nación está preparado con sumo cuidado hasta el más mínimo detalle. La principal preocupación en este caso no es la sociedad, sino el beneficio del Estado. Esto se debe a que el estado-nación interviene constantemente en los asuntos sociales. Para dar legitimidad a esta intervención, se utilizan plenamente los sistemas jurídicos y políticos.

Por el contrario, el sistema jurídico de la nación-democracia se basa en la pluralidad y la pureza. No requiere formulaciones detalladas. Esto se debe a que esencializa la característica ética de la sociedad histórica. En cualquier caso, no hay necesidad de un sistema legal escrito si la ética social está funcionando. Una sociedad libre resuelve sus problemas a través de su carácter históricamente ético.

La diplomacia de la nación democrática

La diplomacia es la totalidad de las relaciones pacíficas en el ámbito internacional, basadas en el respeto mutuo. Las sociedades democráticas consideran la diplomacia como un ámbito para el fomento de relaciones pacíficas y respetuosas. Los posibles problemas deben ser resueltos dentro de este ámbito.

La diplomacia entre estados-nación es más una herramienta para la búsqueda del máximo beneficio a través de relaciones ritualizadas en tiempos de paz y guerra. Si, para estos Estados, las relaciones pacíficas no sirven al máximo potencial de beneficio en un momento dado, se librará la guerra. En la diplomacia nación-estado, los pensamientos de la sociedad sobre cualquier tema dado no son significativos. Incluso una rápida mirada a las guerras del siglo XX es suficiente para probar este punto.

En el sistema confederal democrático, la diplomacia de la nación democrática se basa en valores sociales. Es pacífico y libertario. La guerra es rechazada, excepto en tiempos de autodefensa. Todos los esfuerzos diplomáticos se concentran en evitar la violencia y el conflicto.

Sobre la diplomacia, dice Öcalan:

“En la nación democrática, la diplomacia se transforma en un ámbito en el que se fomentan la paz y la solidaridad entre las sociedades, se desarrollan medios imaginativos de intercambio y se busca la solución de posibles problemas. La diplomacia de la nación democrática es una herramienta para la paz, no para la guerra. Es una misión llena de valores éticos y políticos y llevada a cabo por gente sabia. Desempeña un papel importante para los pueblos vecinos en el desarrollo de relaciones amistosas en beneficio mutuo. Es la fuerza constructiva que está detrás de la creación de síntesis sociales más elevadas entre comunidades.

En nuestros días, el pueblo kurdo tiene una gran necesidad de una diplomacia entre él y sus pueblos vecinos y a escala mundial. La diplomacia desempeña un papel importante a la hora de garantizar y mantener su existencia. En el pasado cercano, específicamente durante la modernidad capitalista, el pueblo kurdo ha sido el que más ha perdido en las negociaciones diplomáticas. Esto es más cierto en los siglos XIX y XX, especialmente durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales. Los kurdos se han enfrentado a acontecimientos trágicos como el genocidio y la masacre”.

La autonomía democrática como encarnación del confederalismo democrático

El confederalismo democrático como sistema se construye y organiza a través de la autonomía democrática. Todas las unidades de la estructura confederal se organizan de forma autónoma. Estas estructuras pueden ser asambleas populares, cooperativas o academias. La unidad fundamental de estas estructuras es la comuna. En este contexto, las instituciones fundamentales para implementar una democracia radical y directa son las asambleas populares y los congresos populares. Con el fin de resolver los problemas económicos de la sociedad y satisfacer sus necesidades, las estructuras de cooperación son imperativas. La educación es la principal esfera de la conciencia social. El conocimiento de la sociedad garantizará la aplicación y el mantenimiento adecuados del sistema. Es importante llegar a todos los sectores de la sociedad mediante el establecimiento de academias populares.

“La segunda dimensión de convertirse en una nación democrática es la reorganización de la existencia física de la sociedad. La autonomía democrática es la esencia de esta existencia. En el sentido general, la autonomía democrática significa la nación democrática. La nación democrática puede definirse utilizando conceptos más generales. Tiene dimensiones culturales, económicas, sociales, jurídicas, diplomáticas y de otros tipos. En el sentido específico, la autonomía democrática es la dimensión política, es decir, significa autoridad o administración democrática”. (Abdullah Öcalan)

Podemos examinar más de cerca las dimensiones de la autonomía democrática:

La comuna es la unidad fundamental de la autonomía democrática. Sin comunas, no se pueden formar asambleas. En este sentido, la comuna es la estructura organizada más pequeña de la sociedad. En el sistema democrático, ningún ciudadano debe estar sin una comuna. Todos deben ser parte de al menos una comuna. La comuna, entonces, es la estructura fundamental para la autonomía democrática en la que los individuos libres se reúnen para discutir todos los aspectos de la vida, tomar decisiones y planificar las acciones necesarias. La comuna se puede organizar en todos los pueblos y ciudades. Sin la construcción de comunas de pueblo y de calle, no se pueden formar asambleas de barrio y de ciudad.

Las asambleas son las estructuras de autogestión formadas por individuos libres. Por ejemplo, una asamblea de barrio está formada por representantes de todas las comunas de la calle dentro de un barrio específico. Si un barrio tiene doce calles, entonces doce comunas estarán representadas en esa asamblea vecinal. Las comunas estarán representadas proporcionalmente. Algunas comunas pueden tener dos, otras pueden tener cuatro representantes. La representación de género debe ser igualitaria. La asamblea de vecinos forma comisiones en respuesta a las necesidades del barrio. En el sentido general, estas asambleas son el ámbito de la organización política, económica, social y ecológica de todos los grupos étnicos, religiosos, de género, profesionales y culturales de la sociedad. En el sistema democrático confederal se organizan asambleas a nivel de barrio, ciudad y región.

Los principios de la autonomía democrática en las comunas y asambleas pueden enumerarse de la siguiente manera:

  1. Las discusiones, la toma de decisiones y la aplicación de las decisiones deben llevarse a cabo con la gente.
  2. Debe aplicarse la igualdad de representación (género, juventud, minorías, etc.).
  3. Los coportavoces deben participar en todas las comisiones y comités.
  4. Comunas y asambleas de mujeres deben formarse en todas las localidades.
  5. Comunas y asambleas juveniles deben formarse en todas las localidades.
  6. Todas las instituciones del sistema confederal democrático deben aplicar los principios de la autonomía democrática.
  7. Todas las comunas y asambleas deben desarrollar su autonomía y autodefensa.

Öcalan identifica el funcionamiento del sistema de la siguiente manera:

“Es importante entender que incluso una aldea o un vecindario necesitará unidades confederadas. Cada pueblo o barrio puede ser fácilmente una unión confederal. Por ejemplo, en una aldea, la unidad ecológica, la unidad de mujeres, la unidad de autodefensa, la unidad de jóvenes, la unidad de educación, la unidad de folclore, la unidad de salud, la unidad de cooperación y la unidad de economía deben formar algún tipo de unidad. La unidad de estas unidades podría fácilmente ser declarada una estructura confederal. Cuando implementamos el mismo sistema a nivel local, regional, nacional y global, podemos ver que el sistema confederal democrático es un sistema integral”.

Rojava como ejemplo de Confederalismo Democrático-Nación Democrática

Desde el año 2012 está en marcha un proceso revolucionario en Kurdistán Oeste (Rojava). Las experiencias de esta revolución han sido históricas y merecen una mirada más atenta.

El fascismo nacional-estatista y la organización formada a partir del caos creado por él, ISIS, han convertido a Siria en un baño de sangre. Desde 2011, casi medio millón de personas han perdido la vida como resultado de la violencia. Millones de personas han sido desplazadas. El país ha sido destruido y el conflicto continúa. Rojava, en el norte de Siria, ha sido un ejemplo para la humanidad en medio del caos que es Siria. Rojava dio un mensaje a todo el mundo cuando fue capaz de organizar su autodefensa y consiguió importantes victorias contra las bandas inhumanas que actúan en la región. Este mensaje demuestra que incluso en medio de una guerra sangrienta, los pueblos y las comunidades pueden coexistir en un sistema nacional democrático donde la libertad, la igualdad y la justicia son soberanas.

