La revolución bajo asedio. Una carta desde Efrîn.

Fuente: InfoAut
Autoría: Internacionalista de Turín

Fecha: 13/1/18
Traducción: Rojava Azadi
 
Una carta desde Efrîn, el territorio rodeado desde hace años por parte de las fuerzas de Turquía y las islamistas, de Jacopo, un compañero de Turín que está participando en la revolución desde la Siria del norte.
Imagen: Efrin @ https://syriancivilwarmap.com/
Estar en Efrin en este momento de fuerte amenaza no es ni fácilmente asumible ni simple, pero es la clara elección de secundar un instinto, el de sentir como un deber el participar en la lucha de los pueblos que desde el Kurdistán están demostrando que sí se puede construir una alternativa democrática y socialista a la barbarie que atenaza la región. Ponerse en primera persona en el centro de los eventos que pueden resultar decisivos para el futuro de la experiencia confederal.

Efrin es uno de los escenarios estratégicamente fundamentales para la configuración política siria, tanto por la convicción de sus habitantes hacia el proyecto revolucionario, como por la posición geográfica que hace que sea un objetivo central desde el punto de vista del gobierno turco, que quiere golpear al corazón a la confederación, pero también es fundamental para la revolución. Golpear la región sería fundamental para frenar el clímax revolucionario, que por su parte, ve la unificación de Efrin al territorio de la confederación como un objetivo primario que haría del norte de Siria un territorio libre y democrático. Es en esta situación que Jacopo ha decidido ir ahí, al lugar que a menudo es comparado con Kobane como importancia simbólica, donde se prepare la resistencia más dura para que ninguna fuerza enemiga ponga el pie en el territorio liberado desde el 2012.
Tienes la posibilidad de ir a Efrin, también pudes decir que no. El territorio de Efrin es tan grande como un tercio de la provincia de Turín y desde que empezó la revolución hace siete años está rodeado por fuerzas enemigas. Al oeste y al norte está Turquía, al sur y al este se han alternado los grupos de Jabhat al-Nusra, Ahrar al Sham y Jaysh al Islam. Ahora el ejército tuco empuja desde estos dos lados también con la ocupación de Idlib al sur y Al-bab al este, donde entre otros apoya a los islamistas. Desde hace tiempo Erdogán está amenazando con invadir la región y en el último mes más o menos cada día hubo bombardeos y movimientos de tropas a lo largo de las fronteras. Efrin es militar, política y económicamente estratégica debido a su posición y por gran riqueza en agricultura y pequeñas industrias. Al mismo tiempo siempre ha demostrado fuertes lazos ideológicos con la liberación del pueblo kurdo, y también es una zona en la que las estructuras de la revolución están particularmente arraigadas. Erdogán quiere invadir Efrin porque es la clave para destruir la revolución en el norte de Siria, me dicen, y así espera solucionar también la cuestión kurda en la misma Turquía.
Jamás habría pensado que podría ir a Efrin. Las pocas veces que pensé en ello estaba completamente aterrorizado: estás sitiado y bajo amenaza constante en un minúsculo trozo de tierra del que no conozco el idioma. Pero, ¿podía decir que no? ¿Cómo hubiese podido ser un militante político y echarme para atrás por el miedo cuando la revolución está en curso? Si me hubiese echado para atrás, ¿cómo hubiese podido volver a Italia (que, por cierto, echo mucho de menos) y luchar para una sociedad libre y justa en la universidad, en los barrios, en el movimento NoTav sabiendo que no hubiese podido llegar hasta el final si es necesario? ¿Qué sentido tendría decir que queremos la revolución si esto solo vale cuando el riesgo es aceptable? Desafiar al sitio de Turquía y de los islamistas y aportar lo mio a la revolución en aquel territorio también es necesario, no quiero echarme para atrás. Voy.

 
 
 
 
 
 
