"Cuando ví a las montañas, me sentí al fin en casa". Entrevista con heval Rûken, internacionalista alemana en la guerrilla de Kurdistán

Hace siete años heval Rûken decidió irse a las montañas del Kurdistán. Como una mujer europea de izquierdas, se unió al Partido de Trabajadores del Kurdistán. Hablamos con ella sobre las diferencias entre el movimiento revolucionario en Alemania y Kurdistán, el patriarcado, la colectividad y sobre todo lo que le ha molestado en la izquierda alemana.
Si nos fijamos en tu biografía, te tocó vivir al menos dos mundos del movimiento de izquierda. Por un lado la actividad política en Europa durante mucho tiempo y a continuación siete años trabajando en el Partido de los Trabajadores del Kurdistán. ¿Puedes decirnos cuál, en puntos generales, fue el factor decisivo para que te fueras de Europa y qué era lo que has encontrado allí y no podías encontrar aquí?

He sido políticamente activa en Europa por mucho tiempo. Al movimiento kurdo lo conocía también desde hace mucho tiempo, pero al principio tomé la decisión consciente de no unirme a él porque entonces pensé que era importante desarrollar de nuevo nuestra propia fuerza en Europa. Eso fue en la década de 1990.
En épocas anteriores había un movimiento bastante fuerte, pero a partir del 1989 se iba debilitando cada vez más. Aún así, existía la esperanza de que algún día pudiera haber otra vez un refuerzo. En ese sentido no es que estuviera atrapada en un punto muerto. En aquel entonces busqué en diferentes grupos como se podría mejorar lo que hay, sobre todo en el movimiento de mujeres y el movimiento antiracista. Traté de aguantar durante mucho tiempo, pero finalmente ya no podía más.
Fui por un tiempo al Kurdistán, a Amed, y allí conocí mejor el movimiento y también me dí cuenta de que el movimiento en Kurdistán es muy diferente que en Europa. Entonces me dije a mí misma: si digo que soy una revolucionaria, tengo que trabajar como una revolucionaria y vivir como una revolucionaria. En ese momento vi que me gustaría ser revolucionaria, pero que no estaba siendo capaz de serlo. “No funciona, no lo soy, me estoy mintiendo a mí misma” pensé.
A continuación, tomé la decisión de que no había otra manera de ser parte de una revolución, sino unirme al PKK. Por eso me uní. Naturalmente, antes pregunté y me dijeron: es posible, pero vas a tener muchas dificultades. Eso era muy bueno, los amigos me lo han dicho por lo menos tres veces y luego, cuando había problemas, siempre tuve que reírme, porque tenía que recordarme que ya me lo dijeron.
Y luego tuve que vivir con esto. He dicho “lo acepto y está bien así”. En aquel momento pensé, sin embargo, que las dificultades van a surgir principalmente en un nivel físico. Más tarde me di cuenta de que hay muy diferentes tipos de dificultades. No entendía algunas cosas, tuve algunos sueños que no se realizaron como me los imaginaba y así sucesivamente. Pero desde entonces sigo aquí.

Has dicho que en el movimiento antiracista y feminista había algo que no funcionaba para ti. ¿Qué fue eso exactamente? ¿Cuáles fueron las dificultades concretas que parecían o incluso eran insuperables ?

Queríamos una alternativa al sistema capitalista y patriarcal…y eso no funcionó. En Europa en los años 70 y 80 existía todavía un movimiento de mujeres. Fue debilitado en los años 90 a través de diversas estrategias del Estado, por un lado por una política de divide y vencerás y por otra parte, mediante la integración en el sistema. Cosas que se han construido se han perdido. Incluso muchos de los valores que antes se podrían trasmitir, hoy en día han desaparecido. También los valores como “la solidaridad entre las mujeres” en la actualidad ya no están tan presentes como lo eran todavía en ese momento.

Así que queríamos construir algo, pero al final perdimos incluso más. Especialmente la integración en el Estado ha funcionado tan perfectamente que ahora mis propias amigas piensan en el mismo nivel que el Estado y están dentro de las mismas estructuras. Entonces estás allí otra vez sola y otra vez aislada. Nuestros movimientos se iban aislando cada vez más. Seguramente lo sabéis tan bien como yo. Claro que durante mucho tiempo reinó esa mentalidad de «ya será, un día», hasta que en algún momento simplemente me he dado cuenta de que «No, eso ya no volverá».
Esto también se ha convertido en un problema para mi, porque sí que he perdido la confianza en una revolución en Europa. Sin embargo, veo en el PKK un movimiento y una ideología para toda la humanidad que se extenderá poco a poco en todo el mundo. En el comienzo aquí y luego tal vez en algún lugar de Europa.

