Defender Afrin

Fuente: Jacobin
Autor: Rosa Burç / Kerem Schamberger
Fecha: 10/02/2018
Traducido por Rojava Azadi

La guerra de Turquía contra Afrin es un ataque no sólo contra la autodeterminación kurda, sino contra la democracia y la liberación de la mujer en Oriente Medio

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Combatientes kurdas de las YPG en Afrin, norte de Siria. KurdishStruggle / Flickr

Las ramas de olivo sobresalían entre la multitud cuando miles de personas se reunieron en Afrin por la marcha fúnebre de Barin Kobani, una mujer combatiente de las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ), cuyo cuerpo sin vida fue mutilado por mercenarios yihadistas respaldados por los turcos. Afrin, situada en la frontera sirio-turca y en el centro de los Montes Kurd, no sólo es conocida por su población predominantemente kurda, sino también por sus olivares y campos en flor, rodeados de un paisaje montañoso. Desde hace más de dos semanas, tanques y aviones de combate turcos, acompañados por hombres barbudos que gritan «Dios es grande» y levantan el dedo índice, han estado atacando barrios civiles y posiciones ocupadas por las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), lideradas por los kurdos, en lo que Turquía ha llamado cínicamente «Operación Rama de Olivo».

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, han muerto ochenta y seis civiles, incluida una familia de siete personas, junto con doscientos heridos. Más de diez mil personas han huido de los bombardeos en una semana. Sin embargo, fuentes kurdas como la Administración del Consejo del Cantón de Afrin y el director del Hospital Afrin dicen que el número es aún mayor. Los ataques turcos contra Afrin, que también han afectado a sitios arqueológicos, violan explícitamente el derecho internacional. Sin embargo, desde el comienzo de los primeros ataques el 20 de enero, ningún gobierno ni la comunidad internacional han expresado su indignación contra esta agresión militar.

«Los kurdos no tienen más amigos que las montañas» se ha convertido en un refrán de uso común a lo largo de los años para responder a las injusticias a las que los kurdos han sido sometidos. Pero, después de más de un siglo de atrocidades, el asalto a Afrin todavía se siente particular y urgente, una oportunidad para la solidaridad significativa antes de que todos los logros democráticos en el norte de Siria sean destruidos por Turquía, sus yihadistas y los poderes imperialistas. La crisis de Afrin ha surgido como epítome de la difícil situación de la región y plantea tres preguntas fundamentales: ¿Cuál es el papel de Turquía en la opresión histórica de los kurdos en la región? ¿Quién los desafía hoy como los defensores de Afrin? ¿Y cuál es la geopolítica del conflicto?

Los objetivos de Erdogan

Cada vez que el gobierno turco inicia una «operación», especialmente una «operación antiterrorista», se puede asegurar que los kurdos serán los primeros en el punto de mira. Después de las elecciones de junio de 2015, cuando el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdoğan perdió la mayoría absoluta que necesitaba para formar gobierno sin coalición, se anunciaron elecciones anticipadas para el 1 de noviembre. Mientras tanto, el proceso de paz con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán ( PKK) se dio por terminado y se declaró el estado de emergencia en el sudeste kurdo del país. El gobierno, de la mano con los militares, lanzó las llamadas «operaciones de limpieza» contra supuestos miembros del PKK y los bastiones del Partido Democrático Popular (HDP), una alianza de izquierda con sus raíces en la política kurda y la única oposición efectiva del AKP, en un acto de castigo colectivo. La consecuencia fue un número considerable de víctimas mortales y desplazamientos significativos.

En ese momento, hace dos años, concretamente el 5 de febrero, el gobierno del AKP reveló un plan de acción de diez pasos para «reparar» el sureste de Turquía, que había sido destruido a raíz del asedio (o, como el entonces primer ministro Ahmet Davutoglu diría, había quedado «traumatizado por los terroristas, que habían iniciado el fuego»). Este «plan maestro» posterior a la operación incluyó consultas con los guardias de las aldeas, que funcionan como milicias progubernamentales, y la construcción de torres de seguridad a prueba de balas en los distritos urbanos. Se trataba, en realidad, de otra fase de la guerra, un intento de arrancar a los residentes locales de sus espacios históricamente habitados y crear obediencia.

