Amed la rebelde, entre el dolor y la cólera

Fuente: NE VAR NE YOK?
Fecha: 15 mayo 2017
Traducción: Rojava Azadi

A continuación, un extenso informe, realizado a finales de abril de 2017 junto a los residentes y camaradas de la capital de Kurdistán… Han pasado casi dos años desde que el estado turco reanudó su sucia guerra colonial en Kurdistán. ¿Cuál es el estado de ánimo de Diyarbakir (Amed en kurdo), un año después del sitio de su zona histórica -Sur- y tras el aplastamiento del movimiento por la autonomía de las ciudades y barrios por decenas de miles de soldados de las fuerzas especiales turcas?

Sur, un año después de la batalla

«En 2015, el pueblo kurdo declaró la autonomía en varias ciudades de Kurdistán. Rechazamos la ocupación de nuestras tierras por el estado turco y la política genocida que lleva a tratar de asimilar a nuestra gente, y por eso queremos existir por nosotros mismos. Hace años que este estado colonial quiere aniquilar física y culturalmente a todos los kurdos. Y aún hoy, contra el deseo real de emancipación de la gente, este estado fascista lanza ataques cada vez más violentos contra su pueblo (saqueos, ejecuciones, tortura…). Contra estos ataques, el pueblo, en su derecho natural, apoya la autodefensa de los jóvenes por el desarrollo de la autonomía.” Declaración de las YPS a su creación en diciembre de 2015.

Hace ya más de un año, el 11 de febrero de 2016, partidarios del movimiento revolucionario en Kurdistán publicaban en la página web de noticias DIHA, una larga exposición que hacía una comparativa entre la Comuna de París -que la mayoría de militantes conocen allí- y el asedio de Sur, distrito insurgente de Amed (Diyarbakır), por las fuerzas especiales turcas. Su texto concluía así, en el día 72 del asedio: «Sur, que se ha convertido en uno de los bastiones más importantes de la revolución por la independencia del Kurdistán, perpetúa en el siglo XXI, la esperanza de vida libre que aportó la Comuna de París a la humanidad en el siglo XIX. Sur resiste, con sus barricadas, sus cantos revolucionarios, los zilgit de las mujeres, el batir de alas de las palomas de la libertad.” Sur caerá en el día 105 y dejará marcas indelebles en los recuerdos de los habitantes de Amed.

Según los numerosos relatos contados por nuestros amigos y las personas que encontramos durante nuestras peregrinaciones, las Unidades de Protección Civil (YPS), grupos de jóvenes y habitantes armados para la autodefensa del vecindario habrían perdido entre 65 y 150 camaradas en esta batalla. Mientras que el estado turco, según ha reconocido abiertamente, y de acuerdo con lo que los militares han declarado individualmente en las redes sociales, habría sufrido pérdidas gigantescas en comparación. El triste testimonio de una madre también va en este sentido. Durante el asedio del barrio, cuando regresó a su casa para recuperar algunas pertenencias, los soldados le prohibieron entrar en una de las habitaciones; no obstante, ella empujó la puerta: vio docenas y docenas de cuerpos de soldados turcos hacinados en la habitación. Actualmente es perseguida por la Justicia por abrir esta puerta que el Estado quería mantener cerrada. «Todas las fuerzas especiales, tropas de élite y alto rango del Estado turco se han concentrado en el asedio, y de los casi 20.000 hombres desplegados, entre 500 y 1.000 soldados de las fuerzas especiales han muerto en Sur, y alrededor de otros 1.500 han resultado heridos», nos declara Ferhad, un maestro de escuela en Amed. «Los supervivientes del asedio, ya sean de las YPS o personas que se quedaron hasta el final, casi todas están en prisión. Solo unas pocas personas, que permanecieron ocultas bajo tierra durante más de 30 días después de finalizar el asedio, lograron evitar ser atrapadas», continúa. «Aún siguen en la cárcel ahora, taize [tías] de 60 años y madres con sus niños de 3 años, porque no quisieron abandonar sus hogares durante el asedio de las fuerzas especiales», nos cuenta también un joven compañero que acaba de salir después de un año de prisión, mostrándonos una foto tomada en el patio de paseo de la prisión de mujeres.

