Cientificismo – Re-colonización de la mente.

maxresdefault_live

Ciertos patrones de pensamiento determinan la forma en que nos vemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Estas epistemologías están impregnadas por las relaciones de poder existentes. ¿Cómo criticaron las feministas estas formas de pensar y cómo tenemos que dar un paso adelante? ¿Cómo puede ser una ciencia feminista?

Ponente: Dra. Muriel González Athenas
«Desafiar la Modernidad Capitalista II» – Hamburgo, Alemania – 3 abril 2015

Video – Muriel González Athenas

Maneras Colonizadas de Pensar: Sugerencias para una epistemología feminista
Estoy encantada de poder discutir el tema de la colonización del pensamiento con activistas del movimiento de liberación kurdo y, en este sentido, quisiera una vez más agradecerles cordialmente la invitación.
¿Por qué necesitamos una epistemología crítica y, como sostengo, una epistemología feminista? Nuevos estudios, que incluyen también las percepciones del movimiento feminista radical, se preguntan por las funciones políticas de las ciencias (naturales). Esto se basa en la idea de que la interpretación y legitimación de las injusticias sociales se definen, en las ciencias, como una diferencia natural. Lo anterior no debe resolverse sólo por medio de la crítica ideológica, porque las desigualdades en las estructuras del conocimiento están consagradas en el concepto de objetividad y, por lo tanto, naturalizadas. De ahí la preocupación de los estudios de la ciencia feminista por hacer visible la brecha de género como subtexto, como una epistemología de la historia de la ciencia. Pero no sólo el campo de las relaciones de género y sus asimetrías se ha ubicado en el centro de la crítica, otras áreas de las producciones dominantes de conocimiento social como el nacionalismo, la ciencia, el sexismo, la religión, etc. han sido observadas críticamente. Así, en sus escritos analíticos, muchos de los cuales lamentablemente aún no han sido traducidos, Abdullah Öcalan también menciona correctamente estas categorías y las critica como patrones de pensamiento y prácticas sociales que necesitan ser superadas. El enfoque de esta contribución pretende mirar un poco más en profundidad dentro de estas categorías y se pregunta por las condiciones de producción de conocimiento, sobre los esquemas de pensamientos evidentes en sí mismos, tras la matriz de la moda del pensamiento europeo occidental.
En primer lugar, debemos reconocer ante todo que las sociedades actuales están drenadas de mecanismos, hallazgos, ofertas discursivas e instrumentos que se refieren a la ciencia. El papel de la ciencia ha adquirido cada vez más significado desde el período de la Ilustración Europea. Es crucial mirar este status social indiscutible de las ciencias o modelos cognitivos científicos y analizar su conexión con las estructuras sociales asimétricas.
A continuación, explicaré los desarrollos históricos de algunas influyentes epistemologías de la ciencia, con el fin de discutir seguidamente algunos enfoques y modelos de la epistemología feminista.
La construcción de las ciencias
¿Cómo surgieron los paradigmas dominantes y epistemológicos de las ciencias modernas? Quisiera explicar este proceso mediante el ejemplo de la ciencia de la historia y la categoría de género.
En la segunda mitad del siglo XVIII, las universidades y los círculos ilustrados solían pensar en cómo podría construirse una teoría de la historia y la historiografía sobre nuevos pilares conceptuales. Les recuerdo que esto se produjo en pleno debate sobre la historia de la aparición de los estados-nación en muchos países de Europa. Europa Occidental había dejado atrás sus guerras religiosas y las regiones permanecían divididas secularmente, el mundo parecía haber sido «descubierto» y ahora se estaba dividiendo políticamente, se introducían en el mercado nuevas tecnologías de producción en masa, la categoría del trabajo se convirtió en el dispositivo normativo y estructurante a través de la movilidad general y, así, la alfabetización hizo posible el “cientificismo” (o la difusión del «conocimiento») en las sociedades cristianas occidentales.
La ciencia de la historia se veía a sí misma desafiada en su proyecto de teorización para colocar la abundancia de fenómenos en el tiempo y el espacio en un orden comunicable. En abstracto, el énfasis se encontraba en una relación jerárquicamente percibida del todo con las partes, lo general con lo específico, así como con la imaginación de la igualdad de lo diferente. Prácticamente esto significa que la re-conceptualización de la ciencia del ser humano se fundó sobre dos jerarquizaciones concluyentes: La primera, la metáfora educativa, culturalmente comparativa, que sitúa a los europeos del occidente cristiano como educadores de la humanidad por encima de todos los demás seres humanos. Las analogías entre la educación infantil y las etapas del desarrollo de la historia humana fueron innumerables (por ejemplo, «The» de Gotthold Ephraim Lessing). Y la segunda jerarquización -a través del desarrollo de la antropología específica de la mujer-, la tendencia a ver la masculinidad en el rasgo humano general y la resultante construcción de una masculinidad específica. Por ejemplo, la ginecología, recientemente desarrollada por expertos médicos y biólogos quedó atribuida al sexo femenino, mientras que el sexo masculino abarcaba las diversas ambiciones cognitivas y fue tratado en diversas disciplinas académicas.
