‘Las mujeres yazidíes son fuertes’: equipos femeninos de desminado de Irak

FUENTE: The Guardian

FECHA DE APARICIÓN: 07/07/2020

AUTOR: Kate Denereaz

TRADUCTOR: Rojava Azadi Madrid

Hana Khider dice que la limpieza de las minas le hace sentir que está haciendo algo bueno por su familia y su comunidad que fueron desplazados de Sinjar. Fotografía: Sean Sutton/MAG

El ISIS puso minas en todo Sinjar y desplazó a la comunidad yazidí. Ahora, un grupo de mujeres desmina el camino de regreso de su pueblo.

Detrás de Hana Khider hay un gran mapa de pared gris, con los campos de minas que su equipo ha estado limpiando marcados en verde. “Este es el lugar donde los yazidíes vivían en comunidad”, dice. “Es donde viví en mi infancia; tengo tantos recuerdos aquí… es muy importante para mí”.

Este lugar en Sinjar, o Shengal como los yazidíes lo conocen, en la frontera noroeste de Irak con Siria. Khider, de 28 años de edad, habla por medio de una videoconferencia desde su oficina en la región.

“Este trabajo es muy importante para mí porque me hace sentir que hago algo bueno por mi familia, mi comunidad y mi gente, que han sido desplazadas de Sinjar. Limpiando las minas estoy ayudándoles a que algún día regresen”.

En agosto de 2014, el ISIS invadió y ocupó esta región. El grupo asesinó alrededor de 5.000 yazidíes, secuestró y esclavizó a 6.000 mujeres y niños, y desplazó a una comunidad que había estado viviendo en los pueblos y las ciudades anidadas alrededor de la montaña de Sinjar, sagrada para los yazidíes, durante siglos.

“Antes teníamos una vida normal. Todo era bueno, la gente vivía su vida felizmente. Pero tras el genocidio en 2014, todo cambió. Ya no nos sentimos seguros”, dice Khider.

Para cuando el ISIS fue expulsado de Sinjar en 2017, había colocado cientos de miles de minas terrestres y otros artefactos explosivos en casas, edificios y campos. El grupo los fabricó a escala industrial, pero también utilizó artículos domésticos como ollas, sartenes e incluso mandos de videojuegos –cualquier cosa que pudiera conseguir– para construir dispositivos improvisados.

“La gente es asesinada o herida a diario al sur de la montaña”, explica Khider. Una parte importante de su trabajo es educar a la comunidad y a los niños en particular, que son los que corren mayor riesgo. En una área, un hombre le dijo que una explosión había matado a su sobrino de 15 años cuando estaba en el campo cuidando de su rebaño. Su otro sobrino sufrió lesiones que alteraron su vida.

Una nueva película, Into the fire, sigue a Khider y a su equipo de mujeres yazidíes en el Mines Advisory Group (MAG), una organización no gubernamental internacional que retira bombas sin explotar en antiguas zonas de guerra en todo el mundo, mientras limpian Sinjar.

Hana Khider: “La gente muere o es herida diariamente al sur de la montaña. Fotografía: Sean Sutton/MAG

El alto nivel de minas es una de las razones por las que, tres años después de la liberación de Sinjar del ISIS, sólo una cuarta parte de la población yazidí ha regresado a su hogar.

Alrededor de 300.000 yazidíes siguen viviendo en campamentos de tiendas de campaña y refugios improvisados en la cercana región del Kurdistán iraquí. Las condiciones son malas y la comunidad no goza de un acceso adecuado a los servicios, incluido el tratamiento de las altas tasas de enfermedades psicológicas. Más de 2.000 mujeres y niños siguen desaparecidos.

Los que han regresado, viven principalmente al norte de la montaña que divide Sinjar, según Portia Stratton, directora del MAG en Irak.

“El norte de la montaña, aunque muy afectado, tiene una menor cantidad de minas que el sur, ya que el ISIS la tuvo bajo control un periodo de tiempo mucho más corto. También gracias a las poblaciones que se desplazan más al norte hemos tenido más información sobre la contaminación en esas zonas.

En el sur, especialmente, queda mucho trabajo por hacer”, dijo.

La organización benéfica limpió la aldea de Khider en 2016, lo que permitió que ella y su familia se mudaran de nuevo allí aunque no a su antigua casa. Había sufrido demasiados daños.

Una alta proporción de casas en todo el distrito se han visto afectadas de manera similar, con muchas completamente destruidas. Los templos, escuelas y edificios públicos están en ruinas.

