El cambio de rumbo de Rusia en Idlib es el primer gambito de un juego de ajedrez diplomático más amplio

Camiones estacionados en el cruce de Bab al-Hawa en la frontera sirio-turca, en la gobernación de Idlib, Siria, 30 de junio de 2021 © REUTERS/Mahmoud Hassano

RT News – Scott Ritter – 17 julio 2021 – Traducido por Rojava Azadi Madrid

El voto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de la ampliación de un corredor aéreo humanitario en Siria ha sido promocionado por el gobierno de Estados Unidos como una victoria de la diplomacia estadounidense. Moscú podría tener otras ideas.

En una rara muestra de cooperación diplomática, Estados Unidos y Rusia acordaron la semana pasada una prórroga de un año de la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU para que los suministros de ayuda humanitaria lleguen al norte de Siria a través del paso de Bab al-Hawa, en la frontera con Turquía.

La administración Biden había hecho de la ampliación de esta autorización su máxima prioridad en lo que se refiere a la política estadounidense-siria. Por su parte, Rusia llevaba mucho tiempo dudando de permitir dicha ampliación, insistiendo en que debía ser sustituida por entregas humanitarias cruzadas.

Se ha denunciado que el paso fronterizo de Bab al-Hawa se utilizaba para reabastecer a los grupos militantes islámicos opuestos al gobierno sirio del presidente Bashar Assad que operan en la provincia de Idlib, fronteriza con Turquía.

El voto de Rusia a favor de la prórroga de hasta 12 meses cogió por sorpresa a muchos observadores, dadas las anteriores objeciones de Moscú.

Los medios de comunicación estadounidenses lo calificaron como una victoria de la administración Biden, subrayando la importancia de la cumbre celebrada en junio entre el presidente estadounidense y su homólogo ruso, Vladimir Putin, en Ginebra (Suiza). Estados Unidos hizo de Siria, y en particular de la cuestión del acceso continuado de las organizaciones humanitarias a los campos de refugiados situados en Idlib, una gran prioridad en esa reunión. El hecho de que Moscú y Washington hayan llegado a un compromiso sobre el funcionamiento del paso fronterizo de Bab al-Hawa, desde el punto de vista de Rusia, fue una clara señal sobre la eficacia del proceso de Ginebra.

“Esperamos que pueda ser un punto de inflexión que efectivamente esté en línea con lo que Putin y Biden discutieron en Ginebra”, dijo el embajador ruso en la ONU, Vassily Nebenzia, a los periodistas tras la votación.

Sin embargo, la situación es mucho más complicada que el juego diplomático de suma cero que promueven los medios de comunicación estadounidenses. Idlib no es solo un depósito de refugiados internos del conflicto civil de una década que ha asolado Siria desde 2011, sino que es el último reducto de los militantes islámicos respaldados por el extranjero que han estado librando una sangrienta lucha contra el gobierno sirio respaldado por Rusia. Los grupos militantes islámicos, muchos de los cuales están aliados con Al Qaeda, controlaban en el pasado gran parte de la campiña siria y operaban en los suburbios de la capital siria, Damasco.

La decisión del gobierno ruso de intervenir militarmente del lado de Assad en septiembre de 2015 ayudó a cambiar el rumbo de las fuerzas militantes islámicas. En el transcurso de los tres años siguientes, el ejército sirio, respaldado en tierra por Hezbolá y las milicias proiraníes, y en el aire por la Fuerza Aérea rusa, fue capaz de recuperar todo el territorio controlado por los militantes, salvo el último bastión que quedaba en Idlib.

La situación dentro de Idlib es compleja, ya que las distintas facciones de los militantes islámicos luchan entre sí para establecer la primacía. Muchos de estos grupos, incluido Hayat Tahrir al-Sham (HTS), afiliado a Al-Qaeda, dependen supuestamente del apoyo extranjero para su supervivencia y se les ha vinculado tanto con Turquía como con Estados Unidos para que sirvan de fuerza sustituta contra Assad. Las recientes afirmaciones del líder de la mafia turca en el exilio, Sedat Peker, sobre el presunto envío de material militar por valor de “miles de millones de dólares” disfrazado de ayuda humanitaria a HTS y a otros grupos anti-Assad que operan dentro de Idlib, no hacen sino reforzar las preocupaciones de los opositores a mantener abierto el paso de Bab al-Hawa.

Existe una verdadera crisis humanitaria en Idlib, donde millones de ciudadanos sirios permanecen alojados en campos de refugiados que son poco más que ciudades de tiendas de campaña erigidas en campos abiertos. Los refugiados dependen totalmente de los grupos de ayuda internacional para los elementos esenciales de la vida, como alimentos, agua, refugio y medicamentos. Sin embargo, con el restablecimiento del control del gobierno central sobre gran parte de Siria, y la voluntad por parte del gobierno sirio de reubicar a estos refugiados en sus hogares originales sin ninguna amenaza de represalias o venganza, hay un sentimiento creciente entre el gobierno ruso y sirio de que los refugiados se han convertido en poco más que peones políticos utilizados por los muchos enemigos de Siria, incluyendo Turquía y Estados Unidos, para crear la percepción de un régimen despótico mientras se fomenta la inestabilidad continua dentro de Idlib que sirve como un motor para motivar y reclutar nuevos combatientes anti-Assad.

Esta realidad sirvió de argumento central para la objeción rusa a mantener abierto el paso de Bab al-Hawa. Sin embargo, hay otra realidad que también guió la decisión rusa, a saber, la falta de una solución militar viable para el problema de Idlib. Rusia y el gobierno sirio están comprometidos con un curso de acción que hace que el gobierno sirio afirme el control sobre la totalidad del territorio soberano sirio, incluyendo Idlib.

Mientras Rusia y Siria siguen llevando a cabo ataques aéreos contra las posiciones de los militantes islámicos dentro de Idlib, y el ejército sirio y sus aliados ejercen igualmente presión sobre las fuerzas militantes islámicas sobre el terreno, la sensación tanto en Moscú como en Damasco es que el problema de Idlib no puede resolverse por la fuerza de las armas a menos que se esté dispuesto a desencadenar un baño de sangre que causaría más problemas de los que resolvería.

La clave para una solución en Idlib es que tanto Turquía como Estados Unidos reconozcan la inutilidad de seguir utilizándola como base de la actividad anti-Assad, y que renuncien finalmente a sus sueños de cambio de régimen en Damasco. Sin embargo, este cambio de política no se producirá de la noche a la mañana y requerirá una considerable cooperación diplomática por parte de todas las partes implicadas, incluida Rusia. El acuerdo ruso de mantener abierto el paso de Bab al-Hawa durante un año más, visto así, representa el primer asalto de una larga batalla diplomática sobre el futuro de Idlib, Siria y Oriente Medio en su conjunto.


Scott Ritter es un antiguo oficial de inteligencia del Cuerpo de Marines de EE.UU. y autor de “SCORPION KING: America’s Suicidal Embrace of Nuclear Weapons from FDR to Trump”. Sirvió en la Unión Soviética como inspector de la aplicación del Tratado INF, en el Estado Mayor de Schwarzkopf durante la Guerra del Golfo y de 1991 a 1998 como inspector de armas de la ONU.

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