Por tanto, no es de extrañar que lo que se estableció como ciencia de la historia a nivel universitario en los estados-nación del siglo XIX, y como historia científicamente investigada, ganase cada vez más significado, mientras que las mujeres quedaban completamente ausentes de esta lectura de la historia y apenas aparecieran en intereses historiográficos como sujetos. Así, el entendimiento científico de la historia reflejó y cimentó la asunción antropológica de que el sexo femenino pertenece más a la naturaleza inmutable que a la cultura, que se vuelve hacia el cambio histórico. Este nuevo concepto de historia general, con la aplicación de conceptos y métodos vinculantes del cientificismo del relato histórico, bloqueó así el acceso al enfoque científico de la historia de las relaciones de género y se centró en su tema principal: el hombre blanco, de clase media, cristiano, de Europa occidental.
Cuando las mujeres obtuvieron acceso a las ciencias y a la política, los rígidos papeles de género del siglo XIX ya habían cumplido sus funciones y atribuían a las mujeres ciertos roles. Estos roles dejaron de mantenerse tan rígidos y se permitió a las mujeres el acceso a las universidades. Pero apenas cambiaron la construcción de lo femenino hasta hoy. Están instalados externamente a la historia y, por tanto, trascienden muchos momentos históricos diferentes, porque supuestamente la naturaleza de la mujer trasciende todos los eventos sociales. Estas construcciones, aunque no se correspondan con las experiencias históricas y sociales de las mujeres, constituyen un sistema de referencia que sirve para asegurar la jerarquía de los géneros. Así, desde la perspectiva y la crítica de la ciencia feminista, el modelo de género se entiende como un término funcional, posicional y relacional que atraviesa otras categorías de estructuras sociales, como la clase y la etnicidad y, de este modo, perfila éstas de una manera específica.
La postmodernidad no trajo consigo ninguna otra igualdad, aunque el discurso público y dominante trata de darnos esa impresión. La política de los principios universales o también las referencias globalizadas han revelado claramente sus rasgos totalitarios, por medio del instrumento de la socialización, la idea de la igualdad se convirtió en la reversión del alineamiento, en la eliminación de la diferencia que a menudo significaba lo mismo que la destrucción del otro. En este proceso, los siguientes paradigmas o, mejor aún, las epistemologías, es decir, los esquemas de pensamiento, fueron presentados como la base de las ciencias modernas:
– Dicotomías, pensamiento binario: Las especificidades y la base funcional de las sociedades modernas, las formas de vida modernas, el conocimiento moderno, se describen con dicotomías. En este proceso se construyen pares de nociones constructivas para nuestro pensamiento: Estado/familia, hombre/mujer, adulto/niño, individuo/sociedad, naturaleza/cultura, igualdad/diferencia, universalidad/particularidad, mecánico/orgánico, egocentrismo/solidaridad, uso comunitario/uso privado y, como resultado, modernidad/postmodernidad. Uno podría continuar perpetuamente esta lista. Esta dicotomía de experiencias y conceptos, de práctica social y de diferencia teórica, se reduce a aspectos funcionales, construyendo la unificación de aspectos de la vida. Dado que estas conceptualizaciones no se consideran libres de jerarquías, también funcionan como motores para la diferenciación de los subsistemas sociales. Ejemplo: mujeres – naturaleza – privacidad – familia > sistema de referencia para las mujeres.
– Pensamiento progresivo – positivismo: El desarrollo de la humanidad en el espíritu del progreso. Descubrimientos, invenciones, pero también guerras, política, se encuentran en el signo del progreso de la humanidad (los conferenciantes previos a mí ya han elaborado sobre este asunto).
– Posiciones subjetivas: El sujeto uniforme, idéntico, que reacciona consciente y lógicamente per se. Funciona como un sistema solar y requiere una soberanía interpretativa universal. El hombre y su afecto como historia general y modelo para cualquier matriz.
– Historia lineal: determinada, continua, auto reproductiva. Debe ser capaz de resistir cualquier crítica desde la subjetividad.