Efrin es distinta de los demás sitios del norte de Siria. Es un territorio montañoso, que constituye una muy buena defensa para un pueblo que es notoriamente guerrillero, y está lleno de verde y arboles, en particular de olivos. Por la guerra, alrededor de 30.000 refugiados se han venido desde la cercana Alepo hacia la región que ahora llega al millón de habitantes, doblando la población de la ciudad principal desde la que toma el nombre la región. Esto, me dicen, ha hecho que creciera la actitud metropolitana de la clase media de Efrin.
Paseando por las calles de la ciudad, Heval Zagros me explica que, a pesar de los lazos ideológicos de la población, en Efrin la revolución se enfrenta a nuevos desafíos. Aquí el régimen de Assad se portaba de manera ligeramente distinta que en los demás sitios de Rojava: muchas personas trabajaban para la administración del estado sirio y de alguna manera demostraban un cierto apego al mismo. No al régimen o a sus métodos brutales, sino a una cierta idea de estado y una cierta seguridad. “Algunos vienen a preguntarnos cosas como si fuéramos solo otro estado más, otro grupo de poder. No han entendido que estamos haciendo la revolución para una sociedad autogestionada que pueda prescindir del estado”. Por ejemplo, aunque el movimiento de los estudiantes democráticos esté bien organizado, en la universidad de Efrin, todavía no han conseguido introducir los cambios radicales en la didáctica y en la gestión que ya está activos en la universidad de Rojava con sede en Qamislo, mientras tanto me fijo en un grupo de chavales que en apariencia parecen similares a los estudiantes de una ciudad europea cualquiera, sin quitar ojo de sus smartphones.
Es evidente que aquí la revolución se encuentra afrontando un escenario diverso del de los pueblos en el cantón de Kobane o en los barrios pobres de Qamislo. Heval Zagros continúa diciéndome que ser de clase media abre la puerta a la esperanza de encontrar un arreglo dentro del sistema capitalista, estableciéndose estudiando o emigrando a Europa. La llamada del sistema actúa sobre la clase media para integrarla, para crearle la ilusión de que una revolución no sea necesaria. “Si eres de clase media siempre piensas en poder estar con un pie en el sistema, piensas tener la posibilidad de poder dar un paso hacia atrás.” Cómo se enfrentarán a este escenario todavía no lo tengo claro. Poco después en el centro juvenil de Efrîn he traducido una conversación escuchada de lejos: “No puedes decir algo así. ¿Has visto Kobane? Si el ejército turco ataca, Efrîn será destruida y perderemos miles de compañeros y hermanas. Sí, combatiremos y venceremos, pero no podemos decir que lo queramos”.

De golpe estamos de nuevo en la Siria en guerra. La vida cotidiana fluye normalmente, mas también es palpable la tensión y la espera por entender las intenciones de Turquía y se mira con esperanza a los levantamientos en Basur (kurdistán iraquí) y Rojhilat (kurdistán iraní). La esperanza de que la revolución comience también en las otras partes del Kurdistán es difusa en todos los casos. Pocos días después llego a la aldea en la frontera turca rodeada de montañas verdes en las que desarrollaré mi actividad.
Aquí me encuentro con Heval Cudî que me explica que en esta revolución la organización de los jóvenes tiene un rol fundamental. Los jóvenes son aquellos que tienen por delante todavía muchas posibilidades diversas de decidir como vivir, son aquellos que contribuyen a los aspectos de autodefensa y aquellos que estudiando pueden contribuir a desarrollar la sociedad libre. Serán las generaciones que deberán proseguir el recorrido revolucionario y para esto deben tener la participación correcta en todas las estructuras de la revolución.

 Tras un breve paseo me hace mirar hacia abajo del valle la frontera con Turquía, el muro erigido por Erdogán es un puesto militar del ejército turco. Mientras me lo indicaba estaba seriamente preocupado de que desde aquella base algún francotirador apuntara a nuestras cabezas. Por otro lado el ejército turco es conocido por disparar sobre los civiles en Rojava. Mi compañero sin embargo parecía totalmente indiferente al problema. El centro juvenil local es en muchos sentidos similar a como sería en cualquier pueblo de provincia italiano, estructura rural, desorden y mobiliario viejo. Heval Cudî me enseña las fotos en el muro, son de los mártires: Ş. Sîpan, Ş. Diyar, son del pueblo. Luego pasa a: Ş. Çekdar, Ş. Botan y Ş. Hozan, por lo que puedo ver en las fotos son todos de unos 20 años.
<< Hevalen min>> (amigos míos). Me dice.
La posible ambigüedad debida al uso revolucionario de indicar a todos con el término “heval” inequívocamente se rompe por el gesto de los dos índices unidos longitudinalmente. Sus ojos se tornan lúcidos, pero no conozco bastante la lengua para poder decir alguna cosa que no sea: << Şeid na mîrin >> (los mártires no mueren).
<< Rast e >> (es verdad). Me responde en voz baja. Y luego: << Em ê bicin >> (vamos).
La revolución debe proseguir, también por los mártires. Entonces salimos para comenzar nuestro trabajo en este pueblo.
Continuará…
 

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