Son numerosas las personas que encontramos que nos dicen sentirse culpables por no poder hacer nada mientras Sur estaba sitiado. Las manifestaciones organizadas en aquel momento no fueron lo suficientemente masivas y siempre se reprimieron violentamente. Y la culpa de no haber podido rescatar a los que murieron por defender la ciudad vieja de Sur deja una tristeza infinita, pero también una determinación probablemente aún más aguda para las luchas venideras. Sin embargo, muchos residentes de Sur viven todavía hoy con un trauma significativo tras la muerte de familiares, la tortura, habiendo tenido ante sus ojos la carnicería de la que el Estado fue capaz. «Muchos niños están traumatizados y tienen problemas psicológicos. Algunos entran en pánico cuando ven a la policía o a militares, otros toman píldoras para calmar sus ataques de ansiedad. Los niños se despiertan gritando, la orina en la cama es mucho más común que antes. Y algunos de ellos tienen problemas de lenguaje o no han hablado durante meses», dice Perîxan, periodista del sitio de noticias para mujeres Şūjin, y «hemos visto muchos abortos involuntarios en mujeres embarazadas, nacimientos prematuros e incluso trastornos ginecológicos inusuales. Es por eso que amigos psicólogos y sociólogos les ayudan para que las mujeres y los niños puedan volver a encontrar una vida más fácil»

La mitad del distrito arrasado: comienza la guerra urbanística

Pero la guerra no ha terminado en Sur. Se ha movido al campo de la «planificación espacial» como decimos nosotros. «¡Después de los tanques, las excavadoras!” exclama Ferhad con tristeza. Desde el final del asedio, el Estado ha expropiado las casas de una buena parte de Sur, y ha llevado a cabo concienzudamente su aniquilación, así como la destrucción de todas las infraestructuras existentes. No es más que un vasto páramo con acceso estrictamente prohibido… porque después de los tanques y las excavadoras, pronto llegarán las grúas. De hecho, las autoridades turcas se jactaron el pasado enero de haber desbloqueado 2.000 millones de libras turcas (alrededor de 550 millones de euros) para «renovar Sur», según se anuncia en enormes vallas publicitarias. El gran proyecto final es crear una «colonia» en el distrito del antiguo barrio de Sur, símbolo de Kurdistán. El alcalde bajo tutela, sin pudor, acaba de organizar una gira en autobús para vender el proyecto a los futuros colonos. Y la empresa de construcción y hormigonado, TOKI, totalmente bajo la bota de Erdoğan, debería comenzar pronto las grandes obras: amplias avenidas lujosas y ultra seguras en lugar del laberinto de callejuelas que una vez existió allí. La idea es introducir allí una población hostil al movimiento kurdo: afganos o islamistas sirios, según algunos, o burócratas y funcionarios, fervientes activistas del AKP, según otros rumores. Hacer del emblemático Sur una verdadera colonia como los asentamientos israelíes en Palestina.

Pero los trabajos apenas han dado comienzo y no hay nada que prediga si estos oscuros proyectos se materializarán. Por ahora, en Sur, sobre los escombros y las expropiaciones de unos pocos islotes, a mediados de abril se inauguró un gran parque turístico con gran fanfarria. En una atmósfera extraña, muchas personas van allí y dan la bienvenida a un bonito y desinfectado parque: son exclusivamente ricos, partidarios del AKP de otras ciudades y hizbullahcı, partidarios de la rama islamista de AKP. Llegan triunfantes, se hacen selfies sobre el césped inmaculado al pie de la muralla tras la cual el Estado lo ha arrasado todo; se felicitan por los trabajos y pasan el día tranquilamente con la familia. Los habitantes de Sur y los muchos camaradas, se niegan a poner un pie allí…

Y, en el momento de escribir estas líneas, el Estado presiona a los habitantes de las islas de viviendas no destruidas y que aún no han sido expropiadas. A través de altavoces y el muecín de la mezquita en el área, les llama a abandonar las casas y las calles antes del 2 de mayo, amenazando con usar la fuerza para proceder a los desalojos. Los habitantes están furiosos: «Dejad de oprimirnos. ¿Qué queréis de nosotros? ¿Por qué tanta persecución y perseverancia? ¿No hemos perdido ya suficiente? ¿No somos lo suficientemente pobres? ¡Dejadnos en paz!” Una mujer cede a su enojo: «¿Pero por qué nos dicen esto sólo cinco días antes? ¿Qué vamos a hacer con nuestros hijos? Desde que escucharon las noticias, mis hijas ya no duermen ni comen. Me preguntan ¿qué nos va a pasar? ¿Y el año escolar de mis hijos? No podían esperar hasta fin de año.” Pero las mujeres del barrio se reúnen y le dicen a Şūjin que no se dejarán llevar: «No iremos a ningún otro lado. Resistiremos como ya lo hemos hecho. No pueden expulsarnos». Los cortes de agua y electricidad operados contra ellos por el Estado desde el 29 de abril les afectan poco: «Pueden hacer lo que quieran como presión para tratar que nos vayamos. Es inútil. Resistiremos hasta el final. No entregaremos nuestras casas, incluso si tienen que matarnos. No queremos su TOKI. ¡Organizaremos la vigilancia!»