Pero también tenía un propósito económico: una mayor dependencia de la región. Al ofrecer una compensación, como la construcción de viviendas masivas en las afueras de las ciudades, préstamos a precios reducidos y nuevas oportunidades de empleo para los residentes desplazados, el Estado turco esperaba crear una nueva relación entre los kurdos empobrecidos y el propio Estado. Se esperaba que estas escasas medidas económicas ganaran el apoyo del público mientras continuaba la criminalización sistemática y continua del HDP. Sólo otro capítulo en una larga historia de prácticas de ingeniería social llevadas a cabo para alcanzar logros políticos asimilacionistas.

El principal pilar de la política kurda de Turquía ha sido tradicionalmente la integración y homogeneización enérgicas de las regiones disidentes en una corriente cultural común mediante la invasión de espacios comunitarios importantes, su deconstrucción y la creación de otros nuevos y controlados en su lugar. Éste fue el caso después de la masacre de Dersim en 1938, que siguió a un levantamiento kurdo contra la represión estatal, cuando el Estado turco redistribuyó por la fuerza a la población kurda restante en ciudades no kurdas. Y continuó en la década de 1990, cuando el ejército turco quemó cuatro mil pueblos kurdos e intencionadamente causó el desplazamiento de enormes proporciones de la población rural del sureste hacia centros urbanos. El Estado turco tiene décadas de experiencia tratando de domesticar a los que se resisten a las agresivas políticas de turquificación. «Una nación, un Estado, una bandera, un idioma» ha sido su lema, un estribillo que define la cultura kurda como algo que está fuera de los límites de lo turco. En la práctica, esto significa que los kurdos viven sacrificados por el bien de preservar el estado-nación turco.

Pero los kurdos en Turquía han creado una resistencia considerable a este proceso desde la fundación del estado-nación turco, ya sea en forma de rebeliones regionales en los primeros años de la república, intentos de participar en la política civil después de la introducción del sistema multipartidista , o con la formación de un movimiento armado de liberación, el PKK. Finalmente, el surgimiento del HDP, un paraguas para los partidos y organizaciones de izquierda anti-establishment, con un enfoque en la liberación de las mujeres y la cuestión kurda, marcó un cambio significativo en la lucha contra la kurdofobia liderada por el Estado en Turquía. No sólo fue 2015 un año en el que la visión del HDP de una Turquía radicalmente democratizada encontró un electorado y le negó a Erdoğan la mayoría absoluta que necesitaba para sus intentos de establecer el autoritarismo a través de enmiendas constitucionales, sino que también, en el otro lado de la frontera entre Siria y Turquía, la resistencia de Kobanê contra la oscuridad del llamado Estado Islámico (IS) se hizo eco en todo el mundo. Esta resistencia expuso explícitamente la política exterior del gobierno de Erdoğan, forzando a hacerse pública su alianza con las milicias yihadistas.

Mientras que la comunidad internacional esperaba que Turquía desempeñara un papel activo a la hora de proporcionar un corredor humanitario y facilitar el transporte de municiones y armas a Kobanê, el gobierno turco estableció las condiciones para su apoyo: los kurdos deberían unirse a la oposición sirio-árabe; el Partido de la Unión Democrática (PYD), el brazo político de las YPG / J debería distanciarse del PKK; los tres cantones de Rojava deberían desintegrarse; y finalmente, debería establecerse una zona de amortiguación en el norte de Siria, lo que significaría una ocupación turca de hecho de Rojava.

Éste fue un ejemplo ‘de libro’ de cómo la política doméstica puede traducirse en geopolítica. Mientras que la doctrina estatal nacionalista en Turquía niega cualquier forma de autodeterminación kurda dentro de Turquía, incluido el derecho a la educación en lengua materna, cualquier tipo de autonomía kurda fuera de las fronteras turcas también se percibe como una amenaza inmediata a la integridad del Estado y se combate. «Hoy o mañana», pronunció Erdoğan, «Kobane caerá». Este patrón continuó cuando el Partido Democrático del Kurdistán en Kurdistán del Sur/Norte de Irak celebró un referéndum por la independencia en 2017. Contra las expectativas de los líderes kurdos del partido, el gobierno turco cooperó con el primer ministro iraquí Haider al-Abadi y el régimen teocrático de Irán contra las aspiraciones kurdas de independencia nacional de Irak.

