A favor de los juglares

Reproducimos una nota de Women Defend Rojava Madrid en defensa de la libertad de expresión; a favor de los juglares que, como Pablo Hasél, nos abren los oídos a una realidad que no es la que el Estado y sus medios nos quieren imponer.

“Esta pintura está más allá del límite de la crítica de las operaciones realizadas por las fuerzas de seguridad para restaurar el orden público y es propaganda de la política de barricadas y trincheras del PKK”.

Éste es un extracto de la sentencia judicial que condenó a la artista kurda Zehra Doğan a 2 años, 9 meses y 22 días de prisión por “propaganda terrorista”. La base de su cargo fue pintar el cuadro que aparece más abajo sobre una fotografía de la ciudad de Nusaybin bajo ocupación militar turca.

Nusaybin bajo asedio del ejército turco, 2014
Zehra Dogan expresa la fotografía anterior

Parece lejano, ¿verdad? ¿Cómo es posible que se mande a la cárcel a una artista por expresar su visión de la realidad en una obra de arte? Eso aquí no sería posible, vivimos en democracia, la libertad de expresión se respeta…

Pero si cambiamos el entorno y ‘pintura’ por ‘canción’, la situación podría aplicarse a Pablo Hasél, condenado a prisión por expresar la realidad en palabras, en canciones que pueden o no gustarte, pero que son su visión -y de muchos otros- de la realidad. ¿No es eso ejercer el derecho a la libertad de expresión?

El Estado criminaliza cualquier disidencia en la que vea una posible repercusión social, que sea capaz de movilizarnos, que desnude sus vergüenzas. Es clave para su sostenimiento mantenernos abducidos con el consumo y unos medios de comunicación que nos tratan como incapaces de discernir, alejarnos de la política real, limitar nuestra capacidad de decisión a una pantomima de democracia cada cuatro años.

Necesitamos despertar de esta pesadilla que pone la avaricia y el narcisismo por delante de la solidaridad, una comodidad efímera frente a los comunes. Y necesitamos juglares como Hazél, como Valtònic, como Zehra Doğan y Asli Erdogan, que nos abran los ojos y los oídos a la realidad de esta modernidad capitalista que nubla nuestras conciencias.

Porque la verdad es lo que denuncian las pinturas y las palabras de estos juglares. El mal está en los hechos denunciados, no en las voces y colores que los exponen sin pudor, como debe ser.

“Me castigaron con una pena de prisión por tomar fotos de casas destruidas y ponerles banderas turcas. Pero no fui yo quien lo hizo, fueron ellos. Yo sólo lo pinté”, declaró Zehra Doğan tras conocer su sentencia.

Tengámoslo claro: la tortura, el robo, la indignidad, las cometieron ellos. Pablo Hasél sólo lo rapeó.

Women Defend Rojava Madrid, febrero 2021

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