¿La nueva política de la ciudad? Una política de ocupación…

El intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016 permitió a Erdoğan declarar el estado de emergencia y lanzar un ataque total contra el movimiento civil kurdo. Los ayuntamientos en poder del HDP -Partido Democrático de los Pueblos, coalición de la izquierda kurda y no kurda, fundado en 2013- han sido tomados a la fuerza por el AKP, que ha colocado directamente a sus hombres. En Amed, la mayoría de los empleados del ayuntamiento han sido reemplazados por personas supeditadas al poder del Estado. Todos los lugares previamente a disposición del ayuntamiento, de las asociaciones de vecinos y de las iniciativas de emancipación fueron cerrados y tomados: casi no hay lugares públicos para reunirse y organizarse…

Inversión en control

Banderas turcas por todas partes, retratos omnipresentes de Erdoğan. Esto es lo primero que sorprende cuando se llega a Diyarbakır. Marcar el territorio simbólicamente. Reprimir los espíritus demostrando hasta el extremo que la ciudad está bajo control colonial. Pero eso obviamente no es suficiente. También hay puestos de control en todas partes, con soldados o policías con capuchas o barbas que detienen a los coches, revisan los maleteros, interrogan a los pasajeros usando términos y réplicas del Corán. Algunos incluso dan golpes de presión «gratuitos» como dice Ferhad, el amigo profesor: «Me arrestaron durante un control en la carretera, y uno de ellos me apuntó con su pistola en la frente y me amenazó. No sé si era premeditado o no …»

Las cámaras de videovigilancia se han multiplicado. Hay una en cada esquina de la ciudad: un enorme poste con 3 ó 4 cámaras direccionales y una cámara giratoria más precisa, todo protegido por muchos alambres de púas afiladas. Todo sea por la vigilancia en bruto. Pero el nuevo alcalde del AKP también ha optado por lo que se llama en Francia «prevención situacional», es decir por el desarrollo seguro del espacio público. El ayuntamiento ha abordado la renovación de caminos y aceras. Además de mantener un discurso colonial, «civilizador» y «emprendedor» del tipo «mirad como, con nosotros, estas calles están limpias y resultan económicamente atractivas», uno comprende rápidamente que se trata de enterrar bajo una gruesa capa de alquitrán los adoquines que sirvieron como proyectiles contra los policías y la construcción de barricadas para protegerse. «¡Nos asfaltan la boca!”, se encoleriza Perîxan.

En Bağlar, es allí donde en este momento la represión es más intensa. Es el área del centro de la ciudad donde se concentran los más pobres, los más sublevados. El barrio donde los refugiados sirios han encontrado refugio. El barrio donde todos se conocen y se ayudan mutuamente. Esta insumisión y esta solidaridad les suponen a los habitantes del distrito un control permanente. Serhat, un joven rebelde del barrio insiste: «Durante meses, los jóvenes somos acosados ​​todos los días por los policías. Controlan constantemente nuestra identidad. En la calle, en los cafés y en los pequeños comercios: entran una docena, nos humillan, nos hablan mal y nos rebajan tan pronto como tienen la oportunidad. Los akreps [«escorpiones», blindados de la policía] recorren las calles cada 15-20 minutos. Si evitamos el control huyendo, los policías nos disparan directamente. Y ahora los policías se llevan nuestros teléfonos, hurgan en ellos y nos preguntan quiénes son esta o esa persona en nuestros contactos telefónicos. También nos preguntan por qué usamos tales tipos de ropa deportiva o cualquier otra…»

«Nos presionan mucho», continúa. «Los policías intentan volver a introducir las drogas y la prostitución y convertir a la gente en «ajan» [agente, soplón]» … Con las YDG-H [grupos juveniles para la autodefensa del vecindario, que se convirtieron en YPS en diciembre de 2015] habíamos logrado, hace unos años, detener estas plagas. Pero allí, visto que toda acción política pública está prohibida, es complicado hacer prevención y realizar acciones contra los traficantes.»