El proyecto defendido por la Federación Democrática del Norte de Siria / Rojava es fundamentalmente diferente, proponiendo una estructura social más radical y un asentamiento regional más justo, y por lo tanto ha estado bajo un asedio más severo desde el comienzo de la crisis siria en 2012. Hasta la estratégica derrota de Daesh en Raqqa en octubre de 2017, La participación de Turquía en el norte de Siria / Rojava fue por medio de colaboradores y predominantemente en forma de refugio ideológico y logístico para los militantes de Daesh. Sólo recientemente, cuando el ejército turco atacó Afrin, entró en el conflicto sirio como un agresor explícito y activo contra la Federación Democrática de Norte de Siria / Rojava. Turquía ahora coopera abiertamente con grupos yihadistas con sus raíces en Al-Qaeda como Faylaq al-Sham, Jaish al-Nasr, Jabhat al-Shamiya, Ahrar al-Sham, Suqour al-Jaber, la Brigada Sultán Murad y la Brigada Nureddin Zengi, que fue noticia en Occidente cuando decapitaron a un niño de doce años con un cuchillo en julio de 2016.

En línea con sus prácticas domésticas de ingeniería étnico-social durante más de un siglo de historia turca, el presidente Erdogan y sus asesores han dicho en repetidas ocasiones que el área alrededor de Afrin debería ser «limpiada» y devuelta a sus «verdaderos dueños». Considerando que los kurdos han sido históricamente el grupo étnico indígena y dominante de Afrin, la pregunta sigue siendo quiénes serán esos «verdaderos dueños». Hay signos alarmantes que incluyen la arabización forzada y la limpieza étnica. Los bombardeos recientes del complejo de templos Hittie en Ain Dar también apuntan en la misma dirección. Equivalen a intentos de erradicar lugares históricos de pluralidad religiosa y diversidad cultural en la región, un acto que recuerda las prácticas de los talibanes en Afganistán o del Estado islámico en Siria.

Confederalismo Democrático

Una impactante fotografía de una de las muchas ceremonias funerarias en Afrin desde el comienzo de los ataques mostraba doce ataúdes, uno junto al otro, rodeados por una gran multitud. En cada ataúd había una bandera con un emblema diferente que representaba un grupo dentro de las Fuerzas Democráticas Sirias lideradas por los kurdos. Esta imagen ilustra el rostro trágico de lo que representa la resistencia de Rojava: la unidad en la diversidad. Mientras que Turquía apunta a extinguir la pluralidad, los kurdos en Siria han construido un sistema que se basa fundamentalmente en el principio de coexistencia y participación equitativa.

En medio de la guerra siria y en el quinto año de la resistencia de Rojava, se declaró oficialmente la Federación Democrática del Norte de Siria-Rojava. Treinta y un partidos y doscientos delegados se reunieron en una asamblea constituyente, representando a los tres cantones autoadministrados de Cizire, Kobane y Afrin. A ellos se unieron representantes de los pueblos árabes, asirios, siríacos, armenios, turcomanos y chechenos de las regiones de Gire Spi / Tal Abyad, Shaddadi, Aleppo y Sheba.

Después de una reunión de dos días, se hizo una declaración que expresaba la voluntad del pueblo de Rojava y del Norte de Siria de no involucrarse en el establecimiento de la independencia nacional en el sentido clásico. La declaración proponía un sistema federativo como parte de una resolución del conflicto más amplia. La democracia de base, la liberación de las mujeres y la representación plena de todos los grupos de la sociedad organizados en un sistema de consejos se determinaron como los principios constitutivos del nuevo contrato social. En septiembre de 2017 se celebraron las primeras elecciones federales en la Federación Democrática del Norte de Siria-Rojava, con la elección de copresidentes de 3.700 comunas en los tres cantones, seguidas de los consejos locales en noviembre y una asamblea en enero. La democracia de base se desarrollaba a partir de las cenizas de la guerra.

