Nueva ofensiva de las fuerzas turcas contra el PKK en el Kurdistán iraquí

AHMAD AL-RUBAYE/AFP via Getty Images

Al Monitor– Fehim Tastekin – 29 abril 2021 a Traducido por Rojava Azadi Madrid

La última operación militar turca contra el PKK en el Kurdistán iraquí se produce en un momento en que Ankara se encuentra cada vez más presionada, tanto en el frente interno como en sus fríos lazos con Washington.

El ejército turco ha lanzado una ofensiva terrestre y aérea programada contra los militantes kurdos en una cadena montañosa del vecino Kurdistán iraquí, la última de una serie de campañas transfronterizas desde 2019 que han dado lugar a decenas de bases turcas en la región.

La amplia ofensiva, que consta de dos operaciones con el nombre en clave de Garra-Rayo y Garra-Trueno, comenzó a finales del 23 de abril, y tiene como objetivo las zonas de Zap, Metina y Avashin, donde se encuentran campamentos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) desde hace mucho tiempo. En la operación participan aviones de combate, helicópteros de ataque y drones de combate y vigilancia, así como unidades de artillería dispuestas en la frontera. Sobre el terreno se han desplazado las fuerzas de comando, tanto por tierra como por aire.

Al visitar el centro de operaciones en la ciudad fronteriza turca de Yuksekova el 25 de abril, el ministro de Defensa Hulusi Akar dijo que más de 1.200 objetivos habían sido objeto de fuego de artillería y aéreo, y que los comandos habían matado a 31 miembros del PKK. En un discurso por vídeo dirigido al centro de operaciones, el presidente Recep Tayyip Erdogan prometió “erradicar el terrorismo”. Refiriéndose al PKK y a su brazo en Siria, añadió: “No hay lugar para la organización terrorista separatista y el terrorismo en el futuro de Turquía, Irak y Siria”.

Según un comunicado del PKK del 26 de abril, las fuerzas turcas desplegaron tropas en varios lugares de Avashin, Metina y Zap. En Avashin, dispararon cohetes de gas en “túneles de guerra” y se desplegaron en la cima de una colina de la zona, añadiendo que un despliegue similar tuvo lugar en Metina, donde la zona de Derare fue fuertemente bombardeada. El PKK dijo que respondió con “tácticas de sabotaje” y contraataques a todas esas acciones, afirmando que las fuerzas turcas sufrieron múltiples bajas.

Sarbast Sabri, el jefe administrativo de Kani Masi, una ciudad cerca de Metina en el distrito de Amedi, dijo el 24 de abril que las tropas turcas habían penetrado unos 8 kilómetros (5 millas) en el Kurdistán iraquí y que los guardias fronterizos iraquíes no estaban presentes en la zona, mientras que las fuerzas peshmerga kurdas permanecían en sus puestos de control en la ciudad.

El cálculo militar detrás de la serie de la Operación Garra, que se desarrolla en fases desde mediados de 2019, es bloquear el movimiento de los militantes del PKK entre sus bases, que se extienden en un vasto tramo desde las montañas de Qandil en la frontera iraquí-iraní hasta la frontera siria.

La acción militar transfronteriza turca había disminuido notablemente desde la fallida operación de rescate de cautivos turcos retenidos por el PKK en la región de Gareen febrero. La muerte de los 13 cautivos supuso una gran vergüenza para Ankara y muchos creyeron que el incidente disuadiría al gobierno de realizar movimientos mal planificados a través de la frontera. Sin embargo, a juzgar por la ausencia de los preparativos militares de semanas de duración en la frontera que suelen preceder a tales incursiones, la última operación parecía haber sido lanzada precipitadamente. Esto, a su vez, pone en duda el momento en que se produjo.

El gobierno de Erdogan se ha visto sometido a una creciente tensión política en las últimas semanas como consecuencia del agravamiento de los problemas económicos, el alarmante aumento de las infecciones por el virus de la COVID-19 y una campaña de la oposiciónque no cede ante el agotamiento de las reservas de divisasdel banco central. Por si fuera poco, el 24 de abril el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, reconoció explícitamente el genocidio armenio, sin que Ankara pudiera impedirlo o tomar represalias. Biden notificó a Erdogan sus intenciones en una conversación telefónica el día anterior, que coincidió con el lanzamiento de la operación transfronteriza. No es de extrañar que muchos vieran la operación como un intento de un gobierno en apuros de distraer la atención pública de sus problemas. La operación podría servir también para avivar el sentimiento popular contra el Partido Democrático de los Pueblos, pro kurdo, en el marco de un nuevo proceso judicial contra altos cargos del partido.