A pesar de los esfuerzos de los Estados turco y sirio, entre otros, en los cantones de Cizire, Kobani y Afrin de Rojava, kurdos, árabes, asirios, turcomanos, musulmanes, cristianos, alevíes, yazidíes y todos los demás grupos étnicos y religiosos están intentando formar un sistema democrático conjunto. En la actualidad, en todos los cantones de Rojava se están formando comunas, asambleas y cooperativas. Incluso en la ciudad de Kobani, donde ISIS fue derrotado ante los ojos de todo el mundo, se están llevando a cabo estos trabajos. Por supuesto, no es posible decir que todas las instituciones ya estén trabajando de acuerdo con los principios del confederalismo democrático. Sería poco realista esperar que así fuera en las circunstancias actuales. No se debe esperar que las instituciones y mentalidades construidas por el estado-nación durante un largo período de tiempo puedan desmantelarse tan rápidamente.

Esta revolución está produciendo un cambio significativo e histórico a pesar de haber sido objeto de ataques intensos y de un grave embargo. Rojava presenta a Oriente Medio un ejemplo de nación democrática encarnada en el confederalismo democrático, donde los problemas sociales se están resolviendo mediante el establecimiento de comunas, asambleas y congresos. Rojava es un valor humanitario y espera el apoyo y la solidaridad de los pueblos democráticos y progresistas del mundo.

Junto con Rojava, se está desarrollando el confederalismo democrático y la autoadministración en la parte norte del Kurdistán. El Estado turco, sin embargo, ha decidido suprimir militarmente esta iniciativa pacífica y civil con la aplicación del terror de Estado. Recientemente, en las ciudades de Cizre, Silopi, İdil, Şırnak, Nusaybin, Derik, Kerboran, Silvan, Sur y Varto, el Estado turco ha llevado a cabo masacres de civiles para suprimir las iniciativas de autogestión. Sin embargo, a pesar de los intentos genocidas del Estado turco, la estructura democrática confederal también se ha desarrollado a un nivel significativo en el norte del Kurdistán.

Conclusión

Para la humanidad, el trabajo social siempre ha sido una responsabilidad profundamente arraigada. La búsqueda del desarrollo de la sociedad siempre ha sido apasionante e intensa. En este sentido, el trabajo social es relevante para las realidades históricas de la humanidad. Por lo tanto, además de ser un paradigma filosófico, político, ético, cultural y social, el confederalismo democrático es también una propuesta de solución a las crisis humanitarias de nuestro tiempo.

Por último, así es como Abdullah Öcalan declara sus pensamientos, emociones y entusiasmo sobre el confederalismo democrático como la encarnación del paradigma democrático, ecológico y de liberación de la mujer:

“Por ejemplo, si fuera yo, desde las afueras de los montes Cûdî y Cilo, a orillas del lago Van, alrededor de las montañas de Agri, Munzur y Bingöl, a lo largo de las orillas del Éufrates, Tigris y Zap, a través de las llanuras de Urfa, Mus e Igdir, dondequiera que me encuentre, como recién desembarcado del Arca de Noé después de la gran tempestad, huyendo de los nimrods como Abraham, de los faraones como Moisés, del Imperio romano como Jesús y de la ignorancia como Mahoma, inspirado por la pasión de Zaratustra por la agricultura y los animales, me adentraría en mis tareas dinamizado por la realidad social. Mis tareas serían innumerables. Habría empezado de inmediato a formar comunas en las aldeas. ¡Qué emocionante, liberador y saludable hubiera sido formar una comuna de pueblo casi ideal! Qué creativo y liberador habría sido formar y mantener una comuna o un consejo municipal! ¡Las consecuencias de formar una academia, cooperativa o comuna de fábrica habrían sido interminables! ¡Qué agradable y honorable habría sido formar y contribuir a un congreso o asamblea de la democracia general del pueblo! Se puede ver que así como no hay límites a las esperanzas y aspiraciones, tampoco hay otros límites que no seamos nosotros mismos para convertirlas en realidad. ¡Siempre y cuando poseamos un poco de honor social, un poco de sabiduría y amor!”


 

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