Imponer el orden capitalista (y religioso)

Como en Sur, se trata tanto de controlar y reprimir como de invertir en el brillante futuro del orden capitalista y religioso. Un ejemplo sorprendente es la construcción de una mezquita monumental en el centro de la ciudad, entre Sur y Ofis, encajada entre barracones de policías y militares. Los trabajos comenzaron en enero de 2017. Esta maxi mezquita, con la superficie de 7 campos de fútbol, podrá acomodar hasta 20.000 fieles simultáneamente. Erdoğan se felicita de que «en Diyarbakır el llamado a la oración sea ya permanente.” Ciertos habitantes de Amed nos confían, no sin nerviosismo: «No nos engañan. No necesitamos esta mezquita, ya tenemos suficientes. Y si no tuviéramos suficiente sitio, rezaríamos fuera. Es trabajo y dinero lo que necesitamos, no una mezquita.» Esta operación no estaría completa sin la financiación de nuevas milicias y sectas religiosas como «Hogares puros» y el «Movimiento de los virtuosos», dos organizaciones vinculadas al AKP preparadas «para tomar las armas contra los terroristas junto a la policía y el ejército para defender Turquía y a Recep Tayyip Erdoğan». «Hogares Otomanos», otro grupo miliciano violento, también han abierto una sede en Amed.

Pero, sobre todo, el AKP del sultán Erdoğan quiere transformar «Amed la rebelde» en «Diyarbakır el atractivo». Convertirlo en un polo económico fuerte y, finalmente, hacer florecer un capitalismo moderno como en Estambul o Gaziantep. Para esto, el Estado quiere invertir una gran cantidad de dinero y, por lo tanto, conformar gradualmente el paisaje y las mentalidades. Éste es el desafío de la fase actual de la guerra de Turquía en Kurdistán. Para devolver a esta descarada población a los rangos capitalistas, un gran golpe de seguridad y nacionalismo, religión y urbanismo… E incluso si, en los últimos tiempos, algunos de los habitantes de Amed, los que tienen los medios, eligen la «dulzura» del consumismo para tratar de reanudar una vida normal y olvidar los momentos difíciles, ¡esperamos que la misión a la que se han dedicado los fundamentalistas capitalistas del AKP sea mucho más difícil de lo que piensan!

La esperanza regresa: nada ha terminado, sino que todo comienza…

Lo que surge de estas numerosas reuniones y discusiones -con amigos y camaradas, con extraños con los que nos encontramos alrededor de un çay en un café, en una charla durante un viaje en autobús-, es que los habitantes de Amed están atrapados entre sentimientos diferentes. Entre la fatiga y el trauma, entre el dolor profundo y la ira inmensa, Amed termina de curarse las heridas y recuperarse gradualmente del asedio de Sur, tan determinada como antes. «La moral ha regresado, aunque resulta difícil. Estamos a la espera de la continuación», insiste Ferhad.

El movimiento civil kurdo busca nuevas formas de organización

Al igual que muchos otros maestros, fue despedido, poco después del intento de golpe de estado del 15 de julio de 2016, por su sindicalismo y «proximidad al PKK», antes de ser reintegrado en su puesto porque al Estado le faltaban maestros. Pero no todos tuvieron tanta suerte. Muchos de ellos nunca han sido reintegrados y se han unido a las filas de muchos empleados municipales que también fueron despedidos. Al encontrarse sin recursos y asegurarse de que ya no podrían ser empleados del Estado o de la mayoría de las grandes compañías del país a causa de sus antecedentes, algunos de ellos han podido abrir pequeños cafés o restaurantes gracias a los créditos que habían podido suscribir justo antes de ser despedidos. Otros, con menos recursos, se organizaron en cooperativas para establecer estos pequeños comercios, como lo demuestra la apertura de la cafetería Liberté en el distrito del centro, Ofis. Otros, finalmente, han optado, sin otras posibilidades reales, por la venta en la calle de arroz cocido o maíz caliente.