“También hay una falta de servicios, como la atención médica y la educación, especialmente en las aldeas”, dice Khider. Dos de sus hijos van a la escuela, pero tienen que caminar kilómetros todos los días a través de los daños de la guerra para poder asistir. “Lo que quiero, más que nada, es que estén seguros y libres”.

A pesar de los peligros de su trabajo, Khider nunca se amedrenta. “Tengo confianza en mí misma y sé que estoy haciendo lo correcto”.

Parte del problema es que Sinjar se encuentra dentro de los “territorios en disputa” de Irak, áreas reclamadas tanto por el gobierno central iraquí como por el gobierno regional del Kurdistán.

Las luchas políticas han alimentado el conflicto, fragmentado la autoridad y dejado a los yazidíes y otras minorías, incluidos los asirios, los turcomanos y los shabaks, en Sinjar y en las cercanas llanuras de Nínive, particularmente vulnerables.

Se han visto afectadas una gran proporción de viviendas en todo el distrito de Sinjar, muchas de las cuales han quedado completamente destruidas.

Una alta proporción de hogares en todo el distrito de Sinjar se ha visto afectada, y muchos han quedado completamente destruidos. Fotografía: Sean Sutton/MAG

Hay “una ausencia de gobierno funcional”, según Abid Shamdeen, director ejecutivo de Nadia’s Initiative, una organización benéfica que trabaja en Sinjar y que fue creada por la Premio Nobel de la Paz Nadia Murad.

La falta de una aplicación oficial de la ley en la región también “engendra tanto caos como miedo”, dice.

Una multitud de milicias con afiliaciones contrapuestas operan en la zona, impidiendo el regreso de los antiguos residentes y obstaculizando la reconstrucción. Esta inseguridad se puso de relieve a mediados de junio con el último de una serie de ataques aéreos turcos contra el monte Sinjar, dirigidos contra militantes kurdos, pero que impactaron en zonas muy próximas a los civiles.

“¿Cuándo @IraqiGovt y la comunidad internacional aplicarán algo de coraje y voluntad política para resolver los desafíos de seguridad en Sinjar?”, tuiteó Murad en respuesta.

A pesar de esta precariedad, Khider está comprometida con el hogar que ama. Ahora ha iniciado un nuevo huerto.

“He plantado cosas sencillas, algunas flores, verduras como pepinos, tomates, berenjenas”, dice. “Siento que todas ellas tienen un alma y un espíritu. Me siento feliz con sólo verlas”.

Es esta actitud la que atrajo a Orlando von Einsiedel, director y ganador de un Oscar, a la historia de Khider.

Into the Fire no se centra en la oscuridad de ISIS y sus acciones. Quería que se centrara en la increíble resistencia y fortaleza de aquellos que sobrevivieron a sus atrocidades y que están reconstruyendo sus vidas y sus comunidades”.

También espera que la película aporte una mayor conciencia del papel que desempeñan las mujeres en la reconstrucción de sus comunidades después de los conflictos. “En todo el mundo, MAG tiene extraordinarios equipos de mujeres desminadoras – muchas de ellas madres – que desafían totalmente las percepciones estereotipadas de lo que es ‘el trabajo de la mujer'”.

Algunos del equipo de desminado de Khider son antiguos cautivos de Isis. Fotografía: Sean Sutton/MAG

Khider cree que este trabajo es una forma de que las mujeres de su equipo, algunas de las cuales son ex prisioneras de ISIS y todas las cuales perdieron familiares y amigos en 2014, puedan recuperarse.

“Están haciendo este trabajo que antes tal vez sólo los hombres hacían, y les da confianza en sí mismas. Están haciendo algo bueno para su comunidad y su familia, y también pueden depender de sí mismas, financieramente y de otras formas”.

Khider sigue trabajando con todas las mujeres, pero desde entonces ha sido ascendida para liderar un equipo más grande que incluye hombres. Desde 2016 ella y sus compañeros han limpiado más de 27.000 minas de las zonas liberadas del ISIS.

Cuando vio por primera vez Into the Fire, comenta: “Me sentí triste al ver la realidad en la que vivimos ahora y todas las cosas que le sucedieron a mi comunidad y al pueblo yazidí. Pero también me sentí feliz de ver las cosas buenas que mi equipo y yo estamos haciendo”.

“Espero que la película muestre a la gente de todo el mundo que las mujeres yazidíes somos fuertes, que no nos damos por vencidas y que somos capaces de levantarnos de nuevo y vivir nuestra vida, incluso después de todo lo que hemos pasado”.

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