En Europa hay muchas cosas que se fueron perdiendo en la historia de los últimos 5000 años, pero sobre todo en los últimos 400 años. Hace 400 años la familia nuclear, en la forma como la conocemos hoy en Europa, no existía todavía. Las mujeres tenían un papel más activo en la comunidad y también había todavía un tipo de vida comunal. El capitalismo se ha construido sobre la violencia. El asesinato de millones de mujeres marcadas con el fuego como brujas y el asesinato de millones de disidentes durante la Inquisición era una condición previa necesaria para la imposición del capitalismo.

Ahora, con el capitalismo, hay un sistema donde las personas viven entre sí como extrañas y son como extrañas para sí mismas. En este sentido, es difícil hablar de “la sociedad en Europa”. Aquí la sociedad es muy esencial. Respecto a la sociedad, se puede ver una diferencia entre la ideología de serokatî (1) y la mayoría de las ideologías marxistas. Estas últimas, a pesar que sus principios son buenos, en ciertos puntos no van más allá. En estas ideologías el énfasis está en la economía y la opresión económica. Pero el problema es mucho más profundo. El problema es tan profundo que no puede resolverse únicamente a este nivel. Durante los últimos 5000 años el sistema patriarcal ha aniquilado la mayor parte de los valores humanos y hay que reconstruirlos o descubrirlos de nuevo. Un sistema de dominación tan importante como el patriarcado no puede simplemente ser excluido del análisis.

Quedémonos un poco más en la cuestión de colectividad, este tipo de rêhevaltî (2), amistad que prevalece entre lxs combatientes de la guerrilla kurda. Tu dices que en Europa la gente está muy aislada una de la otra. Nos conocemos muy poco entre nosotrxs, la vida colectiva ha sido destruida. La descripción es ciertamente verdadera. ¿Cómo difiere eso a la coexistencia en la guerrilla, a la convivencia en las montañas? ¿Cómo lo veías cuando llegaste? ¿Cómo te encontrabas allí? ¿Qué cosas en concreto te han dado la sensación de que aquí se vive una vida más humana?

Allí de donde vengo, no hay montañas. No sabía absolutamente nada de las montañas y no hablaba kurdo. Cuando llegué por primera vez aquí a las montañas, realmente tenía la sensación de estar en casa. De hecho suena totalmente absurdo. Todo era extraño, pero ya desde el primer momento me sentí como si hubiera llegado a casa después de muchos años.

Tenía que aprender todo de nuevo, desde el idioma hasta la forma en que la gente se relaciona entre sí, pero también hay similitudes. Antes ya había intentado vivir en estructuras colectivas y en los movimientos de izquierda también hay principios comunales. Sin embargo, lo que entendemos en Europa de la colectividad y la vida comunal es algo muy diferente a como lo entendemos nosotrxs aquí.
Aquí realmente sientes a la otra persona. Sientes como están y cuando lxs demás están mal, tu también te sientes mal. Ya no estás separadx de tus compañerxs. En Europa, incluso si vives en la estructura comunal sigues separadx de lxs demás, ya que todavía estás separadx de ti mismx. Aquí se está logrando, poco a poco, a derogar esta separación. Por lo tanto la vida comunal no es algo que, de una u otra manera, viene desde el exterior. La persona está tan unida con sus compañerxs como con su propio cuerpo. Del mismo modo que no puedes separarte de tu brazo, tampoco puedes separar tus compañerxs de ti.

¿Qué significa esto para la vida cotidiana?

Siempre hacemos todo juntxs y sin que se nos pida. Trabajamos juntxs, vivimos juntxs, estamos atentxs a lo que necesitan lxs demás y tratamos de entender las diferentes necesidades de cada unx. Todo el mundo conoce muy bien a lxs demás y también sabemos cuáles son las diferentes necesidades de cada unx, porque unx forma parte de la otra. Por lo tanto, si surgen problemas es fácil resolverlos conjuntamente.

Especialmente en las estructuras militares, en las montañas, estáis juntos 24 horas con vuestrxs amigxs. ¿Sentiste a veces la necesidad de tener tu propio espacio a donde podrías retirarte?

No. A menos que sucediera algo que me hiciera enojar. Pero aún así se trata más bien de que necesito una hora para pensar, y luego a menudo veo que en realidad era mi culpa. Pero eso es más que nada una estrategia personal para no hacer daño a nadie. En Europa yo era mucho más agresiva de lo que soy ahora, y no podía manejar tan bien mi ira como lo puedo hacer ahora. La sociedad en Europa es de todos modos bastante agresiva. Reprimida, eso sí, pero la agresividad está allí. Ya que viviendo aquí, en una sociedad muy diferente, una también va cambiando y además gracias a que no vives todo el tiempo dentro de unas relaciones opresivas, también te sientes mucho más relajada.
Una amiga me dijo una vez: «Tu al principio eras como la pólvora, y ahora eres como la gasolina. Todavía estallas, pero ya no tan rápidamente.»

Muy diferentes deben que ser aquí las relaciones entre hombres y mujeres. ¿Podrías hacer una comparación entre tus antiguos compañeros en Europa y tus compañeros aquí? ¿Qué comportamientos son diferentes aquí? ¿Cómo se expresa en la vida cotidiana el lema «matar a la masculinidad»(3)?

La gran diferencia es que aquí tenemos un movimiento de mujeres muy fuerte y hay muchísimo debate alrededor de ello. Gracias a esto hay mucho más respeto. Claro que hay peleas entre hombres y mujeres, pero hay más respeto y las mujeres juegan un papel muy importante en todos los niveles de la revolución. En Europa, la idea corriente es más bien: «No hay patriarcado, todxs somos iguales.» Por eso el patriarcado es mucho más fuerte y es mucho más difícil de luchar contra él. En Europa siempre había peleas con compañeros masculinos, pero no tenías un apoyo real, ni de otros hombres ni de compañeras. Bueno, después de todo, no hay patriarcado. Es simplemente un problema individual. Las problemas no se ven generalmente en el nivel del patriarcado y los hombres entre sí llevan esta discusión mucho menos.
Es por eso que en este nivel estamos aquí mucho más avanzadxs que en Europa. Especialmente para los hombres en Europa sería muy importante confrontarse con el patriarcado y sus 5.000 años de historia. No puedes ser socialista si no te confrontas con esta historia, con lo que en esta sociedad significa el hecho de ser un hombre o una mujer. Eso no funciona. No puedes ser de izquierdas y querer construir una alternativa si no te has confrontado con 5.000 años de patriarcado y lo que este hace contigo como persona.
Este debate está presente aquí 24 horas al día y es por eso que en este sentido no hay problemas. Cuando, a veces pasa, aparecen los problemas, se abordan de inmediato. En estos casos existe también el apoyo de los compañeros masculinos. Cuando un compañero no ve o no reconoce la fuerza de una compañera, será criticado también por los demás compañeros masculinos. A estos mecanismos nos hemos conquistado.
Esta lucha en Europa, sin embargo, no está. Las mujeres sí pueden estudiar y tomar posiciones de liderazgo y así sucesivamente. En los movimientos de izquierda en Europa, las mujeres juegan un papel importante y son muy activas, pero a pesar de ello esta lucha no se ve como una prioridad y el patriarcado no está superado. La cuestión, de hecho, no es en cuánto las mujeres juegan un papel en el movimiento, pero si tenemos algo que oponer al patriarcado y si podemos construir realmente una alternativa.

El sistema con todos sus valores, con la forma en que pensamos y sentimos, nos impregna profundamente. Este sistema hay que cambiarlo. La igualdad en Europa, por lo que yo he vivido personalmente, significa renunciar a mi feminidad. Es decir, puedo ser igual como un hombre. Con una identidad femenina no te tomarán en serio. Aquí eso no es así. Una tiene su identidad femenina, pero como mujer tiene un papel delantero, tanto en el ámbito militar como político.
Hay interés en un nuevo sistema del pensamiento, del sentimiento, en los nuevos valores que, en parte, ya había aquí. No es que todo fuera arrasado hasta los cimientos. En Europa estos valores fueron destruidos mucho más profundamente. La lucha en contra de la identidad kurda es de hecho una batalla que se está librando para que el capitalismo se establezca mejor aquí.

Quedemos un rato más en este punto. Öcalan escribe que esta ruptura con los 5.000 años de patriarcado ha de entenderse como «divorcio total». Esto también significa que las relaciones monógamas entre dos personas y la familia nuclear deben ser cuestionadas porque allí se reproducen los mecanismos de dominación. En la guerrilla la sexualidad como tal no existe realmente, pero ¿cuál es el concepto para el resto de sociedad que no está en la guerrilla? ¿Cómo sería un concepto futuro de la convivencia en una sociedad liberada?

