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Kurdistán Turco: Vivir bajo toque de queda

Por Sara A. de Ceano-Vivas Núñez

La guerra entre grupos armados del PKK y el Estado turco continúa en el sudeste de Turquía, afectando de manera directa a 1.760.000 personas en la región, según la Fundación de Derechos Humanos de Turquía. Los atentados por parte de los grupos armados son casi diarios, focalizándose en las estructuras y efectivos de la policía y el ejército turco, aunque también producen a veces muertes de civiles. Por su parte, el Estado turco sigue imponiendo estrictos toques de queda sobre áreas rurales y urbanas en los diferentes distritos de la región. Los toques de queda activos actualmente afectan a las ciudades de Cizre, Nusaybin y Sirnak, al tiempo que se desarrollan operaciones especiales en las zonas rurales de Batman, Hakkari y Diyarbakir.

Según el informe de Evaluación de Daños y Migración Forzosa del GABB (Unión de Municipalidades de la Región del Sudeste de Anatolia), al menos 400.000 personas han sido forzadas a abandonar sus hogares. La mayoría de estas familias no han podido recoger sus pertenencias, lo que ha generado fuertes pérdidas económicas y el aumento de la pobreza en una población ya históricamente desfavorecida. Los refugiados del sudeste de Turquía han emigrado principalmente a las grandes ciudades de Van, Batman y Diyarbakir. Según dicho informe, la mayoría de las familias actualmente residen en apartamentos alquilados sobresaturados y una minoría subsiste en tiendas de campaña de improvisados campos de refugiados, en muchos casos, sin las condiciones básicas de infraestructura y salubridad.

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La destrucción se ha sistematizado en las ciudades, afectando principalmente a las regiones de Sirnak, Mardin, Hakkari y Diyarbakir. En los casos de Nusaybin, Yuksekova y Sirnak, entre el 70 y el 80 por ciento de los edificios han sido dañados, incendiados o demolidos por orden de la gobernación central. Lo que antes eran amplias áreas urbanas llenas de vida ahora son vastos desiertos de escombros.

Enfrentamientos en el barrio de Sûr (Diyarbakir)

El histórico barrio de Sûr en Diyarbakir ha sido uno de los lugares afectados por la guerra. Durante 103 días, las fuerzas gubernamentales turcas y los jóvenes que componían las Unidades de Defensa Civiles (YPS) mantuvieron violentos enfrentamientos armados. De septiembre a diciembre de 2015 se declararon seis toques de queda distintos en los barrios de Cevatpaşa, Fatihpaşa, Dabanoğlu, Hasırlı, Cemal Yılmaz y Savaş. El último toque de queda fue declarado el 2 de diciembre y aún continúa, cerrando el acceso a cuatro de los barrios surorientales del distrito, a pesar de que la gobernación dio por finalizada la operación militar el pasado 10 de marzo.

El número total de afectados es de aproximadamente 50.000 personas, de las cuales 22.000 no tienen posibilidad de retornar a sus hogares porque sus casas han sido destruidas o expropiadas. Al finalizar el conflicto armado, el Consejo de Ministros aprobó expropiar 6.292 de las 7.714 parcelas disponibles en Suriçi, en total el 82% del distrito. Curiosamente el 18% restante pertenece a TOKİ (Desarrollo de Vivienda de la Administración de Turquía) o es propiedad de la Tesorería del Estado. El Estado aún no ha efectuado todas las expropiaciones y, en algunos casos, trata de comprar las parcelas por cantidades ridículas de dinero, unas 30 a 35 mil liras por parcela, que se traducen poco menos de 10 mil euros. Un afectado nos relata que la gobernación ha ofrecido una alternativa habitacional a las personas que se han quedado sin su propiedad, pero que dicha alternativa no es gratuita, sino que consiste en la compra o alquiler de una nueva vivienda. “Pero nosotros no queremos, tenemos nuestras casas en Sûr, por qué vamos a pagar toda nuestra vida por una nueva casa” declara Ismail Özmez, vecino y afectado del barrio.