En muchos estudios feministas de género y sobre mujeres, hay ya muchos enfoques que proponen una historia diferente en contra de estos paradigmas:
Isabel V. Hull se ha ocupado de un tema central de la historiografía política: las condiciones del surgimiento y los impactos del estatismo en los inicios de la era moderna en Alemania. Frente a los modelos de los historiadores del absolutismo, que vinculaban este surgimiento con el concepto de disciplina social, surge una política de género diferenciadora de los estados de la temprana edad moderna que no operaban plenamente en el sentido de las normas machistas-patriarcales. Es esta diferenciación de género la que demuestra ser la dimensión esencial de la constitución y legitimación del estatismo en la temprana edad moderna. Seguidamente expuso que la política de género de las instituciones ilustradas-absolutistas tendía hacia una mayor igualdad que los subsiguientes estados liberales.
Otro ejemplo es la investigación de Nathalie Zemon Davis. A nivel micro-histórico, examina tres vidas de mujeres en la temprana edad moderna, exponiendo una historia de posibilidades, de márgenes de maniobra personales. Davis describe los márgenes de maniobra de las mujeres en el siglo XVII, que se debieron precisamente a las posiciones socialmente marginales, fuera de los centros del poder político y religioso.
Especialmente Ute Frevert ha analizado las formas en que la categoría de género se convirtió, a lo largo del siglo XIX, en una categoría de orden básica de la sociedad, en su investigación sobre las relaciones de género en la edad moderna. La categoría de género para la construcción de la diferencia, tanto en el nivel de la práctica social como en el nivel de discurso, se convirtió cada vez más en un elemento estructural constitutivo de la sociedad burguesa y fue por tanto reiterada y cimentada por ella.
Sugerencias para una epistemología feminista
Los primeros enfoques se concentraron en dos cuestiones: 1. ¿De qué manera la defensa contra lo subjetivo construye una epistemología que perpetúa una relación jerárquica de género? 2. ¿Cómo se representan las relaciones patriarcales contemporáneas en sus nociones reduccionistas de las ciencias (naturales)?
Podemos introducir aquí brevemente tres enfoques de la ciencia feminista:
Las teorías feministas de la ciencia y la sociedad han examinado la lógica de las divisiones dicotómicas de la ciencia y desarrollado su propio método de lectura de la modernidad y su propio marco teórico de referencia. Han sido claves para ello la diferenciación entre sexo biológico y social, es decir, entre sexo y género, así como el análisis de la división del trabajo por género con impactos socio psicológicos a largo plazo. De acuerdo con este análisis, en este proceso, el cuerpo femenino sirve como matriz para la proyección de los deseos y miedos escindidos del llamado humano moderno. Lo femenino no se representa a sí mismo, sino que cumple la función de una imagen cultural; en el mito de lo perpetuamente femenino, las mujeres pueden tener un pasado, pero no tienen una historia.
La objeción del empirismo feminista a lo expuesto es la siguiente: Supone que el sexismo y el androcentrismo son distorsiones socialmente construidas que pueden ser corregidas con la aplicación estricta de las normas metodológicas ya existentes de la investigación científica. Su argumento es que las feministas tienen una perspectiva más amplia y crítica debido a su actitud generalmente más crítica y están así predestinadas a abolir los mecanismos de oscurantismo que subyacen al conocimiento y la observación. Por lo tanto, los científicos feministas son más propensos a percibir distorsiones androcéntricas que otros científicos. Además, las propias condiciones sociales han forzado a la ciencia tradicional hacia la objetividad. Un ejemplo son las revoluciones latinoamericanas del siglo XIX o las revoluciones proletarias de finales del XX, desarrollos que impactaron de manera crucial en las nociones de objetividad científica. El empirismo feminista ha criticado aún más la recogida selectiva de los resultados examinados que condujeron a una ciencia androcéntrica.
Este enfoque es muy seductor, porque sólo apunta a la ciencia «no seria», pero no a todo el enfoque de la ciencia. Pero ignora el hecho de que la localización social impacta y mucho en los métodos y epistemologías y, por lo tanto, en los hallazgos de una investigación.
Teoría del punto de vista feminista: Este enfoque surgió de la dialéctica hegeliana de Herr y Knecht en el desarrollo de esta temática a través de Marx, Engels y Lukács. El principal supuesto aquí es que la identidad social del observador es una variable importante para la posible objetividad de los resultados de la investigación. Así, los puntos de vista feministas que resultan de la experiencia femenina y poseen características universales, son más capaces de explicar los fenómenos sociales. Además, tras los nuevos hallazgos del estructuralismo social, es decir, la interseccionalidad de categorías, los puntos de vista feministas pueden ser muy diversos. Dependiendo de la etnicidad, raza, clase, cultura, etc. traen consigo varias perspectivas de puntos de vista para el análisis, haciéndolo más objetivo.