Hay el concepto de que deben de ser posibles las relaciones a nivel de igualdad, pero no la igualdad en el sentido occidental de «hombres y mujeres son iguales», sino realmente intentar de nuevo fortalecer dentro de la comunidad los valores como el colectivismo y el sentido de comunidad. En este nivel, hay que ver también cuáles formas pueden tomar las relaciones entre los hombres y las mujeres. Es posible que tales relaciones tomarán forma de una familia, pero también puede ser que en el futuro se encuentran otras formas.

Lo que pasó en el mundo occidental es que debido a la crítica del movimiento feminista, la familia ha sido rechazada y ahora tanto los hombres como las mujeres se quedan más bien solxs, los divorcios se han vuelto normalidad pero las dificultades para las mujeres con niños crecieron en vez de disminuir. Claramente este no es nuestro objetivo. En Rojava también hemos visto que recientemente muchas mujeres se han separado. Esta no es la solución. Ya que luego las mujeres están allí solas con los niños. Si es posible encontrar en la familia una solución donde la convivencia funcionase a nivel de respeto e igualdad, sería mejor.

Otro ejemplo de Rojava es que estamos construyendo un pueblo de mujeres, para las mujeres cuyos maridos han caído y las que por otras razones no tienen marido, pero sí niños. El pueblo va a tener todo lo necesario, es decir la agricultura, colectivos de trabajo, pequeños talleres, escuelas y así sucesivamente. Esta es una clara alternativa para las mujeres de vivir de manera diferente, conviviendo con otras mujeres y pudiendo cuidar de sus hijos.

¿Cómo están en general en Rojava los avances en el desarrollo de esta economía local?

Lentamente se está avanzando. Tratamos de construir un nuevo sistema en todos los ámbitos de la sociedad, es decir los medios de comunicación, la economía, la comunidad y la ecología, los asuntos sociales y la salud, la diplomacia, la educación, la política, el arte y la cultura como también la autodefensa.
En los países en que haya habido o hay dictaduras tenemos que trabajar en las condiciones que se dan e inicialmente crear además una conciencia necesaria para un nuevo sistema. Te voy a dar un ejemplo: Queremos establecer una cooperativa en Rojava. Y algunas mujeres kurdas dicen: “¡Ah, qué guay, entonces las mujeres árabes van a trabajar para nosotras!” Así que hay muchas dificultades que superar.

Sin embargo, en todas las regiones de Rojava se construyen ahora las comunas y se está tratando de implicar a todas las personas que viven allí en el nuevo sistema. La educación es esencial aquí, porque el requisito previo para que esto funcione es que la gente puede creer en ello.

¿Qué pueden aprender revolucionarixs en Alemania de este proceso?

Hay algunas cosas básicas: cuando dices que quieres abolir el capitalismo y empezar algo nuevo, no es suficiente montar manifestaciones. Esto puede ser una parte de ello. Pero la ideología no es sólo algo que está dentro la cabeza. La ideología también significa implementar una manera de vivir diferente, una alternativa real. Y para esto hay que entender cómo profundamente llega el sistema de dominación. Y no decirse a sí mismx constantemente: yo soy socialista, por lo tanto soy mejor que todxs lxs demás. Eso es una chorrada. Soy igual que todxs lxs demás. Recibí entrenamiento, aprendí el mismo sistema. “Somos de izquierdas, así que somos lxs buenxs” es de todos modos una chorrada.
Salir realmente de este sistema, entender que la ideología es más que una convicción. La ideología es una manera de vivir. Cambiar algo en este terreno en Europa es difícil pero ciertamente no imposible.

De hecho lo que me molesta en una parte de la izquierda alemana, es que realmente leen un montón, creen que lo entienden todo, pero no actúan sobre ello. La revolución no es sólo teoría.
Tiene que haber un debate conjunto con otras personas. Si no logras romper el aislamiento, nunca habrá una revolución. Se necesitan verdaderas estructuras comunales. Sin ellas es imposible.