Para los habitantes de Sûr, la demolición de este distrito de Diyarbakir tiene un trasfondo que va más allá del drama humanitario: es la destrucción de un modo de vida comunitario cuya experiencia se remonta a varios años. Todos los vecinos se conocían, compartían los alimentos, las mujeres se sentaban en las puertas de sus casas a charlar, los niños jugaban todos juntos en la calle. Si un vecino se ponía enfermo o tenía algún problema, el resto aportaba o ayudaba en lo que podía. Los nuevos distritos se componen de bloques gigantes de apartamentos, donde los vecinos no se conocen entre ellos y no mantienen ninguna relación. “Dentro de Sûr la vida era muy diferente, las relaciones entre vecinos eran excelentes, no había ningún problema entre las diferentes religiones y culturas, ellos vivían juntos (…) ahora el gobierno turco ha dicho que hará de Sûr una ciudad “más bonita que Toledo”, pero nosotros no sabíamos qué era Toledo antes de que lo dijera el gobierno turco, sólo queremos que se marchen y nos dejen retornar a nuestro barrio”, nos explica Ismail.

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La destrucción de Sûr es destrucción del patrimonio de la humanidad

Y es que nada tiene que envidiar el distrito de Suriçi a Toledo, ya que la ciudad se asienta sobre yacimientos arqueológicos de 10.000 años de antigüedad. El primer emplazamiento se remonta al 5.000 a.c., conocido como Inner Castle (Castillo Interior) en el montículo de Amina, el punto más alto de la ciudad. En total hay 595 edificios registrados como valor cultural e histórico.

El Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO aprobó en 2014 como paisaje cultural y patrimonio de la humanidad los jardines de Hevsel y la fortaleza de Diyarbakir respectivamente. Así como consideró al distrito de Sûr y al valle del Tigris como los emplazamientos amortiguadores de dicho patrimonio. Mehmet Sah Polat, parlamentario del DBP por el distrito nos comenta: “Más de 16 imperios han habitado Sûr, por lo que hay una cultura muy rica. Los jardines de Hevsel, desde hace miles de años, mantienen una gran biodiversidad en plantas y animales. Por ello estamos enfadados con la UNESCO, porque hay una gran guerra aquí, casas históricas han sido dañadas o destruidas y ellos están callados. ¿Por qué no dicen nada?”

Testigos presenciales aseguran que el ejército ha utilizado armamento pesado, tanques y cañones, y bombardearon desde helicópteros militares, lo que ha producido daños irreparables a edificios históricos de cientos de años de antigüedad. Este es el caso de la mezquita de Kursurlu, en el barrio de Fatihpaşa: tanto la fachada norte como sus pilares ha sido gravemente dañados, y un incendio provocado por los enfrentamientos ha desfigurado las decoraciones y ornamentos interiores.

El singular minarete de cuatro pies de la mezquita de Sheikh Muhattar, donde fue asesinado el presidente del colegio de abogados Tahir Elçi, ha sido dañado en dos de sus cuatro pies. Así mismo, las paredes de la mezquita y las tiendas de la calle (Yeni Kapı), han sido demolidas parcial o completamente para permitir el avance de los vehículos blindados. Además, en la misma calle están localizadas la iglesia armenia más grande de Oriente Próximo, San Giragos, y una antigua iglesia caldea, de las que se desconoce su estado actual debido a la prohibición de paso sin autorización expresa de la gobernación.

Ismail Özmez, a pesar de experimentar los fuertes enfrentamientos y de que su casa haya sido dañada, mantiene la postura de una autonomía frente al Estado turco “No queremos adaptarnos al Estado. Como pasó en Kobanê que la ciudad estaba destruida pero prepararon nuevos edificios con la ayuda de la población, lo mismo vamos a hacer aquí. No queremos ninguna ayuda del Estado, nosotros lo haremos por nosotros mismos, la población ayudará y prepararemos la ciudad otra vez.”

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Fuente: Berria

Traducido por Rojava Azadî

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