Carta de Leyla Güven a las mujeres del mundo

Queridas mujeres,

A pesar de que nuestras geografías estén divididas por miles de kilómetros, me alegra que hayan escuchado mi voz. Incluso, a pesar de que somos de rincones muy diferentes del mundo, como mujeres, siempre nos sentimos. Como dice Hipatia, «ninguno de nosotros se parece el uno al otro, pero las cosas que nos unen son mayores que las que nos separan». Somos todas hermanas. Lo que más nos une es nuestra lucha por la libertad, nuestra resistencia contra todo tipo de fascismo, contra la dictadura y la mentalidad patriarcal.

Las mujeres que resisten y luchan siempre se convierten en símbolos: Clara Zetkin, Rosa Luxemburg, las hermanas Mirabal, Sakine Cansiz, Leyla Qasim y muchas otras mujeres se convierten en símbolos a través de su lucha. Como mujeres, somos la mitad de la población mundial. Sin embargo, todas estamos oprimidas. Cuando empezamos a luchar por nuestros derechos, somos etiquetadas como terroristas.

¡Todas las mujeres del mundo deben dar un basta al fascismo, basta a la dictadura!

El asesinato de mujeres a través de la violencia doméstica, las mutilaciones genitales femeninas, los matrimonios infantiles, las mujeres condenadas a pena de muerte en las cárceles de Irán –Zeynep Celalyan es una de ellas– las mujeres kurdas, a quienes se les prohibió su lengua materna, las árabes que huyeron de la guerra. Todas apuntan al feminicídio. Como mujeres que están preparadas para morir, podemos detener este feminicidio a través de la conexión de nuestras luchas. Mientras estemos determinadas a luchar.

Queridas hermanas,

Soy una mujer kurda. Mi consciencia sobre las injusticias cometidas contra las mujeres se desarrolló gracias al Sr. Abdullah Öcalan. Es a través de la importancia de la lucha que el Sr. Öcalan puso sobre la libertad y la camaradería de las mujeres, que millones de mujeres han desarrollado una gran fuerza de voluntad. Las mujeres han experimentado un despertar. Y yo soy una de estas mujeres. Aprendí a estar en paz con mi género, a luchar contra la mentalidad patriarcal, y aprendí a ser feminista. Al enterarme por el Sr. Öcalan de que una sociedad solo será libre cuando las mujeres sean libres, durante muchos años he llevado a cabo una lucha por la libertad de la mujer y continuaré haciéndolo.

El Sr. Öcalan, a quien debo mi propio despertar, ha estado encerrado en una celda aislada durante los últimos 20 años. Para requerir que se elimine el aislamiento del Sr. Öcalan, algo que millones de kurdos ven como su voluntad política, he comenzado una huelga de hambre. El Sr. Öcalan es un actor importante en los esfuerzos por crear la paz en Oriente Medio y en el mundo. Como prisionero, yendo en contra de las leyes nacionales e internacionales, se le niegan todos sus derechos y libertades.

Para solicitar que se reconozcan estos derechos, nosotros, como políticos kurdos del Partido Democrático del Pueblo (HDP) y el Consejo de la Sociedad Democrática (DTK), pedimos que se ponga fin a su aislamiento. Decimos que éste es un crimen contra los derechos humanos. Sin embargo, para silenciarnos, el fascismo del AKP (Partido Justicia y Desarrollo) y MHP (Partido del Movimiento Nacionalista) nos encerró en la cárcel. Se dirigieron específicamente a las mujeres. Más de la mitad de los parlamentarios encarcelados somos mujeres. Lo mismo ocurre con los alcaldes de ciudades, que fueron llevados a prisión. La mentalidad que no acepta la cuota de mujeres en la política ha implementado una política de 60-70% de mujeres en prisión.

Llevo en prisión aproximadamente un año. Un prisionero no tiene más que su propio cuerpo. Entonces, comencé esta huelga de hambre. Ahora, junto a mí, en las cárceles de todo el país ya somos 230 amigos/as, compañeros/as presos/as políticos/as, que hemos iniciado una huelga de hambre indefinida e irreversible. Hannah Arendt tiene una hermosa cita: “Libertad significa acción. Porque la libertad solo puede alcanzarse a través de la acción. La acción impulsa el movimiento que resuena entre la gente”. Las demandas de mi acción son legítimas y de derecho. Si nuestras demandas no se cumplen, cientos de personas pueden perder sus vidas. Si esto sucede en el siglo XXI, no solo será la vergüenza para Turquía, sino la vergüenza de toda la humanidad. Para que el mundo no se enfrente con semejante vergüenza, las mujeres del mundo deben hacer lo que puedan. Y sin perder más tiempo. Continuaremos resistiendo. La resistencia nos ayudará a ganar. Nuestra creencia en esto es infinita. En este sentido, las llamo a todas a resistir.

Viva la solidaridad de los pueblos y de las mujeres.

Leyla Güven

 

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