Pero todos se mantienen unidos, tomando iniciativas colectivas -incluidas acciones de solidaridad para familias sin recursos y para los presos- y cambiando la forma en que se organizan. Mientras que muchos de los proyectos del vecindario estaban antes organizados alrededor de las instalaciones que el ayuntamiento del HDP ponía a su disposición, hoy en día muchas iniciativas políticas pasan por el alquiler o el préstamo de lugares. Éste es el caso de «muchos cafés y restaurantes activistas, pero también centros culturales y musicales, librerías políticas, sindicatos. Estos nuevos lugares de vida y reunión son vigilados de cerca y sufrimos la presión de la policía. Sabemos que se pueden cerrar de un momento a otro. Pero no nos resignamos, todo lo contrario, y estamos buscando nuevas formas de organización para continuar», nos dice Dilek, otro miembro del periódico Şūjin. Del mismo modo, los sitios de noticias de Internet y los periódicos en papel intentan, a pesar de las prohibiciones y las prisiones subsiguientes, continuar su trabajo: «Cambiamos el nombre del periódico tan pronto como la estructura es declarada ilegal por propaganda terrorista, y así continuamos, incluso si podemos resultar arrestados y encarcelados. ¡Continuamos así!”, dice Dilek.

Las mujeres están a menudo a la vanguardia de sus nuevos proyectos y algunas incluso se organizan para regentar pequeños negocios, lo cual es algo completamente nuevo en Kurdistán, donde tales actividades eran exclusivas de hombres. Una centena de ellas ahora mantienen un mercado varias veces a la semana en un vecindario un poco apartado. Todos estos militantes del movimiento civil kurdo a los que hemos encontrado en Amed retoman fuerza y ​coraje en estas iniciativas, aunque reconocen enseguida que esto no es suficiente y resulta muy duro frente al clima de represión que mantiene el Estado. Perîxan nos recuerda, a este respecto, que «¡tener más de 3 libros políticos en casa es motivo suficiente para ser acusado ​​de propaganda terrorista! De repente, nos vamos pasando los libros entre nosotros para asegurarnos de que no nos encierran por eso…»

El pueblo y la guerrilla

Si de hecho hay una discusión que surge con mucha frecuencia desde el asedio de Sur, es sobre la relación entre el «pueblo» y el «partido», incluso si estas dos entidades siguen sin estar claras y son sin duda porosas. La estrategia del Estado ha sido tratar de conseguir la división entre la guerrilla y el movimiento civil, atacando a este último en particular. Está claro que no parece haber tenido éxito. Sin embargo, muchos cuestionan las elecciones estratégicas del PKK. A saber, si fue o no prudente declarar la autonomía de las ciudades y barrios en el otoño de 2015. «¿Fue éste el momento adecuado?» “¿Estaba el pueblo preparado?” «¿Qué hemos ganado aparte de la destrucción de nuestras ciudades?” Éstas son las preguntas que surgen regularmente y nadie tiene respuestas definitivas, pero podemos escuchar: «El Estado nos iba a atacar de todos modos»; «Después de Kobanê y la victoria del HDP, un gran impulso nos llevó a la autonomía en Bakûr»; «¿Por qué la gente no ha apoyado con más fuerza a nuestros jóvenes camaradas acosados?»; etc. Puede que no haya buenas respuestas, pero el hecho de que todos estén discutiendo bastante libremente sobre esta página dolorosa de la historia del movimiento en Kurdistán sugiere que habrá suficiente escucha y comprensión mutua para que estas dos entidades avancen juntas hacia la autonomía y la libertad.

El 11 de abril pasado, en pleno corazón de Amed, la guerrilla encabezó una acción que trajo alegría y esperanza a muchas personas en la ciudad y en Kurdistán. Tres combatientes han reducido a polvo el muy estratégico edificio de las fuerzas turcas antiterroristas y antimotines instaladas en Bağlar. Alquilaron una tienda no lejos del edificio. Mientras que uno de ellos llevaba el negocio, los otros dos cavaban un túnel de 90 metros de largo, depositando más de 2,5 toneladas de explosivos y encendiendo la mecha antes de huir. Resultado: el Estado ha tratado de ocultar el desastre, pero la realidad es que murieron 83 oficiales, otros cien policías resultaron heridos, alrededor de 20 vehículos blindados y cañones de agua destruidos y sólo queda un gran cráter. Algunos camaradas también afirman que este edificio albergaba el centro de control de cámaras, así como numerosos archivos de vigilancia… «Esta acción espectacular», nos dicen también, «devolvió la esperanza a la gente», y según algunos rumores, algunos de los habitantes del vecindario vendrían con una sonrisa en sus labios, horas después de la explosión, para cocinar sus berenjenas y sus comidas en las ascuas aún humeantes de la explosión. Un verdadero desaire que parece significar «No, ¡la lucha no está muerta!” Nada ha terminado, todo comienza…

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