Dejando a un lado las consideraciones internas, la serie de operaciones Garra en el Kurdistán iraquí podría considerarse parte de la estrategia de Ankara para romper el “cinturón kurdo” que se extiende desde Siria hasta Irak a lo largo de las largas fronteras de Turquía con ambos países. Desde 2016, Turquía ha tomado varios enclaves en el norte de Siria en un intento de frenar a las fuerzas kurdas sirias afiliadas al PKK.

En cuanto a Irak, el ejército turco lleva mucho tiempo tratando de impedir los movimientos del PKK a través de la frontera controlando las rutas montañosas de paso clandestino del grupo hacia y desde Turquía. En los últimos años, ha tratado de adentrarse en el Kurdistán iraquí, estableciendo bases temporales en cimas de colinas dominantes en zonas inaccesibles por carretera, que han requerido suministro aéreo. Además, ha utilizado en gran medida aviones no tripulados, tanto para la vigilancia como para los ataques quirúrgicos.

Un mapa publicado por la oficina de comunicación de Erdogan en julio, después de la Operación Garra-Tigre, mostraba 37 “puntos militares” turcos en el territorio del Kurdistán iraquí. La mayoría de ellos se concentran en las regiones de Haftanin, Avashin-Basyan y Hakurk, justo al otro lado de la frontera, mientras que otros se encuentran en zonas de hasta 40 kilómetros (25 millas) de la frontera. Según fuentes turcas, las rutas del PKK entre la franja fronteriza y las zonas interiores del Kurdistán iraquí han sido bloqueadas en gran medida tras los despliegues turcos en 12 posiciones a una profundidad de entre 15 y 40 kilómetros (9 a 25 millas) entre las localidades de Derkary Batufa, en el distrito de Zakho.

Tras el objetivo inicial de impedir las infiltraciones del PKK en Turquía, los despliegues parecen haberse centrado en bloquear los movimientos de los militantes entre sus campamentos en la región. Una fuente del PKK reconoció a Al-Monitor que la nueva estrategia restringe la capacidad de movimiento de los militantes y les disuade de permanecer en gran número en los campamentos, lo que obliga al grupo a considerar nuevas precauciones. Las fuerzas turcas no han establecido un amplio control terrestre, pero “debido al aumento del número de sus bases, los soldados turcos están ahora anidados entre los guerrilleros”, dijo la fuente. Refiriéndose a los puestos militares que salpican el lado turco de la frontera, señaló que “el objetivo fundamental de la serie de operaciones Garra es crear un corredor en el lado opuesto. Han estado estableciendo bases de forma que impidan el paso en lugar de librar una guerra frontal”.

Una fuente de Erbil cercana al PKK dijo que cualquier esperanza de controlar Avashin, Metina y Zap al mismo tiempo sería poco realista debido a la gran dificultad del terreno, que incluye valles profundos y numerosos pasos ocultos en Zap y algunas zonas frecuentadas por los lugareños para hacer picnics en Avashin. La fuente cree que el objetivo principal de la operación es tomar el pico de Zendura en Metina, que se encuentra en la ruta que conecta Haftanin con Zap y “es crucial para rodear completamente Haftanin”.

El analista político afincado en Erbil, Mustafa Sefik, declaró a Al-Monitor que esperaba que Turquía avanzara hacia Metina y Bahdinan tras la incursión en Gara, pero que el fracaso de la operación y otras circunstancias desfavorables le hicieron creer que esa expansión se ha pospuesto. En su opinión, la nueva operación se lanzó precipitadamente antes del 24 de abril como mensaje de que Turquía “seguirá luchando contra sus enemigos sin importar lo que digan los demás”.

Sefik dijo que Turquía aún podría intentar ampliar la operación si no se producen objeciones por parte de Estados Unidos, Irak e Irán. “No pueden despojar al PKK de su capacidad de movimiento controlando sólo Metina”, dijo. El PKK, por su parte, debe revisar sus tácticas de despliegue ya que “la operación de Gara demostró que ya no es seguro el despliegue del PKK en gran número”, añadió.

La ofensiva turca en Gara, junto con las señales de que Sinjar podría ser el siguiente objetivo, provocó reacciones inusualmente duras por parte de Bagdad y Teherán. Esta vez han guardado silencio por ahora, al igual que el Partido Democrático del Kurdistán (PDK), el partido gobernante del Kurdistán iraquí, enfrentado al PKK. El PDK “no tiene una implicación directa” en los movimientos de Turquía, pero “no se opone a ellos”, indicó Sefik.

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