Criticas a la gente en Alemania, diciendo que a pesar de acumular una gran cantidad de conocimiento acerca de lo se debería hacer, luego no lo ponen en práctica. Yo creo que esto está relacionado con un miedo muy concreto. El miedo de perder las cosas que todavía tienen. Antes has hablado de la necesidad de una nueva seriedad. Me pregunto, ¿cómo lo viviste tu a la hora de llegar allí? Es decir, allí puedes morir en cualquier momento, la amenaza del enemigo siempre está ahí. ¿Tenías miedo?

Creo que hay otros miedos que son más importantes que aquel de morir. El miedo a estar sola. O el miedo de que todo lo que estás haciendo sea en vano. Creo que tales miedos son mucho más esenciales. Y estos miedos son mucho más presentes en Europa. Porque estás sola. Puede ser que trabajes 24 horas al día como revolucionaria pero logras muy poco. Siempre estás separada de lxs demás. Aquí eso no existe. Aquí eres parte de una vida comunitaria. Por lo tanto te sientes segura.

Este miedo de que la gente te expulse porque actuaste de manera incorrecta, no está aquí. Lxs amigxs no renuncian a nadie, te traen de vuelta y preguntan: ¿Por qué haces esto mal? Esto no es así en Europa. Allí si hiciste algo mal, te echan y estás fuera, para siempre. Aquí no hay este miedo y que eso fue liberador para mí. De los miedos que tenía en Europa, me deshice aquí.
El miedo a la muerte es por lo tanto relativamente nulo. El miedo a no ser capaz de vivir, me parece mucho más existencial. Y realmente no se puede vivir en Europa. Lo que tenemos en Europa no es una vida. En Europa estamos educadxs desde la niñez a temer. Eso también es un mecanismo de dominación que sirve para hacernos controlables.

Bueno, aquí sí que te puede caer una bomba. Pero no te sientes abatida por ello todo el día y además sabes cómo protegerte de ello. Esto no te inutiliza todo el tiempo. Incluso en situaciones de guerra es similar. Claro que disparan en tu dirección, a veces sabes de dónde vienen las balas. Aún así, no se siente tanto el miedo. Al dolor físico se le puede aguantar. El miedo de estar aislada y sola es, sin embargo, mucho peor.

Antes has mencionado brevemente que vosotros apostáis por una versión del socialismo diferente del socialismo del siglo XX. ¿Podrías nombrar brevemente las principales diferencias?

El socialismo y la democracia siempre deben ir de la mano. Pero la democracia de la que hablamos no se basa en eso de ir a las urnas cada cuatro años. Se trata de que la gente pueda plasmar su vida conjuntamente.

Y si quieres lograr algo correcto, no puedes hacerlo con los métodos equivocados. No puedes ejercer tu propia dominación para superar la dominación. Sólo a través de la democracia puedes tratar de construir una sociedad socialista. En el socialismo real, otra vez un grupo ha ejercido la dominación. No puede ser que un grupo se erija por encima del resto de la sociedad y diga: “Nosotrxs sabemos más y ahora haremos las cosas así”.
Si miras a Rojava, ves que la gente construye su propio sistema. Y repetidamente vienen de la población criticas dirigida a lxs cuadros y estxs últimxs tienen que confrontarlas. En realidad, es la población la que hace la revolución.
Los Estados son sistemas de dominación. Nosotrxs creemos que las personas que ejercen la dominación no pueden construir una sociedad libre. Por lo tanto lo tenemos bastante claro: Ningún estado, sino una democracia desde abajo.
Este enfoque sería importante también para Europa. Hay que darse cuenta de que el problema no consiste sólo en la distribución desigual de la riqueza, pero que en la existencia misma de un sistema de dominación que se manifiesta en muchos niveles. Hay que pensar como superar este sistema y deshacerse de las implicaciones que tiene en la gente.

Hemos estado hablando sobre algunas cosas que no se abordan en Europa, al menos en los medios de comunicación de masas, como la superación del patriarcado, la vida colectiva, etc. Para acabar, vamos a hablar un poco acerca de la situación actual. Durante de Newroz hemos hablado con muchxs amigxs que tienen una expectativa de victoria. El lema era de hecho “Mutlaka Kazanacağız!”, es decir “En todo caso, ganaremos”. ¿Cómo podrías evaluar el posible desarrollo de la guerra en el año que viene?

No puedo ver el futuro. Definitivamente habrá una lucha dura. Al mismo tiempo la construcción de nuestras estructuras en las diferentes regiones va a continuar. No creo que la guerra termine en un futuro próximo. Es demasiado importante para las diferentes potencias. Especialmente en Rojava y Bakûr el conflicto se va prolongar.

