Entre Erdogan y los Ayatolas, estas mujeres lideran la batalla kurda por la libertad

En el 40 aniversario de la revolución islámica, lideresas de la insurgencia plantean una visión de “descentralización radical”

PJAK and KODAR co-leaders Zilan Vejin (left) and Zilan Tanya pose at an undisclosed location in Iraqi Kurdistan.
  • Fuente: Haarezt
  • Autor: Karlos Zurutuza
  • Fecha de publicación original: 19 de Febrero del 2019
  • Traducido por Rojava Azadî

FRONTERA IRÁN-IRAQ – Hace ya una hora que la carretera desapareció bajo nuestras ruedas, pero logramos maniobrar en pistas de barro que las lluvias torrenciales de los últimos días han dejado casi intransitables. El conductor y su acompañante son miembros de la Asamblea del Partido de la Vida Libre de Kurdistán (PJAK), un grupo guerrillero formado principalmente por kurdos iraníes, que ha librado una lucha armada contra el gobierno iraní desde 2004. En realidad, su casa no está lejos de este valle escarpado en el Kurdistán iraquí.

«La frontera está justo detrás de los picos», indica el copiloto, apuntando a un imponente macizo nevado. Diez minutos más tarde, media docena de combatientes, entre hombres y mujeres, nos dan la bienvenida a un grupo de chozas convenientemente protegidas por la espesura del bosque. El liderazgo de la insurgencia kurda en Irán ha accedido a reunirse con nosotros a condición de que no tomemos fotos de los combatientes ni de cualquier referencia espacial que pueda proporcionar pistas sobre su ubicación.

La bandera kurda ondea junto a una fotografía de Abdullah Öcalan, líder del PKK, encarcelado de por vida en una prisión turca.

Dos mujeres en la treintena nos invitan a sentarnos alrededor de una mesa dentro de una de las chozas. Zilan Vejin y Zilan Tanya se presentan como co-líderes del PJAK y de la sociedad democrática y libre del Kurdistán oriental, conocida como KODAR, la organización paraguas para el movimiento kurdo iraní. La paridad de género en la jerarquía de comando es una de las características distintivas del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), dirigido por Abdullah Öcalan, quien está cumpliendo una condena de cadena perpetua en una isla prisión turca desde su detención en 1999.

Hoy en día, la Unión de Comunidades de Kurdistán es la principal organización comprometida con la implementación de las ideas de Öcalan en las cuatro partes del Kurdistán, con ramas que se entrelazan desde el noreste de Siria al noroeste de Irán, así como en Iraq y Turquía. Como era de esperar, el líder kurdo encarcelado es muy venerado en esta zona de la montaña. Por el contrario, el 40º aniversario de la revolución islámica que llevó a los ayatolás al poder se lamenta profundamente.

«Durante cuatro décadas, los pueblos de Irán han sido privados de sus derechos más elementales para manifestar o expresar cualquier opinión que el régimen no desee escuchar. Es un Estado monolítico basado en una religión, el islam chiíta, y un grupo étnico, los farsis. Además, la igualdad de género es sólo una quimera,» explica Tanya. Es oriunda de Howraman, un valle que bordea Irak, y afirma haber pasado 20 años en las filas de la guerrilla.

La vida de los kurdos no era mucho mejor durante el gobierno de Mohammad Reza Pahlavi, y por ello varias de sus organizaciones apoyaron la revolución contra el Sha. Sin embargo, el nuevo régimen no abordó los problemas del pueblo kurdo, discriminado en razón de su lengua, cultura y tradiciones, y acusado de estar aliado con potencias extranjeras. La declaración del ayatolá Jomeini de la yihad contra los kurdos condujo a una guerra a gran escala donde los asesinatos masivos en ciudades, pueblos y aldeas kurdas se convirtió en moneda común.

Zilan Vejin, co-líder de KODAR, la principal organización paraguas kurda, declara que su meta es implementar el modelo político puesto en marcha en el noreste de Siria.

«Los kurdos en Irán no esperaban tal agitación, pero rápidamente se adaptaron a la situación y se rebelaron contra el régimen del Sha, encabezados por Abdulrahman Ghassemlou, el entonces líder del Partido Democrático del Kurdistán iraní,» nos explica por teléfono Dünya Basol, politólogo turco con un doctorado sobre los kurdos iraníes de la Universidad Bar-Ilan en Israel. Aunque los kurdos son predominantemente suníes, el factor religioso nunca ha sido determinante en la identificación política. Según Basol, organizaciones como el PJAK «nunca establecerán vínculo alguno con grupos islámicos radicales que también operan en Irán, ya que su objetivo principal es derrocar el régimen islámico.»

Represión y discriminación

«Hoy estamos sometidos a represión en todos los niveles: de la exclusión del mercado laboral a la persecución de todo aquél que afirme nuestros derechos más fundamentales como nación,» dice Tanya. «Es bueno ser kurda, pero también duro” añade.