Creo que merece mencionarse una particularidad: el concepto de conocimiento situado. Una de sus defensoras, Donna Harraway, presume que las teorías epistemológicas deben asumir una particularidad y fisicalidad de todas las visiones. Todos los puntos de vista ocupan así un espacio, una posición que debe ser reconocida en la reflexión metódica. Todo científico debe contextualizar su integración en la sociedad, sus antecedentes y su comportamiento. Los puntos de vista en los márgenes de la sociedad son, como hemos elaborado más capaces de hacerlo. Puesto que los sujetos existen en contradicción, discontinuidad, inadecuación y vulnerabilidad, no uniformidad y no ahistóricamente, es posible alcanzar un encuentro y un diálogo. No universalidad, sino parcialidad es la condición para la objetividad y la racionalidad, e incluye una sensibilidad para el poder y la responsabilidad.
Postmodernismo feminista: este enfoque cuestiona fundamentalmente los dos enfoques mencionados anteriormente.
Aquí se atacan los pilares de la ciencia y con todos los métodos de, por ejemplo, deconstrucción, historicismo, psicoanálisis, semiótica, etc., se investigan las historias del discurso más que las «verdades». Cómo se escribió y habló del sufragio de las mujeres, quién habló de ello, con qué medios en ese momento, quién era la audiencia; éstas son preguntas que sirven a la historia del discurso más que a la construcción de «verdades». Efecto de estos estudios fue la desnaturalización de las diferencias por medio de un punto de vista constructivista radical. Por lo tanto, la categoría de género no se basa en un fundamento físico y natural, sino que enmascara un yo fragmentado.
Pero ni siquiera estos tres enfoques cuestionan siempre los paradigmas científicos como la objetividad y la universalidad.
Exigencias a una epistemología / ciencia feminista
Para poder articular eficientemente los análisis y los cambios, debe diseñarse de manera abierta, metodológicamente, conceptualmente y de contenido. Sólo entonces se pueden ofrecer campos de investigación y discusión controvertidos y emocionantes y evitar las mismas trampas paradigmáticas de los primeros enfoques. El desiderátum teórico debe estar disponible para trabajar con conceptos de sujeto, en los que el sujeto es capaz de una acción y no sólo ejecuta reglas y normas. Por otra parte, el origen de la acción no debe localizarse dentro del sujeto (mente, voluntad, etc.), libre de toda influencia social y cultural, como suelen aparecer las figuras masculinas de la historia. Por lo tanto, el sujeto no debe ser concebido como un ser autónomo racionalmente activo que persigue sus intereses. Los temores, las compulsiones, el sufrimiento son bases de motivación concebibles. La cuestión es cómo pueden ser conceptualizados o si son reconstruibles. El género debe ser pensado como una categoría, basada en una producción interactiva de una categoría («haciendo género»). Uno no tiene género, sino que uno lo hace. El significado del género es la disposición que guía la acción (es decir, las condiciones de pensamiento y percepción evidentes y el empoderamiento también) en la que la gente se orienta. La categoría de género debe reflejarse como la manifestación de un orden social y bipolar normativo, es decir, como un principio organizador del poder. Sólo una investigación así, apoyada conjuntamente por los movimientos sociales, puede mover a la sociedad en nuestro sentido.
Y así, las relaciones de género de hoy no tienen diez mil años de antigüedad, sino que son un resultado de los desarrollos de la era moderna europea desde finales de la Edad Media.
También añadiría lo que me parece crucial para las disputas políticas: que ninguna historia, ni justificación son necesarias para convocar hacia otra vida. No necesitamos confiar en «nuestra» historia para exigir que todas las personas sean tratadas con respeto, dignidad y solidaridad. Hay más: no necesitamos un género en particular, ni clases, ni idiomas correspondientes para exigir una vida en paz. Incluso si el ser humano siempre ha estado en guerra, incluso si la pacífica sociedad matriarcal casi clan nunca existió, tenemos el derecho a exigir una vida de igualdad y solidaridad. ¡Simplemente porque lo tenemos!
¡Muchas gracias por su atención!
 
Dra. Muriel González Athenas es activista en redes feministas, antirracistas y autónomas. Durante dos años, ha estado trabajando con el movimiento de mujeres kurdas en Europa en una nueva salida hacia los movimientos emancipadores. En 2013 abrió una exposición en varias ciudades catalanas, llamada «… para que la libertad ya no sea una utopía», informando sobre las posiciones actuales del movimiento kurdo. Es historiadora y asistente de investigación en la Universidad de Colonia. Su investigación se centra en los estudios de género, trabajo y capitalismo, geografías eurocéntricas, epistemología feminista y métodos historiográficos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies