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¿Está Turquía preparada para la era post Erdogan?

Santa Sofía en Estambul, Turquía. Fotografía de Arild Vågen.

Democracy Paradox – Serhun Al – 21 noviembre 2022 – Traducido por Rojava Azadi Madrid

Obstáculos para una transición democrática

Hace casi un siglo, Mustafa Kemal Ataturk, el padre fundador de la Turquía moderna, abolió el califato y la monarquía otomanos declarando una República laica con una perspectiva europea. Un siglo después, el Presidente Erdoğan ha establecido un régimen sultanista durante sus veinte años de gobierno, en el que muchos de sus partidarios lo abrazan como una figura califal a pesar de una tasa de inflación cercana al 80% y una lira turca considerablemente depreciada. Aunque la agravación de la crisis económica y el debilitamiento de las libertades civiles han reducido la popularidad de Erdoğan desde alrededor del 50% al 30% en los últimos años, los partidos de la oposición siguen luchando por diseñar una estrategia para derrotar a Erdoğan a pesar de todas las probabilidades a su favor en las próximas elecciones del año que viene. Pero, ¿por qué? Tras 20 años de gobierno de Erdoğan, ¿por qué la oposición sigue lejos de difundir un sentimiento de esperanza?

Tal vez parte de la razón sea que, aunque los principales partidos de la oposición están de acuerdo en poner fin a los veinte años de gobierno de Erdoğan en Turquía, no han logrado construir una agenda clara para una era posterior a Erdoğan. En 2018, cuatro partidos políticos crearon una coalición unificada (llamada Alianza de la Nación) contra Erdoğan liderada por el laico Partido Republicano del Pueblo (CHP) y el nacionalista Partido del Bien (IYI). Más tarde, en 2021, dos nuevos partidos escindidos del AKP de Erdoğan se unieron también a la Alianza Nacional. Sin embargo, el principal partido político prokurdo, el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), no fue invitado debido a las preocupaciones nacionalistas turcas. Mientras que el CHP se muestra más receptivo, el Partido Bueno sigue siendo de línea dura contra la política pro kurda. Un nacionalismo turco tan imprudente y banal contra los derechos políticos y culturales de los kurdos pone en peligro la posible transición democrática en la era post-Erdoğan.

La minoría kurda

Durante años, Erdoğan prosperó políticamente con el apoyo tanto de los musulmanes piadosos como de la minoría kurda. Desde la instauración de la República de Ataturk, los partidos gobernantes han desatendido a ambos grupos. De hecho, un nacionalismo turco secular dominante era la grandeur sine qua non del régimen. En última instancia, Erdoğan también encontró el apoyo de los nacionalistas turcos necesario para consolidar su poder y construir su autocracia a la turca. Aplastó a los kurdos tras la ruptura del proceso de paz PKK-Turquía en 2015. Trágicamente, fue una oportunidad perdida para poner fin a 40 años de conflicto armado con los insurgentes kurdos. Desde entonces, miles de activistas y políticos kurdos han sido encarcelados. Además, el gobierno de Erdoğan destituyó por la fuerza a casi todos los alcaldes kurdos elegidos democráticamente. Por desgracia, la oposición contraria a Erdoğan también ha aceptado tácitamente la represión de la política prokurda.

Pero hoy la oposición necesita desesperadamente el apoyo de los kurdos para derrotar a Erdoğan. Por eso, aunque muchos kurdos critican a Erdoğan, también se muestran cautelosos a la hora de apoyar abierta e incondicionalmente a la Alianza Nacional. Si uno se adentra en la historia moderna de Turquía, es obvio que el respeto a los derechos culturales y lingüísticos kurdos; el respeto a las minorías religiosas y el respeto a los refugiados e inmigrantes han demostrado ser la excepción y no la regla. De hecho, la experiencia kurda nos enseña que la democracia no es más que la tiranía de la mayoría cuando esta no trata a los grupos minoritarios como ciudadanos iguales de la sociedad con respeto, empatía y compasión. Así pues, la mera transición de una tiranía de la mayoría a otra no basta para democratizar realmente la República.

La democratización exige inclusión

Recientemente, la extrema derecha turca ha ganado un terreno importante entre los círculos de la oposición. Umit Ozdag, líder del Partido de la Victoria, es noticia a diario por su racismo sin paliativos contra los refugiados sirios y los inmigrantes. Tanju Ozcan, alcalde de Bolu del Partido Republicano del Pueblo, gana fama con su retórica xenófoba contra los refugiados sirios. No cabe duda de que a esta gente tampoco le gustan los kurdos. Meral Aksener, líder del Partido del Bien, sigue descartando con orgullo cualquier posibilidad de cooperación con el pro-kurdo HDP, pero al mismo tiempo pide una transición democrática en la era post-Erdoğan. Estos discursos nacionalistas turcos tan burdos y excluyentes en los círculos políticos anti-Erdoğan cercenan definitivamente las esperanzas de una auténtica democracia después de Erdoğan.

Cualquier programa político basado en el nacionalismo turco xenófobo no curará la actual tragedia económica y política de Turquía. Pero la reconciliación con sus comunidades marginadas, incluidos kurdos, alevíes, refugiados, minorías religiosas y comunidades LGBTQ, podría empezar a construir una nueva sociedad en la que todos se sientan en casa y sean tratados con dignidad y respeto. Turquía siempre ha sido un país multicultural, multirreligioso y multilingüístico. Cualquier intento de democratización post-Erdoğan sin tener en cuenta sinceramente a estas comunidades está condenado al fracaso.

Una prueba de fuego para la democratización

El gobierno conservador y piadoso de Erdoğan ha marginado culturalmente a muchos, en particular a quienes aspiran a llevar un estilo de vida no religioso y laico. Además, la crisis económica, la corrupción, la autocracia y las injusticias judiciales de Turquía son problemas comunes para todos. Muchos jóvenes profesionales brillantes, entre ellos médicos, ingenieros y académicos, ya han abandonado el país en busca de una vida más próspera y libre, pero a menos que se aborde la marginación histórica de las minorías culturales, la tiranía de la mayoría continuará sin duda.

El conflicto kurdo, que dura ya 40 años, ha intoxicado a todas las instituciones políticas, traumatizado a todos los segmentos de la sociedad y costado la vida a más de 50.000 personas. Espera una resolución pacífica inminente. Una vez Erdoğan se atrevió a iniciar conversaciones de paz con los insurgentes kurdos. La oposición también debería estar preparada. Más allá de importantes reconfiguraciones institucionales y judiciales (como volver al sistema parlamentario) después de Erdoğan, la oposición también debería prepararse para liderar un proceso de resolución del conflicto y establecer una paz duradera. Esta es la primera prueba de fuego para un auténtico proceso de democratización en la era post-Erdoğan.

Serhun Al es actualmente politólogo visitante en la Universidad Estatal de Ohio y se centra en la Turquía moderna y el Oriente Medio kurdo.

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