Este experimento democrático radical tiene sus raíces en la ideología del PKK y el concepto de confederalismo democrático propuesto por Abdullah Öcalan, fundador y líder del movimiento kurdo, que ha estado en una isla prisión en Turquía desde 1999. Inspirado en cierto grado por el municipalismo libertario de Murray Bookchin, el confederalismo democrático trata de lograr un nuevo ethos de ciudadanía y comunidad en la transformación y democratización de los gobiernos municipales, enraizándolos en asambleas populares para luego unirlos en una confederación que no consiste en naciones-estado sino municipios.

Muchas veces, Öcalan ha insistido en que la construcción del confederalismo democrático no amenazaría la integridad territorial de los estados-nación ni desatendería la soberanía del gobierno central. Sin embargo, las estructuras municipales apuntarían con el tiempo a hacer que las fronteras físicas e imaginarias del estado-nación fueran irrelevantes para el ámbito político de la vida comunitaria. El confederalismo democrático puede considerarse una situación de doble poder, en la cual las áreas municipales autoadministradas coexisten junto al estado-nación. Esta dualidad de poder inicia una tensión entre la confederación y el Estado, que es una característica central del confederalismo democrático, ya que su «ley de la vida», como lo expresó Murray Bookchin, «está formada por su lucha con el Estado, fortalecida por su lucha; de hecho, definida por su lucha».

Afrin, para los kurdos, por lo tanto, no es sólo una región que está siendo atacada, sino que representa simbólicamente la posibilidad de la autonomía indígena más allá del establecimiento de otro estado-nación. También se mantiene en práctica por los logros de las mujeres. Las mujeres que lucharon contra IS no sólo lo hicieron por un interés nacional, como se les retrata en su mayoría, sino contra la opresión patriarcal en su forma más violenta que encarnaba el Estado Islámico. Al participar igualmente en la liberación de Rojava, los batallones exclusivos de mujeres, las YPJ, luchaban por su lugar en una sociedad libre.

Amigos de conveniencia

El movimiento de liberación kurdo ha tenido una relación con las potencias imperialistas durante los últimos tres años en Siria. Hubo una estrecha cooperación en el campo de batalla contra IS en varias ocasiones. Todavía hay centros de coordinación conjunta para ataques aéreos con Rusia en el cantón de Afrin, y también en áreas alrededor de Deir ez-Zor. La cooperación táctica con los Estados Unidos es aún más estrecha. Las Fuerzas Democráticas Sirias, una coalición de varios grupos de combate con las YPG e YPJ como una especie de unidad de vanguardia, han sido armados por los Estados Unidos y acompañados en combate por comandos especiales estadounidenses. También tienen sus propias bases militares y campos de aviación en el cantón de Cizire. La coalición anti-IS acompañó la liberación de Tabqa, Raqqa y partes de Deir ez-Zor con ataques aéreos masivos. Antes de la participación militar turca en Afrin, Estados Unidos había anunciado su intención de establecer una fuerza de guardia de fronteras de treinta mil unidades con las SDF. Para Turquía, ésta era una amenaza inmediata, un ejército liderado por kurdos en sus fronteras. Y esto a pesar del hecho de que esas fuerzas lideradas por los kurdos no han representado una amenaza real para el Estado turco desde el comienzo de la guerra civil siria.

Mientras que el movimiento de liberación kurdo ha visto la relación más táctica que estratégica, a menudo han sido calificados de «socios ideológicos» y «tropas terrestres de Occidente» en su lucha contra el IS. Ahora, cuando estos poderes y Rusia permiten los ataques turcos en Afrin, apoyados por mercenarios yihadistas, voces condescendientes dentro de las filas de la izquierda internacional dicen «os lo dijimos» y acusan a los kurdos de ser colaboradores imperialistas. Pero no se puede entender el conflicto sin distinguir entre la estrategia política a largo plazo y las tácticas militares a corto plazo. Estratégicamente, ninguna de las dos potencias principales ha tenido influencia alguna en el proyecto político de la Federación Democrática del Norte de Siria-Rojava hasta la fecha. Las convulsiones sociales y políticas progresan sin un diseño imperialista de arriba hacia abajo.