Pero el Newroz nos ha demostrado que la población sale a las calles a pesar de la posibilidad de que haya atentados y ataques. Muchxs se han manifestado y han celebrado este día. Esto ha demostrado cómo de grande es el impacto de nuestro movimiento entre la población.

Sin embargo, la guerra continuará. Porque no es una guerra entre Turquía y lxs kurdxs o entre Siria y lxs kurdxs. Es una guerra internacional. Esta región es crucial para las diferentes potencias hegemónicas. Rusia, Estados Unidos, Europa…todos ellos apustan por la guerra. Para ellos la guerra es algo bueno, especialmente si no se lleva a cabo en sus propios países. Por lo tanto, me imagino que tienen un interés en que este caos no termine demasiado pronto. Estas potencias mundiales hacen todo lo posible para asegurar su influencia en Oriente Medio. La guerra les da dinero. Por otra parte, esta guerra es también un reflejo de las contradicciones globales del capitalismo.
Pero, al mismo tiempo, y eso se ve muy bien mirando a Rojava, a pesar de la guerra hemos sido capaces de construir nuestro propio sistema. Y esperamos que este también sea el caso en Bakûr.

Has dicho que la guerra que haya en la región no es solo un conflicto local, sino internacional. Tu misma vienes de una tradición antiimperialista. ¿Cual crees que es la tarea de las fuerzas antiimperialistas en Europa?

Organizarse. Si no hay intentos propios y serios de organización, tampoco habrá base para solidarizarse con algo. Por lo tanto, la primera tarea es construir una base propia. El capitalismo está logrando hacer imposible esta organización en diferentes niveles. El enemigo usa varias estrategias, como crear la desconfianza y conflictos internos. En muchos grupos de la izquierda alemana, la gente está siempre ocupada con los conflictos internos y casi no es capaz de ir más allá. Esto roba energía y tiempo. Los conflictos internos, la desconfianza, el miedo – estas son las armas más poderosas del capitalismo. Es importante entender que no sólo la justicia y los gases lacrimógenos son armas utilizadas por la policía. Especialmente en las ciudades se utilizan otras armas.
Si no vais a estar organizadxs en Europa, vuestra solidaridad con la lucha aquí no tendrá ningún efecto. «Kurdistán me parece guay» – tamam, bien. ¿Y qué?. Si no tienes ninguna base, tampoco puedes hacer algo en contra de tu propio Estado. Y si ni siquiera hablas con tus vecinxs, ¿cómo se va a construir esta base? Si no conoces a tus vecinxs, sus penas y deseos, no puede haber una organización.

Notas de traducción:

*Lower Class Magazine es un colectivo ubicado en Alemania que publica reportajes, entrevistas y análisis políticas desde 2013. La entrevista se hizo en abril pasado, en alemán aquí: http://lowerclassmag.com/2017/03/als-ich-die-berge-sah-fuehlte-ich-mich-endlich-zuhause/

1. “Liderazgo” en kurdo, aquí se refiere a Abdullah Öcalan.
2. También hevaltî, significa compañerismo en kurdo.
3. «Erkeği öldürmek» ( “Matar la masculinidad”) se llama en turco un libro de entrevistas con Abdullah Öcalan editado en finales de los años 90, cuyo titulo se convirtió en todo un concepto y lema que ahora forma parte de los principios básicos de la filosofía de PKK. Öcalan dice, entre otras, que “(…) El hombre se convirtió en el Estado para luego transformarlo en la cultura dominante. Las clases y la opresión sexual se desarrollaron conjuntamente; la masculinidad produjo el sexo dominante, la clase dominante y el Estado dominante. Si analizamos al hombre en este contexto, es evidente que la masculinidad debe ser matada.(…)” En castellano, por razones que sea, se estableció referirse al mismo concepto como a “matar al macho dominante” (o incluso “matar” al hombre clásico…), expresión sacada de la continuación del mismo texto, donde Öcalan concluye: “De hecho, el principio básico del socialismo es matar al hombre dominante.” Más allá de las posibles (mal)interpretaciones, tal traducción conscientemente sugiere que a pesar del innegable dominio del patriarcado la masculinidad en sí no tiene por que ser negativa, una concepción peligrosamente relativista, especialmente considerando el hype que gozan recientemente campañas igualitarias concebidas dentro del seno universitario que, apoyadas económicamente por los Estados (neoliberales y progresistas, eso sí…), promueven a “las nuevas masculinidades”.
 
 

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