Organizaciones internacionales como Amnistía Internacional han condenado la arraigada discriminación que sufren las minorías étnicas como árabes ahwazíes, turcos azerbaijani, balochis, kurdos y turcomanos, cuyo acceso a la educación, empleo, vivienda y cargos políticos es reducido. Por otra parte, las mujeres, sin importar su origen étnico, parecen ser uno de los objetivos del gobierno teocrático. Según Human Rights Watch, la mitad de la población de Irán está marginada en lo que respecta a divorcio, herencia y custodia de los hijos. Una mujer casada no puede obtener un pasaporte o viajar fuera del país sin el permiso escrito de su marido. Incluso tiene derecho a impedir a su esposa tener ciertas ocupaciones si él considera que van contra los «valores familiares».

«Occidente habla de la falta de democracia en Irán, pero la triste verdad es que es sólo una enorme prisión», se lamenta Tanya. Sentada a su lado, Vejin asiente con la cabeza mientras indica que quiere añadir algo:

«La crisis económica en el país es tan grave que están desapareciendo las fronteras entre grupos étnicos,» dice esta combatiente, que dejó su ciudad natal de Urmia, cerca de la frontera turca, para unirse a la guerrilla hace 18 años. «Las diferencias entre la élite persa y el resto de la gente han sido sustituidas por (la diferencia) entre la élite gobernante del país y la gran mayoría de la población, que vive en la pobreza.»

La retirada de Washington del tratado nuclear y las sanciones de Estados Unidos a Teherán se ven como los principales factores detrás de la brutal devaluación de la moneda iraní. Sin embargo, muchos analistas también señalan una debilidad estructural inherente en el sistema y el alto coste de mantenimiento de las milicias chiítas y Hezbolá para apoyar el régimen sirio. En un discurso televisado durante uno de los eventos que marca el 40º aniversario de la revolución, el presidente iraní Hassan Rohani admitió que el país se enfrenta a su mayor desafío económico desde el ascenso de Jomeini al poder.

Una combatiente del PJAK se entrena con su arma en el campamento del grupo en las montañas Qandil, en el norte de Irak, 18 de diciembre 2009. Yahya Ahmed/AP

La política exterior de Trump puede parecer exitosa para muchos cuando se trata de Irán, pero Vejin permanece escéptica. «No necesitamos su ayuda. La solución vendrá de dentro; será el pueblo iraní quien tendrá éxito en provocar el cambio, porque el Gobierno ya no lo puede controlar. De hecho, una situación tan insostenible ha convertido al pueblo en el mayor enemigo del régimen,» subraya Vejin, que también descarta la viabilidad de cualquier intervención militar extranjera: «lo hicieron en Irak y todos hemos visto el resultado de la misma».

Un combatiente masculino saca después el almuerzo: arroz y verduras hervidas. Muchos dirían que la comida vegetariana cocinada y servida por un hombre es una revolución en sí misma en Oriente Medio.

Descentralización radical

Las combatientes nos invitan a continuar con la entrevista mientras caminamos a través del espeso bosque, que protege de la mirada de los drones de vigilancia en esta disputada frontera. Tanya señala que aunque la guerra no ha alcanzado el Estado persa, todo Medio Oriente está sumido en el caos. Va aún más lejos diciendo que Kurdistán es el «epicentro de la tercera guerra mundial entre rusos, europeos, americanos, así como las potencias del Golfo». Turquía, agrega, es un «ariete» contra su pueblo.

Lápidas kurdas. La guerra entre los kurdos y los poderes hegemónicos en la región ha provocado decenas de miles de víctimas en las últimas décadas.

«Somos una china en el zapato de Erdogan [el presidente turco] y sus políticas neo-otomanas. Quiere exterminar a los kurdos y no parará hasta conseguirlo», dice la líder kurda antes de apuntar a las recientes amenazas de Ankara de invadir el territorio kurdo sirio tras el anuncio de Trump de retirar sus tropas. La región noreste de Siria, llamada «Rojava» por los kurdos, se ha convertido en un territorio clave para el movimiento de liberación kurdo. «Turquía teme a Rojava,» dice Tanya. Con alrededor de la mitad de la población kurda de todo el mundo dentro de sus fronteras, los temores de Ankara estriban en que Rojava pudiera convertirse en una base para los ataques del PKK contra el territorio turco.

Cuando comenzó la guerra en Siria, la minoría más populosa se distanció tanto del gobierno como de la oposición armada, e implementó un modelo político denominado confederalismo democrático sobre el terreno. Desde principios de la década de 1990, Öcalan desechó la idea de un Estado kurdo en favor de una descentralización radical: en lugar de volver a dibujar el mapa de Oriente Medio, Estados monolíticos tradicionales tales como Turquía, Irán y Siria experimentarían una atomización de la autoridad a través de la capacitación de los municipios y entidades administrativas aún más pequeñas.

«Es una democracia construida de abajo hacia arriba, donde las personas, independientemente de su género u origen étnico, pueden gobernarse a sí mismas mediante la adopción y ejecución de sus propias decisiones. Este sistema está siendo probado con éxito en Siria, y es lo que queremos en Irán», dice Tanya, justo antes de que ambas mujeres se pongan de acuerdo sobre un lugar seguro donde posar para una última foto.

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