«Si consideramos la relación en un sentido estratégico y táctico, entonces no resulta posible una relación estratégica entre los Estados Unidos y, por ejemplo, el PYD», declaró recientemente en una entrevista Riza Altun, miembro del Consejo Ejecutivo de la Unión de Comunidades del Kurdistán (KCK, comúnmente conocido como PKK) y responsable de las relaciones externas del movimiento de liberación kurdo. «El único camino a seguir era construir una relación táctica y cíclica», dijo, «en este sentido, la lucha contra el IS condujo a relaciones que estaban claramente limitadas».

Altun enfatizó que no puede haber un proyecto político conjunto para el futuro con Estados Unidos o Rusia. Según Altun, Estados Unidos siempre ha tratado de chantajear a los kurdos en el norte de Siria, con el objetivo de convencerlos de la necesidad de un estado-nación kurdo, a pesar de que las bases fundacionales de Rojava se oponen al estatismo nacional. Ni los intereses divisivos de los Estados Unidos, ni las ambiciones de Rusia por un Estado central fuerte bajo la hegemonía de Assad, han sido escenarios para que el movimiento de liberación kurdo los considere soluciones reales a la situación prevaleciente.

En palabras de Erdal Firaz, un activista del movimiento de liberación kurdo en Alemania: «En esencia, sigue existiendo una contradicción inextricable y, como nunca fuimos amigos, tampoco puede haber traición». Cuando Raqqa, el último bastión logístico y capital del IS, fue liberado por las SDF lideradas por los kurdos con asistencia estadounidense en octubre de 2017, las mujeres y hombres de las Fuerzas de Autodefensa celebraron una ceremonia de liberación en el centro de la ciudad con una enorme fotografía de Abdullah Öcalan. Éste fue un acto simbólico para mostrar al mundo, y en particular a sus aliados tácticos, que la Federación Democrática del Norte de Siria-Rojava se mantendría fiel a sus principios y su proyecto político a pesar de los juegos geopolíticos desplegados.

Rojava se ha mantenido políticamente independiente y esto crea incomodidad para las superpotencias imperialistas. Ésta ha sido la principal motivación para permitir el ataque de Turquía. Rusia y Damasco no tienen interés a largo plazo en la ocupación turca de Afrin, especialmente porque este ataque se lleva a cabo parcialmente por mercenarios yihadistas. Pero la campaña feroz contra los kurdos podría, esperan, conducir a las SDF a los brazos de Rusia y obligarlos a hacer concesiones políticas a Assad. Rusia, si lo deseara, podría cerrar el espacio aéreo sobre Afrin a los aviones de guerra turcos, y así cesar el bombardeo arbitrario de barrios civiles. Esta realidad se hizo evidente cuando el alto funcionario kurdo Aldar Xelil declaró, justo antes del ataque de Turquía, que Rusia le pidió a la administración de Afrin que le entregara el territorio al gobierno sirio para cerrar el espacio aéreo de Afrin. Rendir territorios que históricamente son kurdos y que han sido defendidos por las YPG, YPJ y SDF desde el comienzo de la guerra siria ni siquiera se consideró como una opción. Domar el proyecto político de Rojava en interés del imperialismo no es algo que el movimiento kurdo esté dispuesto a tolerar.

El gran juego

El ataque de Turquía en Afrin resuena en Idlib, ya que Moscú dio luz verde para que progresara a cambio de que Turquía retirara a sus aliados yihadistas de la región. Con el comienzo de la ofensiva de Afrin, los bombardeos masivos de partes del norte de Idlib por aviones de guerra rusos y sirios han dejado muchas bajas. Una ofensiva terrestre masiva ya ha ocupado puntos estratégicamente importantes en el área de Idlib, oficialmente marcada como una «zona de desescalada». Claramente, lo que está sucediendo en Idlib es el otro lado del ataque a Afrin. Rusia y Siria no sólo son responsables de crímenes de guerra en Idlib, sino también cómplices de la guerra de limpieza étnica de Turquía en Afrin.

Rusia también estaba dispuesta a autorizar la intervención militar de Turquía porque existe una competitividad ruso-occidental por mantener buenas relaciones con Turquía. Rusia tiene interés en separar a Turquía del bloque occidental y, a largo plazo, colocarlo en su esfera de interés. Los países occidentales quieren mantener a Turquía como miembro de la familia OTAN y, por lo tanto, su acercamiento estratégico a Rusia, que Erdoğan menciona reiteradamente, no le sienta bien a Estados Unidos.

No es de extrañar entonces que Occidente haya decidido tolerar la agresión turca en el norte de Siria. Con la excepción de Francia, aunque tal vez aquí sólo en el papel de hoja de parra, ningún gobierno ha adoptado explícitamente una posición en contra de la violación de Turquía del derecho internacional y los crímenes de lesa humanidad. Por no hablar de la abierta cooperación de Turquía con los herederos ideológicos de Al-Qaeda. Los Estados Unidos trataron de desvincularse del cantón de Afrin al atribuir influencia a los rusos sobre la región. Sin embargo, continúan encontrándose en una situación difícil, puesto que Erdoğan ya anunció que continuará hasta atacar Manbij, un área donde los soldados estadounidenses están estacionados, una vez que Afrin esté «listo».

El silencio de Occidente sobre el ataque de Turquía no equivale a salir limpio de este conflicto. Es una parte activa en los crímenes de guerra turcos en Afrin. Desde 2005, se han vendido más de 350 unidades de tanques Leopard 1 y 2 a Turquía, que ahora cruzan la frontera hacia Siria en violación de la ley internacional. Soldados turcos han sido fotografiados repetidamente en las zonas fronterizas con rifles de fuego rápido G3 producidos por el fabricante alemán de armas Heckler & Koch. Cuando el presidente Erdoğan visitó a Theresa May en su residencia de Downing Street el 27 de enero de 2017, firmó un contrato de venta valorado en casi 115 millones de euros para la construcción de los nuevos aviones de combate de la marca TF-X. Una portavoz del gobierno dijo en ese momento: «Suponemos que esto hará posibles más acuerdos».

En enero de 2018, Erdoğan y el presidente francés Macron firmaron un acuerdo preliminar sobre la cooperación del consorcio de armas franco-italiano Eurosam con los fabricantes de armas turcos Roketsan y Aselsan. Ya se hicieron concesiones previas para este acuerdo en septiembre de 2017, cuando Turquía liberó al periodista francés Loup Burea de prisión. Además, la Fuerza Aérea turca cuenta con más de sesenta helicópteros de batalla «Mangusta» de producción italiana en su arsenal, una de las razones de la gran alegría por la presencia de Erdoğan en Italia y el Vaticano a principios de este mes.

Equipado con estas herramientas de guerra, el ejército turco continúa bombardeando Afrin. En el decimosexto día del ataque, miles de civiles acudieron a Afrin desde Qamishlo, Kobanê, Shengal y varias partes de la región kurda. Viajando en caravanas de automóviles y llevando ramas de olivo en sus manos, se unieron al pueblo de Afrin y defendieron no sólo sus tierras y dignidad, sino también los logros de la revolución de Rojava; la libertad, la democracia y la liberación de las mujeres por las que jóvenes y mayores han luchado contra viento y marea. Viajaron sin ilusiones, pero en busca de aliados. Como lo expresó Riza Altun: «Estamos comprometidos en una lucha antiimperialista. Por lo tanto, una fuerza antiimperialista no puede decir que los imperialistas la traicionaron. Los socios estratégicos en nuestra línea son las fuerzas democráticas globales, las fuerzas sociales y las fuerzas antisistema».

Los kurdos merecen más que la amistad de sus montañas, merecen la solidaridad de la izquierda internacional, porque no sólo está en peligro su existencia e identidad, sino también las esperanzas de una democracia radical y la liberación de las mujeres en  Oriente Medio. Dentro y fuera de Rojava, defender Afrin debe convertirse en nuestro imperativo.

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